Lo fundamental: el legado del Comandante Che Guevara

Lo fundamental: el legado del Comandante Che Guevara

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Lo fundamental: el legado del Comandante Che Guevara

Es imposible pensar en un verdadero proceso revolucionario sin la presencia del Che, tanto en sus aportes a la teoría como el legado de su práctica.

Una coyuntura internacional diferente

Ya en la década de los 60 y 70 del siglo anterior, se evidenció que el ejemplo de la revolución cubana y las insurgencias armadas planteaban el camino de la lucha por el poder (su construcción y disputa) frente a la insuficiencia de las experiencias de la lucha electoral. Sin embargo, después de las siguientes décadas, nuevamente se hace presente la disyuntiva de avanzar por el camino electoral, de la vías pacíficas, de conformar gobiernos populares, progresistas o reformistas que han tenido una o dos décadas favorables, tanto en lo económico (precios altos de las materias primas) como en lo político al haberse debilitado la fuerza del imperialismo norteamericano. En realidad, las relaciones de fuerza a nivel internacional vieron el empuje de bloques como el de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cierto potenciamiento de Irán y la Unión Europea.

En este contexto, construir “nuevos bloques” (Alba, Celac, Unasur) no fue ningún reto al poder del imperialismo, sino una diversificación política en una coyuntura internacional diferente. Los bloques, si bien muestran un relajamiento de las relaciones de subordinación no fueron un debilitamiento del sistema capitalista. El único bloque con un tinte “izquierdista” es el Alba, que tiene un nivel de intercambio comercial a su interior marginal, in-significativo, mientras que los países comercian como Venezuela comercian con Estados Unidos en grandes proporciones. Estamos ante un antiimperialismo aparente.

Todos los gobiernos que han postulado alguna forma de cambio, de rechazo al neoliberalismo, al imperialismo, no han podido superar el “umbral del capitalismo”. Por ello, el pensamiento del Che y su proyecto político siguen vigentes, centrado en la necesidad de superar –de verdad- el sistema articulado alrededor de la fetichización de la mercancía.

¿Hay alguna década ganada?

Las consecuencias de los gobiernos gatopardistas (que supuestamente cambiaron todo para no cambiar nada en términos estructurales) pueden ser tan deletéreas para los procesos revolucionarios como las décadas del neoliberalismo. No se trata de dar bonos a los pobres para mejorar –en algo- sus condiciones de pobreza, se trata de articular al sujeto de la revolución, empoderarlo y hacer que transforme al mundo, porque en la esencia, dicho sujeto es el generador de la riqueza o valor que es apropiada por los capitalistas. La política de bonos, no mejora la condición política del sujeto, sino que lo vuelve una masa amorfa incapaz de negarse a sí misma y transformar al mundo.

Estos gobiernos y procesos reformistas han logrado borrar las diferencias entre izquierda y derecha a través de una práctica política gubernamental donde los llamados “movimientos sociales” han terminado actuando con las mismas prácticas políticas de la vieja derecha: corrupción, enriquecimiento de las nueva élites gobernantes, criminalización de la protesta social, incremento del extractivismo, acuerdos y negocios con transnacionales, incremento de los agronegocios y los transgénicos, prácticas sociales prebendales y servidumbrales, fortalecimientos del capital financiero y en general de toda actividad capitalista.

¿Qué se ha ganado entonces? En algunos casos y regiones, se trata de un retroceso, donde la organización y la conciencia política se han estancado y en otros casos retrocedido, por eso la derecha vuelve a retomar su fuerza política disminuida en los años anteriores. Así, se han generado grandes confusiones y el desarme ideológico y político de los sujetos sociales. Complementariamente, se han dividido a las organizaciones, se las ha parcelado y cooptado a muchas dirigencias al poder transitorio.

Hoy en día, los postulados de la izquierda están en crisis y como tales no son suficientes para encarar los procesos nuevos que deben enfrentarse, incluidos el de la toma del poder y la construcción de verdaderos procesos emancipatorios y modificatorios del sistema capitalista. Por ello, más allá de la izquierda, debe construirse la insurgencia como la cualidad del sujeto insurgente y para ello, el Che Guevara es una guía insustituible.

¡¡¡Con el Che hasta la victoria final!!!

El Che es el marxismo revolucionario para el día a día, para luchar y transformar la sociedad y las relaciones de poder.

Para superar el capitalismo hay que conocerlo, pero no sólo desde la teoría, sino desde la realidad social y concreta. En ese entendido, el capitalismo muta en cada uno de nuestros países y tiene sus enclaves de producción del valor. Todo ello es reforzado por el Estado, sus normas, sus políticas económicas, comerciales, sociales, educativas-culturales, etc. Para que los sujetos sociales se conviertan en sujetos insurgentes, deben también conocer al enemigo al que van a enfrentar, las cadenas que los oprimen y los sujetan a sus condiciones de vida concretas. Toda esta labor cognoscitiva debe ser profundamente des-alienante y esa labor únicamente puede inspirarse en el estilo de trabajo guevarista-insurgente.

Con el Che Guevara realizaremos la insurgencia del trabajo, es decir la vivificación del sujeto generador de valor, desarrollando una estrategia y una táctica acorde a los bloques sociales rebeldes, develando las relaciones de sometimiento y acumulando fuerzas y victorias.

Para lograr el hombre y la mujer nueva fundiremos al viejo hombre y su vieja sociedad a las reliquias de la historia.

Viva el Che Guevara
Viva la Insurgencia del Trabajo