Realidad oprimida: sujeto social constructor de la nueva historia

Realidad oprimida: sujeto social constructor de la nueva historia

Introducción

La marcha de los acontecimientos sociales, sistemáticamente vienen develando la gran contradicción que se da entre lo discursivo (política) y lo que existe en la diaria cotidianidad de nuestra sociedad (realidad); en forma sucinta podemos afirmar que a lo largo del recorrido republicano hasta hoy, este encierro inacabado no ha sido superado, ni será superado en el futuro mientras no surjan verdaderas potencialidades, fuerzas y poderes sociales inscritos en la conciencia (saber-hacer), en el accionar, en creación y transformación, en la realización histórica del sujeto, la superación cualitativa de la sociedad, el hombre-trabajo y la humanidad. Esta totalidad en síntesis quiere decir, reversión de la política en función de las realidades concretas y objetivas; sólo así este instrumento ideología-ideologema retornará a la esencialidad del buen sentido: “la política como conciencia de la realidad”.

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Realidad oprimida: sujeto social constructor de la nueva historia

Introducción

La marcha de los acontecimientos sociales, sistemáticamente vienen develando la gran contradicción que se da entre lo discursivo (política) y lo que existe en la diaria cotidianidad de nuestra sociedad (realidad); en forma sucinta podemos afirmar que a lo largo del recorrido republicano hasta hoy, este encierro inacabado no ha sido superado, ni será superado en el futuro mientras no surjan verdaderas potencialidades, fuerzas y poderes sociales inscritos en la conciencia (saber-hacer), en el accionar, en creación y transformación, en la realización histórica del sujeto, la superación cualitativa de la sociedad, el hombre-trabajo y la humanidad. Esta totalidad en síntesis quiere decir, reversión de la política en función de las realidades concretas y objetivas; sólo así este instrumento ideología-ideologema retornará a la esencialidad del buen sentido: “la política como conciencia de la realidad”.

¿En qué realidad (s) se sustenta Bolivia?

Dentro de la diversidad y espectralidad del ideario político, existe un común denominador institucional jerárquico de negación, sometimiento, empoderamiento y apropiación de lo que existimos como nosotros y de lo que somos ante el mundo que nos circunda: estamos insertos incondicionalmente en la institucionalidad civilizacional del capitalismo, situación que dentro de la manipulación de los poderes oligárquico-dominantes de turno hacen discurrir cambios y transformaciones, sin embargo, surge la interrogante ¿cuán efectivos serán estos cambios que hasta el día de hoy no han logrado transformar en lo fundamental nuestra marca y nuestro signo inscritos en el estadio económico, social, político y cultural del rentismo, la prebenda y el asistencialismo?

El extractivismo: carácter de nuestra economía

El comportamiento de la economía de Bolivia, tomando como referente la gestión 2012, registra un valor de Bs. 36.048 millones (en Bs de 1990), un incremento del 5.2%. En estas circunstancias el aporte de los sectores más significativos al Producto Interno Bruto (PIB) (crecimiento) es: petróleo y gas natural 14.7%, establecimientos financieros 9.8%, industria manufacturera 4.7%, agricultura y ganadería 4.1%. La minería presenta un deterioro de -5%, la producción de coca y cocaína no figura en esta relación, seguramente por razones obvias, comercio 3.8%, transportes y comunicaciones 2.7%, construcción 8%, administración pública 5.9%, otros servicio 3.4% (Elaboración en base a datos del INE).

Cómo se ve, la actividad extractivista (petróleo-gas natural) sigue constituyéndose en el pivote de nuestra economía, actividades con perspectivas industriales, generadoras de valor agregado permanecen históricamente relegadas. La lectura de estos datos, al margen de todabuena o mala intención, ratifican una vez más el carácter extractivista de nuestra economía, estas condiciones han perfilado –por tanto- la existencia de una estructura económica rentista, en donde el Estado-Poder-Gobierno cumplen la función específica de “extraer sin invertir” (consumir sin producir), convertidos en custodios y gendarmes al servicio del capital transnacional. Como aditamento a esta realidad habría que agregar los nefastos resultados del Censo del año en curso, en donde más de 360.000 bolivianos han sido condenados al castracismo del silencio fantasma.

El rentismo: sus efectos en el ámbito social

El carácter económico de nuestro país ha determinado la conformación de una pirámide social en cuyo vórtice se encuentra ubicada la oligarquía dominante, fundamentada en la existencia de un sistema de “clanes familiares”, poderes minoritarios excluyentes, que oprimen, subsumen –y ente todo- deforman la estructura social. A estas alturas, aún cuando pueda parecer inverosímil, estamos en presencia de una clase y una nación inacabadas. El argumento teórico de la diversidad-abigarramiento en boga, debe ser considerado hoy más que nunca bajo la rigurosidad de la vivencia de sus legítimos autores que moran en las profundas realidades inconclusas.

