Crisis del paradigma racionalista y del eurocentrismo

Crisis del paradigma racionalista y del eurocentrismo

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Crisis del paradigma racionalista y del eurocentrismo

En cuanto a las visiones tradicionales, es decir, capitalistas e incluso marxistas dogmáticas, se sustentan en el paradigma del racionalismo y su complemento el eurocentrismo, paradigmas que deben ser rebatidos en el plano teórico. Por racionalismo entendemos todo esa producción cultural e ideológica del capitalismo que se afirma como expresión de la modernidad y la colonialidad en base a la tesis de la supremacía de lo racional-científico sobre lo irracional.

El racionalismo, la modernidad, la postmodernidad son formas de periodizar la historia consolidando el colonialismo, el capitalismo y el racismo que sirve de fundamento al neofascismo.

Cuando Raúl Prebisch acuñó la célebre imagen de “Centro-Periferia” (Ver “Commercial policy in the underdeveloped countries”, American Economic Review, Papers and Proceedings, vol XLIX, mayo 1959. También The Economic Development in Latin America and its Principal Problems, ECLA, United Nations, Nueva York, 1960. De Werner Baer, “The Economics of Prebisch and ECLA”, en Economic Development and Cultural Change, vol. X, Enero 1962), para describir la configuración mundial del capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial, “apuntó, sabiéndolo o sin saber, al núcleo principal del carácter histórico del patrón de control del trabajo, de sus recursos y de sus productos, que formaba parte central del nuevo patrón mundial de poder constituido a partir de América. El capitalismo mundial fue, desde la partida, colonial/moderno y eurocentrado”. (Quijano, Aníbal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Pág. 208)

La modernidad y la racionalidad fueron imaginadas como experiencias y productos exclusivamente europeos. Desde ese punto de vista, “las relaciones intersubjetivas y culturales entre Europa, es decir Europa Occidental, y el resto del mundo, fueron codificadas en un juego entero de nuevas categorías: Oriente-Occidente, primitivo-civilizado, mágico/mítico-científico, irracional-racional, tradicional-moderno. En suma, Europa y no-Europa. Incluso así, la única categoría con el debido honor de ser reconocida como el Otro de Europa u “Occidente”, fue “Oriente”. No los “indios” de América, tampoco los “negros” del África. Estos eran simplemente “primitivos”. Por debajo de esa codificación de las relaciones entre europeo/no-europeo, raza es, sin duda, la categoría básica. Esa perspectiva binaria, dualista, de conocimiento, peculiar del eurocentrismo, se impuso como mundialmente hegemónica en el mismo cauce de la expansión del dominio colonial de Europa sobre el mundo. No sería posible explicar de otro modo, satisfactoriamente en todo caso, la elaboración del eurocentrismo como perspectiva hegemónica de conocimiento, de la versión eurocéntrica de la modernidad y sus dos principales mitos fundantes: uno, la idea-imagen de la historia de la civilización humana como una trayectoria que parte de un estado de naturaleza y culmina en Europa. Y dos, otorgar sentido a las diferencias entre Europa y no-Europa como diferencias de naturaleza (racial) y no de historia del poder. Ambos mitos pueden ser reconocidos, inequívocamente, en el fundamento del evolucionismo y del dualismo, dos de los elementos nucleares del eurocentrismo”. (Quijano, Aníbal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Pág. 211)

En consecuencia, no puede existir un nuevo horizonte teórico insurgente, que no implique la superación del racionalismo y del eurocentrismo.

i. Superación de la idiotez marxista

Durante mucho tiempo hemos sostenido la necesidad de superar el marxismo dogmático, como aquel cuerpo de ideas, que sin asumir las partes centrales de los postulados interpretativos y propositivos del marxismo pretende hacer un dogma cerrado de categorías de interpretación de la realidad. Uno de los ejemplos más ilustrativos es aquel que señala que la humanidad ha transitado del modo de producción esclavista al feudalismo y de éste al capitalismo, cuando en realidad esta situación se dio con claridad solamente en Europa y no en los bastos continentes de América, África y Asia, donde los modos de producción no fueron estudiados de manera analítica, tal como lo propone el genuino marxismo.

Pero además de un marxismo vivo y creativo, que supere los viejos lastres del dogmatismo, debemos combatir a la idiotez de ciertos marxismos, que hicieron creer a millones de personas, que el culto a la personalidad (Stalin, Mao Tse-tung) era revolucionario, o que la llamada “revolución por etapas” era una teoría seria y verdadera para construir el socialismo.

Ese marxismo que no interpreta la realidad, ese marxismo manualero, es toda una idiotez que ha hecho mucho daño al movimiento revolucionario.

ii. El instrumento al servicio del sujeto

El marxismo es el “instrumento al servicio del sujeto” y no al revés, que el instrumento subordina al sujeto creando la “idiotez marxista”.

El sujeto de la evolución se encuentra en la realidad. Para el caso boliviano, es el obrero originario y el pueblo en general. Cuando decimos obrero originario estamos hablando de las naciones originarias y pueblos indígenas en su segmento trabajadora, pobre y explotada, que en algunos casos llega a ser el 100% de la misma nación originaria o pueblo indígena. El sujeto social es el indígena en su condición de pobre, el obrero en su condición de explotado. Tenemos una población mayoritariamente indígena y debemos combatir al pachamamismo. Cuando se habla de pueblo, nos referimos a los trabajadores generadores de riqueza que se encuentran reducidos a relaciones de opresión y explotación. La juventud es parte del pueblo sujeto de la revolución.

