Carlos Valverde Bravo: con las manos y la conciencia manchada de sangre

05.May.08    Boletines
   

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Carlos Valverde Bravo: con las manos y la conciencia manchada de sangre
En el último tiempo, el tristemente célebre Carlos Valverde Bravo, aparece en la televisión, dando insultos al actual gobierno y creyéndose una virgen inmaculada, cuando sus manos y su conciencia esta manchada de la sangre de los c. de la Comisión.

Entendemos que este ahí por mérito propio, ya que los empresarios de los medios de comunicación han sido parte de estos grupos de poder neoliberales, sin embargo, no entendemos la actitud pasiva hasta el grado de la complicidad del gobierno del MAS frente a estos sujetos y medios de comunicación, que todos los días se dan el lujo de insultar al Presidente con términos como mierda, cojudo, puta y otros, que bien le corresponden a él por su calaña y calidad (baja) humana.
A continuación transcribimos una pequeña radiografía de quien se da ínfulas de autoridad moral… y utiliza el verdadero poder de los medios de comunicación.


Periódico La Época. Política. 15 de abril de 2007. Pág. A14.

Con letra grande y sin memoria chica

Oscar García Duarte

En cierta ocasión escuché a Carlos Valverde manifestar su intención de dejar la te¬levisión porque consideraba que esta actividad tenia como factor inherente una excesiva exposi¬ción de su figura mediática.

Y tenía toda la razón, por¬que es innegable que Valverde se encuentra expuesto en la ac¬tualidad a sufrir un proceso de desgaste, tanto personal como mediático, que produce un efecto de paulatina crítica de varios periodistas, concluyendo con la réplica de Valverde bajo las características lingüísticas acostumbradas, manuteniéndose un temor latente a criticarle porque en respuesta se reciben insultos, agravios y adjetivos ca¬lificativos de toda índole.

Más allá de todo este pano¬rama que ya empieza a aburrir a la población, diremos que también su programa televisivo y PAT se someten al mismo pro¬ceso de hastío, pues cotidiana¬mente observamos a un Valverde que haciendo gala de sus actitudes eminentemente histriónicas, gritos innecesarios, aspavientos y de su particular y exquisito voca¬bulario, mantiene un monólogo cansino con Eddy Luis Franco, quien se limita a asentir con la cabeza las opiniones de Valver¬de y restringiéndose a legitimar los juicios y prejuicios del “pen¬sador de programa”.

Esta labor periodística “nove¬dosa” de aquel canal, que en su momento se ufanaba de hacer “televisión como la gente”, concluye con la permanente actitud pasiva de Franco que indudable¬mente tiene la tendencia a su¬bestimar su propia capacidad crítica e intelectual, reduciéndo¬lo a convertirse simplemente en un “alter ego” de Valverde.

Ante cualquier tipo de crítica, Valverde reacciona perdien¬do el control de sí mismo y ex¬presando inmediatamente su característica vehemencia con¬tra todas las personas que no piensan igual que él, su meca¬nismo de defensa favorito es que se le critica por el sólo he¬cho de ser “camba”, pero Valver¬de se equivoca, no es por cam¬ba que se le critica, sino exclu¬sivamente por la obsesión siste¬mática de hablar necedades subjetivas, extralimitándose en sus apreciaciones ególatras que terminan siempre en un periplo donde él tiene la razón y el otro no, y esto provoca que el programa y la imagen de Valverde no sólo se desgasten de manera acelerada, sino que en lugar de madurar y consolidarse como “líder de opinión” a nivel nacional, tan sólo consiga un envejecimiento prematuro.

Jefe de Inteligencia

Pero Valverde se expone más aún, a partir de su soberbia sin límites y en medio de un país acostumbrado a tener una memoria corta o muy chica, nos obliga y nos presiona para retro¬traernos en el tiempo, hacia el gobierno de Jaime Paz Zamora, uno de los más nefastos y co¬rruptos que existieron en demo¬cracia, cuando el estratega del MIR. Oscar Eid Franco, se vio in¬volucrado en los “narcovínculos” y posteriormente fue conde¬nado a cuatro años de prisión.

En ese gobierno el Ministe¬rio del Interior estaba a cargo de Guillermo Capobianco (al que despojaron de visa a Estados Unidos por los mismos motivos que a Paz Zamora. Susana Seleme y Oscar Eid), seguido por el subsecretario de Justicia Roger Pando (componente de la “Ban¬da de los cuatro”) y como sub¬secretario de Migración a José Luis Paredes (involucrado en el caso de los pasaportes chinos).

