Reflexiones Necesarias (de la derrota a la Victoria o el retorno del Inkari)

14.Jul.12    Libros insurgentes
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Fuerzas Armadas Revolucionarias - Ejército Popular Tupacamarista (FAR-EPT) Reflexiones Necesarias (de la derrota a la Victoria o el retorno del Inkari)

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(Primera Parte)

El día viernes 13 de julio, se realizó la presentación del Libro: Reflexiones Necesarias (de la derrota a la Victoria o el retorno del Inkari) escrito por Camilo Reyes, ideario político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Ejército Popular Tupacamarista (FAR-EPT) del hermano país del Perú.

Patria Insurgente comentó esta edición, resaltando la visión histórica de este proyecto, la integración de la resistencia inca a la invasión española con la lucha anticolonial de Tupaj Amaru y la imbricación de la lucha por la liberación nacional y el socialismo, “Socialismo Mariateguiano” como refuerza conceptualmente el libro. Para nosotros el Socialismo Mariateguiano es el Socialismo Insurgente.

Las FAR-EPT forman parte del contingente de organizaciones armadas del Perú, provienen y son el MRTA, nosotros difundimos estos materiales para alimentar el debate y el empoderamiento de nuestros pueblos en su lucha por la verdadera y definitiva independencia.

Demás esta escribir sobre la realidad peruana, cuando se constata día a día que el gobierno de Ollanta Humala es tan cavernario como sus predecesores. La lucha en contra de la minería transnacional, los megaproyectos, la defensa en contraparte, del agua, los derechos humanos, los derechos de los pueblos están generando nuevamente una insurgencia social en este hermano pueblo, disputa que nos es común.


Reflexiones Necesarias (de la derrota a la Victoria o el retorno del Inkari)

Reflexiones Necesarias (de la derrota a la Victoria o el retorno del Inkari)

Camilo Reyes

Apuntes para la Educación Popular

© Camilo Reyes. 2012

© Centro Cultural Mariátegui. Patria Grande Ediciones 2012

© Propiedad Original: Fuerzas Armadas Revolucionarias - Ejercito Popular Tupacamarista

Diagramación: Cesar Choque

Corrección de estilo: Colectivo “Tania Cumapa Fasabi”

Nacida como una contribución al análisis y debate en la batalla de las ideas, pretende ser parte del arsenal para la educación popular y la emancipación. Queda liberada de toda restricción siempre y cuando vaya, sin alterar su esencia en que fue concebida: fortalecer el intelectual colectivo de nuestros pueblos.

A los camaradas cuya fe acerada, hace posible la reconstrucción de la herramienta para nuestra liberación.

Al carisma y disposición sin edad ni tiempo de los compañeros “Salvador Cayetano” y “Thalía”, quienes en sus años aurorales, llevan el torrente de la esperanza y la terca apuesta en la victoria revolucionaria.

A Marx, Lenin y Mariátegui, padres y guías de jornadas, sin cuyos desvelos no hubiese sido posible romper la noche de las prisiones.

A las flores que aroman el camino que los pies de los combatientes visitan.

A la yerba silvestre que acoge la humanidad rebelde, en horas que la vida golpea.

Al rocío mañanero que llega como un canto, mientras el pueblo abre diálogo con las estrellas.

A nuestra hamaca, mochila y fusil, sementeras donde se agitan y erupcionan la mas roja de las flores.

A los árboles, pájaros y estrellas, compañeras de libertad, camaradas de descubiertas, con quienes se atiza el horno del mañana.

A Néstor Cerpa, Comandante de la Dignidad Tupacamarista, Un hombre necesario

“Un paso adelante, dos pasos atrás…Es algo que sucede en la vida de los individuos, en la historia de las naciones y en el desarrollo de los partidos. Y sería la mas criminal de las cobardías dudar, aunque solo fuera por un momento, del inevitable y completo triunfo de los principios…de la organización…y de la disciplina del Partido…debemos continuar luchando, sin que nuestro ánimo decaiga ante los reveses, luchando consecuentemente…”

Lenin

Dedicado:

A los hombres y mujeres de esta América Indiana que contribuyen al parto doloroso de la Patria Grande, cuya senda trazada en su caminar abrigan con cada grito de lucha: la memoria colectiva y asumen la historia inconclusa, con el sueño tejido en el aguayo multicolor cual rojo estandarte de combate.

A mis camaradas de lucha que con tesonera convicción supieron romper el silencio sepulcral de las prisiones peruanas, pretendidas tumbas que en pleno siglo XXI, buscaron callar las voces y sepultar el sueño de los pueblos. Y aun cuando el injusto sistema de opresión los condene: la batalla por la vida continúa…

Al compañero Jaime Ramírez Pedraza, víctima del terrorismo de Estado recluido en el penal Miguel Castro Castro, que resiste los rigores de la dictadura burguesa mientras una enfermedad terminal deteriora su salud.

A las nuevas generaciones de hombres y mujeres, verdaderas mareas humanas que avanzan seguros de vencer el oscurantismo neoliberal.

A los combatientes de Vilcabamba ante cuyo ejemplo, inclinan banderas las jóvenes generaciones y abren de la historia sus páginas para diseñar con ellas: el destino histórico de los pueblos.

Al histórico Consejo de los Cinco, que junto a Túpac Amaru II asumieron la responsabilidad de interpretar el futuro y dejar los cimientos de un mundo distinto a la voracidad neo colonial y el individualismo neoliberal.

INDICE

Necesarias son las palabras, como necesarias nuestras acciones
Introducción
Mientras la chispa enciende la pradera
Sobre las luchas del Pueblo. Una introducción con ojos de ver
Crisis del modelo colonial. Todo es drama: el pueblo teje el acto liberador
Mirando el pasado para construir el futuro. La capitulación de Toledo

PRIMERA TORMENTA
Vilcabamba: Guerra de Resistencia. El pueblo forja su porvenir
Túpac Amaru: De la paz perpetua a la Guerra

SEGUNDA TORMENTA
Por la Emancipación Nacional: 4 de Noviembre. Identidad y Rebeldía Forjada en la Fragua
de la Historia
La Tormenta Político-Militar Indígena
La Savia revolucionaria del Nuevo Orden Social: José Gabriel Condorcanqui Noguera: Túpac Amaru II
Micaela Bastidas Puyucawa

TERCERA TORMENTA
Por la Liberación Nacional y el Socialismo. El Marxismo Mariateguista
MRTA: El asalto al Cielo - Salir del Repliegue Rompiendo el Silencio
La Retención Política en la Residencia Japonesa, Fundamentación Histórica:
El Secuestro del Inca Atahuallpa
Janan Pachaj: Recuperando el Proyecto. El Tupacamarismo Revolucionario:
Una Concepción Integral Liberadora
El Ampliado del 2004. Pensando en los Pobres, Túpac Amaru, Vive y Vuelve
Por la Patria Grande. Comandante Néstor Cerpa: El pueblo a la Victoria
El Tupacamarismo Hoy. Un Arma de Combate y Victoria Popular

Las FAR - EPT, continuidad en la Resistencia. Planteamiento de la Cuestión. La Articulación Orgánica:
Una denición Objetiva
Conquistar el Porvenir: Nuestro Objetivo
Notas Sobre la Guerra y la Paz
El Capitalismo
Naturaleza del Capitalismo
La Revolución Continental y la Paz
Violencia Revolucionaria y Lucha de Clases
La Militancia, Sentido de la Orientación Orgánica
¿Hacia dónde vamos? El Porqué de la vigencia de Estrategia de
Guerra Revolucionaria de Todo el Pueblo
ANEXOS (Acelerando el Proceso Histórico)

Necesarias son las Palabras

Como necesarias nuestras acciones

Mientras el canto revolucionario avanza, desde la naciente voz tímida hasta convertirse en marcha general, no hemos querido, como pueblo, como porción de pueblo en armas, negar nuestras raíces vivas, esconder a las verdades el sol, no hemos querido mentir a nuestro pueblo, zarandeado por la campaña mediática de los opresores y los falsos profetas: que ésta democracia es su democracia, que ésta república es su república y que el burgués junto a la canalla oligárquica sean sus hermanos.