“Los trabajadores mineros de Bolivia tienen su origen más remoto en los mitayos del sistema tihuanacota e incaico de explotación minera. Con el descubrimiento de las minas de Oruro y Potosí por los españoles estos restablecieron bajo nuevas condiciones políticas el trabajo mitayo en las minas para ejecutar el proceso de saqueo más depredador de la historia de nuestros minerales preciosos.

Los mitayos que iban a trabajar a Potosí eran comunarios puquinas, aymaras y quechuas que eran reclutados por autoridades de las naciones originarias andinas y que habían caído en las garras del Estado Colonial Español. Objetivamente eran los propietarios originarios de los territorios y de los recursos naturales de sus comunidades y naciones originarias aunque las normas de la Colonia española establecían que los minerales eran propiedad regaliana del Rey de España. Subjetivamente eran los qhoya mitayuc o qhoya mitani originarios que profesaban la ideología de la propiedad de los minerales por los tatas y achachilas o tíos del mundo andino. Ellos eran los hijos de los tíos que previo permiso arrancaban al Tío un pedazo de mineral de su cuerpo a cambio de pagos diarios y extraordinarios con ofrendas de sangre. Este es el origen objetivo y subjetivo del proletariado originario andino nacionalmente definido. Por estas condiciones el mitayo andino a todo lo largo de la Colonia española se comportará como un auténtico trabajador de las naciones originarias constituyéndose en la raíz más profunda de las futuras generaciones de trabajadores mineros.

En la república el trabajador minero que renace en las minas de plata nuevamente se constituirá como un minero originario que objetivamente pertenece a las comunidades y a los pueblos originarios”. (Liborio Uño y CEDPOR. La constitución objetiva del proletariado originario de Los Andes. La Paz. 2006)

Cuando decimos que el instrumento debe estar al servicio del sujeto se afirma la necesidad de que las masas populares no sólo sean un grupo protagonista de la lucha física contra el viejo orden, sino el ser pensante de dicho proceso, por ello, la labor de la formación política adquiere otra connotación, pues el marxismo, las cosmovisiones en su dimensión pachakutista o pachakutiana, deben ser componente político e ideológico fundamental del momento popular y originario, que al estar dotado de este instrumento adquiere la condición de movimiento insurgente. Por ello, ratificamos como acertado la propuesta de que al interior de las masas se construya el instrumento político, el instrumento económico y que la formación política del marxismo, la realidad nacional, la historia, etc., sea desplegada, sea interpretada, de la forma más masiva y novedosa posible.

iii. Superación del fetichismo del partido y de los llamados movimientos sociales

Debemos tener presente que la revolución la hacen los pueblos, las vanguardias apoyan. ¿Qué paso en Nicaragua? Debe haber una apuesta siempre al pueblo y no a la organización. No debemos reafirmar que la vanguardia lo es todo. Ahí es donde llega a faltar la concepción de la política. ¿Cuál es el sujeto? ¿Dónde hacemos la política? Tenemos que buscar nuevas formas de hacer política, unificando lo político, lo social y lo militar. La experiencia histórica nos enseña que las formas organizativas se adaptan a la estrategia que se desarrolla así como a la visión general que se tiene de la revolución.

El partido bolchevique leninista, con sus particularidades y riquezas deja grandes lecciones, así como el partido, el frente, el ejército y el trabajo internacional en la revolución vietnamita, bajo los lineamientos definidos por la dirección revolucionaria. El proceso cubano, contaba con el movimiento 26 de julio y otras formas de organización, con aspectos comunes y particulares propios.

Nosotros, no podemos apostar a la construcción del partido tradicional de izquierda, es más, ya contamos con una rica experiencia de organización política donde destaca la organización insurgente, el movimiento insurgente, el instrumento político, el instrumento económico, el trabajo internacional, la solidaridad y la formación mediante el movimiento de Cátedras, lo que va configurando nuevas formas de organización. En este sentido, se puede afirmar: ni partido de cuadros ni partido de masas, sino una organización concéntrica donde la estructura de cuadros es el corazón del movimiento de masas insurgentes

En cuanto a los llamados movimientos sociales, su conceptualización y uso responde a visiones de suplantación de la organización del pueblo por estructuras prebendalizadas, coaptadas por el Estado. Allí, donde las organizaciones sociales, sindicales y otras son reducidos a movimientos sociales, estas estructuras dejan de luchar por sus reivindicaciones, se convierten en una mera correa de transmisión de los proyectos populistas, que logran volverlas un simple apéndice de la gestión de gobierno. La mayoría de los dirigentes coaptados se encuentran más preocupados en buscar beneficios prebéndales de parte de los gobiernos rentistas que de dirigir procesos de verdadera transformación. Por ello, no es raro encontrar a gobiernos populistas que hacen uso oportunista de los llamados movimientos sociales a los cuales apela cuando necesita ejercer alguna presión, sin embargo no son parte de la toma de decisiones al más alto nivel y los alimenta política e ideológicamente para que sean los máximos exponentes de la “multitud en acción”, del instintivismo.

Para que las organizaciones sociales, sindicales, populares, indígenas recuperen o adopten una cualidad insurgente es preciso poner en movimiento a dichos movimientos, lograr que recuperen su independencia política, sindical y organizativa y se encaminen a la construcción de los micropoderes.