Teoría de la Insurgencia

18.Sep.12    TIPNIS
   

Teoría de la Insurgencia

i. El socialismo insurgente es la teoría que ilumina nuestra estrategia: Sol para Bolivia y la Patria Grande

La estrategia del taky de los micropoderes apunta a la construcción del socialismo insurgente. El socialismo insurgente nace como la propuesta creativa de nuestros pueblos en el proceso de construcción del poder y la edificación de la nueva sociedad y el nuevo Estado Democrático. Para ello, se debe partir por una valoración crítica de lo las experiencias fracasadas de socialismo, pero sin distraernos en realizar un análisis enciclopédico del tema.

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Teoría de la Insurgencia

i. El socialismo insurgente es la teoría que ilumina nuestra estrategia: Sol para Bolivia y la Patria Grande

La estrategia del taky de los micropoderes apunta a la construcción del socialismo insurgente. El socialismo insurgente nace como la propuesta creativa de nuestros pueblos en el proceso de construcción del poder y la edificación de la nueva sociedad y el nuevo Estado Democrático. Para ello, se debe partir por una valoración crítica de lo las experiencias fracasadas de socialismo, pero sin distraernos en realizar un análisis enciclopédico del tema.

Asumiendo la tesis marxista de la rebelión (Umwälzung), Tristán Marof plantea la revolución económica y social boliviana que transformará las fuerzas productivas, relaciones de producción, superestructura política, relaciones sociales, naturales y espaciales; esto es; la economía, la política, el derecho y la geografía; desarrollando las tesis indigenistas de la grandeza de los Andes e imperio de los Incas, generando un sistema de calidad de vida y abundancia; mediante una revolución económica que sustente el Estado Socialista moderno.

Sabedor de que ninguna transformación es real si no se produce en la esfera material de la existencia humana, Tristán Marof plantea una revolución económica sustentada materialmente en el aprovechamiento de la minería e industria metalúrgica para la generación de excedentes en beneficio del país, ensanchando con éstos la infraestructura agrícola de Bolivia, conectando las inmensas y promisorias regiones de la zona andina, subandina y oriental, el Macizo Boliviano, mediante una red vial moderna. Lo anterior, no sería posible si no se produce la nacionalización de las minas, reforma agraria, industrialización e integración nacional, un socialismo integral que, a través de un Estado socialista nacional moderno administrado por una élite honrada y capaz, lleve a la práctica los postulados de la revolución económica e ideal comunista; sintetizados en la fórmula: ¡Tierras al Pueblo, Minas al Estado!.

La teoría de Tristán Marof, es decisiva en la creación de una ideología socialista propia y adaptada a las peculiaridades bolivianas y latinoamericanas. Combinando creativamente la economía política, modos de producción y lucha de clases en el marxismo, con la problemática terrígena y sociocultural del indigenismo boliviano y latinoamericano; edifica una teoría socialista que habrá de enlazar con la modernidad occidental (Estado total y nacional moderno) mediante el bolchevismo leninista a través de su visión del Estado total moderno e imperialismo; logrando así un enlace intergeneracional y epocal que habría de cambiar completamente la mentalidad de las generaciones venideras y la historia del país. Veintiséis años después, en abril 9 de 1952, se producía en Bolivia la revolución que Tristán Marof proclamaba, enarbolando sus consignas: ¡Tierras al Pueblo, Minas al Estado!

Como fue visto, las previsiones de Tristán Marof resultan muy actuales, tanto que tienden a enlazarse con la problemática contemporánea del gas como un destino propicio para Bolivia, en cuanto sea correctamente aprovechado.

Zarate Willka, plantea una Bolivia Indígena no excluyente, con una alianza con los mineros y pobres de las ciudades. Un país sin oligarquías, sin opresión extranjera, construyendo su propio ejército libertario.