Hemos venido bregando a contracorriente, sosteniendo la verdad revolucionaria, cumpliendo con nuestro deber, hemos venido, ahorrando palabras, construyendo, reconstruyendo el mito social de la democracia, de la república o mejor dicho de la democracia y la república socialista: terca apuesta, mil veces ametrallada, pero nunca vencida y este manojo de palabras no pretende competir con los escribidores del sistema de explotación, muy lejos estamos de ellos, muy lejos hasta para la comparación, somos FAR - EPT, y escribimos para nuestro pueblo a quienes rendimos justo tributo: a su capacidad creadora, a su terca resistencia que se viste de historia.

Ya lo decía el Amauta José Carlos Mariategui: “pienso que no es posible aprehender en una teoría, el entero panorama del mundo contemporáneo. Que no es posible sobre todo fijar, en una teoría su movimiento. Tenemos que explorarlo y conocerlo, episodio por episodio, faceta por faceta”.

En este episodio, en esta faceta de alfareros sociales, de arquitectos de un nuevo orden, pretendemos fijar nuestras palabras, para no cerrar a los sueños, los ojos, seguir, persistir en el latido acompasado del movimiento revolucionario.

Y somos orgullosos de haber nacido en una dura época de confrontación clasista, porque nos permite el libre ejercicio combatiente de la crítica, seguros de la absolución histórica, presionamos con el dedo la llaga y constituidos en médicos de pueblos, nuestra receta a los males sociales, insiste sobre la necesidad del armamento general del pueblo y prescribe a la pus de un sistema enfermo, las balas. Nuestras balas y nuestras palabras, tienen importancia estratégica porque encierran un norte de proyección histórica.

Podríamos señalar sin temor a equívoco alguno, que estas páginas tienen su parto en el hambre social, por ello es que partimos evidentemente de aspectos fundamentales de nuestra historia, señalando que el marco doctrinal para una objetiva tesis política, se inicia con la invasión española en 1532 al imperio de los Incas.

Y esta invasión no significó el simple choque de dos culturas, distantes en términos de modo de producción, medios de producción y desarrollo de instrumentos, fue ante los objetivos político - económico de la corona española: el choque de dos estrategias de vida, de dos visiones: la colectividad-comunitaria y la individual- apropiadora.

De un lado, la estrategia de guerra de resistencia indígena en sus comienzos y, del otro lado, la cara europea de la codicia, una estrategia de guerra de rapiña, con iguales características y objetivos como el que hoy, aplican las potencias expoliadoras, a la cabeza del imperialismo norteamericano, bajo el amparo de su doctrina de guerra preventiva, sostenida por los dueños de la desinformación que constituyen elementos de la llamada “Guerra de Cuarta Generación” o guerra mediática o simplemente guerra de manipulación de la conciencia social.

No es nuestro interés competir con los ideólogos de la catástrofe social, por eso es que ajenos a sus berridos, escribimos para un pueblo que lucha por la paz, la libertad y la belleza y para ellos, nos atrevemos a pensar, a sistematizar nuestra experiencia en este largo proceso de construcción histórica, dar el surco inicial para sembrar una teoría política que estudie los periodos de resistencia y lucha liberadora, decimos, enmarcada en tres momentos históricos básicos, dialécticamente concatenadas, cada una necesaria y válida para su época por ella, portadora de su propia estrategia, de su propio objetivo.

Nos atrevemos a señalar que un primer momento, va a tener como punto central de desenlace: la religión, que daría como resultado la pasividad inicial y una total ausencia de resistencia armada, que permitiría la captura del Inca Atahuallpa, quién como representante de la casta dominante, sin escuchar a sus generales, para preservar el imperio y sus privilegios, inició una política de concesión de nuestra soberanía, permitiendo la acumulación y el saqueo de metales preciosos como el oro y la plata, con la consiguiente instalación de verdaderos ejércitos de ocupación estranjera.

Los acontecimientos posteriores, darían inicio a campañas políticas y militares, dentro de una estrategia global de resistencia cultural, política, económica y militar, larga y sangrienta, que se prolongaría por espacio de 42 años, destacándose en el arte de la guerra de guerrillas, los generales incas: Challco Chima, Apo Quizquiz, Illa Tupa, Cahuide y Rumi Ñahui, entre los más destacados, y que concluiría con el asesinato en las montañas de Vilcabamba de Manco Inca; ante la implementación de esta estrategia propio de un ejército de maniobras, el invasor español respondería con una vieja estrategia de guerra de destrucción directa de enfrentamiento de pueblo contra pueblo: con el uso de fracciones de pueblo, que se sintieron sometidas por el imperio Quechua y veían en el invasor español como su salvador, Wiracochas los decían.

Esta etapa de guerra de resistencia, por restablecer y reinstaurar el imperio, implicó junto al traslado de la capital del Tahuantinsuyo, de su dirección militar y política de guerra, al campo, significó un esfuerzo sin precedentes en la historia de civilización alguna que duraría hasta 1572, año en que fue ejecutado Túpac Amaru I, y extinguida por tanto, la dinastía de los Hanan - Cuzco

Las FAR - EPT, sostienen que un segundo momento de preparación de las condiciones objetivas para iniciar la lucha por la emancipación del colonialismo español, se daría a mediados del siglo XVIII, a partir del posicionamiento de ciertas castas indígenas en la administración colonial y la acentuación de las condiciones extremas de explotación.

Se inicia esta segunda etapa, con una era de grandes rebeliones, los que constituirían el preámbulo de la primera guerra de independencia, preciso es ubicar dentro del contexto histórico que todas ellas tienen una particularidad, vienen de oriente a occidente, con inmensas repercusiones en la costa. Serían conocidos los caudillos: Ignacio Torote que insurge contra la imposición esclavizante de los curas franciscanos, Juan Santos Atahuallpa en la selva central cuya resistencia duraría 14 años, José Gran Quispe Tito Inga, Tomás Katari y sus hermanos, en lo que era el Alto Perú.

Todos ellos, con su accionar fueron trazando la concepción de una estrategia donde se combinarían elementos como: medio geográfico, tiempo y recursos humanos, entrelazando el uso de ejércitos regulares que se transformarían de acuerdo a las necesidades, en un verdadero ejército de maniobras.

Sería Túpac Amaru II, quién apoyado en sus conocimientos de legislación, iniciaría una primera etapa que correspondería a una incansable lucha de gestión ante el invasor hispano, en su búsqueda de justicia, lucha que iría de manera dialéctica, ascendiendo en sus niveles de organización y concepción política, que programáticamente se plasmaría en la necesidad histórica de construcción de la nación, sobre bases socio - políticas del antiguo Tahuantinsuyu, y la incorporación de nuevos sectores sociales y elementos políticos, cuya definición programática que obra en el bando de libertad de los esclavos, señala los rasgos que formarían la nación a construir todos los “nacidos en nuestras tierras y haber padecido todos, igualmente dichas opresiones y tiranías…”, enfocando con claridad política el problema de la construcción del Frente Único, no en vano, su dirección política - militar, se resumiría en lo que se conoce como el Consejo de los Cinco, desde entonces, los levantamientos dirigidos por caudillos, serían reemplazados por un nuevo aporte al problema de la dirección de la guerra: la Dirección Colectiva.

