Guevarismo

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El presente es un trabajo escrito por Manuel Morales Alvarez hace 13 años atrás, publicado en el libro: Yatichawi 8 escritos. Penal de San Pedro. Cides, La Paz, 1996, lo transcribimos sin adulterar su contenido.



I.- LA DISPOSICIÓN INMEDIATA A ENCARAR LAS TAREAS QUE EXIGE LA LUCHA REVOLUCIONARIA

¿Qué es lo que valoramos tanto del Che?

¿En qué se manifiesta su espíritu marxista-leninista y su aporte a la revolución y a la construcción de la Nueva Sociedad: el Socialismo?.

A fin de responder a las preguntas anteriores debemos señalar que lo importante del Che, su gran aporte, se manifiesta en los siguientes aspectos:

La lucha de clases no sólo exige a las vanguardias y a sus militantes encarar tareas múltiples, sino encarar tareas superiores a sus propias fuerzas y en muchos casos, tareas peligrosas y desconocidas. Una condición del revolucionario es pues su integralidad y su disposición inmediata para hacer “lo que es preciso hacer en ese momento” y no después. El Che sintetiza esta virtud y encarna el carácter integral y activo que debe ser el cuadro revolucionario, en él encontramos: al médico, al guerrillero, al constructor, al economista, al gobernante y al combatiente internacionalista.

Fidel decía:

«Para un hombre como él no eran necesarios muchos argumentos. Le bastaba saber que Cuba vivía una situación similar (a la de Guatemala, víctima de la criminal intervención imperialista), le bastaba saber que había hombres decididos a combatir con las armas en la mano esa situación, le bastaba saber que aquellos hombres estaban inspirados en sentimientos genuinamente revolucionarios y patrióticos. Y eso era más que suficiente. Esa era una de sus características esenciales: la disposición inmediata, instantánea a ofrecerse para realizar la misión más peligrosa».

Estamos hablando de un hombre sin complejos, decidido y convencido de lo que hacía.

II.- LA CONSTRUCCIÓN DEL HOMBRE NUEVO EN CADA HOMBRE Y MUJER PARA TRANSFORMAR A LOS DEMÁS Y A LA SOCIEDAD

En la obra revolucionaria del Comandante Che, tanto en la teórica e intelectual, como en la práctica, él nunca dejó de considerar como de primerísima importancia la construcción del hombre y mujer nuevos en cada uno de nosotros para luego transformar a los demás, así en lo militar, en lo económico, en lo organizativo y en todos los planos de la actividad humana, el Che dio el ejemplo y exigió a los demás REVOLUCIONAR SIEMPRE SU FORMA DE VIDA, valoró al máximo al elemento revolucionario, pues veía en ello la cantera de la cual deberían salir las mujeres y hombres nuevos, los forjadores de la nueva vida y nueva sociedad.

En Cuba, como en Bolivia, en sus oficinas de gobernante, como en la selva, él se constituyó en ejemplo de trabajo abnegado, dedicó especial interés a la formación de los cuadros revolucionarios y a su transformación en hombres y mujeres nuevos.

Para él, no podía haber médico revolucionario sin revolución; para él cada guerrillero debía valer por diez soldados, por un general de brigada; para él no había constructor de la nueva sociedad sin moral y educación comunista, sin trabajo voluntario; no hacia diferencias entre trabajo manual e intelectual, para él la cualidad más importante de las nuevas generaciones debía ser el estudio y la sensibilidad ante cualquier acto de injusticia contra cualquier persona en cualquier parte del mundo; para él, cualquier causa justa era motivo suficiente de lucha hasta dar la vida por ello; en fin, para el Che lo más importante radicaba en el hombre mismo, pues tenía la certeza de que un pequeño puñado de hombres y mujeres con las virtudes revolucionarias era más que suficiente para provocar un cambio, para iniciar y empujar una revolución, y que toda esta obra revolucionaria sería asimilada y asumida por nuestros pueblos, pues en nuestra América, las condiciones objetivas están dadas para avanzar en la construcción de una nueva vida.

Pero así como el Che valoraba al hombre y mujer nuevos, una de las causas para su gran angustia fue la de encontrarse con los pseudos revolucionarios, a los que sin miramiento les llamaba la “resaca”.

Sin hombres y sin mujeres nuevos ninguna empresa revolucionaria prosperará, de ahí nace precisamente la necesidad de construir el ejército de cuadros revolucionarios para hacer la revolución, de ahí nace la necesidad de que los cuadros revolucionarios sean los mejores de los mejores. Esa es nuestra moral, esa es nuestra guía.

III.- LA CERTEZA DE LA VICTORIA DE LA CAUSA POPULAR

Carlos Marx y Federico Engels, que no tuvieron la posibilidad de presenciar los éxitos, las batallas ganadas por el proletariado, nunca dejaron de ser optimistas y de confiar en la futura victoria de la causa del comunismo, del socialismo, no por un fanatismo ciego, sino por la claridad de sus ideas, por lo avanzado de su concepción de la época en la que vive la humanidad.

Pese a que han pasado los años y que los pueblos han podido ver el triunfo del proletariado en algunos países a partir de 1917 (revolución bolchevique), aún muchos pueblos y sus dirigentes se dejan llevar por la desesperanza, por las vacilaciones y las dudas, ya no sólo sobre lo que nos depara el futuro, sino, incluso, sobre el presente mismo.

Frente a estas actitudes se levantan los grandes hombres como el Che, que no sólo están impregnados de un profundo espíritu marxista, sino que lo profundizan. Es de esta forma de vivir, es de esta lucha que nace la consigna: VICTORIA O MUERTE… VENCEREMOS.

