Revolución o restauración esa es la cuestion

20.Mar.08    Boletines
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Un breve análisis de la situación nacional, a finales del mes de febrero del 2008.


Después de dos publicitadas reuniones de “diálogo”, entre gobierno nacional y gobiernos departamentales, los resultados no son nada auspiciosos. Diversas opiniones señalan que no se puede juntar el agua con el aceite, esta afirmación tiene mucho de verdad, ya que en un proceso, realmente revolucionario, el viejo orden existente tiene que desaparecer para dar forma a nuevas relaciones económicas y sociales, pero sobre todo, tratándose del Estado, a nuevas formas de ejercicio del poder y la administración pública. En nuestro caso (Bolivia) el proceso constituyente, de larga y dramática maduración, ha logrado un quiebre institucional en la esfera política, desplazando, parcialmente, a las tendencias neoliberales que debido a la falta de un horizonte estratégico, explícito del actual gobierno, se ha rearticulado y hoy tiene una fuerza que puede influir, de manera decisiva en el rumbo de la historia boliviana.

Los indicadores de esta rearticulación han estado presentes en su capacidad de influencia que ha tenido en la Asamblea Constituyente (AC). El llamado “fracaso” de la AC, esgrimido en el discurso de las élites políticas conservadoras, es producto de la aplicación metódica y sin pausa de la estrategia de “restauración del antiguo sistema” fenómeno histórico presente en toda ruptura de una hegemonía política; se manifestó en la revolución Francesa, pasó en Bolivia en la década del 60 y hoy se presenta en el discurso de la autonomía.

El actual gobierno, en su estrategia electoral, post referéndum, está tratando de hacer “buenas migas” con los opositores políticos, está actuando en el marco de la vieja práctica del sistema político neoliberal de los pactos, que, como ha quedado demostrado en los más de 20 años de administración neoliberal ha supuesto una sumisión al orden previamente diseñado por las corporaciones transnacionales; esta conducta poco “revolucionaria” más bien totalmente conservadora ha desdibujado la pose y el discurso de la llamada “revolución democrática y cultural”.

Veamos algunos ejemplos:

Se ha presentado como revolución agraria la entrega de tractores a municipios que supone un manejo colectivo de la maquinaria, a este respecto se deben hacer las siguientes precisiones:

• La primera que es un remedo de la “revolución Agraria” de 1953 cuando Víctor Paz entregaba tractores a las comunidades campesinas,

• Segunda que el desarrollo de las comunidades, especialmente andinas no son aptas para el uso de maquinaria, diversos estudios han demostrado la fragilidad de los suelos, especialmente debida a la erosión eólica acelerada por el uso de tractores, por supuesto que no es obligación del presidente conocer estos aspectos técnicos pero si de las autoridades que manejan el desarrollo rural;

• Tercera que la sostenibilidad de un pool de maquinaria precisa de presupuesto -actualmente asumido por las Alcaldías- lo que desvirtúa cualquier posibilidad de crecimiento de una economía autónoma, en síntesis se mantiene una mentalidad clientelista, inventada por el MNR y consolidada por Barrientos.

Otro ejemplo se ha presentado como “Revolución de la Educación” con gran pompa un decreto que permite que los maestros no videntes tengan derecho a entrar en el escalafón del magisterio, traduciendo las preguntas de los exámenes de ascenso al braille y la otra medida, la profesionalización de los maestros interinos. Podemos señalar que la primera medida es, sencillamente, aplicar un derecho protegido por nuestro sistema legal respecto a los derechos ciudadanos y respecto a la segunda, diremos que no es ninguna novedad “revolucionaria” ya que se ha implementada desde los años 50. Esto no es más que discurso, porque no afecta a las causas estructurales de nuestro deficiente sistema educativo. Hasta aquí dos muestras del falso discurso revolucionario.

Volviendo a la “mentalidad pactista”, asentada en palacio de gobierno, y su propuesta de compatibilizar la propuesta de Constitución Política del Estado, emanada de la AC y los estatutos autonómicos; debemos señalar que es un reconocimiento “de facto” de la legitimidad de los estatutos, entre otras cosas redactadas por un señor que quiere separar la “paja del trigo” (en buen romance separar a collas de la Nación Camba) y que solamente fue consagrada en una ceremonia con ribetes de farándula. Por otra parte al pedir a la Asamblea Constituyente a través de su bancada que acepte la posibilidad de la compatibilización, también “de facto” a subordinado a la máxima representación del poder ciudadano al Poder Ejecutivo. Las declaraciones de Román Loayza, Constituyente por Cochabamba y líder campesino, son elocuentes y guardan un mínimo de respeto a la característica originaria de la Asamblea Constituyente.

Para comprender en su real dimensión la propuesta de autonomía de la “Nación Camba” debemos tomar en cuenta lo señalado por Héctor Díaz Polanco en su texto “Autonomía Regional”, dice:

“No debe perderse de vista que, respondiendo a los afanes de hegemonía y a la búsqueda de control político y económico de ciertas zonas consideradas de influencia exclusiva, es común que potencias metropolitanas fomenten artificialmente movimientos separatistas en países dependientes o relativamente débiles, pretextando que apoyan luchas por la ‘libertad’ y alientan el ejercicio de la ‘autodeterminación’ de grupos étnico-nacionales. Estos intentos, tan frecuentes en la época del imperialismo, nada tienen que ver con los procesos autonómicos”.

El gobierno dialoga con estas fuerzas “autonomistas” que tienen un proyecto político concreto y cierra las puertas a los autonomistas de pueblos originarios que tratan de reconstituir sus territorios. Este es el verdadero rostro que vemos todos los días en el gobierno, una falta de coherencia entre el discurso y la práctica. Un profundo hueco ideológico que el Vicepresidente trata de llenar con frases hechas y reinterpretando lo que manifiesta el Presidente.

Un último apunte, acerca de esta especie de improvisación del discurso revolucionario está referido a que en el periodo de Meza-Rodriguez, el MAS como fuerza política de gran influencia no pudo o no quiso frenar la implementación de la estrategia de restauración, impulsada por la Nación Camba y apoyada por ambos mandatarios, es posible pensar que ya entonces la mentalidad pactista se había adueñado del otrora MAS revolucionario.