En medio de toda esta es¬tructura mirista compuesta por diáconos del sacerdocio de la corrupción, Carlos Valverde, el actual “líder de opinión”, se de¬sempeñaba como Jefe de Inteli¬gencia del Ministerio del Interior.

Antes de continuar, debo ma¬nifestar mi total desacuerdo con cualquier tipo de lucha política basada en la violencia, la guerri¬lla, el terrorismo o el secuestro, porque estoy convencido que ninguna de ellas son el camino exitoso a la revolución, la histo¬ria boliviana del siglo XX así lo demuestra fehacientemente.

Secuestro de Lonsdale

Pero volviendo al tema, el 11 de junio de 1990, el empresario Jorge Lonsdale fue secuestrado y cuatro meses después se anunciaba que el autor de este hecho era el grupo insurgente Comisión Néstor Paz Zamora (CNPZ), que exigía dos millones y medio de dólares a cambio de la liberación de Lonsdale.

Y aquí entran en escena acontecimientos políticos tétri¬cos, donde los actores se desen¬vuelven en la bruma de la histo¬ria, dejando tan sólo rastros sór¬didos de su accionar, hasta aho¬ra protegidos por una impuni¬dad inexplicable y donde Car¬los Valverde desempeñaría un rol preponderante como Jefe de Inteligencia del Ministerio del Interior.

En todo el proceso de captu¬ra de la CNPZ se puso en funcio¬namiento el aparato represivo del Estado a cargo del Ministe¬rio del Interior y de su Departamentó de Inteligencia al frente de Carlos Valverde.

El equipo de la Policía Nacional estaba conformado por su comandante, el Gral. Felipe Car¬vajal (posteriormente destituido en medio de un gran escándalo de corrupción), quien tenía bajo su mando como Jefe de Inteli¬gencia al Cnl. Germán Linares (involucrado en el asesinato del esposo de Loyola Guzmán y en el secuestro de Hernán Siles Zuazo durante la UDP).

Apoyando esta tarea se en¬contraba un selecto grupo de asesores extranjeros, norteameri¬canos, franceses y españoles dentro de este último se destacaba Rafael Maza, miembro de la GAL (grupo terrorista de extrema derecha) acusado del asesinato del dirigente Santiago Brouard en 1984, cuando era diputado del partido político vasco Herri Batasuna, por entonces ya legal en España.

Previo al exterminio del grupo CNPZ, se realiza una serie de capturas de sus miembros, lo cuales fueron sometidos a un variedad de torturas que iban desde la “picana eléctrica” (electricidad en los testículos) hasta el “submarino” (inmersión de la cabeza en agua helada hasta casi perder el conocimiento) finalizando en los golpes que provoca han el desmayo, hechos que fueron posteriormente denunciados públicamente por la APDHB, mediante Rolando Villena y Waldo Albarracín.

El 5 de diciembre de 1990, a las 6:45 am, los organismo de se¬guridad del Estado irrumpieron violentamente en el domicilio de la calle Abdón Saavedra N° 2035 B, donde se encontraban los miembros de la CNPZ y Jorge Lonsdale, éste fallece en una situación por demás confusa y contradictoria, mientras que e! grupo insurgente sufre tres ba¬jas: su líder Miguel Nothdurfter, seguido por Luis Caballero Inclán y Oswaldo Espinoza.

El operativo se realizó dentro de un evidente exceso en el uso de la violencia, pues varios testi¬gos oculares relataron a todos los medios de comunicación que los tres miembros de la CNPZ fueron capturados, mania¬tados y conducidos hacia un te¬jado vecino, donde se los ametralló a mansalva cuando ya se ha¬bían rendido ante sus captores.

Este acontecimiento, fue fil¬mado íntegramente por el canal RTP y el video decomisado vio¬lentamente por orden del Depar¬tamento de Inteligencia del Mi¬nisterio del Interior. El ahora “pe¬riodista”, que defiende a ultranza la libertad de prensa, conculcó flagrantemente la misma en 1990. El entonces ministro del Interior, Guillermo Capobianco, jus¬tificó este hecho debido a “nor¬mas de seguridad del Estado”, evitando el conocimiento públi¬co de un registro audiovisual que mostraba claramente un asesinato a sangre fría.

