La crisis del movimiento cocalero: salvar la coca o ser el pretexto de intervención yanqui de Bolivia

11.Sep.11    Boletines
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La crisis del movimiento cocalero: salvar la coca o ser el pretexto de intervención yanqui de Bolivia

¡Ni soya, ni coca el TIPNIS no se toca!

El presente documento, abre la discusión sobre uno de los problemas más álgidos para el país: el tema de la coca. “Réquiem para la coca” al parecer es la metáfora que deja entrever el actual momento coyuntural, donde la plantación de la hoja de coca, sin ningún límite racional, hace percibir su destrucción.

Nosotros y todo aquél que bosqueje un cuestionamiento al actual movimiento cocalero, especialmente al del Chapare, no se coloca en el plano de la enemistad sino en el plano de abrir -en el seno del pueblo- el debate sobre qué límites debe tener la plantación de la coca, cuál es el accionar del actual movimiento cocalero, saber en qué anda el narcotráfico y si este realmente está siendo erradicado o si por el contrario está mutando dentro de las esferas del poder al grado de convertirse en elemento consustancial al mismo.

Como se trata de avanzar en la relación dinámica entre teoría y práctica, aportamos con el siguiente análisis, que seguramente será enriquecido por nuestro pueblo y ayudará a generar acciones puntuales.


La crisis del movimiento cocalero: salvar la coca o ser el pretexto de intervención yanqui de Bolivia

La coca antes: factor de unidad del pueblo frente a su erradicación violenta

No vamos a entrar en mayores detalles sobre aspectos que ya se conocen, lo importante es destacar la lucha por la defensa de la coca y la transformación que ha sufrido a la largo de estos años.

No cabe duda de que el conjunto del pueblo boliviano cerró filas en torno a la hoja de la coca, frente a la erradicación forzosa promovida por los Estados Unidos a través de los gobiernos de turno de corte neoliberal. No están lejos las muertes de humildes comunarios y comunarias producidas en los Yungas y el Chapare; las torturas y la represión generalizada. La representación social de la coca se expresaba como resistencia, identidad y dignidad. Por todo ello, no es casual, que dadas las condiciones de la coyuntura política en 2005, se eligiera a Evo Morales como Presidente, es decir, un dirigente cocalero, como cualquier otro dirigente social, recibía el apoyo de un sector mayoritario del pueblo.

La coca durante el “proceso de cambio”

En estos años hemos visto un crecimiento desmedido de las plantaciones de coca, ya no sólo en la región “tradicional” de los Yungas, sino en todos los rincones del Chapare, en el norte de La Paz, en el oeste y norte de Santa Cruz y allí donde puede sembrarse. Cerca de los caminos, cerca de los centros poblados, en áreas protegidas, en parques nacionales y en territorios indígenas.

El gobierno, durante la Asamblea Constituyente dio a los cocaleros una comisión entera para darle a la coca protección constitucional (traducido en un sólo artículo). Y si bien, mencionar este tema puede hasta parecer ridículo, no lo es porque a otros problemas o temáticas se le dio la espalda.

Constitución Política del Estado, Artículo 384.
“El Estado protege a la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural, recurso natural renovable de la biodiversidad de Bolivia, y como factor de cohesión social; en su estado natural no es estupefaciente. La revalorización, producción, comercialización e industrialización se regirá mediante la ley”.

Dentro del Estado, se ha creado un Viceministerio de la Coca (dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras) encargado de la industrialización de la hoja. Si, durante estos años, se ha incrementado los cultivos y no se ha desarrollado procesos legales de industrialización para fabricar harinas, mates, jugos, licores, dulces, productos medicinales, etc., entonces es difícil negar el hecho de que hubiera crecido la actividad del narcotráfico a partir de toda esa hoja de coca que no se destina al consumo tradicional, es decir, pijcheo, acullicu, boleo…

De acuerdo a datos oficiales de la Dirección Administrativa del “Programa de coca y desarrollo integral”, así como del Viceministerio de Coca y Desarrollo Integral, su ejecución presupuestaria es muy baja, apenas llega al 15%.

