Contra la agresión imperialista y por la revolucionarización del proceso libio

15.May.11    Periódico Insurgent@
   

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Contra la agresión imperialista y por la revolucionarización del proceso libio

En estas últimas semanas se ha visto el levantamiento de un conjunto de pueblos en el norte del África así como en el Oriente Medio. La lucha se orienta a derrotar a viejas monarquías dictatoriales, a derribar oligarquías aliadas a la política imperialista y pro sionista, pero también se ve una insurgencia dentro de procesos que enarbolaron las banderas de la revolución como la gesta verde de Libia.


Contra la agresión imperialista y por la revolucionarización del proceso libio

En estas últimas semanas se ha visto el levantamiento de un conjunto de pueblos en el norte del África así como en el Oriente Medio. La lucha se orienta a derrotar a viejas monarquías dictatoriales, a derribar oligarquías aliadas a la política imperialista y pro sionista, pero también se ve una insurgencia dentro de procesos que enarbolaron las banderas de la revolución como la gesta verde de Libia.

Y si bien, se pensaba que en el mundo árabe lo único que movía procesos eran las cuestiones religiosas (el islamismo en sus diferentes variantes), hoy vemos el despertar y actuar de los pueblos movidos en sus demandas de democracia autodeterminación y reivindicaciones específicas de los trabajadores.

Son mujeres, jóvenes, pero también obreros, trabajadores y poblaciones que desean avanzar y ser protagonistas de su propio futuro, es decir, ser sujetos insurgentes.

Sabemos, que detrás de las agresiones de la OTAN, los países europeos colonialistas y neocolonialistas, el imperialismo yanqui y sus aliados árabes y africanos buscan apropiarse de las riquezas petroleras e hídricas de Libia. Lo que poco se sabe es que en cuestión de semanas, la llamada “revolución verde” se quebró, florando contradicciones internas, de manera que una parte del ejército y un sector del pueblo se levantó con las armas en la mano para enfrentar a Gadafi. De esta manera, queda en evidencia, que los llamados procesos “revolucionarios” presentan contradicciones, que en este caso, fueron aprovechadas por el enemigo de los pueblos: Estados Unidos y los potencias militares europeas para imponer un bloqueo militar, ejecutar una agresión e intervención que no se vislumbra vaya a durar poco tiempo.

Toda nuestra solidaridad va para con el pueblo libio, en defensa de sus conquistas, pero también no debemos ocultar esas trágicas etapas de este tipo de revoluciones, que un día comienzan o declaran ser antiimperialistas, anticapitalistas, para terminar haciendo negocios con transnacionales, sin trascender pírricas reformas, generando una cúpula o nueva élite, que apoyada en la base social se petrifica aprovechando las cadenas de las relaciones servidumbrales, de las cuales, cualquier pueblo verdaderamente insurgente desea desprenderse.

El pueblo libio, además de tener que definir y desplegar una revolución profunda y verdadera, ahora tiene la tarea de defender a su patria, enfrentar la agresión y derrotar a las fuerzas colonialistas. Tal vez, este sea el camino que otros pueblos también deban transitar…

¿Quiénes se enfrentan a las fuerzas de Gadafi? ¿es posible un modelo revolucionario plural?

No se conoce con certeza la composición de las fuerzas que han cuestionado la revolución verde. Es evidente la presencia de militantes desplazados de otros países como de la región, pero también se ha observado que una parte del aparato militar libio está con los alzados.

También se conoce, que durante muchos años hubo una represión interna a todos aquellos que asumieron diversas formas de disidencia, cuestionando la fórmula del “pensamiento único”, “partido o dirección única” de los pueblos. A título de cerrar filas, muchas veces, los dirigentes populistas y caudillistas han pretendido mostrar que la revolución es única y que no hay insurgencia frente al reformismo como vía de pluralidad democrática, renovación y verdadera profundización.

Hoy vemos, como Libia se desgarra por dentro, al tiempo que es atacada por fuera. En consecuencia, no se trata de sólo destacar la agresión extranjera, sino también de patentizar las contradicciones internas y la necesidad de que en los procesos abiertos por los pueblos no exista un solo líder (en estos casos caudillos), cuyo culto a su personalidad se convierta en una nueva forma de alienación y enajenación.

En resumen, consideramos que una revolución tiene dos enemigos: el enemigo histórico o contrarrevolución y las incoherencias internas que lo llevan a la implosión. Ejemplos sobran, desde lo sucedido con la revolución soviética hasta lo que vivimos hoy en Bolivia o Libia. Las incoherencias internas tienen que ver con el rumbo que adquieren estos procesos: con el grado de realización o incumplimiento de las tareas revolucionarias; con el nacimiento de nuevas élites y la usurpación del poder del pueblo (poder popular o micropoderes) o la consolidación de capas caudillistas; con la transformación de las bases productivas o la continuidad del saqueo de nuestros recursos naturales, perpetuando el rol de productores de materias primas que nos ha asignado el sistema capitalista; en definitiva, si se construye una nueva sociedad en torno al pivote de germinar hombres y mujeres nuevas o si se reproduce individualismo y relaciones servidumbrales entre las personas.

Como van las cosas, en Bolivia y en otros lugares de Nuestra América o Abya Yala, no hay por qué alinearse a los gobiernos populistas si se puede construir procesos insurgentes que garanticen la verdadera liberación de los pueblos. Lo anterior implica pensar en procesos democráticos revolucionarios, donde el pueblo, si hay síntomas de implosión, usurpación de su protagonismo y abandono del programa antineoliberal y anticapitalista, deberían tener la posibilidad de proyectos de renovación revolucionaria, tal como lo es la insurgencia que demanda no sólo en enfrentar y derrotar a la contrarrevolución, sino también avanzar a una nueva sociedad verdaderamente liberadora.