Pero la historia siniestra con¬tinúa, posteriormente a la desar¬ticulación de la CNPZ se encon¬tró un cadáver en las inmedia¬ciones de la avenida del Poeta, con innegables signos de haber sido torturado salvajemente.

Se trataba de otro miembro de la CNPZ, Alejandro Escobar Gutiérrez, quien habría delata¬do la ubicación donde se en¬contraba el grupo insurgente. Los medios de comunicación (Ultima Hora) indicaban que fuentes policiales consultadas atribuían la autoría de las tor¬turas y asesinato de Escobar a un coronel de Policía cuyo nombre no podían revelar por temor a las represalias.

Cabe entonces preguntar a Valverde ¿quién fue el coronel que torturó personalmente a Ale¬jandro Escobar con golpes de cachiporra, quemaduras de ciga¬rrillo, se dedicó minuciosamente a perforarlo en vida con un tala¬dro eléctrico y finalmente lo ase¬sinó con tres disparos? Lo más probable es que esta pregunta ja¬más encuentra una respuesta, como no hubo respuestas a los innumerables cuestionamientos y peticiones de informe que des¬de diciembre de 1990 y todo el año 1991 solicitaron ante la Cá¬mara de Diputados la APDHB, mediante Waldo Albarracín, con el apoyo de los congresistas Ra¬fael Puente, Gonzalo Ruiz, Filemón Escobar y Gregorio Lanza, éste último ofreciéndose como intermediario para evitar la ma¬sacre de la calle Abdón Saavedra, recibiendo una negativa del Ministerio del Interior.

Ahora bien, Valverde puede argumentar que no estaba di¬rectamente involucrado en toda la acción represiva de ese en¬tonces, que su labor se restringía solamente a un asesoramiento “técnico” en los niveles de inteli¬gencia del Estado, etc., argumen¬tos totalmente irrisorios, pues el cargo que desempeñaba era absolutamente estratégico en la planificación y ejecución de las acciones a seguir, y la hipótesis de haber trabajado tímidamen¬te en las sombras y que no esta¬ba comprometido directamente con las decisiones tomadas o que ignoraba los actos de tortu¬ra, implica directamente subesti¬mar la inteligencia de los ciudadanos, una fuga de la realidad, una reticencia para asumir su responsabilidad política en los acontecimientos del caso CNPZ y una deslealtad frente a sus propios compañeros del MIR que lo cobijaron en su momen¬to. Si Valverde no estaba de acuerdo con toda esa barbarie ¿por qué no renunció oportuna¬mente y de manera pública?

A la luz de los aconteci¬mientos mencionados, Valverde puede decidir por lo más inteli¬gente y prudente que es guardar silencio o por lo más torpe y pueril, atacarme con los ya co¬nocidos adjetivos calificativos.

Estoy seguro que optará por lo último, debido a su ego y so¬berbia que exceden su raciona¬lidad y por su psicología emi¬nentemente represiva y por su violencia política contenida, se verá impulsado y condicionado indefectiblemente a obrar de esa manera.

Finalmente, me tiene sin cui¬dado que me insulte o me acu¬se de ser un desconocido, como acostumbra a descalificar a per¬sonas que lo cuestionan.

Si para ser conocido es ne¬cesario ser Jefe de Inteligencia de un gobierno corrupto, cleptocrático, con reos por narrocotráfico, con asesinos y torturadores sicópatas y violar sistemática¬mente los derechos humanos y después olvidarme de todo para tratar de convertirme vana¬mente en “líder de opinión”, denigrando a todos los que pien¬san diferente, entonces prefiero definitivamente ser un desco¬nocido. Porque sencillamente considero que lo preponderan¬te no es que me conozcan, sino que lo más importante es que la población conozca a los pe¬riodistas impostores y a los re¬presores olvidadizos en su real dimensión, más aun cuando el principal de ellos llega a ser como dijo muy bien Raúl Peñaranda tan sólo un “anima¬dor” de televisión.