El Che Guevara nos lega la lucha por la liberación nacional y la construcción del socialismo insurgente en torno al pivote de la construcción del hombre y la mujer nueva.

ii. El burocratismo no fue socialismo

¿Cómo la revolución rusa degeneró en socialismo real? ¿Cómo el socialismo real se convirtió en capitalismo regenerado? Si bien dar respuestas a estas preguntas implica una serie de consideraciones históricas, de manera sencilla y resumida podríamos señalar los siguientes aspectos negativos de esta experiencia, situación que deben superarse definitivamente a la hora de trabajar un verdadero socialismo:

• La eliminación de los soviets. Con el paso del tiempo y con una serie de medidas organizativas y administrativas, el partido (comunistas) fue reemplazando a los órganos de poder de los trabajadores, de manera que se burocratizo en proceso y el pueblo no tenía real poder de decisión.

• Desarrollo del capitalismo de Estado bajo la NEP. Lenin llama “capitalismo de estado” a algo relativamente sencillo: el capital monopolista, el mayor grado de concentración y centralización del capital que se haya alcanzado, se ha asociado al estado, a tal punto que sus negocios son indistinguibles de la política estatal. Esta era una tendencia ya presente que se acelera monstruosamente con la guerra y cuyo mayor exponente era el caso alemán (Sartelli, Eduardo: Procesos de trabajo y capitalismo de estado: historia y crítica de un concepto, presentada en XVII Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional del Tucumán, Fac. de Ciencias Económicas, 20, 21 y 22 de setiembre de 2000). Cuando Lenin, piensa en la vía de transición en Rusia, piensa en el capitalismo de estado. La objeción de Bujarin era que no podía hablarse de capitalismo de estado con dictadura del proletariado. En el primer caso, el estado coincide con la economía porque está en manos de quienes ya manejan la economía, la burguesía. En el segundo, el estado no coincide con la economía, o sólo parcialmente, porque el mayor peso lo tienen los campesinos y artesanos y no la gran industria nacionalizada. En consecuencia, la economía sigue siendo capitalista y, objetivamente, esa economía se afianza en relación al estado. En ese sentido sigue siendo un capitalismo de estado. Cuando Lenin propone la NEP, lo que está proponiendo es que el estado soviético facilite el desarrollo del capital, incluso en el sentido de su desarrollo monopólico y en alianza con el capital extranjero. De modo que nos encontramos con un estado obrero que promueve un capitalismo asociado cuya función es concentrarse y centralizarse (“monopolizarse”) a los efectos de desarrollar la socialización de la economía. Esta tarea implica un creciente rol del capitalismo en la sociedad soviética y por ende, un peligro potencial, pero mayor es el que deviene de la pequeña propiedad. Lo que se desprende de esta situación es que para Lenin, la situación de Rusia no ha variado sustancialmente en su estructura social y que la nacionalización de la tierra y de la industria es un hecho meramente nominal que no cambia el carácter de las relaciones sociales.

• Industrialización con destrucción de la naturaleza. La economía socialista se tradujo en una competencia con el capitalismo, con una industrialización forzada, denominada “progreso”, que no guarda relación con las bases de un nuevo modelo productivo alternativo al capitalismo depredador de los recursos naturales.

• Emergencia de una nueva élite. Los partidos comunistas dieren nacimiento al surgimiento de una nueva élite, quién ocupaba el centro en la toma de decisiones y al no existir mecanismos democráticos rotativos y que eviten la acumulación de poder y caudillismo, se afianzaron como grupos privilegiados que utilizaron las fortalezas del aparato estatal para beneficio propio, asfixiando las formas de democracia participativa y directa del pueblo.

• Tergiversación del marxismo. Aspecto que se puede observar en los famosos manuales de economía política, donde se simplifica y desvirtúa conceptos marxistas, que no sólo permitieron una formación “manualera” de la teoría revolucionaria, sino que influyeron en el curso de la llamada “economía socialista” a tal grado que la regeneración del capitalismo se dio desde adentro del mismo sistema. Por ello no es aventurado afirmar que la misma revolución China hoy expresa una economía capitalista dirigida por un Partido Comunista.

