Caranavi Insurgente

02.Jun.10    Boletines
   

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Ya salió a la venta el periódico Insurgent@ Nº 3. Se vende en los puestos de venta de periódicos.

En el siguiente documento encontraras una explicación y análisis de lo sucedido en Caranavi, y por qué hablamos tan reiteradamente de “Caranavi Insurgente”, com0o un concepto y unidad de la potencialidad revolucionaria que remonta el mediocre “proceso de cambio” que plantea la actual gobernación boliviana:


Caranavi Insurgente

Por: raúl fernando bustillos agramont / sonia lejsek parra / rolando patzi paxi

“Evo: aquí tienes tu premio Nóbel”
Pancarta leída en Caranavi

El reciente conflicto suscitado en Caranavi (departamento de La Paz), arroja una serie de percepciones que, vistas en su coyuntura política, muestran la emergencia de sujetos comunitarios en abierta reivindicación de sus derechos en el marco de un sistema “plurinacional” que, aparentemente, condensaría la representación social amerindia. Pero también presenta la crudeza de una resolución militar que culmina esta fase de conflicto con heridas irreparables en los actuantes, mostrándose profundas grietas en la estructura sindical de la Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia (CNCB, autorebautizados como “interculturales”), ente matriz de los comunarios de Caranavi, además del propio Presidente Morales.

La división interna entre colonizadores de Caranavi y Alto Beni (aparentemente precipitada por el Senador Fidel Surco y algún ministerio plurinacional), es la punta de un iceberg que involucra otras instancias más complejas, suscitándose una crisis de representación social apenas perceptible en la superficie. Como telón de fondo, tenemos la figura -nazi por excelencia- de una zona muerta, región escabrosa en la que los pobres disparan contra los pobres. Este marco –penoso- divide políticamente aquello que ni el tiempo, la geografía o historia, en su despliegue, pudieron escindir. Por tanto, analizaremos la cuestión desde un punto de vista histórico/geográfico y sociocultural.

Geohistóricamente, partamos del análisis del marco geográfico, que adquiere sentido cuando focalizamos el Macizo de Yungas. Se trata de una “espléndida formación orográfica”, señala Jaime Mendoza (Jaime Mendoza: El Macizo Boliviano. Librería Editorial “Juventud”, pp. 7 y ss. La Paz, 1986). Los “valles fluviales abruptos de la parte central de la cordillera” Oriental, llamados Yungas, resultan “más húmedos y más tropicales” que los valles y llanos de la Cordillera Real ubicados en Cochabamba, Chuquisaca, occidente de Potosí y la región de Tarija, refiere Herbert S. Klein (Klein, Herbert S.: Historia de Bolivia. Versión castellana de Josep M. Barnadas. Octava Edición. Librería Editorial “Juventud”. Pp. 21 y ss. La Paz, 1999). El nombre de “Yunga” designa tanto a la región ecológica como a sus habitantes, los indios Yungas (Yunga, etnia prehispánica), que en tiempos incaicos y colonia temprana se consideraban más desarrollados que los Chunchos de tierras más bajas.

El Período Formativo (2000 a.n.e. / 1200 n.e.) en los Valles del norte de La Paz, alberga hipótesis acerca del origen de la tradición Mollo a partir de una expansión tiwanakota, dada la importancia de los valles mesotermos en este período, donde Tiwanaku “también tuvo influencia en la región al superponerse a tradiciones formativas locales y en una época tardía formar Mollo”. Existen relaciones con los Tiawanakus e Inkas y los Moxos, hallándose acá la Cultura Mollo que cultivó coca y maíz. También se encuentra el Señorío Kallawaya y decenas de mitimaes.

Son pocos los datos acerca de la ocupación de Yungas en tiempos de los señoríos altiplánicos, relata Marcos Michel: La información de acuerdo a las crónicas, según Garcilazo de la Vega, afirma que el cuarto Inka Mayta anexó el sector Kollasuyo del Collao al imperio del Tawantinsuyo instalando mitmaqkuna en los valles y Yungas orientales al pie de la sierra nevada de los “Antis”. Huayna Capac realizaría el ordenamiento de estas tierras con la finalidad de lograr una expansión de conquista hacia el pie de monte amazónico. Los “Yunga” se establecían en los valles de Copan, Llica, Challana, Chapaca, Zongo del Peri (Coripata) y Chapi Yungas (Chulumani) como mitmaqkuna originarios de las etnias andinas del Collao reconocidos por el Inka.