Consigna que resume el único camino, la única alternativa que tenemos, es decir, la de conquistar la victoria, dándole muerte al enemigo. Victoria implica una lucha por la vida, una lucha por salvar a la humanidad. La consigna, además, ratifica que para lograr la victoria, debemos estar dispuestos a dar nuestra vida por la liberación y por todo aquello que sea justo y valga la pena hacerlo.

Ese es el genuino espíritu marxista, y no en vano, el Che sentenciaba que:

«… en definitiva contra el pueblo no se puede vencer»;

y que

«Las victorias son el producto del trabajo, del tesón y de la planificación».

Aquí podemos entender el verdadero significado de la gesta heroica de Ñancahuazú. En Ñancahuazú, la iniciativa (además de tener creatividad) contó con el más heroico EMPEÑO REVOLUCIONARIO. La guerrilla no sólo nace precipitada, sino que tiene que enfrentar a un conjunto de problemas y a una fuerza militar numéricamente superior. Sin empeño y voluntad de “hombres y mujeres nuevos” no se hubiera podido superar el primer combate. Ese empeño se manifestó en los siguientes aspectos:

1. En primer lugar, en la decisión de que una vez presentado combate, continuar hasta la muerte o la victoria:

«El Che estaba dispuesto a luchar, cinco, diez, quince, veinte años, toda la vida si fuera necesario». (Fidel)

2. En segundo término, el empeño revolucionario de los guerrilleros se manifestó en garantizar (por principio) la dirección política-militar de la guerrilla en manos del revolucionario que reunía las condiciones para dicha tarea: el Che. Estaban dispuestos de continuar la lucha, conscientes que con el PCB o sin él el futuro de la guerrilla no sufriría grandes modificaciones, así lo constata en su diario el Che:

«…ya el partido está haciendo armas contra nosotros y no sé donde llegará pero eso no nos frenará y quizás a la larga, sea beneficioso (casi estoy seguro de ello). La gente más honesta y combativa estará con nosotros…».

3. Un tercer aspecto de la grandeza de la gesta de Ñancahuazú consistió en la alta valoración del elemento revolucionario, de la solidaridad y el apoyo mutuo que se tenían, de la fraternidad y el profundo compañerismo, pese a las adversidades y dificultades por las que atravesaban. Después de haber logrado combates victoriosos, de haber tenido la iniciativa militar y la posibilidad de desplazarse a otras zonas con mejores condiciones sociales, la piedra angular para el desgaste y la posterior emboscada en la Quebrada del Churo, fue la incesante búsqueda de la columna de Joaquín. Ante la certeza de la emboscada en el Vado del Yeso, recién la columna emprende su desplazamiento a una mejor zona. Es en esta marcha que son detectados, pero pese a esto siguen avanzando en busca de un buen resguardo para el médico que venía muy mal.

El Che nunca hubiera abandonado a la columna de Joaquín, al médico, ni a cualquier de sus hombres, y si la historia se hubiera repetido, la actitud hubiera sido la misma. Ese es otro ejemplo de consecuencia revolucionaria que nos legaron nuestros mártires. El Che decía:

«Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el eslabón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no pueden alcanzar ninguno de estos dos estadios deben decirlo y dejar la lucha».

IV.- LA CONTINENTALIDAD DE LA LUCHA

El hecho de que el Che nació en la Argentina, combatió en Cuba y murió en Bolivia, expresa de mejor manera el carácter de la lucha: CONTINENTAL. Todas sus energías y fuerzas empeñadas en este combate se sintetizan en los siguientes conceptos acerca del carácter de la lucha:

«En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identidad de tipo “internacional americano”, mucho más completa que en otros continentes: lengua, costumbres, religión, “amo común” los une. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotados y explotadores de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando en ella, aceleradamente.

¿Podría concebirse esta nueva etapa de la emancipación de América como el cotejo de dos fuerzas locales, luchando por el poder en un territorio dado?. Difícilmente. La lucha será a muerte entre todas las fuerzas populares y todas las fuerzas de represión… los yanquis intervendrán por solidaridad de intereses y porque la lucha en América es decisiva. De hecho, ya intervienen en la preparación de las fuerzas represivas y la organización de un aparato continental de lucha. Pero, de ahora en adelante, lo harán con todas sus energías; castigarán a las fuerzas populares, con todas las armas de destrucción a su alcance; no dejarán consolidarse al poder revolucionario y, si alguno llegará a hacerlo, volverán a atacar, no lo reconocerán, tratarán de dividir a las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, crearán problemas fronterizos, lanzarán a los estados reaccionarios en su contra, intentarán ahogar económicamente al nuevo estado, aniquilarlo, en una sola palabra.

De este panorama americano, se hace difícil que la victoria se logre y consolide en un país aislado. A la unión de las fuerzas represivas debe contestarse con la unión de las fuerzas populares… La Cordillera de los Andes está llamada a hacer la Sierra Maestra de América, como dijera Fidel, y todos los inmensos territorios que abarca este continente están llamados a ser escenarios de la lucha a muerte contra el poder imperialista.

No podemos decir cuándo alcanzará estas características continentales, ni cuánto tiempo durará la lucha; pero podemos predecir su advenimiento y su triunfo, porque es resultado de circunstancias históricas, económicas y políticas inevitables y su rumbo no se puede torcer.