Y ninguno de los gastos de estas instituciones está seriamente aborda la industrialización de la coca. Se destinan recursos para charlas, seminarios, publicidad radial, televisiva, pero no hay ninguna fábrica estatal de importancia que este industrializando la hoja de coca. Dos proyectos, en Yungas y Chapare -que debían comenzar el 2006- con una inversión de más de 3 millones de dólares estuvieron paralizados durante años y sus resultados son pobres, muy pobres. En conclusión, durante el gobierno de Evo Morales CERO INDUSTRIALIZACIÓN DE LA HOJA DE COCA.

Otro aspecto que debe cuestionarse seriamente es el fracaso de la política de Evo Morales de la “reducción voluntaria”, del “auto control”. El movimiento cocalero nos está mintiendo, están engañando al conjunto del pueblo, pues nadie tiene un cato de coca por familia y la extensión de las plantaciones han sido desarrolladas al calor de la ambición y la falta de control. Muchos cocaleros tienen hectáreas plantadas y muchas dentro del “monte”. Varias veces se ha escucha al mismo Evo reclamar a sus bases por la falta de control interno.

De acuerdo a datos de Naciones Unidas el impacto del narcotráfico en Bolivia alcanza entre el 3% al 5% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que toda la producción de los campesinos, indígenas y originarios en el ámbito agrícola y pecuario apenas llega al 2% del PIB.

Datos acerca de las capacidades productivas muestra que en la actualidad, el movimiento cocalero (más de diez mil familias), por sí sólo, genera más recursos económicos que todo el movimiento campesino, indígena y originario junto, es decir, aproximadamente cuatro millones de personas. Es cierto, estamos hablando de la economía de la coca y de la economía del narcotráfico fusionadas. Esta situación (fusión de datos) es culpa del mismo gobierno por no haber tenido la capacidad de brindar información real acerca de la economía legal e ilegal de la coca. Pasemos a explicar este aspecto:

Durante la lucha contra la erradicación forzosa y violenta, como un mecanismo de defensa, el movimiento cocalero demandó al Estado neoliberal un estudio acerca de la economía de la hoja, es decir, establecer la demanda legal de la misma, los tipos de consumidores, los mercados urbanos y rurales, sus circuitos, en fin, la cuantificación de la demanda, para en base a estos datos establecer la superficies (legales) a ser cultivadas. Esta apuesta se fundaba en la garantía del consumo legal que existe entre la población.

Cáceres: de dirigente cocalero a autoridad en la lucha contra el narcotráfico

Han pasado varios años y ahora que los principales dirigentes del movimiento cocales se encuentran en función de gobierno, donde el Estado defiende sus intereses, resulta contraproducente que dicha información sea inexistente desde las esferas oficiales. Hace mucho tiempo que organismos internacionales ya han financiado varios estudios sobre la coca, es más, algunos de estos estudios ya han sido concluidos y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) debería haber terminado el estudio nacional de consumo de la hoja de coca. Y sin embargo nada, es decir, no se han publicado dichos estudios ni se ha terminado con el estudio del INE. ¿Por qué?, es más se puede afirmar que no hay transparencia de información sobre estos temas.

Nosotros pensamos y estamos casi seguros que se pretende ocultar dicha información porque estos datos obligarían a una reducción importante de cocales, especialmente en las zonas no tradicionales incluido el Chapare. Es decir, Evo Morales tendría que reducir su misma base social, aspecto que sería como un suicidio político, situación que no está dispuesto a hacerlo, ni parece ser una suerte a la que están dispuestos a someterse los chapareños.

La información sobre el consumo o demanda de hojas de coca para el uso tradicional es clave para la erradicación de las plantaciones de coca, PERO, ya no bajo la presión norteamericana sino como un proceso al interior del pueblo, un acuerdo entre la sociedad, los productores y el Estado. Es decir, este sería un acuerdo democrático, racional, planificado, público y transparente. En todo caso, un pacto entre partes, digno y soberano.

El fracaso del estudio de consumo de hoja de coca está inscrito dentro de las mediocridades y manipulaciones del gobierno del MAS como lo que acontece con el tema del Censo de Población y Vivienda, Censo Agropecuario y otras mediciones que deberían ya realizarse o que a lo sumo deberían correr este año, pero que el gobierno lo posterga, pese a tener financiamiento y el favor de la cooperación internacional con asesoramiento y disponibilidad de recursos para la realización de los mapeos y la capacitación de los encuestadores.

