Far - Ept. Tercera parte

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JANAN PÁCHAJ: Recuperando el Proyecto

El Tupacamarismo Revolucionario: Una concepción integral liberadora

“Torpe es mi palabra, mas infinita, Porque infinita es la congoja de mi país”.
Tulio Mora.

El Proyecto Histórico sobre la revolución peruana, se fundamenta en una clara lectura e interpretación del desarrollo dialéctico de las luchas sociales y populares en sus tres momentos de construcción filosófico – práctico (La histórica de las luchas de nuestro pueblo, comprende tres grandes momentos: la guerra de resistencia Inca contra la invasión española cuyo centro fue Vilcabamba, la guerra de emancipación nacional contra el coloniaje donde se destacaron: Juan Santos Atawallpa en la Selva Central y Túpac Amaru II en los Andes y, la liberación nacional y el Socialismo a partir del planteamiento del Amauta José Carlos Mariátegui), síntesis o unidad orgánica de tres sistemas de lucha por ello nuestra tenaz apuesta al socialismo, “sin calco ni copia, sino como creación heroica de los pueblos…” con aciertos y errores; como quien abre surcos, haciendo camino al andar, sacando lecciones para corregir nuestra marcha y saber escribir el futuro.

“Sin calco ni copia…”, es aprender a reconocer lo justo de lo injusto, es reconocer limitaciones y potencialidades colectivas que permitan moldear la arcilla social de acuerdo a nuestra realidad y características propias, es comprender las condiciones del periodo histórico en que se desenvuelve la confrontación de clases en el Perú y Latinoamérica, es plantear la transformación socialista en función a nuestras particularidades nacionales, revalorizando nuestras raíces históricas, es saber diferenciar y enfrentar los tipos de guerras (“la historia conoce sólo dos tipos de guerras: las justas y las injustas. Apoyamos las guerras justas y nos oponemos a las injustas. Todas las guerras contrarrevolucionarias son injustas; todas las guerras revolucionarias son justas”. Mao Tse Tung. Seis Escritos Militares. Ediciones lenguas extranjeras. Pekín 1972. Pág.8) que a lo largo de la historia humana se hacen presente: las guerras injustas que hace su aparición con la propiedad privada, su uso por las clases dominantes y función en defensa del estado; de las guerras justas, aquella concebida como forma superior de la lucha de clases y constituida en medio para resolver las contradicciones; las guerras revolucionarias de las guerras de rapiña (“El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias orientales, la conversión del continente Africano en cazadero de esclavos negros; son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”. C. Marx: El Capital. T. I. Págs. 601 - 602. Edit. Cartago. Bs. Aires 1956.), la guerra de liberación de la guerra de intervención y ocupación, en nuestro Continente, todo esto en función de nuestra estrategia de poder.

El transitar del Tupacamarismo como concepción integral liberadora, enriquecida con triunfos y victorias sociales, políticos y militares a lo largo de nuestra historia ha permitido definir el rumbo político del pueblo: su horizonte de felicidad.

A lo largo de los años, podemos afirmar que la historia del Tupacamarismo, es la historia de incansable pedagogía y aprendizaje constante; el tránsito tempestuoso y calmo a veces, cuyos primeros pasos “nos poseyó el convencimiento de que habíamos nacido para la lucha” (Juan Gargurevich Regal. “La Razón del Joven Mariátegui”. “Yo soy aquél…” 14 de mayo de 1919. Ediciones Casa de las Américas. 1980. La Habana - Cuba. Pág. 189. “Nos sedujo la idea de acometer una empresa denodada y atrevida. Nos poseyó el convencimiento de que había habíamos nacido para la lucha… nuestra renuncia no podía ser solo una renuncia. Y no podía ser solo una renuncia. Tenía que ser un cisma. Y tenía que ser un cisma sonoro. Pero nosotros somos los mismos. Los mismos siempre. Y aquellos que pretenden negarlo, parecen, en cambio, que mudados. ¡que distintos! y son, sin embargo, los mismos igualmente…), remando en un mar de esperanzas continuadas, de procesos desarrollados y contradicciones que gestan avances y retrocesos sociales, para caminar con la garantía de la historia, con la voz de resistencia y lucha ante el invasor hispano; acciones cargadas de vocación de poder fueron la nutriente de una tormenta que radicalizó nuestra resistencia ante exterminio.

Ante la invasión y el galopar del mercenarismo internacional en tierras del reino del sol, quienes a filo de la espada y el estruendo del arcabuz convirtieron a nuestro continente, al Abia Yala, en patrimonio europeo, la resistencia de los pueblos como parte de las luchas por su liberación, opuso el 6 de mayo de 1536 un verdadero cerco inca a la ciudad del Cuzco, capital histórica de una cultura y sociedad en formación, diferentes a la europea, copada, ocupada y mancillada por los invasores.

Estas acciones que muestran un verdadero espíritu de rebeldía ante la opresión resultante de la estrategia imperial de intervención político - militar, no puede considerarse desde el punto de vista político - revolucionario como una simple rebelión o intentona social esporádica, coyuntural, de acciones propios de un determinado periodo político de reasentamiento y posicionamiento geopolítico de naciones en vías de desarrollo, sin ligazón dialéctica alguna, como pretende demostrar en sus fantasías teoréticas la historia oficial, “sino que por sus objetivos, magnitud y trascendencia histórica, tuvo los caracteres de una guerra de reconquista” (Edmundo Guillen Guillen. La Guerra de Reconquista Inka), de resistencia ante la invasión y ocupación. Sus aspiraciones históricas nos hizo comprender que el establecimiento de una nueva sociedad donde reine la paz con justicia social y el bienestar colectivos, no podía ser fruto de discursos encendidos, ni mucho menos implantada por un decreto de las “buenas voluntades”, la historia enseña y las duras jornadas transitada por los pueblos señalan, que la única vía para recuperar el territorio ocupado, la dignidad pisoteada, la soberanía conculcada y el bienestar social desterrado: era la vía político - militar, de una verdadera confrontación clasista que sellara en el campo de batalla un nuevo pacto de las mayorías nacionales, entonces el Segundo Ayacucho es una tarea pendiente.

Fue comprender que la invasión conducía a una confrontación dura y desigual, que el proceso de resistencia, lanzada con mirada fija en la doctrina de la libertad, llevaría en su bandera: la enseña de pueblo digno, que después de gloriosas victorias en los andes centrales culminó con el traslado político - militar de la resistencia a las montañas de Vilcabamba en junio de 1537, traslado que obedeció a dos factores importantes: el político como consecuencia de la pugna entre las panacas reales que debilitaba la unidad incaica y generaba la dispersión de fuerzas en beneficio del invasor y, el estratégico cuyo fundamento se encuentra en el análisis de la tendencia histórica por la que atravesaba el Imperio y la sociedad inca y la conclusión de que ella llevaría necesariamente a una guerra de resistencia larga, de carácter prolongado, integral, en sus formas y métodos entrelazada con la necesaria unidad de todos los explotados de esta América tercermundista, contando para este fin las ventajas de la ubicación territorial y geográfica de Vilcabamba, su proximidad al Cuzco y la sierra central además de la existencia de importantes defensas naturales.