Iniciarla cuándo las condiciones estén dadas, independientemente de la situación de otros países, es la tarea de la fuerza revolucionaria de cada país. El desarrollo de la lucha irá condicionando la estrategia general; la predicción sobre el carácter continental es fruto del análisis de las fuerzas de cada contendiente, pero esto no excluye, ni mucho menos, el estallido independiente. Así como la iniciación de la lucha en un punto de un país está destinada a desarrollarla en todo su ámbito, la iniciación de la guerra revolucionaria contribuye a desarrollar nuevas condiciones en los países vecinos». (Che)

El Comandante Inti, por su parte, acotó sobre la lucha continental, lo siguiente:

«Los pueblos que reconocen fronteras, están condenados al aislamiento y su liberación será más lenta y dolorosa. El concepto de fronteras será roto por la acción… Los revolucionarios comprenderán, si es que todavía no sienten esa necesidad, que es preciso unirse para enfrentar coordinadamente y como una sola fuerza a los opresores.

El Che nos explicó con su franqueza habitual que la lucha tendría estas características claras: dura, larga y cruel. Por lo tanto nadie debía acomodar su mentalidad a situaciones “cortoplacistas”».

A nivel de la lucha continental, es decir, la elaboración e implementación de la Estrategia Revolucionaria para la liberación de América Latina, es poco lo que se ha avanzado, encontrándose en el desarrollo de la campaña guerrillera en Ñancahuazú, su manantial más valioso; ya que la lucha continental requiere de un proyecto capaz de unir y articular varias luchas locales-nacionales.

El proyecto singular continental al que hacemos referencia (la guerrilla de Ñancahuazú) y que representó la implementación y el desarrollo de la estrategia de GUERRA REVOLUCIONARIA CONTINENTAL Y PROLONGADA, es explicada por Debray:

«Si alguna vez hubo un proyecto singular en la historia contemporánea de la América del Sur que mereciese llamarse “crucial”, fue el que encarnó el Che en esas jornadas vacilantes, indecisas, brumosas del invierno austral de 1967. Jamás en la América de hoy, la suerte de un número tan grande de hombres habrá dependido de un tan pequeño número hombres. Todos los revolucionarios del continente -tanto los que habían tomado las armas, como los que ponían sus esperanzas en las vías legales, tanto los que estaban en el poder y cargados de responsabilidades de Estado en Cuba, como los que luchaban por el poder de Estado en cualquier otro lugar- se encontraban clandestinamente convocados sin saberlo, en aquella selva desierta para escuchar la sentencia que habría de decidir qué lugar les sería atribuido a los unos y a los otros en la historia latinoamericana de hoy. O a qué opción política se verían empujados en la escena nacional e internacional.

O bien las guerrillas de este período iban al fin a COAGULAR en un proyecto a escala continental, o estaban condenados a desangrarse, a decaer irreversiblemente, a extinguirse cada una en su rincón, por hemorragia interna.

Queda a la vista cuál era la cuestión: durante todo un período dado, la guerrilla rural en América Latina se jugaba en cierto modo el todo por el todo. Esta forma de guerra revolucionaria iba a convertirse en el “todo” de un período histórico -enmarcado como un horizonte común sus vicisitudes internas- en el que éste se rompería en mil pedazos, desmenuzado, herido de muerte, cediendo el primer lugar a otra concepción, a otros métodos, a otros protagonistas; en una palabra a un nuevo período».

El 8 de Octubre de 1967 caía herido el Comandante Che, y en cierta forma se definía esta situación con la desarticulación del proyecto potencialmente gestor de un SALTO DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA AL PLANO CONTINENTAL; pese a eso, pese a los años, a los avances y retrocesos de la lucha en el continente, las bases y posibilidades del proyecto de Guerra Revolucionaria Continental y Prolongada se mantienen, la tarea consiste en crear las condiciones que están ausentes por el momento, para efectivizarlo, tomando como norte las líneas estratégicas diseñadas por el Che.

«La estrategia del Che no tenía a Bolivia como blanco. Ni siquiera como objetivo PRIMERO.

Si América Latina es la “patria grande” en potencia, las “patrias chicas” que la componen no son jamás otra cosa que provincias.

A la vez que ensanchaba su campo de visión por encima de las fronteras nacionales en dirección del continente, sometía los métodos de acción inveterados de la “izquierda” tradicional a una verdadera transposición, a una inversión de los momentos, insólita sobre todo en América Latina. En efecto, el Che no tenía como objetivo inmediato la toma del poder, sino la construcción previa de un Poder Popular materializado por su instrumento de acción, una fuerza militar autónoma y móvil. En su concepción, la construcción del Poder Popular se anteponía a la toma del poder en Bolivia, derivada en el tiempo y secundaria en importancia. Esta inversión del orden de los factores y de los momentos históricos marcaba una ruptura efectiva con la tradición local (ruptura quizás DEMASIADO revolucionaria, demasiado ambiciosa, demasiado rigurosa, teniendo en cuenta las condiciones precarias y los mediocres recursos que ponían a su disposición inmediata las costumbres políticas locales… Para decirlo en términos triviales: al levantarse el Che en Bolivia, no postulaba su candidatura a la presidencia de la república boliviana, como tampoco los guerrilleros bolivianos aspiraban a los sillones ministeriales.