Para el gobierno la información que se obtendrá de los Censos, porque son varias mediciones, incluido el de la coca, se convierte en información de riesgo por lo siguiente:

a) Con el Censo (os) se sabrá la realidad demográfica actualizada de los pueblos indígenas y originarios y por lo tanto deberá reasignar curules dentro del llamado parlamento “plurinacional”, lo que vendrá a ratificar que su modelo de representación política de mini minorías indígenas departamentales es insostenible, injusta y que demuestra la manipulación política que se ha consumado detrás de la frase “plurinacional”.
b) Se conocerá la realidad de los campesinos y pequeños productores rurales, la presencia de los grandes latifundios no mancillados por el poder del pachamamismo, la situación de pobreza de las áreas rurales, de la postergación de regiones deprimidas y el rol cumplido por los municipios y gobernaciones en manos del MAS en su lucha contra la pobreza y la generación de “desarrollo por la vía capitalista”.
c) La ciudad de El Alto sabrá de su nuevo poder demográfico y la atención a sus demandas presupuestarias frente al aplazo del Alcalde Patana en cuanto a gestión y eficiencia.
d) Santa Cruz también sabrá de su crecimiento (poblacional y económico).
e) Se conocerá la demanda real de hojas cocas y la erradicación de las plantaciones que deberán realizarse al estar estos cultivos bajo la lógica del mercado ilícito ligado al narcotráfico.
f) Se conocerá los ingresos de la población y los fundamentos para nuevas movilizaciones por salario digno, por participar en la toma de decisiones de los ingresos generados por el Estado.
g) También se conocerá la economía del país y los límites del actual modelo neoliberal populista y rentista.

Según el acceso que hemos tenido a parte de los estudio del mercado de la coca, se conoce que sólo el 10% de la coca producida en el Chapare se destina para satisfacer el consumo humano tradicional, bajo la forma de pijcheo, acullico, boleo.

El 90% de la coca del Chapare no se utiliza para consumo tradicional.

La hoja de coca del Chapare es grande y fea para uso ritual, cultural o laboral. Por razones históricas y para una verdadera industrialización, posiblemente una parte de dicha producción debería industrializarse, con lo cual queda claro que la reducción de la coca de esta zona debería ser objeto de una planificación urgente y consensuada. Pero, ¿qué ocurre en la práctica?

Hoy en día, los cocaleros de esta región, no contentos con lo que ya tienen no han parado de plantar sus chacos en zonas que no son de ellos. Para ello se han introducido en el Parque Nacional Isibore Secure, área protegida y territorio indígena, con lo cual han superado los límites de la línea roja, establecida como un acuerdo entre partes, hace varios años atrás. De modo que es cierto el hecho de que la carretera por el TIPNIS busca proteger y ampliar este “derecho de facto que tienen los colonizadores y cocales”, situación que nos hace daño a todos.

En la fotografía se muestra la penetración de cocales en el TIPNIS situación que debe ser paralizada y revertida de forma inmediata.

Por ello, cuando se lanza la consigna ¡ni soya, ni coca, el Tipnis no se toca!, se interpela al gobierno y a los malos cocaleros de la región que empiezan a sobrepasar todo principio de respeto y dignificación a la hoja sagrada.

Si la carretera se realiza, el TIPNIS será partido en dos y a lo largo del camino se abrirán colonias donde se sembrará coca, y si no se puede, lo harán más adentro, penetrando en el corazón o núcleo de esta región que es nuestro pulmón, de Bolivia y de la región. Ni coca ni soya, porque no queremos la región para los colonizadores depredadores y sin conciencia de cambio, ni para los empresarios que llegaran en el futuro a sembrar su soya transgénica amparados en la Ley Nº 144 (Ley de transgénicos que lleva el emblemático nombre de “Revolución agropecuaria comunitaria”).