Los documentos coloniales denotaron diversas lenguas y tradiciones culturales originarias anteriores a la llegada de los Inka, prosigue Marcos Michel: Los indios “Yunga” de las vertientes orientales de los Andes han sido mencionados en diferentes crónicas ocupando los valles de los afluentes superiores del Mapiri y del Bopi, claramente diferenciados de los “Yungas” de la vertiente occidental del Pacífico. También Loza menciona a los “Quinua”, cuya identidad podría estar ligada a los denominados “Yunga”. Los Quinua son identificados como habitantes de los valles superiores del Bopi en el siglo XVI y la palabra Quinua puede tener dos significados en aymara: qirua = mercader de coca y qherua = valles templados. Los Quinua constituidos como un señorío con cabecera en el valle de Uyuni al sur de La Paz, controlaban un cruce ecológico desde las altas pendientes de la cordillera real hasta los Chapi Yungas de Chulumani mediante el camino del Takesi y otros caminos.

Se desconoce si los Yunga y Quinua son originarios de la zona o si constituyeron señoríos. Empero, las evidencias arqueológicas resultan elocuentes, refiere Marcos Michel: Las pucaras o fortalezas Pukara Punta y Jiska Ilampu son avanzadas de grupos andinos en los Yungas, localizadas en posiciones estratégicas para el control y protección de sus poblaciones y recursos, al igual que en el altiplano. Ambas se localizan en alturas mayores a los 3600 m.s.n.m. y presentan caminos de acceso de elaboración simple que parten del camino central del Choro, el acceso a las fortalezas está protegido por escarpadas elevaciones. El patrón de asentamiento es de casas circulares dispersas en plataformas pequeñas en el caso de Pukara Punta debido a lo escarpado del sitio y amplias en Jiska Ilampu porque el sitio se encuentra en una cuchilla trabajada en varias plataformas escalonadas, posiblemente para uso agrícola.

Tanto entre los Inkas como en la colonia temprana, Yunga fue el nombre otorgado a los indígenas de Larecaja y las tierras cálidas que bajan hacia el Pacífico. Los yungas de La Paz se ubicaron en el fondo de los valles, la región ecológica de Yungas (Copan, Llica) y los afluentes superiores del río Beni (ríos Challana, Songo, Coroico, Peri, Bopi), todos en La Paz, en una región de riqueza aurífera. Se distinguen de los Chunchos y a la vez son relacionados con la Cultura Mollo, sin que hasta el presente se haya filiado su lengua.

Los llamados Chunchos en realidad son varios grupos diferenciales particulares en relación a los Yungas (ubicados más arriba) y los Moxos (ubicados más abajo). Grupos de piedmont del norte de La Paz (Alto Beni) que oponen dos conceptos en su denominación, a decir de Ximena Medinaceli:

a) Una denominación ampliada a todos los grupos asentados entre los Yungas de Larecaja y Carabaya, hasta los ríos Madre de Dios y Beni. A veces se utilizó el término para denominar a los grupos que se encontraban “más allá”, siempre metidos en la selva. Sin embargo hay datos que demuestran que era un grupo real porque incluso se sabe que los jesuitas que se preparaban para ingresar a la zona desde Camata, aprendían su idioma particular, el “Aymara Chuncho”.

b) Una denominación restrictiva que abarca solamente a los grupos ribereños del río Tuiche, es decir tres grupos Araona, Uchupiamona y Eparamona con lo cual se excluyen a los Lecos y Aguachiles de Apolobamba.

