Domitila Chungara: militante clandestina

19.Mar.12    Héroes y mártires
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Domitila Chungara: militante clandestina

¿Quién era Domitila Barrios de Chungara? Esta pregunta demanda una remembranza por su ideario político, pero también por su trayectoria de mujer luchadora, ejemplo de revolucionaria. Por este motivo, Manuel Morales se anima a efectuar una memoria de Domitila como militante clandestina del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y nos transmite algunos hechos para comprender la vida de esta mujer que llevó adelante la insurgencia del trabajo, al mostrar al mundo que no había que luchar detrás de los obreros, sino al lado de ellos, por ser ella también mujer trabajadora, dignificando al hogar como una trinchera de lucha.

El mundo entero ha conocido a Domitila, ahora pues queda saber qué militancia tuvo y hacerle un digno homenaje.

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Domitila Chungara: militante clandestina

Mujer integra, un ejemplo a seguir…

Nuestra querida Domitila murió la madrugada del 13 de marzo en la ciudad de Cochabamba, donde había decidido vivir este su último tiempo. Sin embargo, este destino fue obligado como consecuencia de la imposición de la política neoliberal (mediante el Decreto 21060) que expulsó de sus fuentes laborales a 50.000 mineros; ella refiriéndose a este duro golpe contra el proletariado minero dijo “fue una bomba atómica. Pensé que toda mi vida la iba a pasar en Siglo XX, pero el 21060 nos echó a la calle a todos. El decreto decía que dejemos en 90 días las viviendas donde muchos habíamos nacido, ¿y dónde íbamos a ir?”(Pinto Darwin. “La Injusticia No Será Eterna”. Entrevista hecha en noviembre de 2005).

Su morada se encontraba en un cerro y era humilde (en el barrio Huayrak’asa), como vive la mayoría de las personas de las ciudades de La Paz, Santa Cruz, Tarija o Cochabamba. En su casa funcionaba una escuela de formación política, instrumento indispensable de trabajo con las personas y las organizaciones, su morada era un ambiente tipo oficina y tipo aula al mismo tiempo. La cocina fue también indispensable, pues ella, no sólo discutía y proponía, sino que también garantizaba la alimentación a sus visitantes. Domitila fue una mujer integra: trabajadora, luchadora, madre, militante, prisionera política, formadora y por supuesto: ¡hiperterca, hiperterca! como le decía Xavier Albó.

Este ambiente fue escenario de varios encuentros, de varias reuniones, pues Domitila estaba entregada a la lucha del pueblo boliviano, pero también a la militancia política, que en última instancia es el pequeño motorcito que empuja la lucha más allá de lo instintivo. Y precisamente, sobre este último aspecto deseo escribir a continuación.

Su militancia clandestina en el ELN-Ejército de Liberación Nacional

Según una publicación del PIEB, la historiadora Magdalena Cajías destaca la autoidentificación de Domitila con la lucha de los obreros mineros, su participación dentro del Frente Revolucionario de Izquierda (FRI) que seguía la línea del marxismo-leninismo y su casi desconocido vínculo, “clandestino” con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

La consecuencia de sus ideas la llevó a romper con el FRI, cuando este partido transó un acuerdo con el Movimiento Nacionalista Revolucionario. Cajías recuerda que Domitila no era la típica feminista con planteamientos que actualmente se podrían identificar como de equidad de género. Y es que en México en 1975, donde fue invitada por Naciones Unidas para participar de la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, llamó la atención cuando planteó que las mujeres mineras en su país querían luchar junto a sus compañeros contra un mismo opresor, no contra sus compañeros.

“Ella mantuvo siempre esa visión de que es importante que la mujer salga adelante, pero no en contra del hombre, sobre todo en la condición de clase social obrera… Consideraba que hay otro tipo de opresiones que se pueden compartir, en este caso con los varones, como es el sistema de la condición de clase minera”, dice Cajías (PIEB. Domitila Chungara, se va dejando huella en la historia política del país 14 de marzo, 2012).

La militancia de Domitila en el ELN no fue casual. Después de las guerrillas de Ñancahuazú y Teoponte una pléyade de hombres y mujeres optaron por la militancia revolucionaria conscientes de que únicamente la lucha lograría liberar a nuestro pueblo de la opresión de las dictaduras militares, que jugaban un papel contrainsurgente con militares como Barrientos y Banzer.