Considerada como la última capital del Tahuantinsuyo, Vilcabamba fue el teatro fundamental y necesario para el desarrollo de un conjunto de operaciones político - militares y de preservación social, económica y cultural, diseñada por Manco Inca y sus estrategas con el único objetivo de proseguir y culminar con éxito la campaña de reconquista territorial y expulsión de las huestes enemigas. Aquí en estas abruptas montañas, se diseñaría también una hasta hoy poca tratada forma de confrontación indígena: la guerra psicológica (Desde Vilcabamba, y con el objeto de aislar a la población indígena del invasor español, los estrategas incas utilizaron los elementos de la guerra psicológica moderna, así, inventaron e impregnaron en la conciencia colectiva, la figura de que el invasor era el mítico Kari Kari o pishtaco entre otras figuras que extraía la grasa humana).

Esta etapa de gloriosa resistencia, culminó en 1572 con la muerte del último defensor de Vilcabamba, Túpac Amaru, quien asumió responsabilidad histórica del proceso de resistencia y lucha, rechazando la política de conciliación y concesión que su antecesor Titu Kusi Yupanqui, había aceptado.

La defensa de Vilcabamba se constituyó en una cuestión de Estado, de consigna: “hasta la victoria o la derrota”, proclamó el primer Túpac Amaru, desconociendo con acciones prácticos aquel pacto de imposición infame que los historiadores conocen como “la paz perpetua” de 1566 (Bajo amenaza de una guerra total por parte de la corona española constituida en elemento de la contraofensiva religiosa la “paz perpetua” fue impulsada por el fraile Cristóbal de Albornoz y como instrumento de la diplomacia de guerra fue formada por el inca Titu Kusi Yupanqui el 24 de agosto de 1566, donde el inca jefe de las fuerzas de resistencia fue obligado a aceptar el “cese de las acciones militares”, a reconocerse vasallo con derecho sucesorio del rey de España, a percibir una renta vitalicia), hecho que fue utilizado como argumento por el virrey Toledo (administrador político de los territorios ocupados y antecesor de los actuales presidentes de la democracia pactada), para marcar en la historia de nuestros pueblos, luego de la Capitulación de Toledo, con una segunda declaratoria de guerra ahora de carácter interna llevada, “a sangre y fuego”, para lo cual organizó uno de los más poderosos ejércitos de la época (antecedente de los ejércitos de ocupación imperial que en pleno siglo XXI recorren los confines de la tierra en busca de recursos estratégicos), que impuso con el odio criminal de su sistema y de su ideología, la más feroz represión política de colonización y ocupación ante cuyo empuje luego de duras y gloriosa resistencia, Túpac Amaru, tuvo que retroceder ordenando a sus generales la “evacuación y el incendio de las residencias y depósitos, siguiendo la táctica de la tierra arrasada” (Edmundo Guillen G. Thupa Amaru, el último inca del Tahuantinsuyo. Su huella biográfica, su tumba y su descendencia. Página 13) en la zona de resistencia y teatro de operaciones de los ejércitos de resistencia.

Traicionado por un curaca indígena de uno de los señoríos adyacentes que buscaba ponerse al servicio de la administración invasora, Túpac Amaru fue capturado cuando intentaba cruzar el rio Picha y llevado prisionero a la ciudad del Cuzco envuelto en cadenas donde fue sometido a un parodia de juicio, sin defensa y con un tribunal compuesto por elementos pertenecientes a las fuerzas de ocupación fue condenado a ser decapitado con la complicidad de la iglesia católica cuya tarea “evangelizadora” la llevaría a convertirse en socio ideológico imprescindible de las futuras posesiones coloniales y sostén de las actuales repúblicas cypayas.

Estas páginas, llenas de verdaderos ejemplos de defensa y amor patrio, lejos de esfumarse en el tiempo irá moldeando el Ideario Tupacamarista nutriendo sus raíces y flores libertarias, con nuevos gritos de rebeldía, de lucha incansable.

Las contradicciones existentes en el seno de la sociedad colonial de entonces fue resultante de las injustas relaciones sociales (La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manufactura. La Revolución industrial comenzó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril. Las innovaciones tecnológicas más importantes fueron la máquina de vapor y la denominada Spinning Jenny, una potente máquina relacionada con la industria textil) que empezaban a mostrarse en países de formación capitalista - mercantil (Inglaterra, Países Bajos, Francia), surgidas en lo que marca la decadencia del feudalismo europeo; se observará en el terreno económico, político y social, diferencias de intereses entre una capa minoritaria que se enriquece a costa del trabajo ajeno y el empobrecimiento de grandes masas desposeídas.

El influjo del renacimiento que contempló una actitud crítica frente a los dogmas cristianos impulsó la tendencia a la investigación científica y junto al aporte de la Ilustración “ilustraron las cabezas para la revolución que había de desencadenarse” (F. Engels. Anti - During. Págs. 19 - 20. Edit. Hemisferio. Bs. Aires. 1956) romperán con la vieja escolástica medieval, irán de manera vigorosa alimentando la nueva corriente del pensamiento político emancipador, tomando potencialidad de masas a finales del siglo XVII, nutrida por el proceso de transculturización, o lo que es más, la imposición violenta de una forma de enajenación y alienación cultural, ideológico, político, económico, para ya en el siglo XVIII comenzar una etapa de lucha en base al programa de emancipación nacional planteada por dos importantes movimientos revolucionarios: el de Juan Santos Atahualpa en 1742 cuya plataforma de lucha demandaba la independencia política con el reconocimiento de “su autoridad para regir los destinos del reino del Perú”, la vocación pacifista no expansionista ni colonialista respecto de “España o de alguna otra tierra extranjera”, lucha contra la arremetida del cristianismo que a la cabeza de los franciscanos desarrollaban una guerra santa por el oro y las nuevas posesiones territoriales y la aplicación de una ofensiva frontal contra toda forma de explotación social y el levantamiento de Túpac Amaru II en 1780, donde el mestizo junto al indígena “adquiría nuevas tonalidades que lo acercaban a lo continental y a lo universal, cabe decir, a lo humano irrestricto y genuino” (Daniel Valcárcel. Rebeliones Indígenas. Pág. 8. Editorial P.T. C. M. 1946. Lima - Perú).

Estas banderas de lucha que irían configurando el rostro multicolor del proyecto nacional, merece con toda justeza llamarse “la generación libertaria” puesto que desde sus inicios, sentirá la necesidad de la unidad latinoamericana y opondrá a la España feudal, el frente único continental, de la Patria Grande.

El Proyecto Histórico entonces tomó características continentales y libertarias, llena de humanismo revolucionario, diferente y diametralmente opuesto al humanitarismo pequeño - burgués, se alimentó de las corrientes del pensamiento de la Ilustración, la Proclama de libertad de los esclavos del 16 de noviembre de 1780 que lleno el contenido de justicia social los presupuestos teóricos se hizo entonces componente fundamental del Programa revolucionario necesario para edificar una sociedad que rompiera y sustituyera una “etapa en que, una economía feudal deviene, poco a poco en economía burguesa. Pero sin dejar de ser, en el cuadro del mundo, una economía colonial” (José Carlos Mariátegui. 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Pág. 16), y que conduce día a día, a profundizar cada vez más la dependencia capitalista y la neocolonialidad.