Quiero aclarar que el único motivo que me impulsa a escri¬bir esta líneas es que, al igual que mi persona, mucha gente ya no puede permitir que personajes que no se caracterizan necesa¬riamente por su transparencia política, hagan gala de una soberbia sistemática descalifican¬do impunemente a ciudadanos que no tienen la posibilidad de expresarse mediáticamente y fundamentalmente, porque aún habemos bolivianos con memo¬ria. Por tanto, a raíz de los aconte¬cimientos de diciembre de 1990 y antes de continuar con su tarea de inquisidor de pantalla y voci¬ferar e insultar a todos, Valverde debería aclarar su participación real en esos pasajes oscuros de un episodio político que todos quisiéramos olvidar pero que la¬mentablemente se encuentra grabado indeleblemente en la historia de Bolivia.

La Paz - Bolivia, Domingo, 1 de abr de 2007

Dos más dos son cuatro
La obsesión de Carlos Valverde

Raúl Peñaranda U.

Carlos Valverde está obsesionado con las putas. Un colega periodista me asegura que, hasta que se aburrió de seguir contando, Valverde había dicho por lo menos 61 veces las frases “ir de putas”, “salir de putas” o, simplemente, “putas” en cinco ediciones sucesivas de su programa. Sí. Más que un conductor de un programa de televisión parecía un exaltado predicador religioso. Nunca habíamos visto tal obsesión con la prostitución como la de este animador de Tv.

Al referirse con tanta insistencia a “putas” y “farra con el dinero de los bolivianos”, con relación al curso sobre petróleo de un grupo de técnicos de YPFB en Cuba, Valverde opacó la explicación que él mismo hizo sobre el tema de fondo y sus referencias a la inutilidad del viaje, el daño económico al Estado, los contratos mal redactados. Eso es lo malo de redundar tanto, de girar hasta el hartazgo sobre el mismo tema.

Lo que ha cometido Valverde —ventilando de manera tan persistente el asunto de las fotos de esos técnicos aparecidas en ciertos medios— es una falta ética grave. En otros países él obtendría una importante sanción moral. Un elemento básico de los manuales de ética de quienes tienen acceso a los medios —periodistas, productores o, como en su caso, conductores— es no referirse a la vida privada de las personas. Si los asistentes al curso en Cuba salieron o no en la noche a buscar compañía, no es asunto que deba ventilarse en los medios. Todo ser humano tiene derecho a la privacidad excepto que sus actos impliquen un delito. Y en este caso, salir después del curso a tomar unos tragos —o realizar otras actividades de esparcimiento— no lo es. Ni siquiera es algo antiético. El conductor de Tv ha dicho que “estos señores se fueron de putas con la plata de los bolivianos”, asegurando que pagaron esos presuntos servicios con dinero del TGN. Afirmar una temeridad así debería realmente ser sancionado. ¿Cómo sabe él con qué plata pagó cada quién algo de lo que ni siquiera estamos seguros? ¿Los siguió hasta la habitación del presunto burdel y fue testigo de los supuestos hechos? Valverde ha traspasado todos los límites que la decencia le impone a una persona que tiene un acceso privilegiado a un medio de comunicación.

No sólo eso. También violó los códigos éticos al señalar, primero, que “mostraría” las fotos de los asistentes en prostíbulos y luego, “que no las mostraría”. También dijo algo así como: “Veremos si algunos se divorcian si se muestran las fotos”. Eso podría ser entendido como chantaje, amenaza y amedrentamiento. ¿Lo hizo para que los supuestos implicados le teman? En tal caso, eso es lo peor que se puede hacer cuando uno tiene un espacio en un programa de televisión.

Finalmente, Valverde dijo también que, cuando él viaja invitado por alguna institución, “lleva sus propios centavos” para sus gastos personales. Pero recientemente, Valverde, mi persona y una decena de periodistas fuimos invitados por la Prefectura tarijeña a visitar ese departamento y recibir una explicación sobre los planes locales de desarrollo. En las noches nos íbamos a tomar unas cervezas y las cuentas las pagaba la Prefectura. Así que, siguiendo su misma lógica, se podría decir que “Valverde se fue de farra con el dinero de los bolivianos”. Lo mismo que ha criticado implacablemente.

Los excesos de PAT y Valverde

El Movimiento al Socialismo a la opinión pública:

Los grupos de poder económico-mediático (políticamente disminuidos) recomenzaron sus intermitentes actos de agresión mediática a la sociedad y ahora pretenden confundir a la clase media boliviana. Lo prueba la acción de algunas redes televisivas que actúan amparadas en vacíos legales heredados de los tristemente célebres Acuerdo Patriótico ó la Megacoalición y con un persistente libertinaje empresarial y extralimitaciones funcionales varias.