El objetivo de Ñancahuazú no fue jamás, ni a corto plazo, ni a mediano, la toma del poder en La Paz. Más aún: el Che consideraba una verdadera catástrofe que, a consecuencia de un encadenamiento precipitado de circunstancias, un desenlace prematuramente victorioso hiciera abortar su proyecto histórico, que no podía dar sus frutos sino a largo plazo y difiriendo al máximo sus efectos. Un régimen popular en Bolivia, del que hubiese tenido directa o indirectamente que asumir la responsabilidad, habría sido para él, puede decirse, como arrastrar un grillete…, una economía socializada reducida a la autarquía en las condiciones mediterráneas de Bolivia, sin fachada marítima, sin altos hornos para su mineral, sin salida asegurada para su petróleo, sin harina de trigo nacional para hacer su pan, era difícilmente viable a los ojos del Che.

… debían destacarse de la columna de Ñancahuazú, cuando ésta hubiera alcanzado su punto de congestión, una pequeña columna hacia el segundo frente boliviano del Chapare, …, y después otra, para abrir el tercer frente del Alto Beni, … (las dos tenían ya sus responsables designados en el seno de la guerrilla, aunque todavía no públicamente). El conjunto de estos tres frentes articulados habría de constituir entonces el foco central boliviano. De allí, en segundo tiempo, habrían de partir diversas columnas hacia los países vecinos: una en dirección al Perú, que tendría por núcleo central a los camaradas peruanos ya presentes en la columna madre y se reuniría con una base guerrillera instalada ya en el departamento de Ayacucho, al sudoeste del Perú. En dirección de la Argentina se desplazaría otra columna latinoamericana compuesta también por una mayoría de argentinos…

Una red internacional homogénea y flexible a la vez, cubriría las diversas partes de la nación latinoamericana, compuesta por organizaciones nacionales político-militares, dotadas de una estructura común, la de un ejército guerrillero, de una sigla idéntica: ELN …, con una doctrina de guerra única, la del Che, con un estado mayor políticamente coherente, formado en torno suyo y con una visión política global. La columna mandada por el Che hubiera sido la vertebral de esta red.

De este modo, la empresa del Che se encontraba en el punto de unión del pasado y del futuro. Surgiendo en la cresta de una ola histórica, marcaba al mismo tiempo que su apogeo, el paso por el tamiz de la práctica de cierta concepción de la lucha armada desarrollada y definida en los comienzos de los años sesenta… Como punto focal de un haz de organizaciones guerrilleras ya existentes o de proyectos parciales, ejecutados a medias y diseminados sobre todo el continente, esa concepción representaba a la vez la síntesis, el intento de totalización de todo un período de luchas ya puesto en marcha y su elevación a un nivel superior de organización militar y de proyección política». (R. Debray).

Por todo lo anteriormente visto podemos señalar que la lucha de liberación se desarrolla desde lo local o nacional a lo general y continental, pero que ambos procesos pueden interrelacionarse en determinado momento, siempre y cuando el Movimiento Revolucionario, sea capaz de retomar, profundizar y desarrollar el proyecto del Che de Guerra Revolucionaria Continental y prolongada.

Debemos estar conscientes que nuestro objetivo estratégico no sólo se reduce a la toma del poder en un sólo país.

Debemos estar conscientes que en dependencia del ritmo y condiciones que genere la lucha continental, la lucha local se puede fortalecer, retroalimentando a la primera, siendo éste proceso el único capaz de garantizar una victoria contundente sobre el enemigo principal.

V.- LA SOLIDARIDAD REVOLUCIONARIA MILITANTE

Ni Marx, ni Engels, ni Lenin centraron toda su actividad sólo en torno al proletariado de sus países, por el contrario, no sólo que plantearon los principios fundamentales del Internacionalismo Proletario, sino que organizaron a través de la I, II y III Internacional al Movimiento Obrero, haciendo realidad la consigna: “PROLETARIOS DEL MUNDO UNIOS”.

Para el Che la solidaridad no es un nuevo enunciado ni meros actos de admiración y apoyo. Él, en su Mensaje a la Tricontinental decía con precisión:

«No se trata de desear éxitos al agredido sino de correr su misma suerte, acompañarlo a la muerte o a la victoria».

La solidaridad para ser genuina y eficaz debe ser militante. Los que regatean su concurso internacionalista y solidario, cometen uno de los errores y miopías políticas más grandes, además de una incorrecta interpretación del espíritu marxista-leninista. Por eso con razón Fidel Castro sentenciaba:

«La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones socialistas contemporáneas».

La solidaridad no es un acto mecánico ni repetitivo, es acción, es creatividad, es lucha contra el enemigo común. La consigna y el ejemplo del Che de: CREAR UNO, DOS, TRES, MUCHOS VIETNAM, expresa a cabalidad lo anterior.

VI.- LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA MILITAR COMO LA VANGUARDIA DE LA REVOLUCIÓN

«Política y militar es la lucha, así hay que desarrollarla y, por lo tanto, entenderla». (Che).

La organización revolucionaria de vanguardia es la Organización Político Militar, instrumento necesario y superior para la organización del poder. Para ser una verdadera vanguardia, el Che señalaba:

«Nadie puede solicitar el cargo de partido de vanguardia como un diploma oficial dado por la universidad; ser partido de vanguardia es estar al frente de la clase obrera en la lucha por la toma del poder, saber guiarla a su captura, conducirla por los atajos, incluso. Esa es la misión de nuestros partidos revolucionarios…».

Entre el viejo y tradicional partido político de izquierda y la organización de nuevo tipo: Política y Militar, existen diferencias no sólo formales, sino que tocan la esencia de su accionar y la calidad de sus componentes. En sus escritos sobre la Guerra Revolucionaria en Cuba, el Che refleja esas diferencias:

«En una discusión fraterna le dije una frase a un dirigente del PSP que él repitiera a otros como expresión de una verdad de aquel momento: Ustedes son capases de crear cuadros que se dejan despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora».

