Teoría de la Implosión

24.Jun.12    Nacional
   

Teoría de la Implosión.

En la fotografia se muestra a las personas de la derecha que forman parte del actual gobierno del MAS.

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Los agudos conflictos que viven el país, a nivel de confrontaciones entre la población y el Estado (COB, Magisterio, Potosí, Caranavi, Fabriles, Médicos, Tipnis); enfrentamientos entre diferentes sectores (límites entre Potosí y Oruro, comunidades, ayllus, cooperativistas mineros, asalariados mineros) por causa de las políticas de gobierno o de su ausencia; las pugnas y peleas internas dentro del MAS y del Gobierno (canibalismo político); pero además el quebrantamiento del aparato represivo policial (motín), nos exigen exponer la “Teoría de la Implosión”, como instrumento de interpretación de la realidad.


Teoría de la Implosión

Evo es el percutor de la implosión

La implosión es un concepto acuñado para explicar las contradicciones que se presentan dentro de Bolivia y que tienen como polos antagónicos (dialecticos) al gobierno de Evo Morales enfrentado al pueblo insurgente. Ambos bloques, el Estado Plurinacional y Pueblo Insurgente (cada uno con sus propias contradicciones menores y secundarias), tienen intereses diferentes y también algunos comunes. ¿Cuál es el elemento percutor que dispara estas contradicciones? Es la incoherencia del mismo Evo Morales, el desencuentro entre lo que dice y hace.

El protagonismo de Evo Morales le ha hecho pensar que es el caudillo popular más importante de la vida política del país. Caudillo o mejor dicho líder caudillista, incapaz de crear estructura social o dirección colectiva, por el contrario, concentra y centraliza las decisiones por más que el Estado Plurinacional ha asumido un modelo autonomista, que por el efecto del caudillismo es un procedimiento declarativo. No hay descentralización ni autonomías reales en el país porque cualquier conflicto termina, en sus demandas y soluciones parciales en la ciudad de La Paz, cede del gobierno.

Si se analiza la distribución políticas de los gobiernos departamentales y municipales, más de dos tercios de los mismos están en manos del MAS. ¿Por qué, ninguna de estas instancias tiene capacidad de resolución de conflictos que terminan con movilizaciones, peleas, muertos y heridos incluidos? Hay un conflicto en Yapacani y termina con la intervención policial ordenada desde La Paz, Ministerio de Gobierno. Hay un problema entre Quillacas y Coroma (disputa territorial entre comunidades por un cerro con recursos minerales) y debe intervenir un Ministerio desde La Paz.

Esta situación ha llevado a Evo a transformarse en Evolatra: megalómano, macho, panzo-falocrático. Genera con su comportamiento una distorsión fisiológica paradigmática. “abre la boca y mete la pata”. Cuya consecuencia inmediata es la distorsión entre forma y contenido: un presidente indígena que actúa centralistamente, colonialmente, machistamente y lo más triste de forma neoliberal, rentista y capitalista.

Evo es el percutor, el agente que dispara la implosión. Evo, es el principal actor para el desdibuja-miento de la causa indígena. Desdibuja la causa indígena porque la convierte en pachamamismo, es decir: “El pachamamismo se constituye en un concepto mítico, animista, es un símbolo en base a la cosmovisión andina, que políticamente representa y actúa bajo el precepto ideológico y político del capitalismo, porque en nombre del animismo pachamámico los pensadores de este tendencia se desprenden de toda objetividad de análisis económico, social, para mostrarse como un hecho exclusivamente cultural, idealista, sin una alternativa transformadora de la realidad socioeconómica, política, ideológica y mucho menos descolonizadora”; “Los defensores del pachamamismo masista hablan de defender a la madre tierra de manera lírica, sin querer entender los órdenes sociales y económico capitalistas que transforma la naturaleza para su destrucción; no sólo se trata de preservar el ecosistema, de lo que se trata es de transformar la estructura de la organización humana, destruir el viejo aparato estatal burgués, transformar las relaciones sociales de explotación. No se trata de criticar al capitalismo, al imperialismo o de gritar ¡pachamama o muerte!, de lo que se tratas es de ser coherente con lo que se dice y se hace, no se trata de hablar de la pachamama, como algo romántico o folclórico” (Félix Encinas, entrevista Periódico Insurgent@ Nº 17, pg. 6). Y miente, porque el “jefazo” no dice toda la verdad, afirma –por ejemplo- que la Ley Nº 144 es liberadora para las comunidades campesinas e indígenas cuando en realidad es el instrumento de legalización de la producción de alimentos transgénicos del agronegocio y latifundio del oriente, que nos está robando el derecho a tener una alimentación sana y natural, pero además transparente en cuanto a su producción y componentes.