La clase obrera minera había sufrido golpes muy duros, especialmente la rebaja de salarios y la violenta masacre de San Juan. A las cinco de la mañana del 24 de junio de 1967, tropas del ejército asaltaron los campamentos mineros de Catavi y Siglo XX, en los cuales, después del festejo de San Juan, se debería realizar un ampliado, con la presencia de trabajadores de otros centros mineros, para dar un apoyo político y económico a la guerrilla del Che Guevara. El Regimiento Rangers, el Regimiento Camacho de Oruro y el Regimiento 13 de Infantería, con apoyo de la fuerza aérea, ingresaron violentamente a Siglo XX, disparando ráfagas de metralleta contra los trabajadores que se hallaban aún en las fogatas de las calles del pueblo, también se denunció el ataque armado a domicilios particulares. Los militares cortaron la luz para facilitar la toma del lugar y no permitir la transmisión de la radio del lugar.

Cuando Domitila hablaba de estos dolorosos acontecimientos, porque ella fue una de las memorias vivas del proletariado boliviano, uno no podía dejar de estremecerse, al grado de derramar lágrimas de dolor e impotencia. Sí, esa era la fuerza de la palabra de Domitila, apelaba a lo más humano de nosotros, pero al mismo tiempo narraba la dura realidad: cómo las mujeres trataron de recoger a las personas heridas que quedaron en la calle sin auxilio de ningún tipo durante la masacre.

Nunca he conocido una mujer, que tuviera una palabra tan sencilla y al mismo tiempo con tanta fuerza, con una enorme capacidad de desestructurar nuestra forma de pensar pasiva y abstraída de las consecuencias de los conflictos sociales. Domitila era la voz del proletariado, de los trabajadores y del pueblo boliviano, de los poderes del silencio, de la mujer comprometida con la vida misma, por eso no debe extrañarnos la gran repercusión que tuvo su discurso en el mundo entero, la gran facilidad de lectura y difusión de su libro-testimonio “Si me permiten hablar”. ¿A cuanta gente ha llegado la palabra y la voz de Domitila? ¿A cuántas personas a formado ella y su gente? ¿Qué corazones ha tocado, que mentes ha cambiado?

A Domitila yo la conocí en la clandestinidad, durante la resistencia popular a los gobiernos neoliberales (instaurados en Bolivia a partir de 1985), como militante de una de las alas del ELN. Al saber que ella formaba parte del proyecto revolucionario daba mucha satisfacción, porque se tenía certeza de que el legado del Comandante Che había calado hondo, muy hondo en la geografía humana de nuestros pueblos.

Domitila fue una mujer que aprendió a conspirar y los encuentros con su gente fueron de un aprendizaje recíproco. Se conversó mucho sobre la realidad del país, sobre la emergencia de las naciones originarias como un sujeto tan importante como la clase obrera. Domitila, y el grupo que compartía con ella posiciones, comprendió que detrás del Instrumento Político que crecía dentro del movimiento campesino (a partir de la década 90 del siglo anterior) estaba la línea política de otro ELN. Hubo un proceso de complementariedad.

Las tareas asignadas a Domitila comprendían a las relaciones internacionales, y dentro de un plan de acción, ella debería asumir el mando y la vocería de la organización, siendo una especie de “Sub Comandante Marcos”, guardando las distancias y realidades.

La derrota de la dictadura de Banzer fue obra de los extremistas

De acuerdo a la información oral que disponemos, un grupo de mujeres mineras planteó a la dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia (PRTB-ELN), en el mes de diciembre de 1977, la necesidad de encarar una huelga de hambre contra la dictadura de Banzer, solicitando la libertad de los presos políticos, el cese de la represión y la vigencia de las libertades democráticas.

La dirección del PRTB consideró políticamente inoportuna la medida, dada la coyuntura (época de navidad). Pese a esta negativa, este grupo de mujeres dio el paso adelante y trasladándose a la ciudad de La Paz, fueron construyendo la pequeña logística para iniciar esta medida de presión. En su camino, otras mujeres mineras, militancia del POR, intelectuales y religiosos enemigos de la dictadura, fueron articulando esta pequeña trinchera de lucha, que a la larga produciría el triunfo popular más importante frente a la fuerza del militarismo de corte nacionalista, fascistizante y contrainsurgente.