Con el pensamiento de los denominados “próceres” (“La imagen de una brusca ruptura del nuevo pensamiento con las tendencias conformadas a lo largo de los dos primeros siglos de vida colonial, tendió a ser sustituida por la de una penetración moderada y gradual del “espíritu del siglo” fundando el nuevo punto de vista en el conocimiento de trabajos de la época - largo tiempo olvidados -…aquella forma moderada de penetración de las nuevas ideas tuvo ciertas manifestaciones, reiteradas a lo largo de las colonias, que obraron como eficaces intermediarias entre el nuevo pensamiento y el orden colonial”. Pensamiento de la Ilustración. Economía y sociedad Iberoamericanas en el Siglo XVIII) de la independencia, con Vizcardo y Guzmán (El mismo gobierno de España (….) considerándonos siempre como un pueblo distinto de los españoles europeos (….) nos impone la más ignominiosa esclavitud. Consintamos por nuestra parte a ser un pueblo diferente: renunciemos al ridículo sistema de unión y de igualdad con nuestros amos y tiranos; renunciemos a un gobierno, cuya lejanía tan enorme no puede procurarnos, aún en parte, las ventajas que todo hombre debe esperar de la sociedad de que es miembro; a este gobierno que es lejos de cumplir con su indispensable obligación de proteger la libertad y seguridad de nuestras personas y propiedades, ha puesto el más grande empeño en destruirlas y que en lugar de esforzarse a hacernos dichosos , acumula sobre nosotros toda especie de calamidades. Pues que los derechos y obligaciones del gobierno y de los súbditos son recíprocos; la España ha quebrantado la primera todos sus deberes para con nosotros: ella ha roto los débiles lazos que habrían podido unirnos y estrecharnos (….) Tenemos esencialmente necesidad de un gobierno que esté en medio de nosotros, para la distribución de sus beneficios, objeto de la unión social (….) Nuestra causa, por otra parte es tan justa (…..) que no es posible hallar entre las otras naciones ninguna que (….) ose contradecir los deseos generales a favor de nuestra libertad” Carta a los Españoles Americanos. Juan Pablo Vizcardo y Guzman) se empezará a comprender que “el Nuevo Mundo es nuestra Patria” en su aspiración continental.

Herederos de la causa anticolonial con Bolívar se agigantará nuestro horizonte estratégico: “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos…” “…ellos quieren la dependencia y nosotros la independencia”, manifestaría el Libertador en momentos donde la suerte de América cobriza se definía.

El ejemplo de la Comuna de París considerada como la primera tentativa obrera de construcción de Estado de Nuevo Tipo, confirmó la justeza de las ideas de transformación social y la lucha política franca y enconada contra la clase opresora hizo verdad la tesis de la revolución “…ella - escribía Marx - era en esencia el gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora; la forma política, descubierta al fin, bajo la cual podía realizarse la emancipación económica del trabajo” (V. I. Lenin. Obras Escogidas. T. III. Págs. 248 - 249. Bs. Aires. 1946).

La revolución de Octubre, nos hará comprender que no luchamos por nosotros, que luchamos por la humanidad misma y que “la lucha en nuestra América adquirirá a su debido tiempo proporciones continentales. Nuestras tierras serán el escenario de muchas grandes batallas por la liberación…” (Ernesto Che Guevara) consolidándose con el marxismo de José Carlos Mariátegui, que nos permitirá llevar la teoría a la practica con la critica de las armas a un injusto sistema de opresión social y político; la zona andina y la selva central fueron los escenarios de confrontación, de la materialización de los sueños bajo la conducción y el ejemplo del Comandante Luís de la Puente con el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y, los camaradas del ELN (Ejército de Liberación Nacional) en la provincia La Mar en 1965.

El ideal del hombre nuevo y su concepto revolucionario de transformación estructural tendrá destellos de sol y convencimiento de causa, con la estatura moral de Ernesto Che Guevara - “…una revolución…la tenemos que hacer en lucha a muerte con el imperialismo, desde el primer momento. Una revolución de verdad no se puede disfrazar”.

El 3 de octubre de 1968, el general Juan Velasco Alvarado con la consigna “campesino…el patrón no comerá más de tu pobreza”, lideró el reformismo y la Tercera Vía a nombre de las Fuerzas Armadas con un golpe militar, que temporalmente liquidó la política entreguista del Presidente Fernando Belaúnde Terry, bajo el amparo de la “revolución de las Fuerzas Armadas”, y controlando las corrientes que se agitaban en su interior, inició un proceso contra los intereses de la oligarquía y el capital transnacional (Expropiación de los medios de comunicación, se reconocieron sindicatos, federaciones y otras organizaciones gremiales, clausuradas en la década de los ‘20, decretó la Reforma Agraria considerada una de las más radicales del continente, crearon las comunidades industriales con la finalidad de conciliar el interés capital - trabajador, crearon gremios paralelos como medida para contrarrestar a los gremios independientes, decretó como segunda lengua nacional al Quechua, y tomo como símbolo de la Reforma Agraria la imagen de Tupac Amaru II, se cuestionó la educación por considerarla memorística, alienante y no critica, se reabrió las relaciones con los países socialistas y se levanto la prohibición de viajar a ellos), jugando en el aspecto doctrinal un rol importante, el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM).

El antiimperialismo fue un elemento central de este proceso sobre cuyos hombros, decretó la expropiación de los yacimientos petrolíferos de la Brea y Pariñas emblema del saqueo capitalista de nuestros recursos estratégicos, explotado por la Internacional Petróleum Company (IPC) y fue la carta de presentación del nacionalismo militar que se hizo presente con una serie de medidas que allanarían las barreras rurales de la semi feudalidad y permitirían el dominio del capitalismo.

La creación de nuevos gremios como parte del paralelismo sindical y su desconfianza a las masas, la adopción de elementos simbólicos que reivindicaba el pasado, la ruptura con los EE.UU., lo llevó a ser parte integrante del Movimiento de los No Alineados.
La aguda crisis económica, posteriormente, aceleró su caída. Sobre el proceso de reforma agraria contemplada en el denominado “Plan Inca”, si bien para el periodo político latinoamericano de entonces, fue la más radical, mostraría para el proyecto de liberación nacional y el socialismo, sus límites y alcances reales.

Mariátegui, el Amauta de la Patria Grande, se anticiparía a la época, al proceso y las reformas del Velasquismo, señalando en su Punto de vista Antiimperialista: “la creación de la pequeña propiedad, la expropiación de los latifundios, la liquidación de los privilegios feudales, no son contrarios a los intereses del imperialismo, de un modo inmediato. Por el contrario, en la medida en que los rezagos de feudalidad entraban en el desenvolvimiento de una economía capitalista, ese movimiento de liquidación de la feudalidad, coincide con las exigencias del crecimiento capitalista, promovido por las inversiones y los técnicos del imperialismo: que desaparezcan los grandes latifundios, que en su lugar se constituya una economía agraria basada en lo que la demagogia burguesa llama la “democratización” de la propiedad del suelo, que las viejas aristocracias se vean desplazadas por una burguesía y una pequeña burguesía más poderosa e influyente - y por lo mismo más apta para garantizar la paz social - nada de esto es contrario a los intereses del imperialismo” .

El 9 de agosto de 1975, su ex ministro de economía General Francisco Morales Bermúdez, hizo el golpe y empezó un severo desmontaje de las reformas.