¿Cómo nace el concepto de implosión?

El conflicto de Caranavi, donde la población reivindica una promesa de campaña de Evo Morales: la construcción de una planta procesadora de jugos para atender la producción de cítricos de la zona, que es respondida con una feroz represión policial que deja dos muertos y varios heridos, amén de la violación de los derechos humanos de la población, como ser allanamientos, detenciones arbitrarias, vejámenes y malos tratos (torturas), se presenta como una contradicción al interior de la alianza entre sectores del pueblo con el gobierno indígena del MAS. Esta realidad fue interpretada y publicada en el Periódico Insurgent@ Nº 7, de septiembre de 2010 con el siguiente texto: “La coyuntura en Bolivia se caracteriza por una implosión de la institucionalidad del Estado Plurinacional. Esto se explica por la inexistencia de una aguda contracción entre el proyecto gubernamental con la derecha, de manera que las contradicciones dominantes en la coyuntura se dan al interior del “proceso de cambio”, entre el Estado y el Campo Popular, la Comunidad, las Naciones Originarias, la Insurgencia del Trabajo, entre otras”.

Una implosión es la mejor explicación de la situación que se vive en Bolivia, marcada por los enfrentamientos internos dentro del MAS y del Gobierno; la represión desde el Estado de las demandas populares de Caranavi y Potosí; el intento de encubrir y volver impunes los actos de violación a los derechos humanos que comete la institucionalidad represiva del Estado.

La afirmación de que existe una implosión y de que no hay un conflicto tradicional, marca la diferencia en una coyuntura donde un supuesto gobierno de cambio se desgarra desde adentro.

Teoría de la implosión del “proceso de cambio”

En el núcleo del proyecto indigenista, populista y prebendal del MAS se encuentra la Institucionalidad del Estado Plurinacional, delineada en la nueva Constitución y construida desde la gestión gubernamental. En la periferia de este proceso se encuentran los grandes problemas irresueltos por la Nación Boliviana y el Estado Colonial, Republicano y Neoliberal; la explotación del capital sobre el trabajo; el colonialismo; la revitalización de la agroindustria y el latifundio; la prolongación de la pobreza; la depredación del medio ambiente; el saqueo permanente de nuestros recursos naturales; la condición estructural de país productor de materias primas; la represión y la tortura desde las instituciones del Estado; la interpelación desde la insurgencia a la contradicción entre lo que se dice y se hace, entre otros. Todos estos factores de la vida económica, social, política, ideológica, filosófica y cultural hacen como explosivos que presionan sobre la superficie externa de la institucionalidad plurinacional, detonando y cuya onda expansiva se dirige hacia el centro.

La presión de esta “onda” que se mueve al núcleo, lo convierte en fisionable, comprimiendo y aumentando su densidad hasta alcanzar el actual estado crítico. ¿Qué se encuentra dentro del núcleo de la institucionalidad del Estado Plurinacional? Discurso y coerción; simbolismo y palo, pero no significado.

La institucionalización del Estado Plurinacional es como una caja de cartón, sus paredes internas sufre una presión interna que es el discurso dado por Evo Morales-Alvaro García Linera. Sin embargo, la presión externa sobre sus paredes es superior, de manera que la implosión es la ruptura hacia adentro de esta estructura. No es el discurso y la presión de la derecha los que destruye las paredes de la institucionalidad de este proyecto, sino la presión de la realidad sobre la construcción discursiva y simbólica de la “revolución democrática y cultural”.