Actitudes típicas de este accionar son las de algunos comunicadores o analistas de moda quienes amparados en su sucesiva frustración partidaria se dedican a ridiculizar acciones gubernamentales como la firma de los nuevos contratos petroleros que ahora son conocidos por la ciudadanía boliviana y sus representantes, los parlamentarios.

Lo que no dicen estas redes y sus analistas es que los anteriores contratos en el sector hidrocarburos y otros, eran manejados en secreto por gobernantes del MNR, MIR, UCS, NFR o grupículos similares. En todo caso, está fuera de discusión el beneficio que traen dichos contratos, especialmente para regiones como Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca.

Carlos Valverde Bravo, prominente y hereditario militante de la extinta Falange Socialista Boliviana (FSB), partido que entre otras cosas apoyó con fe al dictador Hugo Bánzer Suárez, y luego, al convertirse al también extinto Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ejerció como jefe de la regional Santa Cruz del tenebroso sistema de inteligencia policial, es ahora un pretendido analista televisivo de moda y real operador del terror cívico-mediático radicado especialmente en el centro de la ciudad de Santa Cruz.

Uno de los medios de este sistema del terror es PAT, red televisiva inaccesible para los movimientos sociales, y cuyo fundador, mentor y principal accionista fue Carlos Mesa, ex Vicepresidente y ex Presidente, en nombre del MNR. Es indiscutible la carencia de autoridad moral y analítica de personajes como el sujeto aludido.

Es evidente que el gobierno, por primera vez a cargo de los movimientos sociales, incurrió en varias faltas, especialmente de forma, en algunos actos gubernativos. También es cierto que algunos militantes del MAS cometieron delitos en el caso de la venta de avales, pero nadie puede negar que estas torpezas son enmendadas y públicamente, con sanciones incluidas, algo que no hicieron Bánzer, ADN, MNR o el MIR.

Lo prueba el caso del avión presidencial Beechcraft en el que se utiliza a un chivo expiatorio, cuando en él están involucrados prominentes potentados políticos y ex adenistas como Carlos Iturralde, Manfredo Kempf, Edgar Millares, Mauro Bertero, o miristas como Guillermo Cuentas, bautizados como “conciencias calladas y cobardes”. Ó el edecán del entonces ministro de defensa Fernando Kieffer, hoy actual ministro del régimen: Ramón Quintana.

El pendejo Valverde

Grover Cardozo

¡Pescotis! se le podría decir a Carlos Valverde, después de escuchar la penosa defensa que hizo de él, su amigo Mario Espinoza en el programa “Cuarto Poder” el pasado domingo.

¡Pescotis! a quien presume de ser un periodista serio y equilibrado y que en el caso de los Rugrats, se hizo pescar una indecencia periodística por insinuar, sin ningún derecho y tampoco pruebas, relajos o placeres en el viaje a la isla caribeña. (¡se fueron de putas!)

El caso del “pelón Valverde” es de antología, porque de haber sido jefe de inteligencia del gobierno de Jaime Paz Zamora, ahora está intentando erigirse en la conciencia crítica de algún sector. Como si Luis Arce Gomez, quisiese candidatear para Defensor del Pueblo.

Pero claro, Carlitos con el acendrado espíritu mirista que lleva dentro, cree posible cambiar, transformarse o finalmente convertirse hacia la democracia, pero Foucault está contra él porque dice que “la identidad es una trayectoria”.

De todos modos no deja de ser un pendejo y desde su curul electrónico en Santa Cruz, rodeado por sectores políticos duros, y financiado por empresarios que generosamente le dan publicidad, despotrica con todo para el gobierno, y claro su pendejez consiste en tratar de hacer pasar de contrabando un discurso aparentemente equilibrado, cuando en realidad tiene una estrategia perversa que, apuntada al largo plazo, ya se puede presumir en que desembocará.

“El gobierno hace algunas buenas cosas, pero a la par hace malas”, dice dando a entender que la gente no se percata de un hecho tan elemental que es propio de toda gestión de gobierno. Claro, esa supuesta ecuanimidad se traduce en bondad, en los temas chicos del gobierno y maldad y despiadada dureza en los temas grandes.