Las históricas jornadas de lucha de nuestro pueblo en 1979 (Considerada como la última acción política de mayor trascendencia y magnitud del pueblo y los trabajadores organizados, ya que posteriormente el impacto de la crisis económica fue reduciendo el peso y la capacidad de movilización de la clase, el proceso de informalización de la economía y la fragmentación de los trabajadores crearon las condiciones para la ofensiva neoliberal y la destrucción de las conquistas sociales logradas en duras jornadas de lucha) contra la dictadura de Morales Bermúdez, obligó al gorilismo antinacional cumplida el papel que le dictara el Departamento de Estado Norteamericano, a la instalación de la Asamblea Constituyente, que presidida y capitalizada por los enemigos del pueblo generó la Constitución del ‘79. Constitución que en esencia continuó siendo el marco doctrinal del reacomodo de la clase política, de la apertura salvaje al mercado y sobre todo, significo la reconfiguración burguesa en el andamiaje político, social económico e ideológico del Estado como instrumento de dominación, ante las nuevas circunstancias que el capital imponía.

Los años ‘80 salvada la crisis oligárquica - burgués, Fernando Belaunde, inició su segundo mandato, rota la valla de la semi feudalidad para la expansión y consolidación capitalista en el Perú, como consecuencia de las reformas (“en esencia los militares se proponían realizar un conjunto de cambios estructurales que permitieran superar el atraso y la dependencia frente a los intereses imperialistas”. La Democracia en el Perú. Proceso Histórico y Agenda Pendiente”. Lima - Perú. Marzo de 2006) impuestas por el gobierno del General Juan Velasco Alvarado entre los años 1968 - 1975, pretendió un retorno al pasado al concluir el desmonte (La correlación de fuerzas no le fue favorable para proseguir con la orientación de su política. A Belaunde se le responsabiliza de la nueva vorágine represiva al entregar a los militares el control político de las regiones contra el senderismo) de las mencionadas reformas.

La oligarquía y la derecha peruana antinacionales, implantarán y reconocerán con la Constitución Política de 1979 una predominante forma de organización social; el capitalismo en desmedro y desprecio de la economía comunitaria, y una única forma de dominación política: la oligárquica – burguesa (“Los elementos…burgueses en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros o mulatos, el mismo desprecio que los imperialistas blancos. El sentimiento racial actúa en esta clase dominante en un sentido absolutamente favorable a la penetración imperialista”. José Carlos Mariátegui. El problema de las razas en América Latina), donde las relaciones sociales serán marcadas por la relación de mercado y el consumismo neoliberal; el Perú de “todas las sangres”, de las cifras estadísticas, se consumiría en la pobreza.

La corrupción imperante haría que, donde se “pusiese el dedo, brotara la pus” del sistema político - social y la “democracia” (“La llamada “democracia burguesa” con las nuevas formas de dominación imperialista que lleva a la sobre explotación con profundas diferencias sociales, es una simple “hoja de parra” como decía Marx, para cubrir la brutal dictadura que cada vez más visiblemente muestra sus colmillos. Esta “democracia” está liquidando incluso conquistas logradas por el pueblo en largas e históricas jornadas de lucha. Por eso, la democracia verdadera ser aquella que conquisten los obreros, campesinos y las mayorías de nuestro pueblo para su propio beneficio y bienestar”. Documentos II Comité Central. Programa MRTA) concebida desde sus inicios para el pillaje y asalto de las arcas fiscales.

Del sacrificio colectivo nada, para las grandes mayorías nacionales quedó la “añoranza episódica” de su esfuerzo y sacrificio; condenados a esclavizantes jornadas laborales y bajo el espejismo del bienestar capitalista abandonaron el campo, poblando los grandes arenales y encorvados cerros de las ciudades costeras (propiedad de pocas familias costeras) para dar lugar a los asentamientos humanos, verdaderos cordones de miseria agigantadas por oleadas migratorias de masas empobrecidas, carentes de servicios básicos (luz, agua, desagüe), pasaron a constituirse en victimas de las mafias del agua, luz y tierras.

El mercado privatizó todo: palos, piedras, periódicos usados y esteras; ante la ilusión de la casa propia y vida digna, el poblador de a pié, el migrante que traía consigo su cultura, instituyó “las polladas”, creación paliativa de verdadera esencia popular, que tuvo su inspiración en el ayni ancestral.

En medio de la desesperación colectiva y buscando la sensibilidad del gobierno los Asentamientos Humanos (AA.HH.) y Pueblos Jóvenes (PP.JJ.) peruanos como epílogo de la ingenuidad política y el soterrado maniobrerismo de pseudos dirigentes, comenzaron a denominarse: “Víctor Raúl Haya de la Torre”, “Pilar Nores de García”, “Keiko Fujimori”, “Alberto Fujimori”, etc., con este sombrío rosario de apelativos buscaron ser beneficiarios de las donaciones. La combatividad revolucionaria de un pueblo, sin apenas darse cuenta, sucumbía.

Las nacionalidades indígenas agrupadas en 42 grupos étnicos pertenecientes a 16 familias lingüísticas de la Amazonía (Inés Pozzi Scott. “El Multilingüismo en el Perú”. 1998), definidas como etnias por los cultores del capitalismo neo colonial, concentradas en las modernas reservas, vieron desaparecer por la rapacidad y voracidad de las empresas transnacionales, su hábitat, despojadas de derechos civiles y políticos, ahogadas sus voces para reclamar tierra, territorio y espacios reales de representación parlamentaria, fueron sin piedad, arrojadas al circuito de la oferta comercial y turística. El Perú oficial tiene rostro blanco, habla castellano y una lengua extranjera, últimamente inglés…en la televisión los rostros…llamados también de “color modesto” solo son utilizados para anunciar detergentes u objetos que sirvan para la limpieza de las casas o como objeto de burla en los talk show o televisión basura” (Rodrigo Rojas Montoya. “Todas las culturas del Perú”. Investigaciones Sociales. Estudio Antropología).

La penetración transnacional llevaría a una política del remate del territorio nacional: “Más del 70 % del territorio Amazónico en el Perú está destinado por imposición del Estado y transnacionales a lotes para la industria Petrolera en medio de ecosistemas de enorme importancia para el País, la existencia del planeta y de milenarias culturas que son los Pueblos Indígenas. Situaciones de genocidios por contaminación contra indígenas se han evidenciado y por su parte, las empresas y el propio Estado, desesperadamente, intentan quebrantar a las Comunidades, Federaciones y Organizaciones sociales e Indígenas Amazónicas que se oponen a estas actividades…a parte de los graves impactos causados en la Amazonía del Perú por empresas transnacionales como Plus Petrol o Repsol, otras, grandes corporaciones de liderazgo mundial en otros lugares de la Región y que igual han vociferado en tener la mejor tecnología, que son sustentables, también han causado verdaderos etnocidios y ecocidios como ha sido Texaco en Ecuador con derrames y daños irreparables; O la misma Repsol en la Argentina quien condenó a familias Mapuches al abismo en la provincia de Neuquén (La Invasión de las empresas petroleras en la selva amazónica del Perú).

