Insurgencia libertaria

Insurgencia libertaria

lenin CE

Complementamos, con una reflexión acerca del parentesco que tiene la insurgencia con visiones libertarias, ya que al final, una autentica posición antiautoritaria es una cualidad insurgente. Según, Lejsek y Bustillos, “la insurgencia es una cualidad sociocultural boliviana y latinoamericana que refleja su vocación histórica de emerger/insurgir/resistir/proponer cada ciclo en que la estructura misma del sistema se halla en tela de juicio, a través de su logro más evidente, la Comunidad, unidad sociocultural con población/territorio/norma/autogobierno que bien puede ser ayllu, colectivo, cabildo, Villa San Antonio, Achumani, Comunidad Insurgente o Amazonas y se halla en la antípoda del Estado (pluri/pos) moderno, desde muchos siglos anteriores a la conquista española. Es la resistencia/propuesta alternativa al Estado que condensa lo sustantivo de nuestra cultura en éste tiempo/espacio/pacha y busca una confederación nacional de Comunidades; no un Estado central plurinacional que las subyugue” (Lejsek Parra, Sonia / Bustillos Agramont, Raúl Fernando. Glosas de la insurgencia. La Paz. 2010).



Insurgencia libertaria

La cuestión del “Estado” es un tema de ineludible tratamiento, el mismo que delimita categorías y posiciones para el “saber hacer”.

En Bolivia, el Estado ha sido una construcción extremadamente colonial, es decir, al servicio de la dominación extranjera, muy visibilizada durante la Colonia y menos durante la República, pero no por ella menos eficiente, al grado de haberse convertido en un ESTADO CUSTODIO, una institucionalidad coercitiva que preserva los recursos naturales para su saqueo, ergo explotación por las transnacionales, ergo exportación como materias primas. Por ello, la historia del Estado Custodio puede asociarse a la historia de los productos de la naturaleza víctimas del saqueo: oro y plata, alimentos ancestrales, la quina, la goma, el estaño, el petróleo y el gas, la coca, la quinua…

No es posible dar continuidad a esta tradición. En primer lugar, se debe caracterizar al Estado, hacer un ejercicio de valoración política del mismo (enjuiciamiento) y plantearse un nuevo diseño acorde con el proceso de liberación y construcción del socialismo insurgente. No queremos un nuevo Estado Autoritario, pensamos en una institucionalidad lo menos densa posible teniendo como protagonistas de la nueva sociedad a los micropoderes, “pero no como inmanencia histórica, sino como un taki hacia un socialismo insurgente, que es comunismo holístico” (Bustillos, Patzi, Pacajes, Rodríguez De La Riva, Aramayo, Peña, Carrasco y Viracocha. La Historia Como Narración Crítica. Glosas hacia un octubre posible…, La Paz, 2010).

El Juicio al Estado, Colonial, Republicano, Neoliberal y Plurinacional es fundamental para a discutir nuestra conducta antiautoritaria, libertaria y emancipadora.

En la Asamblea Constituyente se trabajó a medias esta posibilidad, el juicio al Estado se realizó, pero como un simple registro documental, sin embargo queda abierta la posibilidad de trabajar esta interpelación, en tanto y en cuanto, el Estado Plurinacional aparece como la continuidad del viejo Estado, remozado y con un decorado indígena y pluri.

El Estado Plurinacional es una mezcla ecléctica de la visión plurinacional implementada en el Ecuador (dentro de las limitaciones de la llamada “revolución ciudadana”), y la intención de desarrollar un Capitalismo de Estado (CE), ya de por sí fracasado, en la construcción inicial de la Unión Soviética.

Es importante recordar, que la visión anarquista nace en el seno del movimiento revolucionario que afronta el reto de la impulsar la revolución socialista. La posición contraria a cualquier forma de dominación estatal nace en este contexto y condiciona la conducta del movimiento insurgente entre el autoritarismo y lo libertario, entre el poder del partido único, que se embarranca en la edificación de una economía de Capitalismo de Estado y luego de implementación de la Nueva Economía Política (NEP ideada por Lenin), que fue el primer “sistema económico mixto” (Cohen, Stephen: Bujarin y la revolución bolchevique, Siglo XXI, Madrid, 1976, p. 178) y el poder de los soviets o micropoderes insurgentes.