Con la retención política del Corregidor Arriaga, se inaugura un nuevo fundamento de la estrategia: el momento favorable que seria reeditada en diciembre de 1996 por el Comando “Edgar Sánchez”, evidentemente en un nuevo escenario, pero ambos tenían como base filosófica el de generar condiciones favorables para en desventaja, poder obrar y potenciar el acumulado estratégico (dialogo acumulación permanente para avanzar), así como el de poder determinar con exactitud al adversario principal, incorporando como parte de la doctrina insurgente, la justeza y legitimidad histórica de la lucha revolucionaria.

Esta etapa, mencionamos, se caracteriza, por el uso del ejército guerrillero regular de campaña, cuyo eje estratégico de acumulación de fuerzas de manera sostenida, sería el campo, zonas abandonadas por el enemigo por su poca utilidad económica, pasando de la defensiva a la ofensiva estratégica, en el terreno político - militar, en la constante de incorporar al pueblo a la guerra.

Y finalmente, un tercer momento en la historia de las luchas del pueblo, se puede encontrar en la fusión de la centenaria aspiración del pueblo que busca la felicidad, con el socialismo mariateguiano, como alternativa al actual orden de injusticia social imperante.

El socialismo como doctrina, desde nuestra perspectiva se profundiza con la labor educadora del Amauta José Carlos Mariategui, se nutre en el mar de las experiencias revolucionarias nacionales y mundiales, expone los pasos tácticos para la elaboración de una verdadera estrategia de poder, planteando el camino que permita resolver el problema de los cuadros integrales que el pueblo necesita, así como también del instrumento de lucha revolucionaria: el Partido Político - Militar, a decir de Lenin: “un Partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de las ideas, en el prestigio de la autoridad”.

Camilo Reyes

Introducción

“Siempre hemos actuado y seguiremos actuando Con el espíritu del marxismo consecuente y seguiremos Ideológicamente todas sus prescripciones”
Lenin

La necesidad de una comprensión clara de la historia que se convierta en puente que muestre el camino de manera objetiva por donde se escribirá el destino de nuestros pueblos, pretende a través de estas páginas, abrir una nueva y enriquecida etapa de debates al mismo tiempo el de constituir una premisa de construcción dialéctica de formas y métodos de lucha que inaugurando un modelo de critica ideológica y de accionar político distinta al criticismo y al pálido reflejo de la historiografía oficial, enfoque la tentativa humana y revolucionaria de adoptar una táctica y una estrategia precisas para la solución de los problemas sociales y políticos vistas en su integridad regional como perspectiva histórica y, que aprovechando las lecciones de la experiencia estreche las aspiraciones centenarias de las masas con el objetivo estratégico de establecer un modelo de sociedad socialista que no sea de manera alguna copia mecánica de proyectos ajenos a nuestra realidad latinoamericana: el Socialismo Indoamericano o Socialismo Mariateguiano.

Larga es ya nuestra historia como constante los métodos de lucha de los pueblos, por inaugurar una sociedad de bienestar social: rebeliones, insurrecciones, alzamientos armados se alzan a lo largo de la historia como expresiones político - sociales de un pueblo que no tiene otra opción mas que el camino doloroso de la confrontación violenta, del parto armado, donde caen abatidos y resurgen imbatibles en esta dolorosa tragedia latinoamericana.

Desde los luctuosos sucesos de 1542, 1780 y 1781, donde se pretendió ahogar a todo un continente, el poder ha fabricado un alegato para su absolución ante la historia “que las casas de éste sean arrastradas o batidas y saladas a vista de todos los vecinos del pueblo o pueblos donde los tuviere o existan” reza la condena al Inca Túpac Amaru II que anima a borrar la memoria histórica; ha construido una visión punitiva de clase “condeno a Jose Gabriel Túpac Amaru, a que sea sacado a la plaza principal y pública…arrastrado hasta el lugar del suplicio donde presencie la ejecución de las sentencias que se dieran a su mujer, Micaela Bastidas, sus hijos Hipólito y Fernando Túpac Amaru, a su tío Francisco Túpac Amaru, a su cuñado Antonio Bastidas, y a alguno de sus principales capitanes…”, ha impuesto un modelo de sociedad en función de sus intereses, a la medida del “vencedor”, “…mejor sufrir un poco los males antiguos, interceder con Dios para que los remediase…” afirmaba el cruel Corregidor Areche mientras el Tahuantinsuyo sucumbía al fuego cerrado de la fuerza militar e ideología imperial.

Así, cuando las propuestas de cambio y transformación estructural formaron en los desposeídos, categoría de plataforma política, estas fueron combatidas y proscritas por constituir una seria amenaza al orden establecido: “apostata”, “rebelde”, “comunista” y “terrorista” nos llamaron.

El Mito del Inkarri o Proyecto Político de Liberación Continental, de su original concepción estratégica de poder y unidad por la emancipación política, social y económica de la Patria Grande, fue por obra del poder dominante, reducida a simple literatura, alejada de su esencia, no moviliza ni articula, acusa sí la perforadora acción de la intelectualidad burguesa que como el opio, adormece.

Levantar la propuesta del Inkarri, es decir las banderas de la Segunda y definitiva independencia, es una tarea que necesita del fermento de una teoría: el marxismo - leninismo como guía para la acción e interpretación de la realidad, y de una doctrina revolucionaria: el Proyecto Político del Tupacamarismo histórico, cuyo planteamiento humanista enfocará sin duda alguna la independencia, libertad e igualdad continental del brazo de los pobres y desposeídos, junto al principio ancestral de la complementariedad en la imagen y acción de Micaela Bastidas que irá adoptando forma y características de componente estratégico revolucionario.

En ese norte de construcción ideológica y política, es donde la crítica revolucionaria va a revisar la historia oficial, interpretar el complejo andamiaje de la estructuración colonial y señalar que los procesos de lucha de nuestra América de color, no vienen a ser movimientos aislados sino que ellas obedecen a un concatenado parto de construcción dialéctica de nuestra historia.

Tres son los momentos históricos que marcan la construcción de la identidad identidad latinoamericana que aquí se trata: la guerra de resistencia inca en las montañas de Vilcabamba, la guerra por la emancipación nacional - continental dirigida por Túpac Amaru II y, la guerra por la liberación nacional y el socialismo indoamericano, unidos todos estos momentos, no por relaciones fortuitas, sino por entrañar ellas, leyes del desarrollo social que nacen de su esencia y proceso en las que se enmarcan.

Reconocer estos tres momentos, interpretarla en su complejidad, es reconocer la inevitabilidad del hundimiento de una minoría privilegiada, del capitalismo como sistema y la victoria de los postulados socialistas. La forma de cómo interpreta la realidad el enemigo y la socialización de sus sofismas no buscan otra cosa que quebrar la moral revolucionaria del pueblo, la convicción de que es posible la transformación de la sociedad y escribir su historia. Negar estas verdades, es tarea de la sociología burguesa que contrapone y muestra una realidad inversa.

Por tanto, la lucha de clases en sus formas y niveles ha expresado fases en relación con el desarrollo y cambios de los modos de producción, con ello se evidencia que cada momento de confrontación clasista ha tenido su propio sello y característica, así la guerra desarrollada por la resistencia en Vilcabamba, se distingue de las luchas de clase contra el capitalismo en cuanto a objetivo estratégico, formas y medios.