Fue entonces cuando la palabra se hizo carne, convirtiéndose voz y fuego huracanado en los ‘80, en la humana pretensión de continuar el camino a la victoria del pueblo, señalando en su concepción filosófica que jamás pueblo alguno, se recluyó en la resignación del oprimido, el “viejo topo” de la historia, el expectante “Inkarri” (Según el mito de Inkarry, la cabeza de Atahualpa, decapitado por Pizarro en 1533, crece de arriba hacia abajo recuperando su cuerpo de modo lento pero inexorable. Cuando el soberano esté completo derrotará a los invasores y libertará el imperio de los 4 Suyos. El Inkarry es depositaria además de un plus valor de significación proveniente de la época en que se sublevó José Gabriel Condorcanqui, conocido como Tupac Amaru II. En 1781 los rebeldes propagaban “la infame voz: ya tenemos Rey-Inca” (Lewin 1963: 78). Pronunciar “Inca Rey” o “Rey Inca” causaba tal estupor en unos y euforia en otros, que las autoridades coloniales llegaron a dictar un bando asombroso prohibiendo el uso del apelativo “Inga”. Por lo pronto, la palabra Inkarry además de subrayar la idea de potestad y mando, condensa una serie de guras legendarias, pero sobretodo alude en forma más explicita a Atahualpa.3 Un siglo antes de la gran rebelión de Tupac Amaru II, la necesidad compulsiva por el regreso del Inca ya era un paradigma que estaba latente en la cultura y buscaba en quien corporizarse. Así fue como Pedro Bohórquez, un andaluz fabulador que paso a la historia como “el falso inca”, consiguió hacerse pasar por un descendiente de Atahualpa, desencadenando con su presencia las segundas guerras calchaquíes entre 1657 y 1667 en el norte Argentino. (La vigencia del Inkarry: un mito más allá del sueño. Lic. Marcelo Luis Valko. Universidad Nacional de Buenos Aires).), uniendo en silenciosa brega sus dispersas extremidades, volvía nuevamente con el canto general de que “otra Latinoamérica era posible”.

La década de los ‘80, década de dura confrontación de clases, permitió forjar al pueblo, donde la energía revolucionaria desplegada, consiguió remover profundamente la conciencia y sobre todo despertó a miles de peruanos y peruanas, a la vida y lucha política. La lucha revolucionaria siguiendo el ejemplo imperecedero de Micaela Bastidas, empezó a tener rostro de mujer, de madre y camarada.

La guerra sucia desatada contra la insurgencia armada y las masas que construían en el frente social los cimientos de un auténtico Poder Popular se intensificó con mayor dureza en el primer gobierno de Alan García, acciones como la de El Frontón, y el asesinato selectivo del Grupo paramilitar “Rodrigo Franco” dirigido por el Viceministro del Interior Agustín Mantilla como práctica y política demostró al mundo el verdadero carácter del Estado Peruano.

Con el Fujimontesinismo se pudo apreciar la real naturaleza de sus Fuerzas Armadas que actuando en función de la consigna “el mejor terrorista, es el terrorista muerto”, y de las recomendaciones de su soporte espiritual: la Iglesia Católica (“los derechos humanos son una cojudez…” expresión del Cardenal Juan Luís Cipriani) y de sus socios empresariales, quienes en su desenfrenada carrera por implantar el más salvaje neoliberalismo, controlar el comercio de las drogas, llevaron la corrupción a su último extremo y por acumular la mayor riqueza posible, enlutaron miles de hogares. La guerra sucia, tomó forma y se alimentó en los cuarteles y políticos de derecha.

El golpe “cívico” – militar (Se refiere al golpe contra la institucionalidad burguesa, con todas las características típicas de los golpes militares clásicos que llenó la historia de las democracias latinoamericanas, con la diferencia de que el Presidente elegido se conserva en el poder y lo concentra) del 5 de abril de 1992 orientada a la construcción de la “modernización autoritaria” (Cesar Arias Quincot) y la “institucionalización de una economía neoliberal, con el manejo concentrado del poder” supuso la violación del Estado de Derecho (Traslado de la residencia presidencial al Cuartel General del Ejercito, disolución del Parlamento, cierre del Tribunal de Garantías Constitucionales, del Consejo de la Magistratura, de los gobiernos regionales, intervención militar a la Contraloría y la Procuraduría General de la Nación, destitución de los miembros de la Corte Suprema, cese de jueces, se modificó los recursos constitucionales de Amparo y Hábeas Corpus, etc.), a decir del Amauta Mariátegui - “la burguesía asustada por la violencia… apeló a la violencia fascista. Confiaba muy poco en que sus fuerzas legales bastasen para defenderla de los asaltos de la revolución”.

La vulneración de los derechos humanos (Aprobación de leyes antiterroristas, profundización de la Guerra sucia, imposición de los Coman- dos Político - Militares, impunidad de cuerpos paramilitares como el Grupo “Colina”, detenciones masivas y asesinatos selectivos entre otros) fue aplaudida y bendecida por el inquisidor Cipriani, cardenal abanderado del más oscuro conservadurismo de la iglesia peruana, del ala fascista del catolicismo mundial, por el clan Fujimori responsable de las ventas y del negociado de las donaciones internacionales, por la congresista Martha Chávez, representante de las “geishas” de palacio encubridora de crímenes y torturas, Jaime Yoshiyama, etc., quienes arrojaron al pueblo a la miseria para enviar a Universidades norteamericanas a sus hijos y familiares y conformar la nueva elite económica.

El fujimorismo que había llegado a la administración del Estado a través de los votos y los mecanismos de la dictadura democrática burguesa en un periodo donde el terrorismo campeaba con la fuerza de la soldadesca ebria, buscó controlar el poder y consolidar el apoyo inicial de las Fuerzas Armadas perpetuando en su cargo al General Nicolás Di Bari Hermoza y colocando como jefe de facto en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) al inspirador del Grupo Paramilitar “Colina” y asesor de los Cárteles de la Droga: Vladimiro Montesinos, inaugurando al mismo tiempo una política de compromisos con el ala radical del empresariado, iglesia católica y las expresiones políticas de la clase dominante.

La imposición de un espurio Congreso Constituyente Democrático (CCD) luego del cierre del parlamento y el desconocimiento de la representación existente y la mentirosa victoria electoral, cuyo conteo de votos se hizo en los cuartes militares, necesitó del concurso de los cultores del fascismo y neoliberalismo criollo agrupados en torno del Instituto Libertad y Democracia (IDL). Hernando de Soto adalid del neoliberalismo criollo sustentó y defendió ante la OEA, la legalización de la dictadura.

Vista la historia de la podredumbre moral de la república peruana y la profundización de la crisis del sistema político “el parlamento degenera en un burdel, donde una banda de politicastros burgueses comercia al por mayor y al por menor con la “libertad popular”, el “liberalismo”, la “democracia”, el republicanismo, el anticlericalismo… y demás mercancías de fácil colocación. La prensa se transforma en alcahueta barata, en instrumento de corrupción de las masas, de adulación grosera…” (V. I. Lenin. La Guerra de Guerrillas. 1906).

El golpe cívico - militar, supo sin embargo enseñar a las masas que “el fascismo, para llegar al poder, ha necesitado pisotear los principios de la democracia, del parlamentarismo, socavar las instituciones del viejo orden de cosas, enseñar al pueblo que el poder se conquista a través de la violencia, demostrarle prácticamente que se conserva el poder sólo a través de la dictadura” (José Carlos Mariátegui. 1923). Esa fue la lección enemiga, esa la cartilla política fascista que los cultores de la izquierda domesticada y los abanderados del revolucionarismo pequeño - burgués, inflados, jactanciosos, vocingleros, temibles en sus sueños, no quiere leer a la luz de los hechos, porque la temen.

