Es Kencherío

28.Ene.12    Humor
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Es Kencherío

Evito busca en la coca el remedio para su kencherío

Evito busca una pócima mágica que le ayude a quitarse el kencherío que sufre desde el día en que un sacerdote narco le entrego el bastón de mando de los pueblos indígenas. Le han dicho que sólo el Ekhekho puede darle suerte, por eso viene a las alasitas a encomendar su pobre alma…


Es Kencherío

La ceremonia de consagración de Evo Morales como Presidente ha tenido y tiene un gran significado, por ese motivo, puede ser generalizado o como bueno o como malo, sin p o s i b i l i d a d e s d e valoración intermedia.

Puestas las cosas de esta manera, el hecho de que el máximo sacerdote de esta ceremonia esté involucrado en la refinación de pasta base de cocaína para t r a n s f o r m a r l a e n clorhidrato, junto a dos narcos colombianos es grave.

La gravedad de este hecho es tanto simbólica como real. En ambos casos, representa KENCHERÍO, es
decir MALA SUERTE.

El acto realizado en Tiawanacu, como un paralelo al acto formal en el Congreso Nacional de la ciudad de la Paz, donde se entrega a Evo Morales el bastón de mando y otros símbolos andinos de poder, que representan al conjunto de los pueblos indígenas y naciones originarias, no podía ser
mancillado nunca, de ninguna forma y bajo ningún pretexto.

Un sacerdote narco dando el poder a Evo es sinónimo de mal augurio.

Es que las cosas no están bien. Salvo para ellos, las cosas parecen estar bien, pero para el pueblo las cosas no han cambiado significativamente. E incluso para ellos (la nueva élite pachamámica) este kencherío se hace cada día evidente.

El sacerdote Mejillones aparentemente lo tenía todo. El hombre que r e p r e s e n t a l a espiritualidad de las naciones originarias (aunque nadie lo hubiera elegido), tenía un reconocimiento nacional e internacional. Sin embargo, buscó la riqueza individual, el provecho personal, la ventaja de su bolsillo por encima de la pobreza aún permanente del resto de sus hermanos.

Su desesperación por ser un kamiri lo llevó a meter la pata.

Este caso es la antonomasia del masista promedio. En el discurso está a favor del “cambio”, pero en lo personal busca la riqueza y la ventaja. No h a y i d e o l o g í a v e r d a d e r a m e n t e liberadora en el sentido positivo y constructivo de la misma.