Trotsky pensaba que el término (Capitalismo de Estado) se utilizaba en un sentido “muy convencional”(Gerretana, Valentino: “Estado socialista y capitalismo de estado”, en AAVV: Teoría del proceso de transición, Cuadernos de pasado y presente, n° 46, Córdoba, 1973), cosa que Lenin mismo acordaría. Trotsky definía a la formación social rusa como un “estado obrero”, es decir, como una formación social donde coexistían el capitalismo y el socialismo en forma contradictoria, estando la iniciativa política en manos de quien controlaba la maquinaria estatal. Si reflexionamos sobre lo que realmente Lenin quiere decir cuando habla de capitalismo de estado, veremos que, en realidad, ambos están diciendo lo mismo. Lenin llama “capitalismo de estado” a algo relativamente sencillo: el capital monopolista, el mayor grado de concentración y centralización del capital que se haya alcanzado, se ha asociado al estado, a tal punto que sus negocios son indistinguibles de la política estatal. Esta era una tendencia ya presente que se acelera monstruosamente con la guerra y cuyo mayor exponente era el caso alemán (Sartelli, Eduardo: Procesos de trabajo y capitalismo de estado: historia y crítica de un concepto, presentada en XVII Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional del Tucumán, Fac. de Ciencias Económicas, 20, 21 y 22 de setiembre de 2000).

Cuando Lenin, piensa en la vía de transición en Rusia, piensa en el capitalismo de estado. La objeción de Bujarin era que no podía hablarse de capitalismo de estado con dictadura del proletariado. En el primer caso, el estado coincide con la economía porque está en manos de quienes ya manejan la economía, la burguesía. En el segundo, el estado no coincide con la economía, o sólo parcialmente, porque el mayor peso lo tienen los campesinos y artesanos y no la gran industria nacionalizada. En consecuencia, la economía sigue siendo capitalista y, objetivamente, esa economía se afianza en relación al estado. En ese sentido sigue siendo un capitalismo de estado. Cuando Lenin propone la NEP, lo que está proponiendo es que el estado soviético facilite el desarrollo del capital, incluso en el sentido de su desarrollo monopólico y en alianza con el capital extranjero. De modo que nos encontramos con un estado obrero que promueve un capitalismo asociado cuya función es concentrarse y centralizarse (“monopolizarse”) a los efectos de desarrollar la socialización de la economía. Esta tarea implica un creciente rol del capitalismo en la sociedad soviética y por ende, un peligro potencial, pero mayor es el que deviene de la pequeña propiedad. Lo que se desprende de esta situación es que para Lenin, la situación de Rusia no ha variado sustancialmente en su estructura social y que la nacionalización de la tierra y de la industria es un hecho meramente nominal que no cambia el carácter de las relaciones sociales. La posesión del poder estatal simplemente refleja el cambio de relaciones de fuerzas políticas entre burguesía y proletariado: la única diferencia, el único lugar donde el socialismo ha hecho pié es en el aparato del estado. Concretamente, en lugar del ejército junker-prusiano, tenemos el ejército rojo, lo que garantiza las posibilidades de acción del proletariado. Pero éste no ha conquistado el poder en la economía, es decir, no ha destruido las relaciones burguesas, o mejor dicho, no las ha superado. A esta tarea de superación llama Lenin a colaborar al capitalismo de estado. En consecuencia, el estado puede ser obrero y sin embargo desarrollar un capitalismo de estado (Sartelli, Eduardo: Procesos de trabajo y capitalismo de estado: historia y crítica de un concepto, presentada en XVII Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional del Tucumán, Fac. de Ciencias Económicas, 20, 21 y 22 de setiembre de 2000).

Como vemos, de manera sencilla, el “modelo leninista” posibilitó –a la larga- la reconstitución del capitalismo en la Unión Soviética, con usurpación del poder inicial que tenían los soviets por el partido, construyendo un Estado “de socialismo real” que apeló a la represión contra todas las formas de disidencia y pensamiento crítico.

Mencionamos lo anterior, porque para algunos masistas, el Estado Plurinacional se debate “en los dilemas teóricos de la transición”, para encubrir el remedo de Capitalismo de Estado que hacen. Se trata de un gobierno que implementa una economía rentista (el carácter de custodio del Estado Plurinacional es inmanente), con un modelo económico neoliberal a favor de las transnacionales en los rubros mineros y de hidrocarburos, apoyando a los agronegocios latifundistas y transgénicos y la extranjerización de la tierra. El tema del poder económico no ha sido tocado y ya transita hacia formas represivas y de criminalización de la protesta social.

Todo lo anterior se sintetiza en una implosión de la misma institucionalidad estatal, el Estado Plurinacional es Inviable!!!!!

Nosotros no queremos construir un Estado autoritario, no pretendemos una economía mixta con los empresarios y las transnacionales, no pensamos en un periodo de transición en el cual pactar con la derecha, nuestro proyecto es libertario y se orienta a la construcción de socialismo insurgente en base a nuestras fuerzas y potencialidades, a partir de los micropoderes y las unidades sociales productivas, liberando al hombre y la mujer de las relaciones servidumbrales, de la explotación y de toda forma de enajenación. Por todo ello, la insurgencia es libertaria, profundamente anti autoritaria y anti capitalista.