El Comandante Inti por su parte, analiza el salto adelante que a veces se da entre los militantes de las organizaciones tradicionales en su búsqueda por conformar una real vanguardia, - expresando con ello, tal vez- su propia experiencia, él decía:

«Muchos militantes situados al borde de la guerra, lejos de retroceder con sus direcciones conciliadoras, dan el paso decisivo y se sitúan en la vanguardia».

La Organización Política Militar es una estructura de cuadros interrelacionada profundamente con las masas, capaz de influir en ellas, de organizarlas y movilizarlas en todos los terrenos de la lucha de clases, en los terrenos de la lucha por la construcción de una patria multinacional, sea éste el político, económico, ideológico o militar. Pero querer mezclar en una misma organización la estructura de masas con una de cuadros, atenta contra los criterios leninistas de la organización de vanguardia.

Por todo lo anterior, podemos concluir que la Organización Política y Militar reúne las características del partido en cuanto a su funcionamiento, que actúa con las características del ejército revolucionario y que influye decisivamente en las masas.

VII.- LA LABOR ECONÓMICA DEL CHE

Según Tablada:

«La actividad práctica y teórica del Che en el proceso de eliminación del capitalismo y de la creación del régimen socialista en Cuba, le llevó a concebir y desarrollar el Sistema Presupuestarío de Financiamiento; sistema que está formado a su vez por los subsistemas de planificación, organización, normación del trabajo, contabilidad y costos, finanzas, precios, control y supervisión, mecanismos de incentivación, política de cuadros, capacitación, desarrollo científico-técnico, informática, estadísticas, dirección y participación de los trabajadores, entre otros.

Al introducirse en el mundo de la organización y gestión, Che trató otros asuntos: la lucha contra el burocratismo, el establecimiento de las instituciones económicas y las relaciones entre ellas, las relaciones entre el partido y el Estado, las relaciones entre la administración y el sindicato, la utilización del principio del centralismo democrático, los estudios socio-psicológicos de la organización y la gestión, la computación y los métodos económico-matemáticos y la empresa socialista.

El Che fue el principal impulsor de la implantación en Cuba de la planificación, de los métodos de control y supervisión, de un sistema de formación de cuadros para la economía que es digno de estudio. Che coadyuvó a la implantación del sistema socialista de producción en la economía cubana.

El Che dirigió la industria cubana en los primeros años y llevó a la práctica de forma brillante la organización de la misma bajo los principios de dirección socialista, aplicándolo hasta el nivel del establecimiento o unidad de producción más insignificante.

El Che entendía que la creación de la nueva conciencia social requería el mismo esfuerzo que él que dedicáramos al desarrollo de la base material del socialismo. Y veía en la conciencia un elemento activo, una fuerza material, un motor de desarrollo de la base material y técnica. No concebía que pudiera relegarse a un segundo plano la conciencia y cuidaba que los métodos y los medios a utilizar para lograr el fin no fueran a alejarlo o desnaturalizarlo».

El Che, en su papel de constructor de la nueva economía, estaba convencido de que:

«El socialismo económico sin la moral comunista no (…) interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor “interés individual” y provecho, de las motivaciones psicológicas.

Marx se preocupaba tanto de los hechos económicos como de su traducción en la mente. El llamaba eso un “hecho de conciencia”.

Si el comunismo descuida los hechos de conciencia, puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria.

Sí, el estímulo económico se opone al desarrollo de la conciencia, pero es una gran palanca para obtener logros en la producción, … ».

VIII.- EL MARXISMO ANTIDOGMÁTICO DEL CHE

En su práctica y teoría, el Che nos legó un marxismo fresco y antidogmático. El sostenía:

«Se debe ser “marxista” con la misma naturalidad con que se es “newtoniano” en física, o “pasteuriano” en biología, considerando que, si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado.”… “todo nuestro esfuerzo está destinado a invitar a pensar, a abordar al marxismo con la seriedad que esta gigantesca doctrina merece».

Valorando el papel del Che, Michael Lowy apuntaba:

«Teniendo en cuenta las proporciones, podemos decir que el Che ha desempeñado, al menos a la escala de América Latina, el mismo papel de renovación revolucionaria respecto del “marxismo” petrificado de la izquierda oficial, que Lenin desempeñara respecto de la socialdemocracia “marxista” de la II Internacional».

El trabajo científico, ideológico y filosófico que debemos desarrollar -en el espíritu del Che- debe explicar el mundo y la época en la que vivimos, el papel y lugar del marxismo leninismo guevarismo y cosmovisión en ella, además de cuestionar y mostrar un camino de vida integral a millones de seres humanos condenados (por el sistema dominante) a una vida muerta sin valores, ni sentidos.

Debemos entender que en el trabajo ideológico, filosófico y cultural existen diferentes visiones que explican la realidad y el mundo desde una determinada y propia óptica, siendo muchas de ellas el fruto de la vida y la reflexión de los pueblos. Así surgieron en diferentes partes del mundo, donde existieron grandes civilizaciones, visiones con rasgos específicos que respondieron a sus particularidades. Por lo tanto tienen aspectos ricos para que sean entendidos, revalorizados, revitalizados y asimilados y que estos aportes y legados nos ayuden a interpretar la realidad de una manera más global y profunda. En este contexto, hay la necesidad de un trabajo conjunto y dialéctico que nos permita avanzar, desterrando los unilateralismos, los dogmatismos, etc.