Plantear la revisión de la historia tiene su base en el principio de que la libertad es la conciencia de la necesidad, a ella nos atenemos, y a la posibilidad de someterlas a un fin cuyo objetivo sea el hombre y mujer nuevos.

No pretendemos falsificar la realidad en una época de dura confrontación, ni mucho menos abrir la posibilidad del desarme ideológico, que lleve al pueblo a una postura liquidacionista y retiradista de los postulados revolucionarios, nuestra misión está en la de contribuir a la elaboración de una teoría y doctrina propia.

Nuestra tarea entonces, consiste en despertar la conciencia del pueblo, recordar como persistente martillo, que el pueblo unido y organizado, es fuerte y poderoso, que no es lejano el día en que la revolución tomará el poder para inaugurar una nueva época.

Porque no queremos que la mentira siga imperando y un puñado de empresarios continúen llenando sus arcas, sin importarles que día a día crece incontenible el ejercito de analfabetos, ufanos de su poder para apreciar que la miseria acordona las grandes ciudades, y quedan desoladas las escuelitas rurales porque los niños envejecieron o se hicieron hombres antes de tiempo, obligados por la realidad y la necesidad.

Porque no es posible seguir de rodillas, escuchando cada cinco años el canto de nuevos mercaderes, escribiremos en cada barricada “el país no puede seguir de rodillas implorando los milagros de unos cuantos becerros de oro que, como aquel del Antiguo Testamento que derribó las iras del profeta, no hacen milagros de ninguna clase”. (Fidel Castro R. “La Historia me absolverá”)

La terquedad cuando se trata de luchar contra un orden social injusto, constituye una cualidad revolucionaria; la insistencia por imponer a los intereses nacionales, el interés empresarial y el lucro de las transnacionales, no solo constituye un acto, una política de estado nociva, sino también de estupidez política ejercida por políticos y estadistas que buscan su lucro personal.

Libre empresa, flexibilización para la inversión privada, firma de tratados comerciales para obras y bienestar social, constituyen el discurso mentiroso que pretende ocultar el desastre catastrófico de la república oligárquica y bananera.

En un continente donde el trabajo esclavo se mide por el grado de prostitución salarial, que muestra disconformidad, que enseña rebeldía, es necesario romper con la ignorancia en la que sumergieron a nuestros pueblos. Por ello, nuestro interés sin ser intelectuales, salvo el de ser cultores de un nuevo orden, de escribir lo que la praxis colectiva enseña, educa y orienta.

Si la ignorancia es el arma de dominación de los poderosos, entonces, es tarea revolucionaria, poner un arma mucha más poderosa en la conciencia del pueblo: la educación transformadora, resultante de una predica cuya base sea el ejemplo.

Porque cuando la historia no puede ser escrita con las armas de la crítica, es necesario advertir, gritar, enseñar, que el tronar luctuoso de la metralla, es su justa medida.

Mientras la chispa encienda la pradera…

“Padre, creador del mundo, Voy a escarmentar. Padre, es la memoria De mi corazón”.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? ¿Cuánto silencio llenan las páginas vacías de la historia oficial?

Desde que la codicia imperial invadió estas tierras, han pasado 519 años. Según el calendario oficial, destinado a mantener una perenne manipulación de la conciencia social y de la historia real: los diferentes gobiernos de turno han honrado con múltiples y cómplices manifestaciones sociales y políticas lo que fue un genocidio como el “Día de la raza”, por algunos o el “Encuentro de dos mundos”, por otros, ensalzando la política colonial, absolviendo de culpa alguna la crueldad de los llamados “Wiracochas” y condenando al olvido a los combatientes de la resistencia, anónimos defensores de la identidad, la cultura y la Patria Grande. En la historia de nuestros pueblos, los ríos de sangre del ayer, continúan hoy latentes.

Una enlutada Patria, prisionera de las clases dominantes, abriga el proyecto liberador. La resistencia indígena y popular, nacida ante el avasallamiento del Continente y el sistemático asesinato de inmensas masas indígenas, emerge lentamente. La infausta guerra entre las panacas reales de la que se aprovecharon las bandas imperiales tuvo su epílogo en 1532 cuando Francisco Pizarro, mercenario al servicio del Imperio Español, secuestró primero y asesinó después, al Inca Atahuallpa: la ambición por el oro, la plata y el sometimiento colonial de todo un pueblo necesarios para la expansión del nacimiento capitalismo, fueron sus objetivos.

Las torturas, el cerco a las poblaciones como política de evangelización, la desestructuración y destrucción del andamiaje estatal incaico, la imposición del trabajo forzado y esclavizado a las masas indígenas en las minas; la composición clasista de una pirámide social para la dominación, la introducción del Apartheid etno - económico, fueron los factores que dieron fermento a las ideas políticas en el seno del pueblo.

El traslado político - militar, económico, social y cultural de la resistencia guerrillera a las agrestes montañas de Vilcabamba, la concepción de una guerra por la emancipación nacional cuya forja se aceró en los verdores de la selva central con Juan Santos Atahuallpa, remeció la América toda, con Túpac Amaru II, al estruendo de las armas empuñadas por un colosal “ejercito de pobres” donde se mostró por vez primera la plataforma política de un Proyecto humano - liberador que fue definida en su integralidad política - ideológica por José Carlos Mariátegui, el “Amauta” de los revolucionarios de América

Fueron acontecimientos históricos, únicos e inigualables; nunca espontáneos, todos ellos sujetos al curso dialectico de la historia, en una espiral cada vez mas compleja y no por ella imposible de ser realizada.

Mostraron el camino, y señalaron la posibilidad de la transformación revolucionaria de la sociedad. El encuentro estratégico de las aspiraciones de nuestro pueblo con el socialismo como “creación heroica”, la combinación de la identidad nacional y cultural milenaria de nuestro pueblo con la necesidad de construir una sociedad socialista que recogía lo más avanzado del pensamiento social, planteó nuevas e innovadas tareas.

De allí, supimos que para que una revolución social pueda triunfar en el Perú y Latinoamérica, necesita de la organización del ayllu ancestral como aporte de los pueblos (por su esencia comunitaria), como clave de la resistencia, así como de manera inevitable de un Programa, una Táctica y una Estrategia que articule a todos los sectores en lucha, que recoja las banderas históricas que se mantienen expectantes, nunca vencidas: de Vilcabamba, pasando por el programa revolucionario de Tinta y se condense en un todo articulador y movilizador del socialismo mariateguiano, objetivo estratégico que consolide las bases político, sociales, económicos y culturales del nuevo estado, el Estado tipo - Comuna cuya base económica tendrá como pilar fundamental el colectivismo comunitario, e aquí un legado digno para un mundo nuevo.

Si bien es cierto, que el Proyecto Histórico escrita en las jornadas de 1780, se mantiene como ideal de las masas explotadas, ésta luego de la victoria de Ayacucho fue tergiversada y falseada por los criollos que integraron de manera oportunista las denominadas corrientes liberadoras quienes pretendieron escribir el epitafio político del ideal revolucionario, con el establecimiento de la República Criolla; nada mas mezquino, sin embargo es fundamental comprender que la justeza de la causa de las banderas de 1780 revitalizadas con el aporte ideológico del Amauta y la enseñanza práctica de históricas jornadas de confrontación clasista, constituyen la esencia y son el fundamento de la revolución social, de la verdadera emancipación política y económica del pueblo y los trabajadores.