En la época Inka, los Chunchos del Alto Beni fueron forzados a explotar minas de plata y oro de la región, mientras que los del alto Madre de Dios eran vasallos del Inka Yupanqui. Esto muestra que los Inkas “dominaron la región de los Chunchos en forma bastante extensa particularmente en la zona del Alto Beni y del Guanay”, logrando avanzar y establecer mitimaes en la región, en las épocas de Huayna Capac, “lo que dejó poco tiempo para estabilizar esta conquista”. Para los cronistas coloniales, Chunchos “son los que viven al piedemonte amazónico” mientras que para los misioneros “son los que se encuentran en una zona más adentrada en la selva”.

Si son los Aymaras quienes hoy “pueblan los contrafuertes del Macizo de Yungas”; indudablemente no constituyen el pueblo originario Yunga, sino “una superposición, hace algunos millares de años, de una fuerte raza de tipo mongoloideo” sobre otra anterior “que habría sido la constructora de Tihuanacu en la Altiplanicie” y acabó por ser englobada “en la avalancha étnica invasora” que adoptó muchos usos de la cultura precedente, cultura Mollo. Tales ellos: la técnica de cultivos altiplánicos o cordilleranos (quinua, papa, maíz, coca); cría de animales (llamas, alpacas); ritos religiosos y modalidades sociales como la de los Collanas; además del idioma, anota Jaime Mendoza.

A modo de conclusión, se podría sostener que “la intervención de grupos andinos en los Yungas fue un hecho relacionado a la explotación de control de un máximo de pisos ecológicos”, siempre ligada a interrelaciones de armonía y conflicto con habitantes de tierras bajas. En Sud Yungas puede probarse la presencia altiplánica Pacaje y otro grupo étnico local, probablemente los Quirua, ligados a los “Yunga”.

Como puede observarse, una configuración sociogeográfica de tal magnitud liga ineluctablemente a todos sus componentes bajo un marco en el que convivieron muchos pueblos a lo largo de la historia. Por otra parte, queda claro que las políticas de “colonización” hacia la zona –bajo diversos contenidos y sistemas-, son de muy remotos antecedentes amerindios, y no exclusividad de la conquista hispánica; destacándose la importancia de la coca en cada una de ellas.

Ahora, es menester un recordatorio fundamental: la zona del macizo de Yungas tuvo relaciones intermitentes con su opuesto complementario, es decir, la región del trópico de Cochabamba, muy llamativa –hoy por hoy- en cuanto al escanciado de los conflictos que han surgido entre representantes de ambas zonas, como en el caso anterior de los cocaleros (cuya “guerra” entre Yungas y Chapare ilustra bastante acerca de la escisión de Lino Villca) y, actualmente, el de Caranavi. A tal efecto, debemos muy rápidamente focalizar esta “memoria corta” sociocultural de la colonización reciente, para comprender lo antedicho y sus posibles contextos.

A partir de Reforma Agraria, el movimiento de colonización tiene su auge entre los años 1960 a 1980 (signados por el pacto militar-campesino) que, según datos recogidos por Xavier Albó, supera las 80.000 personas provenientes de La Paz, de origen aymara; gran mayoría en las colonias de Caranavi, Alto Beni, la Asunta, etc. La dotación de tierras en esta zona, habría sido la más reducida (12 hectáreas por familia asentada en comparación a la cantidad de tierra cedida a los colonos en el Chapare y el Oriente, entre 20 y 50 hectáreas); y que por sistema rotativo de cultivo y la misma característica geográfica del terreno, el área cultivable puede reducirse aún entre 2,5 y 3,5 hectáreas anuales. Estos grupos de colonizadores aymaras establecidos en el Norte de La Paz -ante la dura realidad del monte y el enojo por las promesas incumplidas del Instituto Nacional de Colonización-; mantuvieron intercambios de reciprocidad con sus zonas de origen, debido a la cercanía de éstas con las tierras de colonización, además de los “puentes regulares” entre comunidades, como comerciantes, profesores rurales, funcionarios públicos y privados y “hermanos” evangélicos.