La Pax Romana ofrecida al pueblo y las mayorías nacionales como parte del programa de Reconstrucción Nacional, tuvo un nombre: los cementerios y fosas clandestinas que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), nacida para servir de confesionario de la nueva Catedral Estatal, escribir la voz de los “vencedores” y ocultar los horrores de la política contrainsurgente; callaría en todos los idiomas, convertida en juez, sus conclusiones y meas culpas televisadas sonarían a sentencia oficial contra toda herejía libertaria condenada al fuego purificador del Tribunal del Santo Oficio Neoliberal.

La Comisión Uchuraccay, asumió en los hechos la paternidad de la CVR, creada en momentos donde se legitimaba la violencia estatal y descalificaba toda expresión armada del pueblo, ocultó los “excesos de las fuerzas armadas y policiales” bajo la presidencia del actual vocero del capital transnacional, premiado con el nobel de literatura por “servicios prestados” a la causa capitalista: el escribidor Mario Vargas Llosa.

Nuevas jornadas de lucha, nuevo luto en el seno del pueblo coronaron el triunfo de la marcha de los “Cuatro Suyos” contra la mafia fujimontesinista y otra vez, el oportunismo de la derecha criminal montada en la cresta de la protesta y movilización popular capitalizó la victoria social; la ausencia de liderazgo en el pueblo, la carencia de organización revolucionaria nos llevó a la derrota política: nuevos gobiernos, nuevas mentiras, nuevas elecciones sumieron a nuestro pueblo en el sueño embrutecedor y la búsqueda terrenal sino de un Mesías, de un arcángel salvador que transformara en bienestar, la dolorosa realidad imperante.

Las mayorías nacionales, convertidas en simples masas votantes fueron sometidos a intensas campañas de domesticación ideológica, la guerra mediática desarrollada en complicidad del Opus Dei y los dueños de los medios de comunicación llevaron al abandono de la doctrina de liberación, de la filosofía de la independencia y del pensamiento humanista; el fin de las utopías sustentada por los teóricos del capitalismo y la complaciente aceptación del fariseísmo de “izquierda” se mostró vergonzante, sumidos en su desvarío ideológico y ahogados en la descomposición política, sin las becas soviéticas para el campo socialista, como Adán cubierto con la hoja de parra, se vieron desnudos, huérfanos y aceptaron la derrota estratégica del proyecto revolucionario, mientras afuera, los asesinos y corruptos, remanentes del terrorismo estatal, beneficiarios del narcotráfico y las coimas convertidos en candidatos del continuismo, volvían como salvadores del país.

Este sombrío panorama se pudo sentir durante los días que nuestro heroico comando “Edgar Sánchez” ocupó la residencia japonesa a riesgo de quedarnos aislados políticamente.

Los años siguientes mostraron el esquema de una estrategia estatal que buscó la rendición del MRTA, bajo la adopción en el sistema jurídico de la radical doctrina del Derecho Penal del Enemigo, una verdadera ofensiva de guerra sin cuartel: la claudicación sobre la base de largas condenas, el “quiebre de dirigentes revolucionarios históricos” y el supuesto crecimiento económico para el beneficio de pocos, fueron premisas que darían origen a la frase de que en el Perú, “la guerra había terminado”, “que no existe guerrilla”, que deambulan perdidas entre la serranía y la Amazonía, pequeños “remanentes del terrorismo” y bandas “narco - terroristas”, que “el crecimiento macroeconómico” del 10 % en la región, favorable a los sectores empresariales, era la expresión de la victoria neoliberal y la bonanza económica.

Sin embargo, nada había cambiado en los hogares del Perú profundo, la moderna esclavitud cumpliendo su rol, profundizada la brecha entre ricos y pobres. Con un PIB sostenido, el Estado empezó a modernizar sus Fuerzas Armadas, no para la defensa de las fronteras sino para callar las nuevas y renovadas formas y expresiones de protesta social.

Considerando a la población como el eterno enemigo interno: de las botas supimos la mordaza en el periodo de la dictadura cívico – militar y pasar luego del año 2000, a la criminalización de la protesta social en un periodo que marca la reconstrucción de la dictadura democrática.

Nada extraño del aprismo y el gobierno de Alan García, expresión de la clase política inmoral y de un Estado excluyente, culmina su periodo sumido en los más grandes escándalos de corrupción y narcotráfico, continuador de las políticas del neoliberalismo (Piezas claves de la ortodoxia neoliberal, Juan Manuel Santos (Colombia), Sebastián Piñera (Chile), Felipe Calderón (México) y Alan García (Perú), buscan viabilizar e integrar el denominado “Acuerdo del Pacífico” denominado por el canciller José Antonio García Belaúnde, como el “bloque de las economías abiertas y modernas”) más salvaje y pieza clave de la penetración norteamericana en nuestros pueblos inducirá ad portas de las elecciones de abril de 2011 la “sucesión programática de la explotación y el saqueo” dictada por el Departamento de Estado, bajo la amenaza del “salto al vacío”, del “chavismo” y el “riesgo de futuras inversiones” hará campaña por Alejandro Toledo, Keiko Fujimori, Castañeda y Kuczynski, nada importaba si el pueblo castigaría su administración con apenas cuatro (4) congresistas que enseñan lo trágico y desastrosa que fue su gobierno, ni la cruda realidad social del pueblo, que ahogada por un modelo de sobre explotación económica buscaría en la mercantilización de su fuerza de trabajo, la supervivencia.

La lucha por la vida, tendrá visos de prostitución salarial, el analfabetismo funcional se reproducirá de manera favorable para los agentes del capital expoliador que afianzará la neocolonialidad para el patrón transnacional, el amo imperial y sus socios empresariales locales en pos de incrementar sus ganancias y expandir la conquista de nuevos mercados para sus productos chatarra. El proyecto electorero Aprista de “Sierra Exportadora”, anuncia su réquiem de despedida, con la masiva exportación del “cholo barato”.

El Tupacamarismo, nacida con el ropaje de las corrientes patriotas, nacionalistas, socialistas y de un cristianismo revolucionario proveniente de la Teología de la Liberación, sintió en carne propia la penetración, infiltración de planteamientos y posturas del reformismo, el proceso de homogenización ideológico - político como tarea histórica, correspondió a camaradas definidos, quienes en el II Comité Central, derrotaron una línea que pretendía construir lo nuevo sin romper lo viejo, seguir manteniendo los lastres de una sociedad regida por el dinero.

Se comprendió entonces que la revolución peruana para ser genuina y verdadera debía nutrir el ideario Tupacamarista con el planteamiento Mariateguista (“los marxistas no creemos que la empresa de crear un nuevo orden social, superior al orden capitalista, incumba a una enorme masa de parias y de oprimidos, guiada por evangélicos predica- dores del bien. La energía revolucionaria del socialismo no se alimenta de compasión ni de envidia. En la lucha de clases, donde residen todos los elementos de lo sublime y heroico de su ascensión, el proletariado debe elevarse a una moral de productores, muy distante y muy distinta de la moral de los esclavos…”. José Carlos Mariátegui) de la revolución social fuera de toda reforma y remiendo al capitalismo. Este nuestro caminar, entonces se alimenta, revitaliza y nutre junto al pueblo, en tanto proyecto histórico del marxismo - leninismo.