La implosión abre explicaciones y permite perfilar lo que acontecerá

No hay coherencia entre el simbolismo que se ha construido durante estos años con la cotidianidad, es decir, hay una forclución: un significante sin significado, un vacío, una ruptura en la trama significante.

Anulada la derecha en Bolivia, por decisión del pueblo en su conjunto (recordemos que la derecha política está muerta: Tuto, Manfred Reyes Villa, Goni, Paz Zamora) al MAS no le queda otro camino que cumplir con lo prometido al pueblo o mostrar su verdadera esencia. Esto va a generar un quiebre interno –más allá de la salida de varios grupos políticos de este partido- porque las condiciones objetivas de pobreza no se superar mediante un modelo neoliberal prebendal y rentista, como el que fue impuesto en estos años.

Es curioso, para finalizar esta reflexión implosivista del proceso boliviano, señalar que la rebelión del Departamento de Potosí, término reclamando al Estado Centralizado en La Paz, la solución de sus problemas, dando al tacho de la basura la propuesta de autonomías departamentales, aprobadas meses atrás. Si la autonomía departamental propugnada por el gobierno fuera cierta, es decir coherente en su núcleo, las regiones no tendría que reclamar presupuesto y proyectos al gobierno central, pues –supuestamente- la autonomía debería darles recursos y la capacidad de toma de decisiones para resolver por sí mismos obras como aeropuertos regionales, caminos o fábricas de cemento.”

La derecha está dentro del MAS y del gobierno, por lo tanto la contradicción pueblo insurgente-mal gobierno del Estado Plurinacional es vigente y marca el carácter implosivo del proceso

La contradicción entre derecha-izquierda queda enmascarada, porque el conflicto se da entre el pueblo insurgente y un gobierno supuestamente indígena/populista. El pueblo insurgente es la izquierda revolucionaria y es la expresión viva de la lucha histórica de los pueblos indígenas y las naciones originarias, mientras que el gobierno del MAS cada día responde integralmente a la visión capitalista, colonial y rentista. Para no darle muchas vueltas y para visibilizar este enmascaramiento de la derecha dentro del Estado Plurinacional, veamos algunos rostros y acciones:

El mosaico fotográfico siguiente muestra, como ilustres personajes de los partidos neoliberales de derecha forman parte medular del actual gobierno, son sus candidatos para puestos públicos y –obviamente- que no se encuentran aislados e individuales dentro del MAS y del Gobierno. Cerramos esta figura, parafraseando al tribuno constitucional plurinacional Cusi: “sólo los giles creen que este es un gobierno de izquierda”.

Caracterización: el capitalismo rentista

La economía “estratégica” del plan de gobierno masista se cimienta en la continuidad de la vieja matriz colonial: saqueo de nuestros recursos naturales, seguimos siendo el país exportador de materias primas, ¿dónde está la industrialización o el cambio de matriz productiva?
rentismo

La “nacionalización” ha sido la renegociación de contratos con las petroleras transnacionales, con el fin de obtener una mayor renta petrolera. Esta no es una medida patriótica, porque mantiene nuestra dependencia a grado tan extremo, que el mal gobierno se vio en la necesidad de dictar un feroz gasolinazo neoliberal, en diciembre del 2010. La movilización del pueblo insurgente revertió esta medida. Cada año el gobierno importa más diesel, lo que patentiza el fracaso de la política hidrocarburífera gubernamental. Los recursos extraordinarios de este proceso, el gobierno lo ha venido dilapidando, a grado tal que no puede dar un aumento de salarios dignos a los trabajadores, tal como lo patentizamos cada año.

Fortalecimiento del latifundio y los agronegocios transgénicos

Alvaro García Linera, hace varias semanas anunció una de las medidas pro oligárquicas y pro latifundistas más importantes de la actual gestión, pausar la función económica social de los procesos de saneamiento de tierras, aspecto que evitaría –definitivamente- cualquier posibilidad de reversión de las tierras latifundistas, mal habidas y mal mantenidas, dando paso al incremento del rentismo de la tierra acorde al capitalismo rentista (valga de redundancia) que caracteriza a la economía del país.