En las fotografías están las mujeres mineras junto a sacerdotes como Luis Espinal y gente de las clases medias, en un compromiso inconmensurable. Además de Domitila, estuvieron presentes las mujeres mineras: Nelly de Paniagua, Aurora de Lora, Angélica de Flores, Luzmila de Pimentel y veinte niños. En poco tiempo se sumaron más de mil quinientas personas. Con el correr de las horas los huelguista se multiplicaron por miles. Veintitrés días después de que las mujeres comenzaron la huelga de hambre, las calles de las distintas ciudades de Bolivia fueron invadidas por la gente.
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Durante la instauración del golpe militar y los siete años de la dictadura, el Estado construyó la idea de un enemigo interno, el llamo “extremismo” o “ultraizquierdismo”, al cual había que perseguir, torturar, proscribir y de ser posible, hacer desaparecer o asesinar.

Los campamentos mineros se convirtieron –entonces- en un gran ideal: constituirlos en espacios liberados, en trincheras revolucionarias. Muchos militantes de diferentes organizaciones marcharon hacia las minas para “proletarizarse”, ganar a la clase trabajadora para el partido político. Esta emigración posibilitó la implantación de muchas organizaciones en los campamentos mineros, de manera que la lucha obrera se convirtió en lucha política. Y no fue sólo el trabajador de interior mina el sujeto de esta epopeya de resistencia y organización, sino la población entera, demostrando que el sujeto de la revolución es el trabajo insurgente, el pueblo pueblo. En esta condición Domitila y las mujeres organizadas en el Comité de Amas de Casa de Siglo XX asumieron, no la tarea de los hombres, sino la suya misma: luchar y derrotar a la dictadura.

La huelga de hambre iniciada por las mujeres mineras y el movimiento que generó, fue la acción de aquellos y aquellas proscritas por la dictadura, de manera que su derrota fue un hecho político llevado a cabo por la parte más terca, radical e insurgente del movimiento popular. Fue un triunfo democrático, porque las llamadas organizaciones subversivas e insurgentes lucharon y luchan por las reivindicaciones populares y el retorno a la democracia fue una bandera de los revolucionarios, no de los oportunistas ni de la llamada “derecha democrática”.

Hoy, al reconocer en Domitila Barrios de Chungara la maternidad de la conquista de las libertades democráticas, en el fondo, se reconoce a la militancia revolucionaria y a todos los luchadores y luchadoras sociales este su gran aporte, porque este espacio no fue una concesión gratuita de la dictadura ni del imperialismo.

¿Quién era entonces Domitila?

Para entender a Domitila debe comprenderse lo que es la insurgencia del trabajo, ese vector transversal que cruza nuestra sociedad y que hace protagonista al trabajador, pero también a la trabajadora de esa trinchera que llamamos hogar:

“ (…) Un día se me ocurrió la idea de hacer un cuadro. Pusimos como ejemplo el precio del lavado de ropa por docena y averiguamos cuántas docenas de ropa lavábamos por mes. Luego el sueldo de cocinera, de niñera, de sirvienta. Todo lo que hacemos cada día las esposas de los trabajadores, averiguamos. Total, que el sueldo necesario para pagar lo que hacemos en el hogar, comparado con los sueldos de cocinera, lavandera, niñera, sirvienta, era mucho más elevado que lo que ganaba el compañero en la mina durante el mes. Entonces en esa forma nosotras hicimos comprender a nuestros compañeros que sí, trabajamos y hasta más que ellos, en cierto sentido. Y que incluso aportábamos más dentro del hogar con lo que ahorramos. Así que, a pesar de que el Estado no nos reconozca el trabajo que hacemos en el hogar, de él se beneficia el país y se benefician los gobiernos, porque de este trabajo no recibimos ningún sueldo.

Y mientras seguimos en el sistema actual, siempre las cosas van a ser así. Por eso me parece tan importante que todos los revolucionarios ganemos la primera batalla en nuestro hogar. Y la primera batalla a ganar es la de dejar participar a la compañera, al compañero, a los hijos, en la lucha de la clase trabajadora, para que este hogar se convierta en una trinchera infranqueable para el enemigo (…).” (Viezzer Moema. ‘Si me permiten hablar…’. Siglo XXI)

En 1975, cuenta Víctor Montoya “cuando doña Domi viajó invitada a la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas y realizada en México, se supo la noticia de que su voz y figura destacaron en el magno evento, donde, en franca oposición a las reivindicaciones de las lesbianas, prostitutas y feministas de Occidente, explicó que la lucha de la mujer no era contra el hombre y que su liberación no sería posible al margen de la liberación socioeconómica, política y cultural de un pueblo. Doña Domi estaba convencida de que la lucha por la liberación consistía en cambiar el sistema capitalista por otro, donde los hombres y las mujeres tengan los mismos derechos a la vida, la educación y el trabajo. Dejó claro que la lucha por conquistar la libertad y la justicia social no era una lucha entre sexos, entre el macho y la hembra, sino una lucha de la pareja contra un sistema socioeconómico que oprime indistintamente al hombre y a la mujer.