Este y no otro son el destino de nuestro pueblo, de la causa y programa de los pobres de la Patria, en ese sentido, vive en cada uno de nosotros y se nutre con las luchas diarias. En ese norte, el Proyecto tupacamarista, no solo se mantiene viva, se nutre de los nuevos aportes teórico - práctico que se muestran con las luchas sociales en cada rincón de la Patria y el mundo por ello, mientras se van construyendo las bases materiales y su concepción filosófica se materialice como ideal en el imaginario colectivo será inmortal en su esencia.

Sobre las luchas del Pueblo

Una Introducción con ojos de ver

“…los profesionales de la inteligencia no encontrarán el camino de la fe, lo encontrarán las multitudes”.
José Carlos Mariátegui.

El materialismo histórico nacida luego de su victoria sobre el idealismo, constituye la herramienta que nos conduce a comprender nuestra historia, necesaria para sentar las bases fundamentales de nuestro futuro.

Desde allí, se pretende interpretar las aspiraciones de nuestro pueblo, entendidas como un verdadero proceso de avance en sentido progresivo, que nos va a mostrar desde las formas mas embrionarias de las luchas sociales y políticas, hasta aquellas expresiones clasistas mas altas que surgidas de las contradicciones va a buscar su resolución en sordos combates contra fuerzas caducas, viejas y reaccionarias. Porque el imperialismo no podrá ser derrotado mediante la teoría reaccionaria de la conciliación de clases, que no distingue a las guerras justas de las injustas, al aliado del enemigo y que traída por el nacionalismo centro derechista constituye un “programa de caucho” que a costa de proteger los intereses de una minoría privilegiada, ofrecer un programa asistencialista al pueblo en su afán de amortiguar el impacto social de la desigual distribución de la riqueza, avanza en pos de la desarticulación social y la desideologización política del pueblo.

¿Qué encendido debate y cuanta tela habría de cortar de saberse juntos Belaunde, Mariátegui y Haya de la Torre? ¿La derecha de corte clerical con el Socialismo convicto y confeso? ¿El Antiimperialismo de las capas burguesas con el Punto de vista Antiimperialista de los revolucionarios? ¿A cuento de que proyecto transnacional norteamericana llega el nacionalismo: de las mineras Suizas como Conga o de las necesidades del naciente imperialismo brasilero?

Lejos de la tesis del idealismo que nos muestra una historia social y política desordenada, con proyectos amorfos, con rebeliones gestadas en la maldad humana, hijas de la espontaneidad y el voluntarismo, el materialismo histórico muestra la contradicción fundamental entre revolución socialista y sistema capitalista cuando señala:

“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se erige una superestructura política y jurídica y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política, política y espiritual en general…al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes o, lo que no es mas que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad…estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social…” (Carlos Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política)

Nada más claro. Sin embargo se ha pretendido sellar con pseudas verdades que la guerra de resistencia de nuestros pueblos fue una guerra contra la modernidad, la cultura y el progreso, que la rebelión de Túpac Amaru II, sólo pretendió, respecto a la política imperial y su concepción geo estratégica de dominación y control de recursos naturales, una insignificante petitoria migaja de inclusión socio - económico en su sistema y búsqueda de paliativos en las formas de explotación existentes, archivando al análisis histórico su programa de transformación y cambio estructural.

Evidentemente, la rebelión de Túpac Amaru II comprendió una serie de fases y etapas que irían dando forma a todo un proyecto político de emancipación, de rechazo a toda forma de colonialismo, que se puede corroborar en sus bandos y proclamas donde se muestran los pormenores de una radical transformación como lo señala el Proyecto de Tinta que nunca pretendió ante la práctica colonialista, una solución por partes.

Desde el idealismo madre de todo oscurantismo es común pretender mostrar que la solitaria hoja de parra es el nutrido bosque donde se escribe la historia; pero desde el materialismo histórico así como “no podemos juzgar a un individuo por lo que el piensa de sí., no podemos juzgarlo tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.” (Ibídem), no podemos tampoco pretender mutilar ni cercenar las extremidades que forman el todo concreto de un proyecto histórico que fue creciendo en forma y fondo.

Para muchos defensores del statu quo, todo el transitar de las luchas sociales sucedidos hasta nuestros días, no dejan de ser un conjunto de encuentros casuales de hojas esparcidas al viento, ajenas a leyes, sin ligazón entre ellas, manifestaciones socio - políticas que aparecen como un conjunto de aspiraciones, de acciones que estallaban al azar, totalmente ajenas a las condiciones históricas que la dieron origen.

Así se comprende que la existencia en el coloniaje de dos clases totalmente diferentes y antagónicas, en permanente proceso de confrontación, no fue una cuestión casual, ni sujeta a mandamiento divino alguno, sino que correspondía a la esencia y naturaleza misma del régimen de producción existente.

La historia de las luchas de los pueblos, de Latinoamérica en su conjunto, del desarrollo de los procesos de resistencia, de emancipación y de liberación nacional por el socialismo en nuestros días, demuestran que no son hechos aislados, cogidos por el azar y la casualidad, sino que éstas responden al desarrollo de las condiciones materiales de la sociedad.

Historiadores y apologistas del sistema de dominación imperante, defensores de la democracia burguesa, han venido elaborando hasta nuestros días la tesis idealista de la casualidad y los hechos inconexos, con la cual se pretende elevar a categoría de verdad la tesis idealista de que las manifestaciones sociales y políticas que estallan en los diferentes periodos políticos y épocas históricas son, producto del azar, revelaciones fugaces de grandes hombres y del estado de ánimo de las masas.

Pero ya, el materialismo histórico desde su nacimiento ha enseñado a estudiar, analizar y comprender todo fenómeno social en estricta relación con las condiciones materiales históricas en que se engendran y surgen. La existencia en toda sociedad dividida en clases antagónicas e irreconciliables entre sí, la lucha que se desarrolla y desencadena entre ellos, no constituye una cuestión casual, sino que ella responde a la naturaleza misma del sistema imperante, del régimen de producción.

No se puede tapar el sol con un dedo, ni mucho menos creer que los ángeles son nuestra proyección futura y sus flautines nuestras voces otrora combativas; la historia ha demostrado de manera concreta, clara y coherente que la aparición de los movimientos de resistencia respecto a un poder extranjero, de emancipación o de liberación nacional y, por el socialismo, de la lucha de clases en general y de las revoluciones políticas en particular, no son ni constituyen bajo ningún punto de vista, expresiones del volitismo y la espontaneidad; sino manifestaciones regidas por leyes que responden al desarrollo de las condiciones de vida, existentes en un régimen concreto.

El capitalismo, fase del desarrollo de la producción de mercancías en la que se convierten en mercancía no solo los productos del trabajo humano, sino también la propia fuerza de trabajo del hombre (Lenin. Obras completas. Tomo I. Acerca de la llamada cuestión de los mercados. Editorial Progreso Moscú. 1981. Pág. 92), no llegó por decreto, por una natural casualidad o impuesto por los dioses que renegaban de la feudalidad e imponían castigos divinos para expiar humanas concepciones que originaba la ilustración y doblegar revoluciones triunfantes, no llegó en doradas alas o salió de las espumas de algún lago sagrado; llegó como fase del desarrollo de las fuerzas productivas: del trabajo esclavo, de la concentración del capital en pocas manos y buscó la protección de la cada vez modernas fuerzas militares, de la suma de intereses particulares de una minoría “privilegiada” que diseñó el control de la sociedad a través del aparato estatal y el dinamismo de sus leyes; desplazó al feudalismo y protegió hasta donde le fue posible a los vestigios de la semi - feudalidad, en estricta sujeción a leyes propias de su desarrollo.