• La política de reparto del mundo. El reparto de Europa después de la Segunda Guerra Mundial testimonio esta situación, de manera que se impuso a la fuerza el “socialismo real o pro soviético” en países del Este sin que en ellos hubiera una profunda revolución.

• Coexistencia pacífica. Fue una política de preservación de los intereses de las nuevas elites bajo la preservación del socialismo real, priorizada a la lucha anticolonial y de liberación nacional de naciones y pueblos en todo el mundo.

• Ausencia de construcción del hombre y la mujer nueva. Como ya lo patentizó el Che, de nada sirve construir un nuevo sistema de distribución material si no está acompañado por la construcción de un nuevo hombre con una verdadera conciencia socialista.

• Desvaluación del internacionalismo. Como efecto de las políticas anteriores, el internacionalismo quedo sumergido como una simple consigna, de manera que procesos revolucionarios internacionalistas fueron impulsados desde los propios pueblos y desde experiencias diferentes a las del socialismo real.

El llamado socialismo real, desde los inicios mismos de su constitución -el caso de la URSS-, o tras el recambio de liderazgos políticos internos -como en China-; sociedades donde se gestaron modelos de capitalismo de Estado bajo la férrea conducción del monopolio político encarnado en partidos comunistas cuya élite dictatorial se sirvió de pensadores socialistas para encaminar proyectos estatales industrializados poco diferentes a los conocidos en latitudes como la nuestra bajo el concepto de estados nacionales modernos ( Ricardo Calla Ortega: El capitalismo de Estado. Indagaciones teóricas para el análisis de la crisis del “socialismo” del Este. FLACSO – Programa Bolivia. Hisbol. La Paz, 1990).

iii. ¿Existe socialismo del siglo XXI?

No existe en los hecho el socialismo del Siglo XXI, por cuanto en países como Venezuela persiste el modelo neoliberal y la estructura de una capitalismo rentista.

La propuesta teórica del Socialismo del Siglo XXI deja sabor a poco y se convierte en una obnubilación, como lo fueron las propuestas liberales del Siglo XX. Es formulada por Heinz Dieterich Steffan sobre la base del trabajo de Arno Peters, para posteriormente ser asumido por Hugo Chavez. Este socialismo se base en tres pilares: Economía equivalente, Democracia participativa y Estado no-clasista.

Veamos brevemente los supuestos formulados: En la economía equivalente se propone que “el salario equivale directa y absolutamente al tiempo laborado. Los precios equivalen a los valores, y no contienen otra cosa que no sea la absoluta equivalencia del trabajo incorporado en los bienes. De esta manera se cierra el circuito de la economía en valores, que sustituye a la de precios. Se acabó la explotación de los hombres por sus prójimos, es decir, la apropiación de los productos del trabajo de otros, por encima del valor del trabajo propio. Cada ser humano recibe el valor completo que él agregó a los bienes o a los servicios” (Dieterich Steffan Heinz. El Socialismo del Siglo XXI. Pág. 40). Dentro de esta idea, el salario por el tiempo de trabajo invertido sería para el obrero, el que realiza un servicio y para el mismo empresario, en función del tiempo que le dedica a dirigir su empresa.

En cuanto a la democracia participativa parte por considerar “la capacidad real de la mayoría ciudadana de decidir sobre los principales asuntos públicos de la nación. En este sentido se trata de una ampliación cualitativa de la democracia formal… En la democracia participativa, dicha capacidad no será coyuntural y exclusiva de la esfera política, sino permanente y extensiva a todas las esferas de la vida social, desde las fábricas y los cuarteles hasta las universidades y medios de comunicación. Se trata del fin de la democracia representativa —en realidad sustitutiva— y su superación por la democracia directa o plebiscitaria. El parlamento y el sistema electoral de la partidocracia, como los conocemos hoy, son controlados por las elites económicas y no tendrán lugar en la democracia futura. Lo mismo es válido para los monopolios de la adoctrinación (televisión, radio y prensa) y de la producción. La gran empresa privada —que en términos organizativos es una tiranía privada con estructura militar— es incompatible con una democracia real y desaparecerá como tal. Y el Estado, cual organización de clase, irá por el mismo camino” (Dieterich Steffan Heinz. El Socialismo del Siglo XXI. Págs. 48-49).