En la perspectiva arriba mencionada, el encuentro del marxismo y el cristianismo revolucionario en el seno del proyecto revolucionario, expresado desde los niveles de base hasta los de dirección, no es un acontecimiento reciente ni casual. Hay un avance incuestionable del cristianismo revolucionario que es consecuente con los principios de su fe y que con mayor fuerza va rechazando el idealismo, a la cúpula clerical de derecha, marchando por la misma senda de las luchas populares.

El acuerdo, acercamiento y diálogo entre marxismo y cristianismo se da en torno al carácter justo de la lucha popular y los objetivos de transformación del hombre y la sociedad en que éste vive. Así como también en torno al respeto, reconocimiento y trabajo conjunto con las religiones originarias.

A pesar de que las diferencias entre marxistas y cristianos son de carácter filosófico, estas diferencias y contradicciones no son el centro del debate, ni el condicionamiento para no converger dentro de un mismo proyecto revolucionario.
Refuerza esta concepción el Che cuando señala que los cristianos deben llegar a la lucha revolucionaria:

«… sin la pretensión de evangelizar a los marxistas y sin la cobardía de ocultar su fe para asimilarse a ellos».

Para los cristianos revolucionarios, la expresión de su fe y su autocrítica acerca de lo que fue y sigue siendo la evangelización impuesta en estos cinco siglos de invasión y dominio colonial y neocolonial, se convierte en dinamizador y detonante de su compromiso con la causa de nuestros pueblos.

Camilo Torres Restrepo en su MENSAJE A LOS CRISTIANOS dice:

«La revolución no sólo es permitida, sino obligatoria para los cristianos que ven en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor… para todos».

«Si los marxistas luchaban por la nueva sociedad -señalaba Camilo en otra oportunidad-, los cristianos deberían estar luchando a su lado».

Por su parte, Fidel señala:

«Yo podría definir la Iglesia de la Liberación o la Teología de la Liberación como un reencuentro del cristianismo con sus raíces, con su historia más hermosa, más atractiva, más heroica y más gloriosa».

La materialización del encuentro marxismo-cristianismo revolucionario a nivel de la Organización Política Militar Religiosa, tiene en Néstor Paz Zamora uno de sus ejemplos más plenos. El en sus escritos afirmaba:

«Quisiera que mi capacidad de amar crezca cada vez más a la par que mi capacidad guerrillera… es la única manera de mejorar cualitativamente y cuantitativamente el impulso revolucionario.

Nos vamos depurando y el combate nos depurará aún más. De aquí tiene que salir el grupo selecto que lleve al pueblo a la felicidad que tanto merece. Eso es el resultado de una larga y constante fidelidad al ideal revolucionario encarnado en la vida guerrillera».

Y al referirse a la heroica guerrilla de Teoponte, de la que Néstor formaba parte, él decía:

«Somos un grupo lleno de plenitud humana, “cristiana”. Y eso, creo, basta para empujar la historia.

Esto me reconforta.

Ninguna muerte es inútil si su vida ha estado cargada de significado, y eso creo que es válido aquí con nosotros».

Adjuntando a todo lo expuesto, otro punto importante al respecto es lo que complementa Harnecker:

«No puede, por lo tanto, existir alianza entre los cristianos y los revolucionarios porque, o bien los cristianos son reaccionarios y no se alían con los revolucionarios, o bien los cristianos son revolucionarios, y si en un mismo sujeto se reúnen ambas condiciones no puede existir alianza consigo mismo.

Tampoco se puede hablar -en cuanto a política se refiere- de una alianza entre cristianos y marxistas, como no se hablaría de una alianza entre los cristianos y los partidarios de la teoría de la relatividad de Einstein. Los cristianos que quieran comprender las leyes del funcionamiento de la sociedad tienen que recurrir a los conocimientos científicos sobre ella y, por lo tanto, al marxismo como ciencia de la sociedad, de ahí que sus cuadros más avanzados no encuentren incompatible el ser cristianos y ser, al mismo tiempo, marxistas.

Si las vanguardias revolucionarias marxistas deben tener en cuenta el fenómeno del cristianismo revolucionario no es para buscar acuerdos o pactos con esos cristianos, sino para apoyar y dar impulso a la más amplia integración de los cristianos a las filas de las vanguardias revolucionarias, porque, como decía el Che visionariamente hace ya 25 años antes del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín: “Cuando los cristianos se incorporen a la revolución, ésta será invencible”».

IX.- EL PROBLEMA DEL “MÉTODO” DE LUCHA

La reacción y los seudo-revolucionarios intentan mostrar al Comandante Che en una deformada y unilateral faceta de su vida: el de guerrillero, -pero de aquel guerrillero “mete tiros” y “aventurero”- a fin de desacreditarlo y desvirtuarlo como símbolo y ejemplo de la revolución.

El método de lucha para la toma del poder es fundamental, porque es a través del uso que se hace de él que se posibilitan los triunfos. El Che también en este aspecto contribuyó notablemente:

«Casi inmediatamente surge la pregunta: ¿El método de la guerra de guerrillas es la fórmula única para la toma del poder en la América entera?, o ¿será, en todo caso, la forma predominante?; o simplemente ¿será una fórmula más entre todas las usadas para la lucha? y, en último extremo, se pregunta, ¿será aplicable a otras realidades continentales el ejemplo de Cuba? Por el camino de la polémica, suele criticarse a aquellos que quieren hacer la guerra de guerrillas, aduciendo que se olvidan de la lucha de masas.