La pomposa aparición de la Revolución Industrial bajo el abrigo de los cañones y arcabuces fue determinada por las condiciones materiales existentes, y su desarrollo centrado en el continente europeo, contó con el “aporte” de la extracción sangrienta del oro y la plata, de la desaparición de civilizaciones enteras, de la mas feroz represión, modelo de “interculturalidad” del “encuentro de dos civilizaciones” distintas en modo de producción y diferentes en medios de producción cuyo sello de colonialidad se grabaría en la osamenta de más de 50 millones de indígenas asesinados, violados, exterminados en esta América indiana.

Crisis del Modelo Colonial

Todo es drama: el pueblo teje el acto liberador

“tejer el acto liberador nos llevó como pueblo a buscar un pensamiento genuino donde las preocupaciones por crear una teoría y una doctrina revolucionaria nos convirtieron en especuladores puros.”

En 1532 con la caída de la sociedad inca, se truncó un proyecto nacional de características propias, identitaria en su sentido local y continental; desde entonces el imperio español junto a sus socios comerciales y religiosos impusieron como política el trabajo esclavo para la extracción de metales preciosos que sustituyó las comunas agrícolas (José Carlos Mariátegui. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Esquema de la evolución económica) de esencia colectivista, que impulsó una creciente guerra comercial con otras potencias coloniales.

La crisis económica fue de suma importancia para el fermento revolucionario en la segunda mitad del siglo XVIII, “…la explotación de las minas, la única industria permitida y favorecida, que antes fue un negocio lucrativo que enriquecía a las castas gobernantes de la península y la colonia, se transformó en sombra de su antiguo esplendor. Numerosas minas de plata fueron clausuradas…” (Boleslao Lewin. Túpac Amaru. El Rebelde. Editorial Claridad. Buenos Aires. 1943. Pág. 31), es necesario mencionar que la crisis del modelo colonial, obligaría por iniciativa del Ministerio de Indias a la creación de nuevos impuestos cuyo peso estaría sobre los hombros de las ya empobrecidas masas indígenas.

El acrecentamiento de la crisis económica que sacudía las entrañas imperiales y debilitaba la hegemonía colonial española dentro de la contradicción inter - imperiales, intentó ser resuelta con la implementación de una política económica de libre comercio (aunque limitada por su acentuado proteccionismo) bajo los auspicios del Ministerio de Indias y la Compañía quipuzcoana, política que a la larga, no pudo competir con el capitalismo inglés (Inglaterra, luego del tratado de Metuen (1701), utilizó a Portugal como agente económico y base del contrabando cuestión de la independencia, a cambio de ayuda emancipadora se ofrecía el monopolio del comercio, el protectorado de las nacientes repúblicas y el consentimiento de la existencia de la deuda pública que derivaría en deuda externa. El problema de la dependencia creada bajo el interés de la naciente oligarquía, mostraba sus primeros síntomas y ésta no sería agradable para el pueblo) que desarrollando una política de copamiento de mercado utilizó a Holanda como agente de penetración (como lo hace hoy con Brasil el imperialismo) de contrabando, estableciéndose posteriormente como política de estado en materia de comercio internacional.

La primera revolución industrial que mostraba sus primeros pasos, permitió el crecimiento de la producción inglesa que comenzó a exigir de dos elementos fundamentales para el desarrollo del capitalismo: mercado y materias primas que posteriormente se transformaría en lo que Carlos Marx en El Capital observara como I) transformación de la economía natural de los productores directos en la de mercado, II) la transformación de la economía de mercado en capitalista, como condición indispensable para una economía de mercado.

La política de comercio, implementada con muchas restricciones orientada a un fuerte proteccionismo del mercado, se orientó al enriquecimiento de la casta parasitaria - española y derivó en luchas sangrientas inter - invasoras que buscaban la posesión de tierras, recursos y esclavos que los permitiría convertirse en funcionales agentes del naciente sistema.

La crisis fue el detonante que fermentó las ideas precursoras de la primera independencia, generando núcleos clandestinos revolucionarios que impulsaron estallidos de violencia y una sostenida política de alianza estratégica con los estados europeos y de manera preferente con la corona británica a quienes plantearon la

La lucha de clases, no señalada así, empezó a caminar bajo el auspicio de levantamientos sociales y políticos que mostraban dos características de su desarrollo: en lo estratégico a) el deseo de independencia y, en lo táctico b) su fidelidad al monarca español.

Estas manifestaciones estremecerían el altiplano sur - andino con una volcánica erupción político - militar que desbordaría décadas de tensiones contra opresores, dando lugar al más grande movimiento emancipador anti - colonial.

Su centro simbólico fue el Cuzco, otrora capital del estado inca, cuyas repercusiones romperían las barreras cordilleranas para ofrecer a los pobres y desposeídos del continente, un Programa Revolucionario (El Programa Tupacamarista proponía en 1) lo político: la emancipación y el derecho a la autodeterminación, con un gobierno de pueblos explotados 2) En lo económico: retorno al colectivismo comunitario como base del desarrollo nacional, 3) En el aspecto social: la igualdad entre hombres y mujeres explotados) que abrió una “etapa de insurgencia” indígena no solo por el nivel de participación material y de recursos humanos, sino fundamentalmente en razón de su Programa.

“solo siento de los paisanos criollos, a quienes ha sido mi ánimo no se les siga algún perjuicio, sino que vivamos como hermanos, y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos. Todo lo cual, mirando con el mas maduro acuerdo, y que en esta pretensión no se opone…sino sólo a suprimir tanto desorden, después de haber tomado por acá aquellas medidas que han sido conducentes para el amparo, protección y conservación de los españoles criollos, de los mestizos, zambos e indios, y su tranquilidad, por ser todos paisanos y compatriotas, como nacidos en nuestras tierras, y de un mismo origen de los naturales, y de haber padecido todos igualmente dichas opresiones y tiranías de los europeos” (Túpac Amaru II. Edicto para la Provincia de Chichas. Diciembre 23 de 1780).

Con lo que se puede afirmar que la cuestión de la emancipación estuvo marcada por una profunda idea de soberanía, autodeterminación y autonomía comunitaria, zanjando de manera clara con toda posibilidad de conciliación de clases, dando forma a un proyecto revolucionario de “todas las sangres”, a decir de J. M. Arguedas.

Mirando el pasado para construir el futuro

La capitulación de Toledo

“Salid enfermedades y pestilencias De entre la gente Y de este pueblo.
Déjanos”

El primer acto de agresión y exterminio, fue la tragedia de todo un pueblo, el drama lacerante de una guerra declarada por la posesión del oro y la plata, de la posesión de nuevos mercados, con la Capitulación de Toledo, la naciente burguesía verdadero titiritero de intereses comerciales y políticos, firmó en las sombras la expansión de su capital y su ascenso como clase, como nuevo sujeto histórico destinado a sembrar de dolor la humanidad entera.

La raquítica y endeudada monarquía hipotecó su destino y la comedia del poder omnímodo dejo ver las entrañas de su origen: la miseria moral de una época en decadencia junto a la patética y desesperada necesidad de los reyes de España que se negaban a dar paso a las nuevas fuerzas sociales.

Característica fundamental de la invasión y posterior asentamiento colonial, en el esquema expansivo español, mas allá de su militarismo fue su carácter económico - empresarial, resultante del contenido y esencia de la Bula Intercaétera, que además de fijar los límites entre Estado y socios empresariales, otorgaba materia de fe a las empresas de invasión y saqueo las mismas que estaban reglamentadas a través de las Capitulaciones, adquiriendo por tanto el saqueo del nuevo mundo, la resolución de un contrato bilateral, por el cual el empresario, descubridor primero y socio comercial después, adquiría en pacto con la Corona de España”.

