Insurgencia y liberación filosófica como preludio de la revolución socialista

Insurgencia y liberación filosófica como preludio de la revolución socialista

Vamos difundiendo algunas partes del documento acerca del socialismo insurgente, con el propósito de debatir y discutir una propuesta de convergencia estrategica con organizaciones hermanas.

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Insurgencia y liberación filosófica como preludio de la revolución socialista

Una revolución es un cambio profundo de la sociedad y tiene una influencia geoestratégica a nivel regional e internacional. Por ello, una genuina revolución no es algo que se da por azar o sin tener un sustento filosófico, político, ideológico e incluso cultural. La revolución rusa, china, vietnamita o cubana ejerció una gran preponderancia en la lucha de otros pueblos y fue generadora de nuevas teorías. Y si bien no hubo varias revoluciones simultaneas, esta posibilidad no debe descartarse de plano, y por el contrario, de darse debe ser impulsada vigorosamente.

En Nuestra América, Indoamérica o Abya Yala, las condiciones objetivas están dadas para este importante cambio, sin embargo, nos queda dinamizar las condiciones subjetivas. Y cuando hablamos de condiciones subjetivas, en su aspecto más general, estamos haciendo referencia a la preexistencia de una revolución filosófica, de una revolución teórica.

En la actualidad, fruto del trabajo de ideologización neoliberal y occidental vivimos en un oscurantismo teórico y una negación de la creación teórica, de manera que se ha ideologizado a toda la sociedad respecto del fin de la historia, del fin de cualquier construcción que vaya más allá del capitalismo y de su sistema de relaciones coloniales.

Bajo las enseñanzas y preceptos de las revoluciones de los años 20, 50 o 60 del siglo anterior podemos avanzar un trecho, tomando de cada una de ellas experiencias, sin embargo, no son éstas referentes teóricos suficientes. Necesitamos construir una teoría revolucionaria que alumbre el camino. Esa es pues la tarea que encaramos hoy.

¿Cuál es entonces esa filosofía, esa teoría? Para nosotros, y lo decimos con absoluta claridad, la revolución filosófica que propugna el socialismo insurgente se articula sobre la base del encuentro y dialogo del marxismo y las cosmovisiones de los pueblos, en Abya Yala, la visión insurgente de los originarios o indígenas. Y cuando hablamos de marxismo ¿a qué hacemos alusión? Al marxismo de Marx, del Che, de Mariátegui.

Este encuentro, dialogo y articulación, no se da en el plano del eclecticismo, ya que el propósito no es conciliar dos visiones de mundo, sino conocer, fortalecer lo positivo que tienen cada una de estas visiones y complementar ambas en lo creativo y coincidente que se tiene, rechazando las partes dogmáticas o idiotas, de una y las partes idealistas de otra.

i. Algunos particularismos: el indigenismo, el bolivarianismo no nos dan una explicación del mundo

La explicación del mundo desde el marxismo no es única ni acabada, pero si constituye lo sustancial para entender la realidad y trabajar su transformación. La visión de mundo de las naciones originarias y de los pueblos indígenas nos alimentan con una concepción de respeto por la naturaleza, dada las relaciones de vida y codependencia que se tiene con los seres humanos, de manera que no se puede asumir los procesos de “desarrollo”, “crecimiento” ni de “industrialización” por sí mismos, pues el paradigma de “progreso” estuvo, esta y estará cuestionado, mejor dicho subvertido.

Después de la revolución cubana, en América Latina, muchos pretendidos “cambios” se han realizado bajo la preeminencia del racionalismo, no hay un nuevo paradigma a nivel mundial, ni siquiera cumple este rol el llamado paradigma sinérgico. Sólo una nueva revolución, podrá validar un nuevo paradigma, mientras tanto lo que queda son los vacíos de los viejos paradigmas y las subversiones a los mismos, pero como procesos de resistencia más no de construcción de nuevos horizontes.

Es en este contexto, donde aparecen algunos particularismos, como el “indigenismo”, el “zapatismo” o el “bolivarianismo”, para llenar estas lagunas, pero aún la cosmovisión andina como tal (del que el indigenismo se nutre), no es universal.

El bolivarianismo, es una posición política progresista, en la que se identifican muchos sectores sociales de diferentes países andinos, presenta las limitaciones de contener una posición antiimperialista y demoliberal al mismo tiempo. Para el caso de Bolivia, Bolívar fue un personaje que asumió los intereses del nuevo colonialismo que se instauraba en remplazo del viejo colonialismo español, por ello, sus normas agrarias son contrarias a los intereses de las comunidades originarias, de manera que los pueblos indígenas no participan de la fundación de Bolivia y por el contrario, su exclusión política y social, evidencia la condición social servidumbral a las que estaban sometidos. En otras palabras, Bolívar y su pensamiento democrático no refleja la lucha anticolonial de los pueblos originarios y no puede ser el sustento de la construcción del socialismo en estas tierras. Sin embargo, este hecho no niega el carácter integrador y republicano del pensamiento bolivariano, de manera que la propuesta de la Patria Grande la asumimos sin ninguna duda, pero dentro de un verdadero proceso de descolonización, lucha anticapitalista y autodeterminación de todos nuestros pueblos.

En el caso del zapatismo (como una variante del neoanarquismo), al buscar formas de autonomía para los pueblos pero sin abordar el tema del poder, nos oferta un camino de desarme político y automutilación estratégica, pues eso de cambiar al mundo sin tocar el tema del poder, es “una forma de ser sin hacer de verdad”. Todo el aporte de los pueblos originarios de México y Centro América, la propuestas y aportes zapatistas se neutralizan en la medida en que no asumen que la transformación del mundo pasa por neutralizar el poder de las oligarquías y del imperialismo para reorganizar todas la sociedad, situación que implica enfrentar no sólo la violencia intrínseca del sistema capitalista, sino de construir un nuevo Estado profundamente democrático, lo que no puede hacerse mientras subsista el viejo poder dominante.

Desde los Andes, desde la Amazonía, desde la región Chaco Platense, el proyecto zapatista es como una luz que no se apaga, pero que tampoco llega a prender como fuego de transformación. Declaraciones, campañas, otras campañas, marchas, solidaridad, encuentros intergalácticos, películas, música y todo para evitar encarar el tema del poder, desdice mucho de los zapatistas y no puede ser el norte para pueblos que de verdad quieren una genuina independencia y la reconstrucción de sus poderes y territorios.

En cuanto al indianismo y el indigenismo, la misma realidad nos demuestra que no puede haber un proyecto parcial, sólo de emancipación de lo indígena sin tomar en cuenta a los obreros, los trabajadores, los bolivianos, en su condición cultural de mestizos. Y ¿qué de la Patria Grande, donde los indígenas, los descendientes de los afros no son grandes mayorías? Por ello, es que el proyecto –sólo desde lo indígena- no es universal, no es capaz de plantearnos formas novedosas y adecuadas de resolver el problema nacional y termina en el pachamamismo, como expresión manipuladora del reinvindicacionismo étnico, marchando a la saga de formulaciones como el capitalismo andino o el colaboracionismo con el enemigo en pos de una ilusoria complementariedad o pluralismo económico, situación nueva para el remozamiento del Estado y del sistema capitalista.

Ninguna de estas visiones particulares puede dotarnos de los elementos más generales para explicarnos el mundo y transformarlo, pero si sirven como sustento de proyectos políticos que emergen disputando espacios a las visiones tradicionales, tanto de la izquierda como de la derecha.