Finalmente, respecto del Estado no-clasista se plantea la desaparición de las funciones, con ella la identidad represiva del Estado y el Estado se convierte en administrador legitimado de funciones generales. ¿Todos estos aspectos se vienen ejecutando en la revolución Bolivariana? ¿todas estas formulaciones son aplicables o requieren de otros elementos adicionales? ¿El Socialismo del Siglo XXI es aplicable a nuestra realidad y de verdad inaugura una nueva sociedad?

iv. No puede haber insurrección popular sin lógica insurgente y hombre nuevo

Para la construcción de un verdadero socialismo debemos tener claro que la lucha de los pueblos es la fuerza única capaz de subvertir el actual orden colonialista y capitalista. En este sentido, no debe existir duda de que la fuerza insurreccional del pueblo no es suficiente para lograr el objetivo estratégico, que además de fuerza insurreccional es vital que el pueblo tenga fuerza insurgente para poder avanzar a resolución del tema del poder.

Las insurrecciones, los procesos insurreccionales en Bolivia no han sido insurgentes, por ello no han podido plasmarse en victorias contundentes por parte del pueblo. El pueblo ha reiterado en varios momentos históricos su potencia insurreccional, pero al no tener fuerza insurgente, dicha potencia queda neutralizada por el Estado y por las salidas políticas, económicas, ideológicas que es capaz de desarrollar con el propósito de mantener las relaciones de dominación tal como están.

La lógica insurreccional es adecuada para Bolivia, pero con el componente insurgente, pero la insurgencia no debemos comprenderla necesariamente como una instancia de militancia, sino como un verdadero movimiento de construcción del hombre nuevo en el seno del pueblo.

La organización política, dentro de una estrategia insurreccional insurgente, debe encarar las tareas políticas y militares más importantes, pero no la exclusividad de ellas.

v. La cualidad insurgente

Ya en el 2006, afirmábamos con absoluta seguridad que: “Un Pueblo que pierde su cualidad insurgente está condenado a ser dividido, colonizado y dominado…”. ¿Qué es pues la cualidad insurgente? La cualidad insurgente es la esencia de rebeldía y pachakutismo que late en el pueblo, es energía que refleja la potencialidad de transformación que tienen las personas que crean la riqueza, producen, asumen su cultura, expresan sus deseos y sentimientos. Un pueblo sin energía es un pueblo muerto. La cualidad insurgente es histórica, permanente. Es lo contrario a la función estatal, al abuso, a la dominación, a la burocracia, en fin a la institucionalidad…

La cualidad insurgente es un esfuerzo colectivo, de masas y es la única fuerza que puede revolucionarizar la revolución, o darle otro sentido transformador más allá de lo que se piensa y siente desde la izquierda.

Con la cualidad insurgente nuestros pueblos están en condiciones de mover montañas, cosechar aguas tan grandes como mares o lagos (las obras hidráulicas de Moxos por ejemplo), garantizar soberanía alimentaria para millones de seres humanos, criar las flores y productos más delicados (como lo puede ser todo un bosque o ecosistema), en fin, hasta ir a la guerra o la insurrección.

Al respecto, debemos rescatar dos elementos fundamentales: la cualidad insurgente de lo criollo latinoamericano (de donde procede el Che) y la propuesta de los micropoderes bajo el concepto jurídico político de constituencia, aspectos que se desarrollan más adelante.