Por otro lado, disputándose los micrófonos con sus adversarias, dijo que en una sociedad dividida en clases no sólo había una diferencia entre la burguesía y el proletariado, sino también una diferencia entre las mismas mujeres; entre una académica y una empleada doméstica, entre la mujer de un magnate y la mujer de un minero, entre una que tiene todo y otra que no tiene nada. Así fue como las sonadas intervenciones de doña Domi, en su condición de esposa de trabajador minero, madre de siete hijos y dirigente del Comité de Amas de Casa, produjeron un fuerte impacto entre las feministas más recalcitrantes, debido a que sus palabras transmitían la sabiduría popular y todo lo que aprendió tanto en los sindicatos mineros como en las escuelas de la vida. No en vano la educadora y periodista brasileña Noema Viezzer, deslumbrada por el poder de la palabra oral de una mujer simple, que sabía simplificar las teorías más complejas en torno a la lucha de clases y la emancipación femenina, decidió seguirla hasta el campamento minero de Siglo XX, con el firme propósito de continuar escribiendo el libro “Si me permiten hablar… Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, que, a poco de ser publicado en México y traducido a varios idiomas… 


Los trabajadores mineros, en sus triunfos y en sus derrotas, contaban siempre con el apoyo incondicional de sus mujeres e hijos, quienes actuaron como sus aliados naturales de clase desde los albores del sindicalismo boliviano. Por eso mismo, volví a coincidir con doña Domi en el Congreso Nacional Minero de Corocoro, inaugurado el 1 de mayo de 1976; ocasión en la que planteó la necesidad de organizar una Federación Nacional de Amas de Casa, afiliada a la Central Obrera Boliviana (COB), mientras los trabajadores clamaban por sus justas demandas, exigiendo al gobierno el respeto del fuero sindical y la amnistía general.

Semanas más tarde, derrotada la huelga minera en junio de 1976, y ocupada militarmente la población de Llallagua y Siglo XX, la encontré en el interior de la mina, donde los dirigentes nos refugiamos de la sañuda persecución que desató el gobierno. Doña Domi estaba en el último mes de embarazo y su vientre parecía un enorme puño de coraje. Sin embargo, por razones de salud, se decidió sacarla a un lugar seguro para que diera a luz en mejores condiciones. Después se supo que tuvo dos mellizos; una nació viva y el otro nació muerto, probablemente, afectado por los gases malignos de la mina, pues cuando lo sacaron de su vientre, el niño estaba casi en estado de descomposición”(Montoya Víctor. Doña Domi, la activista que se quedó en Bolivia para seguir luchando por la democracia. 2 de septiembre del 2009).

Domitila: Hay que “armar” al pueblo

En una entrevista en noviembre de 2009, Domitila reconoce que su acción es sobre todo educativa. “Formamos a los jóvenes para que sean ciudadanos responsables. Asisten a talleres sobre la historia del sindicalismo en Bolivia, por ejemplo. Intentamos formar futuros dirigentes. También damos conferencias”(Emilie Beaudet (especial para ARGENPRESS.info). Domitila Chungara: Luchas y esperanzas, Encuentro con una Mujer Legendaria. Miércoles 11 de noviembre de 2009).

Nuestro objetivo es que el pueblo tome el poder, pero para esto tiene que tener una formación. Éste no era el caso en 1952. Hay que “armar” al pueblo.

Si queremos triunfar, el pueblo debe estar armado, política, ideológicamente, también ética y moralmente, en lo filosófico y en lo militar. Esta es una ley de la historia y una necesidad imperiosa.