El sustento social de la oligarquía señorial ha sido y sigue siendo patrimonialista, pues esta es dueña de la tierra y territorio, los atuendos políticos cambian: republicanismo, liberalismo, nacionalismo, nacionalsocialismo, populismo, neoliberalismo y ahora socialismo-indio; en tanto la realidad histórica de la miseria de los de abajo permanece incólume: he ahí la distribución de la tierra… “con el saneamiento el objetivo es LEGALIZAR la injusta distribución histórica de la tierra que dio como resultado final la existencia de los grandes latifundios del Oriente y el minifundio en el Occidente, es decir tierras para ganaderos, madederos y agroindustriales y apenas misérrimos surcos para comunidades y campesinos. El saneamiento distrajo y distrae a las comunidades campesinas en torno a los papeles legales de sus tierras y no en torno al reclamo por la tierra, a su administración y acceso” (Insurgente, julio 2010, Nº 5).

En lo referente a los hidrocarburos, la falsa nacionalización de estos recursos esta significando en lo fundamental, contratos con 42 transnacionales petroleras, enclaustramiento de nuestras condiciones de productores de materias primas (gas), importación de gasolina y diesel, incapacidad de industrialización de nuestros hidrocarburos, mantenimiento de nuestra dependencia tecnológica, mantenimiento del modelo neoliberal con licitaciones a favor del capital privado.

En cuanto a la minería, políticamente todo está bajo el control del Estado Plurinacional, en tanto los espacios estratégicos mineralógicos siguen siendo patrimonio del capital transnacional y de su complementariedad nacional interna: los grandes cooperativistas mineros.

Política: ¿el rentismo referente mundial de liberación?

Tenemos en frente el “imaginario” ideológico-político del actual Estado-Poder-Gobierno plurinacional del MAS: cosmovisión andina, centralidad de la lucha cultural, descolonización, revolución cultural en democracia, vivir bien o bien vivir.

El pensar, está referido a la descolonización, hegelianamente diremos “la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido”. Generar un mundo nuevo desde las entrañas del viejo es sumamente complicado. Hay que romper sus dinámicas, hay que disolver sus instituciones, expulsar sus modos de pensar, hay que mirarlos desde afuera y desde lejos, con un pie en la memoria y otro en la imaginación para poder crear en vez de imitar (Ana Esther Ceceña. Debates que tejen emancipaciones. La Época. Mayo-Junio. 2012).

Respecto a esta gran interrogante histórica decimos: en nuestra realidad los procesos de colonización (externa-interna), apretadamente pueden ser clasificados en dos grandes espacios históricos: antes de la república, irrupción y colonización ibérica con saqueo mercantilista, y en la república: empoderamiento y apropiación de tierra y territorio por parte de las oligarquías de turno. La primera es mita, encomienda y repartimiento, la segunda se sintetiza en aquello que acertadamente señala Jorge Alejandro Ovando Sanz “las invasiones peruanas de 1828 y 1848, así como la boliviana al Perú de 1835 tenían en su base financiera el tributo indígena. A la terminación de este proceso que vino a diferenciar a ambos Estados y a ambas nacionalidades dominantes, surgió entre las clases altas de Bolivia la llamada enfiteusis, que no era sino una figura jurídica destinada a negar la propiedad histórica de los pueblos indígenas sobre sus propios territorios y abrir más fácilmente el camino para la usurpación de las tierras de comunidad por parte de los blancos, considerándolas como propiedad del Estado” (Jorge Alejandro Ovando. Historia Económica de Bolivia). La enfiteusis es la síntesis de la institucionalidad colonial rentista (rentismo sistémico).

La descolonización que pregona el MAS responde a una doble moral corpórea: “indio por fuera, oligarcas parasitarios improductivos y rentistas por dentro”.

En un ámbito de poder, donde prima el instinto sobre el pensar creador, la corporeidad insaciable sobre la conciencia liberadora, resulta paradójico e irónico enarbolar postulados de emancipación, revolución en democracia, socialismo comunitario, vivir bien… Toda esta argumentación pueril es producto de las corrientes políticas indiano-marxista-animista, pues este accionar no hace otra cosa que encubrir los intereses ahistóricos de quienes lo sustentan. El culto y la entronización de la bestialidad de la riqueza desembozada que somete a la humanidad en su conjunto y que reduce al hombre-sociedad a la condición de servidumbre cosificada, es la inspiración de esta política y estos políticos que anidan aquí en Bolivia y en todos los rincones del nihilismo de la degradación social.

Sin cambiar al hombre-sociedad-humanidad, esto es, sin revertir la calidad y condición de la alienación del trabajo (historia de la realización de las cosas) no hay alternativas históricas de liberación, sólo la emergencia de la realidad (s) social condensada en el saber-hacer-realización concretaran este episteme definitorio trazado por Marx, de ahí, la importancia material-espiritual de los insurgentes del trabajo, constructores del poder social y definidores en el advenimiento de la nueva historia.