El narcotráfico y el capitalismo andino

El narcotráfico es esencialmente capitalismo. El que no lo entiende está perdido en el tiempo y el espacio. Cuando Álvaro García Linera fundamenta su capitalismo andino, nos habla del desarrollo de este tipo de actividades, es decir, actividades no socialistas (porque aún no hay condiciones de expropiación y desarrollo de nuevas relaciones de producción -según aseveran los masistas-) y que son el equilibrio de nuevas capacidades, según García Linera “es posible construir un tipo de modernidad económica vinculada a los mercados globales, al desarrollo tecnológico contemporáneo, a sectores empresariales, que es la parte capitalista propiamente dicha, pero reconociendo obligatoriamente a las otras dos plataformas de la modernidad vinculadas a nuestras capacidades vernáculas: fuerzas comunitarias, artesanales, pequeños productores y de economía mercantil simple poseedoras de otra racionalidad de organización del trabajo, de uso del excedente, de sistemas tecnológicos, saberes, formas organizativas y distribución de la riqueza”. Y es que eso es precisamente ese nuevo narcotráfico que se ve masivamente en ciertas áreas rurales del país: productores y transformadores de materia prima (pasta base), ligados al mercado global de la droga (narcotráfico), usando nuevas tecnologías (introducidas por narco colombianos como los modernos laboratorios móviles de droga), sin perder sus rasgos artesanales y comunitarios. El narco genera excedente y se basa en los mismos saberes ancestrales de producción y transformación de la materia prima.

García Linera imagina un tipo de modernidad en el ámbito del capitalismo, en donde los segmentos mayoritarios de la vida económica boliviana “que han sido desconocidos, extorsionados y maltratados por la modernidad de corte industrial capitalista clásico” tengan la capacidad de auto organizarse y de prosperar con los excedentes industriales.

El pueblo boliviano debe rechazar el narcotráfico porque representa la negación de sus principios, porque representa la vía capitalista para nuestra autodestrucción.

El circuito de la droga está generando la emergencia de un campesinado rico, los cocaleros, un sector mafioso dentro de los llamados movimientos sociales, un sector afincado en el lucro, la ganancia fácil y abundante. Con una visión capitalista depredadora, que serán la oposición natural al socialismo. Ahí están los nuevos narcos, parte integrante desde los servicios de inteligencia del Estado (General Sanabria) hasta los proveedores de la materia prima a los grandes traficantes internacionales. Esto es capitalismo puro y el Vicepresidente es el fomentador teórico de este cáncer que debe ser eliminado por las mismas fuerzas del pueblo.

A no dudarlo, el imperialismo yanqui intervendrá Bolivia so pretexto del narcotráfico alentado desde el capitalismo andino

Si Evo Morales se considera verdaderamente antiimperialista debe sacrificar al sector más capitalista del movimiento campesino, indígena originario y cerrar el mejor pretexto de intervención yanqui en Bolivia. Eso no significa, que eliminado el pretexto no inventarán algo para hacerlo. Sin embargo, nosotros tenemos toda la autoridad moral para exigir un cambio urgente en la política de defensa de la hoja de coca para preservar o conquistar mejor dicho, la soberanía de la patria.

La maquinaria política del MAS hasta ahora no ha tenido la capacidad de modificar la Ley Nº 1008, de plantear al pueblo boliviano cuáles van a ser los límites que se pongan a los cultivos de coca. O por el contrario, es política del Estado Plurinacional el libre cultivo de coca sin industrialización?

Por otro lado, la industrialización de la hoja de coca en el Perú, como ejemplo cercano, es una evidencia que se puede generar procesos de fabricación de medicamentos, de exportación de derivados, pero bajo el control del Estado. En Bolivia esto no se va a dar, porque la política del gobierno ha sido complaciente y permisiva con los sembrados impulsados por la lógica del capitalismo andino.

Nuestra posición es clara: ni una sola hectárea, ni un solo cato, ni un solo metro cuadrado de coca en el TIPNIS, ni en ninguna área protegida, parque nacional, reserva forestal, ni territorio indígena o tierra comunitaria de origen.

¡ ¡ ¡Ni soya ni coca… el TIPNIS no se toca! ! !
¡ ¡ ¡Kausachun coca… wañuchun capitalismo andino! ! !