En este continente existen en general condiciones objetivas que impulsan a las masas a acciones violentas contra los gobiernos burgueses y terratenientes, existen crisis de poder en muchos otros países y algunas condiciones subjetivas también, claro está que en los países en que todas las condiciones estén dadas, sería hasta criminal no actuar para la toma del poder. En aquellos otros en que esto no ocurre es lícito que aparezcan distintas alternativas y que de la discusión teórica surja la decisión aplicable a cada país.

…la oligarquía rompe sus propios contratos, su propia apariencia de ‘democracia’ y ataca al pueblo, aunque siempre trate de utilizar los métodos de la super estructura que ha formado para la opresión. Se vuelve a plantear en ese momento el dilema: ¿Qué hacer?. Nosotros contestamos: La violencia no es patrimonio de los explotadores, la pueden usar los explotados y, más aún, la deben usar.

… no debemos temer a la violencia, la partera de las sociedades nuevas; sólo que esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso en que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables.

¿Cuáles serán estás?. Dependen, en lo subjetivo, de dos factores que se complementan y que a su vez se van profundizando en el transcurso de la lucha: la conciencia de la necesidad del cambio revolucionario; los que, unidos a las condiciones objetivas -que son grandemente favorables en casi toda América para el desarrollo de la lucha- a la firmeza en la voluntad de lograrlo y a las nuevas correlaciones de fuerzas en el mundo, condicionan un modo de actuar.

Donde un gobierno haya subido al poder por alguna forma de consulta popular, fraudulenta o no, y se mantenga al menos una apariencia de legalidad constitucional, el brote guerrillero es imposible de producir por no haberse agotado las posibilidades de la lucha cívica.

Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha del pueblo: la guerrilla, como núcleo armado, es la vanguardia combatiente del mismo, su gran fuerza radica en la masa de la población. No debe considerarse a la guerrilla numéricamente inferior al ejército contra el cual combate, aunque sea inferior su potencia de fuego. Por esto es preciso acudir a la guerra de guerrillas cuando se tiene junto a sí un núcleo mayoritario y para defenderse de la opresión con un número infinitamente menor de armas.

… la guerra de guerrillas no es como se piensa, una guerra minúscula, una guerra de un grupo minoritario contra un ejército poderoso; no; la guerra de guerrillas es la guerra del pueblo entero contra la opresión dominante.

No se puede concebir que pequeños grupos armados, por más movilidad y conocimiento del terreno que tengan, puedan sobrevivir la persecución organizada de un ejército bien pertrechado sin ese auxiliar poderoso.

El guerrillero cuenta, entonces con todo el apoyo de la población del lugar. Es una cualidad sine qua non.

Frente a la rigidez de los métodos clásicos de guerrear, el guerrillero inventa su propia táctica en cada momento de la lucha y sorprende constantemente al enemigo.

Queda bien establecido que la guerra de guerrillas es una fase de la guerra que no tiene de por sí oportunidades de lograr el triunfo, es además una de las fases primarias de la guerra y se irá desenvolviendo y desarrollando hasta que el Ejército Guerrillero, en su crecimiento constante, adquiera las características de un Ejército Regular… El triunfo será siempre el producto de un Ejército Regular, aunque sus orígenes sean el de un Ejército Guerrillero.

Los comienzos no serán fáciles… Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa… La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos, la galvanización del espíritu nacional, la preparación para las tareas más duras, para resistir represiones más violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierten en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal».

X.- LA REVOLUCIONARIZACIÓN

«EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARIO ES HACER LA REVOLUCIÓN». (Comandante Ernesto Che Guevara).

Desarrollar integralmente la línea del Che, dará como fruto un proceso de revolucionarización al que debemos entrar por ser éste una necesidad imperiosa para seguir avanzando en el proceso de liberación nacional y continental.

La revolucionarización se desarrolla como un proceso dialéctico, paulatino de toma de conciencia, afirmación y profundización del proyecto guevarista. Contribuye a este proceso la reflexión y la constatación de los aspectos siguientes:

1. En Bolivia la revolución es necesaria y posible.

2. La necesidad de la profundización de los principios marxistas leninistas.

3. Una permanente crisis orgánica interna manifestada en la dificultad de articular estructuras capases de estar a la altura de las exigencias y demandas de la lucha.

4. La falta de un desarrollo integral de cada uno de nosotros, tanto en lo político como en lo militar, en lo técnico, en lo teórico y en lo cotidiano de la vida.

5. La existencia de un cambio en la política del imperialismo norteamericano que expresa la profundización de su estrategia reaccionaria de opresión contra los pueblos, estrategia que se materializa en una GUERRA DE TIPO GLOBAL, corrigiendo sus errores pasados, fruto de su experiencia reaccionaria acumulada en todo el mundo, que plantea nuevos y reales desafíos contrarrevolucionarios a los Movimientos Revolucionarios y a los pueblos en lucha.

6. La necesidad de contar con un proyecto revolucionario de toma del poder, integral, capaz de enfrentar y derrotar al imperialismo, en correspondencia a la década en la que vivimos y que tome en cuenta los cambios producidos en los últimos años, así como las experiencias acumuladas por la lucha popular revolucionaria.

7. El reconocimiento autocrítico, de que veníamos trabajando con una estrategia correspondiente a los años 60, incapaz por sí sola de garantizar el cumplimiento de nuestros objetivos en el presente. La línea de los años sesenta, no es mala, por el contrario, para su época y momento, era realmente correcta, coherente y capaz de conquistar la victoria, siendo una fuente rica de enseñanzas y de orientación.

