Glosas de la insurgencia

Glosas de la Insurgencia

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Glosas de la insurgencia

sonia lejsek parra / raúl fernando bustillos agramont
La insurgencia es una cualidad sociocultural boliviana y latinoamericana que refleja su vocación histórica de emerger/insurgir/resistir/proponer cada ciclo en que la estructura misma del sistema se halla en tela de juicio, a través de su logro más evidente, la Comunidad, unidad sociocultural con población/territorio/norma/autogobierno que bien puede ser ayllu, colectivo, cabildo, Villa San Antonio, Achumani, Comunidad Insurgente o Amazonas y se halla en la antípoda del Estado (pluri/pos)moderno, desde muchos siglos anteriores a la conquista española. Es la resistencia/propuesta alternativa al Estado que condensa lo sustantivo de nuestra cultura en éste tiempo/espacio/pacha y busca una confederación nacional de Comunidades; no un Estado central plurinacional que las subyugue.



Glosas de la insurgencia

A ojo de buen cubero, resulta pertinente una caracterización bastante puntual acerca de la Insurgencia y un sujeto insurgente; es decir; de aquellas comunidades e individuos que se definen insurrectos frente a la mezquina realidad que ha convertido un “proceso de cambio” en la mera sustitución de actores prebendales de la cúspide del poder político, lejos de la Comunidad Boliviana que les entronizó y cuya esperanza es malgastada por desaciertos que van a la esencia misma de su sistema de poder, no sólo a una “traición o equívoco”, ya que esto último significaría decir que necesitamos un “masismo sin MAS”.

La insurgencia es una cualidad sociocultural boliviana y latinoamericana que refleja su vocación histórica de emerger/insurgir/resistir/proponer cada ciclo en que la estructura misma del sistema se halla en tela de juicio, a través de su logro más evidente, la Comunidad, unidad sociocultural con población/territorio/norma/autogobierno que bien puede ser ayllu, colectivo, cabildo, Villa San Antonio, Achumani, Comunidad Insurgente o Amazonas y se halla en la antípoda del Estado (pluri/pos)moderno, desde muchos siglos anteriores a la conquista española. Es la resistencia/propuesta alternativa al Estado que condensa lo sustantivo de nuestra cultura en éste tiempo/espacio/pacha y busca una confederación nacional de Comunidades; no un Estado central plurinacional que las subyugue.

Por tanto, una Comunidad Insurgente supondrá la síntesis de permanencia y cambio sociohistórico cuya mirada se dirija hacia adelante/atrás de forma simultánea, debiendo ajustar cuentas atrasadas con el pasado aún incomprendido como catarsis que permita concebir el momento actual de construcción de una nueva Comunidad Nacional. Insurgir no sólo es conspirar, sino emerger, subir del subsuelo al firmamento; liberar y construir mientras derruimos la vieja maquinaria que aprisiona la Comunidad, ahora desde la cultura, estética, ética, política, narrativa: un lenguaje libre, propio, armónico y complementario; una obra colectiva que muestre en los hechos lo que se dibuja en palabras, porque el tiempo de la acción ha llegado y el de las frases, ha terminado.

Un lenguaje generacional desprovisto de rebelión/pachakuti asemeja un partido de fútbol sin pelota (o “pelotas”, en este caso); una rebelión sin lenguaje representa lo mismo, ya que éste es el que la funda y no a la inversa. Representa un espacio/tiempo como el actual, en que debemos lanzar el desafío con ilusiones y bastante realismo; conjuncionar todas las artes y ciencias posibles, para plasmar un ideario civilizacional con base territorial, social, cultural y teórico/ideológica. Patria Insurgente brinda un epicentro espacial y humano muy importante que debe transitar el hecho constitutivo (comunidad asentada en el partido/sindicato/”ejército”), para consolidar un taypi sociopolítico (taky insurgente) en la perspectiva de converger una comunidad insurgente de iguales, diversos, libres y complementarios.

Por todo ello, muy lejos de recrear las obviedades, resulta fundamental diseñar las perspectivas teóricas que aporten el taky de una Comunidad en plena Insurgencia, esto es; describir los lenguajes, pulsiones e idearios políticos que recorren los imaginarios colectivos en ésta etapa “muy” histórica por fundacional. Y ello supone, inicialmente, comprender los lenguajes políticos en el ruedo. De suyo, diremos que los nuevos conflictos entre la Comunidad y el Estado, llanamente, obedecen a una lógica distinta de la que convencionalmente se anotician los “analistas” (listos-del-ano, a decir de Marcos Loayza); en base a ciertas percepciones genésicas:

a) Vivimos una etapa donde las claves políticas amerindias y sus disputas, se hallan en el centro del espectro político, basadas en sus lógicas propias que –por lo menos- resultan incomprendidas por el conjunto “teórico” de nuestra formación social civilizacional. O sea, si los “analistas” apenas oteaban el espectro situacional, hoy ni siquiera sospechan los factores en juego dentro de una pulseta mayor: Comunidad vs. Estado; Confederación Regional de Colonizadores de Caranavi, TIPNIS, Mallku Qhota vs. Ejecutivo Colonizador (Presidente Plurinacional).

b) Esta onda larga nos trae novedades coyunturales que deben leerse en su contexto; ignorado neocolonialmente por la mayoría de “cientistas”; que nos impele a comprender primero a Guamán Poma de Ayala (directamente, sin los rodeos de “Amauta”), antes de intentar una explicación “politológica” bastante potable como escasamente certera.