El Ideario Tupacamarista, como proyecto para el Siglo XXI se reclama continuador de las luchas del pueblo, reivindica el programa social y político de Túpac Amaru II, asume los caminos para el rescate de nuestra identidad, y proclama el sentido histórico de libertad, justicia social, se convierte entonces en nuestra orientación estratégica, para la liberación del Perú y la construcción Latinoamericana de la Patria Grande.

Reconociendo que la esencia del proyecto de país que queremos, es la síntesis de tres vertientes dialécticamente entrelazadas: el planteamiento de emancipación nacional de Túpac Amaru II, el Proyecto Histórico de Marx - Lenin y el paradigma del Socialismo peruano de Mariátegui (“La ideología que adoptamos es la del marxismo - leninismo militante y revolucionario, doctrina que aceptamos en todos sus aspectos; filosófico, político y económico social. Los métodos que sostenemos y propugnamos son los del socialismo revolucionario…”. José Carlos Mariátegui. Declaración de Principios del Partido Socialista) en la perspectiva histórica de que “el socialismo no puede ser consecuencia automática de una bancarrota; tiene que ser el resultado de un tenaz y esforzado trabajo de ascensión”, señalamos que el Tupacamarismo, para ser interpretado en su dimensión real e histórica, se debe comprender los presupuestos de libertad, bienestar y justicia social colectivas, que preservan los rasgos propios de verdadera identidad sobre la base de nuestro tronco común.

La crisis del sistema, de la democracia (“Y esta democracia se encuentra en decadencia y disolución. El parlamento es el órgano, es el corazón de la democracia. Y el parlamento ha cesado de corresponder a sus fines y ha perdido su autoridad y su función en el organismo democrático…ahora, como entonces, el nuevo juego de las fuerzas económicas y productoras reclama una nueva organización política…anquilosada, petrificada, la forma democrática, como las que le han precedido en la historia, no puede contener ya la nueva realidad humana”. José Carlos Mariátegui. Ensayos) burguesa ha tocado fondo, la innegable presencia de dinero proveniente del narcotráfico en la economía nacional lleva a las clases dominantes y sus expresiones de poder político, social y económico a la consolidación de un narco - estado que por su esencia no garantiza paz social, democracia, dignidad ni soberanía nacional.

El Congreso de la República y el Estado mismo, concebidas para mantener el servilismo político y la dominación necesitan, lo decimos, ser desmontadas por un Nuevo Sistema Político diametralmente opuesto al actual, que exprese una nueva visión de país, de Estado y nación: el Socialismo Mariateguiano, el Tupacamarismo confeso.

En esa perspectiva, esta es una nueva etapa, un momento crucial del Tupacamarismo que renace como instrumento de nuevo tipo, que considera necesario diferenciarse del “socialismo” anquilosado, estéril, ramplón, propugnado por la vieja izquierda; que reconstruya una identidad articuladora que nos lleve a eslabonar nuestro accionar y las tareas, con los nuevos desafíos que impone la historia. Reiniciar desde el Tupacamarismo un nuevo ciclo de lucha y cuestionamiento al capitalismo nos obligan a crear, a inventar, a dotar de vida y cauce a este nuestro germinal modelo de sociedad que queremos edificar de manera original en el marco de la mas amplia participación popular. En este terreno de la praxis revolucionaria, no existen dogmas, ni recetas predeterminadas, existe sí, una visión orientada al predominio y consolidación de un verdadero tejido de poder popular que permita el crecimiento y la victoria política del Partido Revolucionario.

Aspiramos construir un nuevo poder que sustente las bases de una nueva sociedad y un nuevo estado; en ese norte revolucionario es fundamental ir construyendo sus bases jurídicas, políticas y económicas, es decir: las bases de un gobierno popular, amplio y participativo que garantice la inclusión de todo el pueblo y erradique la discriminación y olvido secular: un punto fundamental de nuestro programa es la lucha por la Convocatoria a una Asamblea Constituyente Originaria, que debe sentar las bases de la II República, del Estado tipo Comuna.

Sabemos que la reforma política del Estado y su democracia va dirigida a fortalecer los vicios de los partidocracia, de su clase, de sus organizaciones políticas para obtener ventajas de su manoseado sistema electoral, de sus instituciones, sin que aborden de manera alguna en sus reformas, interés por los problemas de las grandes mayorías nacionales, por ello, nuestra lucha contra el reformismo es frontal, de cara al futuro.

Los viejos partidos, como lo demostró el proceso electoral de abril, muestran los signos de su desgaste, desprestigio, corrupción, nexos con el narcotráfico y enriquecimiento ilícito, expresan en síntesis los síntomas de una cancerosa enfermedad cuyas raíces se hallan en la podredumbre moral de su clase y su sistema, pero también mostró la ausencia de representación popular, la pequeña burguesía y el empresariado se arrogan por voluntad popular, la representación parlamentaria de los peruanos de a píe: por los pueblos originarios y el campesino habla el empresario ongeista; por el desempleado, el comerciante o industrial.

Existe hoy, por tanto, la tarea histórica insoslayable, de fortalecer nuestro caminar, ir despertando conciencia, enseñando la senda victoriosa de los hombres libres, señalando que es preciso construir nuestra legitimidad revolucionaria sobre la base del ejemplo cotidiano, de las premisas históricas que originan la existencia revolucionaria y la justeza de la causa de los pobres y explotados de nuestra Patria.

Guiados por un proceso ininterrumpido de luchas, el Tupacamarismo como doctrina de liberación nacional, identidad y soberanía, se reafirma en el Marxismo - Leninismo, entendido no como un dogma sino como un método de interpretación de la realidad que nos muestra conclusiones para la transformación de la realidad peruana en indisoluble unidad con la propuesta socialista de Mariátegui, su pertinencia, su viabilidad y posibilidad encuentra sustento en la existencia de un capitalismo en crisis, en el cotidiano aumento de la pobreza y la profundidad de la exclusión social, en su ideología de dominación y perversión ética. El apartheid encuentra en el Perú su nueva Sudáfrica.

La posibilidad del Socialismo Mariateguiano desde su nacimiento, fue duramente combatida y negada por el aprismo, la oligarquía peruana, la derecha criminal y la narco - dictadura, que derrotados e impotentes ante la batalla de las ideas, aprovecharon los efectos de la caída del bloque “socialista” de la URSS para arreciar su ofensiva contrarrevolucionaria en el Perú y, en Latinoamérica.

Esta ofensiva se expresó en acuerdos entre insurgencia armada como el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (UNRG) y estados de capitalismo dependiente; no fue ajena a esta ola la derrota en urnas de la revolución Sandinista.

Fue un periodo de duros golpes a la esperanza, a los sueños, del predominio coyuntural del “pensamiento único”, de la clarinada fugaz de un sistema que creía haber derrotado la esperanza de las transformaciones sociales revolucionarias.

Sobre la base de un continuado bombardeo mediático pretendieron construir en el imaginario colectivo de los pueblos, la imposibilidad de una nueva ola revolucionaria, de su posibilidad práctica y la búsqueda de nuevas e innovadas alternativas sociales y populares.