La Ley Nº 144 da la razón a los agronegocios, como política oficial alimentaria en el país al legalizar los transgénicos en Bolivia. La política de seguridad alimentaria con soberanía es la mayor demagogia del gobierno y evidencia su carácter implosiva al engañar a la población.

En relación al Tipnis: el Estado Plurinacional ha implosionado: ¡no es viable!

La represión policial a la Octava Marcha en Defensa del Tipnis realizada en la localidad de Chaparina, en el Departamento del Beni, ha sido la implosión del Estado Plurinacional y la muestra palpable de que es inviable; fue la represión contra indígenas ejecutada por un Estado que se ha declarado “indígena” en todo lugar y en todas las formas posibles.

“Cuando se habla de implosión, se asemeja a un gran edificio, que cuando se lo quiere demoler se utiliza explosiones en las principales estructuras internas de la construcción, de manera que la demolición posibilita que los escombros caigan hacia adentro. Hacia el centro. Si se analiza de manera general todo el conflicto, se llega a la conclusión que el mismo Evo Morales y sus Ministros son los autores directos de la represión policial a los marchistas, son CULPABLES de la represión, porque el gobierno asumió la conducción del conflicto desde el Estado, hizo maniobras y presiones, además de construir una situación cuyo único resultado era la represión policial. Lastimosamente –para el gobierno- su planificación fracaso, generando la implosión de su mismo Estado”. (Boletín Nº 149, Patria Insurgente, 2 octubre 2011).

El estilo de resolución de conflictos del Evo (estrategia) desacredita al Estado Plurinacional y lo hace víctima de la implosión

Evo Morales, como Presidente de Bolivia, no ha dejado atrás sus prácticas y mañas como dirigente sindical, con la diferencia de que ahora tiene a disposición la fuerza del aparato del Estado. El “estilo de resolución de conflictos” que tuvo y tiene Evo se define como “nunca resolver un problema”, “posponer su solución”, “alargar el conflicto para buscar un escenario más favorable”. Este estilo, se observa ahora con mayor claridad en el caso de la lucha por la defensa del Tipnis y el conflicto médico que vivió el país las semanas y meses pasados (nunca derogó el Decreto Supremo que imponía las 8 horas aún y pese de su desgaste y desprestigio). En todo caso, esta estrategia se transparenta con la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional sobre la Ley de consulta posterior que el gobierno impulsa ahora contra la población digna del Tipnis.

Cada dirigente acuña diferentes estilos de lucha y formas particulares de encarar los conflictos. Durante los años que Evo fue dirigente sindical en el Chapare, el movimiento cocalero acudió al bloqueo de caminos, las marchas y movilizaciones, la defensa de sus cultivos mediante el uso del acoso contra las fuerzas de erradicación (la instalación de “cazabobos” por ejemplo), aspectos que no son un invento nuestro, sino hechos de la realidad consignados en la historia. Sin embargo, esta protesta social, esta movilización no estuvo exenta de diálogos, negociaciones y acuerdos con los gobiernos neoliberales privatizadores. La dirigencia cocalera, para evitar derrotas y lograr triunfos, se vio obligada a pactar acuerdos, que en ningún caso cerraron las posibilidades de luchas futuras. En esta escuela de la vida, Evo Morales aprendió, a maniobrar, a ceder algo, pero nunca buscó una solución real y definitiva a los conflictos, ya que con ello garantizaba su liderazgo para el futuro.

A nivel interno, en la pugna sindical por el liderazgo del movimiento cocalero, se dedicó a eliminar, uno a uno a sus contrincantes, sistemáticamente, de manera de no tener “sombras”, ni líderes que le puedan disputar la dirección absoluta del movimiento. Es algo así como el “rodillazo presidencial”, del que todos nos acordamos…, o la actual campaña de desprestigio y denigración contra los dirigentes de la CIDOB y del TIPNIS, ya que bien sabe Evo, que nuevos liderazgos indígenas y populares pueden destronarlo de su “reino plurinacional”.