La Capitulación de Toledo firmada el 26 de julio de 1529 ante los acontecimientos históricos, “por su contenido y objetivos, constituyó de hecho una tácita declaratoria de guerra” (El Tahuantinsuyo en la década de 1520 a 1530) de la corona española al estado Inca, y fue comprendida como parte de los planes de posicionamiento geoestratégico imperial, de un obligado “espacio vital” (Desde 1493 surgieron las bulas que dejan testimonio del “munífico donativo”: Inter Caetera, Dudum Siquidem, Eximiae Devotionis, Universalis Eclesiae, Romanus Pontifex, Omnimoda, o Sublimis Deus, fueron los nombres de las bulas con las que personajes como Alejandro VI, Julio II o Adriano VI, regalaron a América y encomendaron su evangelización. Así mediante un acuerdo de delincuentes la Corona le dio protección y exclusividad de adoctrinamiento a la iglesia católica y ésta en representación de Dios le donó a América. Redondo negocio de mutuo como asqueroso beneficio montado sobre las premisas del aniquilamiento y la esclavización de los pueblos indígenas. Y como era apenas obvio, la Corona entonces adquirió el derecho también de intervenir en asuntos que antes eran competencia sólo de la Iglesia católica, como lo de cobrar diezmos, nombrar misioneros y candidatos para todos los cargos eclesiásticos, etc.; atribuciones que se definieron con el establecimiento del Patronato Real y del Vicariato Regio”. Jesús Santrich) para la posesión de mercados, el saqueo de recursos naturales, estratégicos, la explotación de hombres y, de sociedades enteras. El proceso de expansión del feudal - imperialismo europeo al capital comercial, permitió el ascenso como nueva clase política a la naciente burguesía que luego de profundas luchas internas había empezado a posicionar su ideología y su proyecto de hegemonía; con ella venían los potros de la barbarie, la necesidad de destruir todo aquello que fuese ajena a sus intereses: la cultura y cosmovisión de los pueblos invadidos.

La invasión, ocupación y conquista española, regida por el principio de las realengas desde la época de las guerras de los señores feudales contra los musulmanes, impuso a los pueblos sojuzgados su religión, su modo de producción, su sistema político, germen de las futuras nacionalidades, destruyó las culturas y sociedades originarias, uniformizó con el mestizaje la fisonomía política y moral de los pueblos, la economía feudal se impuso a las comunas agrícolas y a la organización colectivista. Todo se descompuso.

Bajo el amparo del Papado, constituido en supremo poder espiritual y económico para financiar el saqueo, la destrucción y el genocidio, se dio comienzo a la mayor de las guerras de ocupación colonial, con efectos en la sociedad prehispánica primero y republicana después, similar a la ocasionada por las dos guerras mundiales inauguradas por la voracidad capitalista en el siglo XX: el mercado abría las puertas de su ideológica y su civilización, Cristóbal Colón aventurero de profesión, junto a sus bandas filibusteras inauguraría la época del terror en Latinoamérica (“Con el propósito de impulsar la colonización…Colón repartió mercedes de tierra a quienes deseaban avecindarse y aceptó que los aborígenes fuesen propiedad de sus conquistadores…”. Prieto Pozos Alberto. Centroamérica en Revolución. Ediciones Políticas. La Habana. 1987), con la imposición del pago de tributo en oro y algodón a los originarios antillanos, y el trabajo forzado (oya Pons Frank. La Española en el siglo XVI. Editorial UEMM. 1973).

En este proceso la “evangelización” del capital en expansión, bajo la forma de religión, se constituyó en pretexto para legitimar las campañas militares de ocupación, apropiación, de cerco y aniquilamiento a poblaciones indefensas que resistían a la cruz y la espada.

Aceleró este doloroso proceso para nuestros pueblos, el trágico estallido de la guerra civil inca ocurrida en 1529, como resultante de sus propias contradicciones: aristocracia sacerdotal contra aristocracia guerrera (Panaka de Pachacuti contra la Panaka de Túpac Inca Yupanqui), estado imperial contra señoríos locales (Cañaris, Chachapoyas, Huancas, etc.); estado imperial contra esclavos yanaconas (llamados también mitimaes forzados); estado imperial contra campesinado hatunruna (vasto sector perjudicado por la guerra) (Luis Guzmán Palomino. “Conquista española y resistencia nativa”).

El proceso de guerra de invasión y conquista, que obligó la intervención militar - religiosa, destinada a resolver la crisis del estado español como consecuencia de las deudas impagos a la burguesía, determinó que los mercenarios actuaran merced a un proyecto de expansión colonial, diseñada por los estrategas de los países que ingresaban en el circuito del naciente capitalismo.

La vanguardia militar de la marea mercantilista germen del capitalismo, que sentarían sus reales en estas tierras, marcarían con la ambición y el egoísmo, la destrucción de un naciente estado en formación.

“Doy licencia e facultades a vos dicho capitán Francisco Picarro para que por nos en nuestro nombre e de la corona real de castilla podáis continuar el dicho descubrimiento conquista e población de la dicha provincia del Perú hasta doscientas desde el pueblo que en la lengua de los indios se dice teninpulla y que después le llamastes Santiago hasta llegar al pueblo de Chincha que puede aver las dichas doscientas leguas de costa poco más o menos”.

“E sy no hiziéredes o en ello dilatación maliciosamente pusyéredes certificados que con la ayuda de dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros y vos haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos e vos sujetaremos al yugo e obediencia de la iglesia y de sus majestades e tomaremos vuestra personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos y como a tales los venderemos …e vos haremos todos los males y daños que pudiéramos como a vasallos que no obedecen…y protestamos que las muertes y daños que de ellos se recreciere sea vuestra culpa y no de sus majestades…” .

Vasallaje o libertad, esa fue y es la disyuntiva no resuelta del proletariado en el terreno del capitalismo dependiente - neocolonial, la primera es consustancial a la burguesía criolla que ha hipotecado su porvenir al mercado, que no se siente parte del Perú integral, que desde sus orígenes implementa una política de saqueo, destrucción y venta de la patria, que sometida a la voracidad del mercado y la rapacidad imperial, forman parte del eslabón de una cadena opresora; la segunda es la afirmación de la orientación revolucionaria, el sentido histórico de las masas explotadas, es su programa, forman la necesidad inconclusa de los pobres de la patria que ratifican la necesidad de clase en su transformación y destino.

La interpretación de este problema se encuentra en la crítica socialista a toda forma de dependencia política, social, económica y cultural, cualquier otra forma de “solución” constituye un acto superfluo, subjetivo, mentiroso de la realidad concreta. Porque vasallaje fue la esencia buscada por el invasor en la incipiente globalización imperial que impuso zonas de “explotación” y de “exclusividad”, unas asentadas en las estribaciones andinas que fueron destinadas para el trabajo esclavo de las minas y la tierra; otras ubicadas de forma estratégica en las costas del pacífico, diseñadas para la implantación de la administración colonial y el asentamiento de una elite parasitaria, que garantizará: un área comercial funcional a la creación de mercados y otra, concebidas como enclaves militares para la protección de sus intereses.