También hay que reconocer que sabe explicar y argumentar, aunque a ratos más es el ímpetu con el que habla, que el valor mismo de lo que dice. Lo que dice, lo dice con tanta vehemencia que hasta parece cierto.

Cuando le sale su ¡puta mierda! y ¡carajo! en Do Mayor, me recuerda a una tía, bastante atrevida que llegaba a la casa y, con una pose de generala sermonera, pretendía estropearnos.

Valverde es un pendejo, pero se equivoca al pensar que el coeficiente de la gente está un 30 o 40 % menos de lo real. El hecho de estar tan encuevado en Santa Cruz, le impide una mirada más de conjunto.

Carlos Valverde y las putas

Por: JUAN JOSÉ TORO MONTOYA

Algo muy grave debió hacer (o decir) Carlos Valverde. Parece que la cosa fue tan grave que la radio Fides Potosí intentó entrevistarme sobre el tema y yo tuve que excusarme porque no tenía la más “puta” idea de lo que había pasado.

Ya después leí algunos artículos de opinión sobre el asunto y reforcé mi percepción inicial: Algo muy grave debió hacer el Carlitos para que tanta tinta haya corrido por su causa.

La verdad es que hasta ahora no sé qué “putas” pasó con Valverde. Cuando él aparece en televisión yo apenas lo veo de soslayo, a pasar por la redacción del periódico, porque es justo la hora en la que estoy “puteando” por lo que encuentro en las páginas sin editar de “El Potosí”.

Sin embargo, la lectura del artículo titulado “La obsesión de Carlos Valverde”, de Raúl Peñaranda, me dio algunas luces sobre el “puto” asunto. Al parecer, Carlitos “puteó” más de la cuenta en su programa televisivo sobre el viaje de unos técnicos de YPFB a Cuba y “emputó” a mucha gente. “Se fueron de putas”, habría dicho el conductor de televisión y así provocó una polémica que vuelve a poner en tela de juicio el papel de los medios.

Raúl Peñaranda dice, y con sobrada razón, que “un elemento básico de los manuales de ética de quienes tienen acceso a los medios es no referirse a la vida privada de las personas” y, por tanto, Valverde habría cometido “una falta ética grave”.

Yo conocí a Carlos Valverde en un viaje que un grupo de periodistas bolivianos realizamos a Santiago de Chile en diciembre del año pasado. El tiempo que compartí con él fue insuficiente para considerarlo mi amigo pero sí me sirve para decir que me cayó simpático. Aunque lenguaraz en extremo (lo de usar insistentemente la palabra “putas” es una prueba de ello), el tipo tiene carisma y sabe hacer agradable una conversación. No obstante, aunque él y yo fuéramos hermanos, probablemente mi percepción sobre el caso del viajecito a Cuba hubiese sido el mismo que el de Raúl Peñaranda si es que hubiera visto el programa.

El detalle es que los excesos de Valverde no son nada nuevo en el periodismo boliviano. La verdad es que, de un tiempo a esta parte, los medios de comunicación se han convertido en armas eficaces en la eterna guerra por el poder y, vistas las cosas de ese modo, habría que concederle parte de razón al presidente Evo Morales cuando se queja de ellos.

Pero el problema no está en las personas propietarios, periodistas y/o “alquiladores de espacios” que acceden a los medios sino en las organizaciones que están llamadas a normar el trabajo de la prensa en el plano profesional, gremial o sindical.

En el país existe la Asociación Nacional de Periodistas y la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia con sus respectivas filiales y en algunas ciudades incluso han surgido colegios de comunicadores. Más allá de la defensa de sus afiliados, estas organizaciones están llamadas a velar por la idoneidad del trabajo periodístico y, en caso necesario, hacen funcionar sus tribunales disciplinarios.

Lamentablemente, el mecanismo del Tribunal de Honor se ha convertido en un saludo a la bandera ya que cada vez son más los casos de periodistas que se someten a ellos, son hallados culpables, sancionados e incluso expulsados pero siguen trabajando en la prensa como si nada, sin que ser humano en el mundo pueda evitarlo.

¿Qué podemos hacer, entonces, cuando personas como Valverde cometen excesos?… Tenemos dos alternativas: o nos amarramos los pantalones y aplicamos efectivamente los códigos de ética o nos vamos todos de putas y permitimos que la prensa se vaya de una vez al carajo.