Fíjense, como ahora se replica estas viejas prácticas, pero encarnadas por el gobierno. Esto nos lleva a tener presente que en los conflictos entre el pueblo insurgente y el gobierno se debe lograr una solución real de los problemas y si se deja una puerta abierta, esta debe ser para alentar las luchas futuras y no las maniobras estatales.

El gobierno tiene el control del aparato del Estado, con la subordinación del legislativo y judicial al poder ejecutivo. A nosotros nos parece que eso es lo real, se dio antes, en los anteriores gobiernos de derecha y se da ahora, pero con la diferencia de que el gobierno de Evo Morales lo oculta, pues afirma que hay independencia de poderes. Un gobierno revolucionario debe tener centralidad, pero no puede ocultar esta realidad como lo hace el actual régimen. Por eso decimos: mentir es igual o peor que robar.

Bueno, volviendo al tema, el martes 19 de junio, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) dispuso la paralización de la consulta post impulsada por el gobierno en el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) al declarar la constitucionalidad condicionada de la Ley 222, hasta que no se encuentren consensos con las organizaciones y pueblos indígenas. “Ruddy Flores Monterrey, presidente de la entidad, dijo a ERBOL que el proceso de consulta necesariamente debe reconducirse, si es que se pretende dar validez al ejercicio pleno del derecho fundamental” (Periódico Digital de ERBOL: TCP paraliza consulta hasta que haya acuerdos; mueren 2 indígenas en la IX Marcha) ¿De qué se trata esto? De la forma como Evo Morales y su gobierno encara los conflictos.

La incapacidad de dar soluciones estructurales a los problemas del país lo llevan a buscar –maniobras de por medio- salidas no definitivas, pues dicha sentencia constitucional, al margen de lo sui generis, le otorga aliento al gobierno en una coyuntura donde la marcha indígenas y popular en defensa del Tipnis está en las puertas de la ciudad de La Paz.

El gobierno de Evo es incapaz de obligar a su Tribunal Constitucional Plurinacional a dictar una sentencia cristalina y transparente, como lo sería declarar la constitucionalidad de la Ley 222 y la inconstitucionalidad de la Ley 180, Ley Corta que protegía al Tipnis bajo el mandato de la intangibilidad y la prohibición de la construcción de la carretera.

Pero aquí, cualquier persona con sano juicio preguntaría: ¿para qué dar tantas vueltas?.

Pues bien, este es el carácter implosivo del gobierno de Evo Morales, que no es capaz de dar una solución estructural, ya no a temas económicos y de relaciones de poder, por ejemplo, sino a un problema tan simple y concreto como lo del Tipnis.

El gobierno de Evo Morales, ya lo dijimos antes y lo ratificamos ahora, es enemigo de la consulta previa, informada y de buena fe a favor de los pueblos indígenas, que sin ser una medida de restitución de su soberanía territorial y ancestral sobre los recursos naturales, es un derecho que sirve para evitar la depredación total del capitalismo sobre este país y sus recursos, mediante la autorización estatal de operación y explotación de recursos que se otorga a las empresas transnacionales y mediante la ejecución de los mega-proyectos a favor de los intereses del capitalismo de países vecinos, como lo es en el caso del Tipnis, a favor de los intereses brasileños.

Ahora bien, la sentencia constitucional pretende legalizar la consulta posterior, no es entonces una sentencia en contra del gobierno, sino, a través de condicionar la Ley de Consulta al diálogo entre gobierno e indígenas, lo que busca es legalizar las consultas posteriores y cerrar la obligación que tiene el gobierno de llevar adelante las consultas previas.

Hemos visto en días anteriores la volatilidad que tiene la paz social en regiones como en MallKu Khota o en Colquiri, donde por la ausencia de una política minera clara y definida, el país observó enfrentamiento entre comunarios de diferentes ayllus, entre mineros y cooperativistas mineros, aspectos que configuran la evidencia del carácter implosivo del gobierno de Evo Morales.