PRIMERA TORMENTA

Vilcabamba: Guerra de Resistencia

El Pueblo Forja su Porvenir

No fue posible escribir un libro de campaña sobre la guerra de resistencia inca, pero por su violencia, grandeza, dolor, principios que la animaron y su posterior transformación hicieron de Vilcabamba (Vilkapampa, en idioma aymara deriva del vocablo Sol) el símbolo latente de la nacionalidad y teatro político - operacional de la primera gran tormenta de guerra de resistencia patria.

Importa señalar que si bien Vilcabamba resume nuestra historia, no por ello, deja de ser nuestra amargura continental por lo que pudimos ser y no se concretó, las pugnas y rivalidades entre señoríos y afanes caudillescos, ofuscaron el futuro de un pueblo y su horizonte estratégico: la unidad latinoamericana.

Ubicada en las montañas orientales de La Convención (Cuzco), entre los ríos Apurímac y Vilcamayo (Urubamba), su geografía agreste la convierte en una zona de muy difícil acceso por la inexistencia de vías de comunicación. Según refieren datos de la época (siglo XVI) solo existen caminos “ruinosos y fangosos”, la misma que la convierte en un escenario ideal para el desarrollo de una guerra prolongada en el plano estratégico.

Desde 1536, esta fortaleza natural pasó a convertirse en zona de guerra y corazón de la resistencia; el traslado político, social, económico, cultural y militar del incario fue una dolorosa y terca apuesta en el futuro, donde se mantuvo la organización social y administrativa estatal del Tahuantinsuyo, como parte de la batalla ideológica y cultural se protegió la religión.

La fase de retirada estratégica fue obligada por las condiciones históricas de periodo y bajo presión enemiga, esta tuvo un objetivo: conservar las fuerzas, iniciar un proceso de acumulación de fuerzas, llevar al enemigo al teatro de operaciones en profundidad y desplegar una intensa campaña de contraofensiva que coronara con la victoria las armas de la resistencia; la forma principal de la lucha fue la de guerra de guerrillas por su flexibilidad, versatilidad y movilidad operacional.

Con tales objetivos, se inició un periodo de preparación táctico - operacional de hombres y territorio, construyendo en ese fin una estratégica red de caminos que permitió articular una amplia zona de combate.

La creación de bases de apoyo fue vista como una cuestión de importancia cardinal en la guerra a desarrollarse dada las características que revestía una guerra prolongada y la finalidad de la contraofensiva estratégica: Macaparo, Momori, Acobamba, Otaynas, Paro, Talavara, Apaylla, entre otras.

Vilcabamba designada capital política, Vitcos, Lucma, Rangalla, Puquiura, Choquequirao, Marcanay, Pampaconas fueron construidas dentro de la concepción de “ciudades - fortalezas” donde se concentraron tropas y población.

Pasado el efecto del audaz golpe de mano, propinado por el invasor colonialista, la casta militar primero y luego el pueblo en su conjunto, comenzaron a ocupar su puesto en la lucha liberadora, hombres, mujeres y niños, empezaron a conformar las nuevas brigadas de combatientes, convertidos en ejercito de reserva, acuñaron el porvenir en las agrestes montañas de Vilcabamba.

El asesinato de Atahuallpa Inca, no significó desde ningún punto de vista político ni mucho menos militar el fin del estado inca, tan solo selló el fin - a decir de historiadores - de la rebelión de los aukis, por tanto, paso necesario para restablecer el orden estatal según los waskaristas, la instalación de un estado tutelado bajo el manto de un monarca títere para el mercenarismo que diseñaba su campaña de invasión y conquista con el auspicio de una importante fracción colaboracionista de señoríos renegados y oportunistas (Chachapoyas, Huancas, Cañaris, etc) que conformarían un numeroso y decisivo “ejercito combatiente de línea” que actuando bajo las banderas invasoras combatirían a su propio pueblo:

“Fue…gran providencia del señor, que cuando fueron los primeros españoles, hallaron ayuda en los mismos indios, por haber parcialidades y grandes divisiones…”( Acosta. Cronista español. 1590, Lib. VII. Citado por Waldemar Espinoza Soriano en “La Destruc- ción del Imperio de los Incas”. Amaru Editores. Lima. 1986).

En estas condiciones políticas, mientras la intriga y la confusión reinaba, aprovechando la debilidad estatal que había provocado las luchas internas, Manco Inca, fue designado nuevo gobernante del Tahuantinsuyo por un grupo de partidarios, nombramiento que no fue del agrado del General Quiskis quien propuso en la línea de sucesión a Paullo Inca, por otro lado en Cajamarca, con el apoyo de las fuerzas de ocupación, Túpac Huallpa de la casta de los orejones fue erigido inca, fortaleciendo el poder del General Calcuchímac.

La guerra civil se desencadena con mayor furia, un estado en descomposición y desorden, elevaba como política la represión y matanza inter - étnica, mientras el invasor implementaba su plan de control territorial con la construcción de ciudades estratégicas en los territorios que ocupaba y su hegemonía política se fortalecía; Túpac Huallpa era envenenado.

La confrontación militar entre Paullo Inca que se había posicionado en la región del Collao y Manco Inca que ocupaba las abruptas montañas en la ceja de selva, profundizaron la crisis existente.

Mientras la anarquía reina y en el frente de guerra se combaten unos contra otros, los cuzqueños se han reorganizado y reconocen a Manco Inca como único señor, quien luego de rescatar a las casi vencidas fuerzas de Diego de Almagro del asedio militar del dirigente indígena Yuqra Wallpa, esperó en las alturas de Vilcaconga a Francisco Pizarro con quién pactó una alianza militar de carácter táctico - operacional, orientada a la destrucción del ejército quiteño dirigida por Quiskis como componente de su emergente estrategia de guerra de resistencia.

Los jefes de los casi 200 señoríos que integraban el Tahuantinsuyo, se habían dividido, escindido y destrozado la incipiente política de unidad nacional, gracias a la hábil política de división y penetración en líneas interiores diseñada y puesta en práctica por Francisco Pizarro y su Estado Mayor de Guerra: el enemigo había sabido capitalizar la crisis existente y profundizado las contradicciones.

MANCO INCA

“Yo estoy determinado de no dejar cristiano en vida en toda la tierra y para esto quiero primero poner cerco en el Cusco; quien de vosotros pensare servirme, servirme en esto, ha de poner sobre tal caso la vida; beba por estos vasos y no con otra condición”.
Manco Inca
Arenga desde su refugio en Calca

Manco Inca Yupanqui, conocido como Manco Inca II, fue el primero de los cuatro incas que organizó la resistencia en las montañas Vilcabamba, hijo de Huayna Cápac, fue asesinado por partidarios almagristas delante de su hijo Titu Cusi Yupanqui quien narró la muerte de su padre. Como cronista indio escribió el último mensaje sobre la política del enemigo de los pueblos cuando aún se encontraba agonizante: “No te dejes engañar con sus melosas palabras, son todas mentiras, si tú les crees te engañarán como lo hicieron conmigo”. En las plazas y calles de Vitcos y Vilcabamba, fueron exhibidas las cabezas de los 7 asesinos del Inca.

Luego de estudiar al enemigo, de internarse en su alma, de escudriñar cada pedazo de sus entrañas, Manco Inca, supo aquilatar el presente con el futuro; en el silencio de la noche que lo envolvía, entre los desgarradores gritos que surgían desde el fondo de las voces de quienes cayeron defendiendo la otrora poderosa sociedad inca, fue puliendo y preparando sus armas políticas, militares, económicas y sicológicas, instrumentos de una pensada larga guerra de resistencia con los cuales se pondría de manifiesto una novedosa fase que se podría denominar de retirada estratégica, la misma que será coronada por la historia.