c) Lo anterior podría mostrar que la insurgencia no reside únicamente en la utopía de unos pocos frente a la “viveza criolla” de varios, que cohabitan aún –cínicamente-, los compartimientos de una izquierda rebelde dubitativa entre ser oficialista u oponerse al sistema; sino al contrario: se trata de una fuerza histórica en plena ebullición cuya virtud política reside en ignorar a quienes la ignoran; o sea; excluye a sus exclusores, sin reparar que no es el aparato estatal que debe repararse, sino la fuerza social insurgente la que destruya el Estado, los ejércitos (incluido alguno que, desde un verde olivo, pretende restaurar el púrpura jesucristiano del poder en toda su magnitud), intercambiando “prestigio” por “pegas” y autogobierno por poder. Si no se llega políticamente a esto, mejor es no hacer política.

d) Una comprensión del proceso actual, transita por nuevos códigos de lectura socioepocal, no por el rediseño plurinacional de viejas recetas cuyos ingredientes se hayan vencido, sino por acudir a la simiente para luego coronar una rebelión a partir de nuestras raíces

Actualmente, no se discuten proyectos de país, ya que el MAS ha monopolizado la textura del cambio a su medida; más bien se debaten opiniones inconsultas acerca de un proceso carente de insurgencia, es decir, ausente de cambio, como si su perspectiva fuera el renovar los cuadros burocráticos del Estado en vez de reconstituir los cimientos de Bolivia. La modernidad -incluso revolucionaria- ahogó toda certeza basada en la historia, la teoría o el sentido común. Pareciera que, a mayor debilidad estatal, hubiera menor idea de lo que debería sobrevenir. Por ello, la crisis ideológica, abarca a todos los actores, democráticamente, requiriéndose una salida estructural antes que un atajo coyuntural.

Ergo, el gobierno agradece a los “analistas” que, de forma ignorante, razonan los conflictos presentes como los antiguamente destronados, sin llegar a su punto crucial… Si ha de señalarse una respuesta rebelde cuya expresión electoral no reviste dudas; primero; debería considerarse que un pacto de reciprocidad existente hace cinco mil años ha sido reemplazado por la ruptura contrahegemónica de un presente amerindio que repudia el Estado (“Juicio al Estado” neoliberal o plurinacional) cuando pretende reemplazar sus autoridades y cargos comunitarios con las maquinarias partidocráticas de un poder sin sustento real, ya que paulatinamente, va minando sus bases de sustentación. Lo que ningún líder neoliberal se atrevió a intentar -el reemplazo de las autoridades originarias amerindias por las estatales- hoy por hoy, es reclamado como un derecho del “Apu Mallku” coronado en Tiwanaku en franca y directa contravención a los cimientos comunitarios que resisten, por lo menos, ochocientos años (es decir, desde que los aymaras pretendieron imponerse tan cruel y totalitariamente como luego lograrían los españoles), sin hacer caso a las directrices de una civilización que colocó al MAS en la testera y, por tanto, puede arrojar a la papelera de la historia, si es que no representa sus aspiraciones más legítimas: un nuevo pacto de reciprocidad que conjuncione Comunidad/Buena Vida/Poder, bajo una matriz insurgente de Rebelión/Pachakuti/Comunidad Nacional.

Guamán Poma enseña que los símbolos revisten cualidades epistemológicas en política, si acaso se leen correctamente a través de la historia. Un chulla Inka Aymara coronado en Tiwanaku por niños, muy de lejos, representa mucho kencherío y poca lucidez ideológica, si acaso -previamente- no se comprende lo pretérito como llave del porvenir. El intento jacobino/bolchevique de fijar candidaturas por encima del consenso comunal, arrojó una derrota cualitativa que muestra la debilidad de un “instrumento” ajeno a la Comunidad. No es un resultado cualquiera ni coyuntural; se trata de una pulsión insurgente que recién comienza, cuando el socialismo es tan conservador y asesino (véase Caranavi, cuyos muertos parecen asesinados por Goni) como el capitalismo lo fue donde se impuso. Ergo, un “capitalismo andino amazónico” como antesala de una revolución, sólo representa una cruel, cínica y sangrienta exclusión de lo amerindio andino bajo un discurso que racialmente le proyecta hegemonía… A tal punto que algún Phd “plurinacional arrepentido” sostuvo la preeminencia viril aymara al sugerir su mayor potencia sexual, cuando muy mayoritarias mujeres paceñas provenientes de aquella gran cultura manifestaron -por muy diversos medios- añorar también al criollo devastador que las satisfaga y embarace… Así de simple, sino pregúntenles a ellas…

Que la COB paralice Bolivia bloqueando Lahuachaca ya es un indicador preciso de que una especie de “alianza obrero campesina” desde arriba, ha fracasado y, en cambio, se brinda “desde abajo”, dado que la irrupción coyuntural se da no en epicentro minero (Huanuni) o fabril, sino en la misma entraña del sistema indigenista. Ni el más entusiasta opositor podría imaginar el nivel de caída comunitaria y desgaste político del gobierno, que juega justamente a la desinformación mediática cuando sabe perfectamente que hay más factores en juego… Sacha Llorenti ya transitó el “taky” de Berzaín; la Insurgencia no puede caminar el atajo del MAS… Más bien, todo lo contrario… Comunidad vs. Estado… A eso apunta la Rebelión…