Entonces, el gobierno no quiere la consulta previa, no va con su modelo de desarrollo rentista y capitalista, es más, la consulta previa lo pondría en evidencia, lo desenmascara, por lo tanto, busca –con este tipo de sentencias- mellarla como un derecho simple y directo a favor de los pueblos indígenas.

Así, el Tipnis Insurgente ayuda a develar la estrategia del gobierno…

Motín policial

El llamado “febrero negro”, fue un momento de expresión de la crisis del Estado Neoliberal, es decir, cuando “los gobernantes no pueden seguir ordenando” y los de abajo ya no quieren “seguir obedeciendo”. El enfrentamiento armado entre policías y militares se dio como consecuencia de un motín policial, donde hubo muertos y heridos y fue la antesala de octubre del 2003, cuando las fuerzas insurgentes del pueblo (especialmente de la ciudad de El Alto) se levantaron y obligaron al abandono del gobierno de Sánchez de Lozada.

Ahora, hay un motín policial, ¿cuál es la explicación conceptual de esta situación?

Para nosotros esta claro que se trata de otro síntoma de implosión, porque –a diferencia de febrero negro de 2003- el detonante no es un impuesto o rebaja de salarios, es decir, una medida defensiva contra las políticas neoliberales de entonces, sino que este es un movimiento que reclama un trato más justo de la tropa de base, amén de una igualación salarial semejante al de los militares. Es decir, se trata de demandas de trato justo, de dignificación de la tropa frente a una cúpula arbitraria, que imprime castigos amparados en un reglamento interno, Ley Nº 101, y que durante los últimos tiempos se ha mostrado subordinada por completo al gobierno.

Se tienen datos importantes que han ayudado a madurar esta crisis de descredito del policía medio frente al gobierno: en primer lugar el famoso proceso de cambio no ha llegado a los cuarteles, traducido en condiciones de trabajo deplorables, luego, generales comprometidos en grandes actos de corrupción, como Santiesteban y otros acusados de cobrar 5 mil dólares para el ingreso de 54 policías a institutos de formación de oficiales, bajo el sugestivo nombre de programa de formación de policías interculturales o plurinacionales. También queda el recuerdo del General Sanabria, jefe de inteligencia de este gobierno comprometido en el narcotráfico de cocaína hacia Chile y Estados Unidos.

El gobierno cederá a las demandas policiales pero se quedará con una policía fracturada, implosionada, donde los niveles de confianza y fidelidad al Estado Plurinacional serán reemplazados por la desconfianza y el odio. Frente a ello, la estrategia de Evo hacia la policía se orientará a no dar soluciones estructurales (como lo pudo haber hecho en la Asamblea Constituyente con el tema policial y militar), sino a buscar acuerdos que le posibiliten tener márgenes de maniobras futuras. El factor militar será potenciado desde el operador más hábil que ellos tienen dentro del gobierno: Juan Ramón Quintana.

Hacia adelante

Los hombres y mujeres dignas, la juventud, los trabajdores del campo y la ciudad, la clase obrera, los pueblos indígenas, las naciones originarias, en fin todos y todas, debemos marchar hacia la revolución socialista e insurgente, donde el poder esté en manos del pueblo, a través de los micropoderes (poder popular), donde se transforme verdaderamente las estructuras económicas, políticas y sociales, recuperando Santa Cruz para Bolivia (actualmente está en manos de poderes extranjeros).

No necesitamos de Evo Morales y sus muchachos, el pueblo puede empujar procesos de liberación donde no habrá implosión, porque no tendremos a la derecha como una termita política interna.

Las transnacionales no son imprescindibles para construir nuestra nueva economía, como tampoco lo son los agronegocios con sus transgénicos para lograr nuestra soberanía alimentaria.

¡¡¡Por la construcción del movimiento insurgente, con Zarate, el Che y Domitila!!!

Sol Para Bolivia