La línea de los años 60 con la que veníamos trabajando, se fue estancando, no se la desarrolló -especialmente durante las décadas de los años 70 y 80-, razón por la que hubo poco avance de nuestro proyecto, hecho real y objetivo frente al cual no podíamos asumir una actitud pasiva y cómoda de autojustificación, sino de autocrítica, seria, profunda y de rectificación.

A lo anterior, asimilamos la reflexión hecha por Regís Debray, sobre un error típico de los movimientos revolucionarios, él señalaba en referencia a lo estratégico:

«La lucha armada revolucionaria encuentra condiciones específicas en cada continente, en cada país… en cada caso son necesarios años de sacrificios para descubrirlas y adquirir conciencia de ellas. Así, por instinto, los socialdemócratas rusos pensaron en rehacer la Comuna de París en Petrogrado; los comunistas chinos trataron también de rehacer el Octubre ruso en el Cantón de los años 20; y los camaradas vietnamitas, un año después de la fundación del Partido, de provocar insurrecciones de soviets campesinos en el norte del país. Para nosotros, ahora es obvio que las insurrecciones soviéticas no podían triunfar en el Asia colonial de la pre-guerra, pero los más auténticos militantes comunistas han debido comenzar por ahí el aprendizaje de su victoria».

En nuestro caso, y en lo referente a la lucha armada, por instinto y mecánicamente hemos intentado desarrollarla copiando aquella lucha que tuvo éxitos en la década de los 60 (revolución cubana), sin desarrollarla dialécticamente y de acuerdo a nuestra realidad, extrayendo de las luchas victoriosas, todos sus aportes y grandes virtudes.

En Bolivia la revolución no solo es necesaria, sino que es posible. La población está dispuesta a aceptar el cambio, es más, ya van largos años que lo vienen esperando. Búsqueda y esperanza latente en el seno de las masas, expresada bajo diversas formas: es el PACHAKUTI, es el INKARRI, es el VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES, es la búsqueda de la TIERRA SIN MAL. También encontramos en las Tesis Políticas de la COB y las principales organizaciones sindicales nacionales y departamentales la ratificación de los objetivos SOCIALISTAS a los que aspiran los trabajadores, dichas Tesis Políticas no son meras declaraciones líricas. Todo lo anterior patentizan la existencia de condiciones subjetivas imprescindibles que conforman la base necesaria para el desarrollo de la lucha y la guerra de todos nuestros pueblos contra el imperialismo, contra el neocolonialismo, condiciones subjetivas sobre las que debemos saber trabajar.

El proceso de revolucionarización en el espíritu del Che debe desarrollarse continua y profundamente, pues de el aprenderemos a ser más autocríticos que críticos, a ser analíticos, a ser, en definitiva, más guevaristas, más leninistas, más marxistas.

A.- LA REVOLUCIONARIZACION EN LA DOCTRINA

Nosotros doctrinalmente no debemos quedarnos estancados, por el contrario, debemos hallarnos en un proceso de permanente análisis, reflexión, recuperación, afirmación y debate sobre aspectos políticos e ideológicos.

Nuestra ideología es el marxismo leninismo guevarismo y la cosmovisión. Lo que debemos hacer es profundizar creativamente los principios del marxismo leninismo guevarismo, además de fundamentar y enriquecerla con la ideología de nuestros pueblos.

El proceso de afirmación y enriquecimiento doctrinal se realiza no en el marco del revisionismo, del mero criticismo o de la especulación intelectual, sino en un proceso de revolucionarización.

B.- LA REVOLUCIONARIZACION EN LA ESTRATEGIA DE PODER

La estrategia de poder que hoy enarbolamos es aquella que posibilitará unir a nuestros pueblos y derrotar al imperialismo. Respetando las leyes de la guerra revolucionaria popular y prolongada, marchamos a la profundización de la crisis del sistema, a la incorporación de las masas a la lucha superior, marchamos a erigir el poder revolucionario y desplegar el combate revolucionario en todos los terrenos de lucha. La revolucionarización nos obliga a ser mucho más creativos y astutos en cuanto a nuestros planteamientos y objetivos estratégicos.

C.- LA REVOLUCIONARIZACION EN EL TRABAJO DE MASAS

No apartarnos de las masas, enraizarnos en ellas, ganarlas e incorporarlas a la guerra, es la tarea para la cual hay que desarrollar un conjunto de esfuerzos, los cuales no pueden ser la repetición de viejos esquemas e interpretaciones de la relación vanguardia-masas, ya superadas.

El trabajo de masas nos permite aprender más de nuestros pueblos y marchar con ellos palpando sus fortalezas como sus debilidades.

D.- LA REVOLUCIONARIZACION EN LA ORGANIZACIÓN

Nuevos métodos de organización y conspiración revolucionaria serán el resultado por dotarnos de una estructura de cuadros lo menos vulnerable posible a la represión, pero al mismo tiempo, lo más eficaz y cohesionada posible para el cumplimiento de sus tareas en todos los terrenos de la lucha.

E.- LA REVOLUCIONARIZACION EN LOS CUADROS

Los cuadros sobre cuyas espaldas recaen las tareas revolucionarias, no pueden ser los viejos cuadros, con sus viejas actitudes. Necesitamos de cuadros revolucionarizados, en el espíritu de los Comandantes Che e Inti, practicantes de nuestra ideología, portadores de nuestros principios, constructores cotidianos de las tareas propuestas por la revolución.

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