Vista la ofensiva de la contrarrevolución mundial como una situación temporal, el Tupacamarismo, tenía que reinscribir la banderas de un socialismo que asumía con espíritu de crítica la derrota parcial del proyecto histórico de Marx y, como el viejo topo que excava sus galerías, preparar en silencio todas las potencialidades intelectuales y materiales de la revolución y, comprendiendo el carácter de nuestra época tener presente que la revolución peruana solo será posible siendo parte de la revolución latinoamericana, para lograr este objetivo era necesario engarzar, eslabonar nuestro programa, táctica y estrategia con las organizaciones hermanas revolucionarias del Continente. Aquí la importancia del Frente Internacional, de su línea y método.

El rasgo fundamental del actual periodo político en el Perú, ya no es el reflujo de la actividad de las masas, sino su recomposición política aunque no ideológica, que llena de actividad su espíritu de construcción y lucha a diario por la forja de su unidad, donde el optimismo se ve desplegado seguros de que “el porvenir les pertenece”, el espíritu de sobrevivencia política va quedando atrás y busca de entre sus heridas, su reconstitución orgánica, su construcción ideológica, teórica, política, programática y estratégica.

Para cumplir su misión, el Socialismo Mariateguiano, el Tupacamarismo de la nueva escena contemporánea, debe resolver teórica y practica la cuestión del Partido, convertirse en el centro político dirigente de los trabajadores y el pueblo explotado, el Amauta Mariátegui señala: “no basta predicar la revolución, hay que organizarla”, esa es nuestra consigna como Partido de Combate en contraposición a la política burguesa de liquidar las conquistas sociales, domesticar la conciencia y romper toda forma naciente de organización popular.

Si bien el parlamentarismo ha caducado históricamente, debemos reconocer que ésta forma de lucha no ha caducado políticamente, que no es la vía revolucionaria per se, sin embargo como método en un periodo especial, en el terreno táctico, la lucha electoral y la lucha parlamentaria interesa al Proyecto Revolucionario, siempre que ellas sirvan para elevar la conciencia del pueblo, su espíritu y capacidad de lucha y que ellas vayan acorde al programa y la estrategia (“crear un parlamentarismo nuevo, poco común, no oportunista, sin arribismo”. Lenin), por eso es importante señalar que la ruptura del Tupacamarismo militante, con quienes se cobijan bajo el manto embrutecedor de las concesiones reformistas, que mastican ayeres amparados de novedosos discursos, donde se muestra el abandono del camino revolucionario para avanzar en busca del abrazo del explotador, es una ruptura política - ideológica y programática.

Nuestra ruptura se sustenta en hechos concretos ante una posición que ha pasado “de la revolución a la reacción, por una vía sentimental no por una vía conceptual…se han sentido elegidos por el destino para decretar la persecución del dios nuevo y reponer en su retablo los moribundos dioses antiguos” (José Carlos Mariátegui. La Escena Contemporánea. Editorial Minerva. Lima 1925. Págs. 7- 13).

Nuestra posición no es nueva en la historia revolucionaria, ese fue el camino de los revolucionarios rusos ante la bancarrota de la social democracia en el país de los soviets, antes de la gloriosa revolución de octubre (“En toda lucha, tenaz y apasionada, comienzan a diseñarse generalmente, al cabo de cierto tiempo, los puntos de divergencias centrales, básicos, de cuya solución depende el desenlace definitivo…la primera de estas cuestiones es la significación política de la división de nuestro Partido en “mayoría” y “minoría”, división que ha tomado forma en el II Congreso del Partido y que ha dejado muy atrás todas las anteriores divisiones de los socialdemócratas rusos”. Lenin. “Un paso Adelante, dos pasos atrás”. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín. Mayo de 1904), esa la posición de clase del Comandante Luís de la Puente Uceda ante las posturas de la contrarrevolución local y, ese nuestro derrotero hoy ante la capitulación, por lo que asumiendo el ejemplo de nuestro pueblo sabremos continuar con el Proyecto Histórico, serenos sin dejarnos engañar por la mentira y la traición.

Definidos continuadores de ideales y esperanzas encaramos la historia con fe revolucionaria. Desde sus orígenes el Tupacamarismo siguiendo la corriente histórica de luchas de nuestro pueblo, desarrolla e impulsa una estrategia político - militar sobre cuyas bases reivindica la lucha armada como forma superior de la lucha de clases combinada con periodos de insurrecciones parcial o total.

La articulación histórica del Tupacamarismo, nace entroncada sobre dos cuerpos íntimamente ligados, inseparables para el logro de la victoria estratégica: la propuesta política y la resistencia militar, entendida de manera dialéctica, creativa, dado su potencialidad liberadora y emancipadora no puede caminar, desarrollarse con la unilateralización o absolutización de uno de sus aspectos, al margen de la otra, sino en la medida que actúan como un todo integral: reforzándose y dándose sustento entre sí, será un arma de victoria.

La clase dominante empeña todas sus fuerzas en legitimar con la coacción el marco de la acción política electoral y enseñar como muestra de madurez de la democracia peruana la campaña electoral realizada en abril y continuada el 5 de junio; pretendió hacer creer que elecciones son sinónimo de democracia, que la presencia de observadores internacionales son garantía democrática. Nada mas falso y mentiroso, en radios, medios televisivos y encuestadoras (sistemas de manipulación psicológica), retumban las explosiones mediáticas de una guerra comunicacional que combate todo intento de cambio y transformación y centra su accionar sobre dos propuestas electorales: Keiko “estabilidad democrática y económica”, Ollanta “salto al vacío, dictadura chavista”.

El Socialismo Mariateguiano “del cual todos hablan pero que muy pocos conocen y, sobre todo, comprenden…” (José Carlos Mariátegui. Mensaje al Congreso Obrero. Amauta. Págs. 35 - 36. Año I Nº I. Lima - Perú. Enero de 1927) es nuestra meta, allá avanzamos, dispuestos a vencer la doble moral de una clase señalada por la historia a desaparecer, que hace de la unidad de intereses económico - político su principal arma y de la ignorancia de los pobres su blanco.

El capitalismo está en crisis (“…para Marx la crisis no es de ninguna manera un hecho aislado, una catástrofe imprevisible, casual o aleatoria. Por el contrario, la crisis para Marx es una fase más del ciclo económico capital- ismo…”. Pedro López Díaz. La Crisis del Capitalismo. Teoría y práctica. Siglo Veintiuno Editores. México 1984. Pág. 39), su reestructuración obedece a una política de remiendos para continuar alargando su agonía, la concentración del capital, la propiedad, las riquezas en pocas manos, en posesión de una minoría privilegiada, la aparición de nuevos ricos, son una bofetada a la realidad.

En este año, de luchas y victorias políticas, sociales y militares, sabremos convocar a nuestros héroes y mártires para nutrir con su ejemplo la dignidad, entrega, compromiso y fe revolucionaria, recordar con ellos que seguimos en el reto de construir un mundo nuevo “para que la historia cambie y el pueblo viva”.

“La vida triunfa por encima de todo, que la burguesía se sobresalte, se irrite hasta perder la cabeza; que rebase los límites, que haga tonterías…se esfuerce por aniquilarnos, al obrar así, procede como lo han hecho todas las clases condenadas por la historia a desaparecer…” (Lenin. La enfermedad infantil del izquierdismo en el Comunismo).