Domitila decía: “La lucha por la liberación del pueblo la debe manejar un partido que sea realmente de los oprimidos y explotados que son los trabajadores”. Y también que “(…) el socialismo, en Bolivia como en cualquier país, será el mecanismo que creará las condiciones para que la mujer alcance su nivel. Lo hará a través de la lucha, a través de la participación. Y será obra de ella misma también su liberación” (Bárbara Funes. “Hoy somos todas bolivianas”. Domitila Barrios de Chungara. /LVO Nº 127/rebelion.org . Fecha de publicación: 18/10/03).

¿Y el gobierno de Evo?

Un suplemento del periódico La Razón, entrevisto a Domitila:

“— ¿Cómo ve el gobierno del presidente Evo Morales?

— Siempre hemos buscado el cambio, … , pero el pueblo ahora no participa como tiene que hacerlo. Siempre dejamos que el Gobierno haga todo lo que quiera y nosotros no imponemos lo que queremos. La gente está indiferente y no razona como antes. Así, casi pasa desapercibido el proceso de cambio.

— Si pudiera hacerlo, ¿qué consejo le daría al Mandatario?

— Al Gobierno le hace falta escuchar y dar solución a los problemas.”(Animal Político de La Razón. ‘No me arrepiento porque sé que otros me seguirán’. Entrevista a Domitila Chungara - El 26 de agosto de 2011).

Y es que a Domitila nunca le sedujo el ser parte de un gobierno populista, ella mantuvo una visión estratégica, de luchar por el poder del pueblo y la construcción de una nueva sociedad socialista. En este sentido, Domitila se distingue de los oportunistas de toda laya, de los “famosos militantes revolucionarios busca pegas” que hoy pululan en este gobierno pachamámico, de carácter rentista, prebendal y neoliberal.

La conducta de Domitila fue claramente antidictatorial, antineoliberal y antimachista, por ello su epopeya se inscribe en la insurgencia del trabajo desde su trinchera de madre, esposa y combatiente por las reivindicaciones del pueblo. En 1977, le tocó luchar por la democracia, como parte de las reivindicaciones populares, como también lo hizo en 1980 frente a la dictadura de García Meza; luego, fue víctima –junto al proletariado minero- de la relocalización (1985) y luchó contra el neoliberalismo, tanto en la resistencia política y social como en la militancia clandestina. Finalmente, quedó claro para ella que había que avanzar mucho más allá de este gobierno, porque en el fondo, con Evo no culmina la revolución socialista, posiblemente ni empieza… y tendrá que ser el pueblo el que dé un paso más, superando al enemigo principal, que para Domitila, lo llevamos adentro.

“Nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro”

El miedo es el gran enemigo y lo tenemos adentro, sin embargo, el gran legado de Domitila es que podemos derrotarlo y conquistar nuestra verdadera liberación. Por eso ella dijo: “Nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro”(Lucas Kintto. Mujeres del Siglo XX. Ediciones Abya Yala: 2001, Cuarta Edición, Quincenario Tintají 2005).

Eduardo Galeano, quien la visitó en Cochabamba y escribió sobre ella en su trilogía Memorias del Fuego nos transmitió la valentía de esta mujer:

Domitila grita contra los asesinos, desde lo alto del muro de un cementerio. Ella vive en dos piezas sin letrina ni agua, con su marido minero y siete hijos. El octavo quiere salir de la barriga. Por insultar al ejército boliviano se la llevan presa. Un militar le escupe la cara, ella le escupe la cara y él le da una patada. “Le di un sopapo. Me apretó mi cuello y estaba por ahorcarme. Del puño lo había agarrado y lo había estado mordiendo… Tuve un asco terrible al sentir en mi boca su sangre”, dice Domitila. “Cuando me desperté como de un sueño, había estado tragándome un pedazo de mi diente. Entonces noté que el tipo me había roto seis dientes”. “La encierran en prisión y sobre la tierra fría nace y muere su hijo” describe Galeano la masacre ejecutada por la dictadura militar de Barrientos.

Domitila hoy descansa para vivir eternamente

Gracias hermana, gracias compañera, gracias madre indómita, mujer proletaria, militante insurgente de toda la vida, hoy das un pequeño descanso para vivir en la mente y corazón de nuestro pueblo hasta conquistar la victoria final.

El deber de los y las revolucionarias es dar cumplimientos a tus sueños y esperanzas; convertir a la familia en una trinchera de lucha; hermanar cada día más a hombres y mujeres; superar la explotación y opresión de la mujer; vencer el miedo que llevamos adentro y armar a nuestro pueblo para las futuras batallas que se avecinan.