La Comunidad es la base organizativa en las Colonias, sean éstas dirigidas o espontáneas y ello ha derivado en la creación de sindicatos, como ocurre en sus zonas comunitarias de origen. Pese a cierto grado mayor de politización, mantienen altamente sus rasgos de comunidad y fuertes lazos de solidaridad, sean colonias homogéneas (personas conocidas que deciden trasladarse en grupos grandes) o heterogéneas (pequeños grupos de diverso origen y distinto tiempo de asentamiento). La mayor o menor cohesión de los distintos grupos colonizadores, depende del tipo de sistema de distribución de tierras. En el caso de Alto Beni, ha sido de “teclado y abanico”, lo cual permite mayor cohesión que sólo teclado o brecha, ya que posibilita la construcción de las viviendas en un centro de convivencia comunitaria. Pese a la pacífica relación que se ha establecido entre colonos y la mayoría de “pueblos indígenas/originarios” de la selva, se han registrado ciertos conflictos entre colonos y una ex-misión de Mosetenes por concesión de tierras.

El cultivo principal de la zona de los Yungas paceños, desde épocas pre-coloniales, es el de la sagrada hoja de coca para el consumo tradicional. El cultivo se ha diversificado con otros productos subtropicales como el café, cítricos y bananos y en las partes de tierras más bajas se ha diversificado con el cultivo de cacao, azúcar y arroz. Contrario sensu, el Chapare cochabambino ha incursionado en los mismos rubros productivos en épocas más recientes, constituyéndose en una competencia efectiva que, sin embargo, no obedece al concepto de “vocación productiva agroecológica”, sino a imperativos del mercado que demanda coca excedentaria, reemplazando paulatinamente a los propios cultivos de autosostenibilidad alimentaria. Así, puede focalizarse una pugna entre ambas regiones que se ha trasladado al ámbito político, aunque sólo ha sido percibida por los paceños a raíz del conflicto reciente.

ANÁLISIS COYUNTURAL DEL “CONFLICTO CARANAVI-ALTO BENI”

La colonización de la recientemente creada Provincia de Caranavi, se dio con bastante anterioridad a la de Alto Beni -aunque los datos muestran un crecimiento demográfico relativamente acelerado de esta última-. Debido principalmente a las haciendas tradicionales y al flujo de turismo paceño de fin de semana y feriados; al contacto con colonos, buscadores de oro y pobladores-productores de la vecina provincia de Larecaja y la creciente demanda de productos de la zona; Caranavi se convirtió, por su situación estratégica, en un centro natural de acopio de dichos productos y, a la vez, en una región pujante que gravita sobre todo el norte paceño y sus ramificaciones benianas y pandinas.

El aumento de zonas de cultivo excedentario de hoja coca, generando competencia inusitada entre productores de diversas regiones, derivó en la necesidad de diversificar la producción y que el Estado asegure el mercado diversificado en regiones tradicionales y no tradicionales, excepto el Chapare, que a través de su ligazón estratégica con el gobierno, mantiene –incluso incrementa- su producción cocalera, disputándose también los mercados emergentes de consumo tradicional (oriente y norte amazónico de Bolivia), utilizando prosaicamente medios oficiales como DIGECO para controlar la competencia, desatando una suerte de “guerra de la coca” con sus pares de Yungas. En tal contexto puede leerse la ampliación del cupo de producción del trópico paceño y la creación de una Planta Procesadora de Cítricos en la ciudad de Caranavi (“divide para reinar”). Sin embargo, se desató un conflicto que suma tres muertos, luego de 12 días de bloqueo de la carretera hacia el Norte de La Paz, debido a la insistencia de Alto Beni y el Senador y dirigente de colonizadores de la zona, Fidel Surco, de que dicha Planta Procesadora de Cítricos sea instalada en la región de Palos Blancos. La ácida solución de este conflicto estriba en la instalación de dos Plantas Procesadoras, una para cada zona y la investigación profunda de los oscuros y tristes hechos de Mayo.

Los Colonizadores de Alto Beni, en su pliego petitorio, solicitaron además la creación de la Provincia de Alto Beni, es decir: separarse de la Provincia de Sud Yungas pero a la vez reclaman la apertura de un camino que unifique Palos Blancos, Covendo, etc., con la ciudad de Chulumani (Sud Yungas), para evitar de esa manera el posible sabotaje y bloqueo por parte la Provincia de Caranavi. La complicada geografía de la zona en cuestión, surcada de ríos y profundas estribaciones, creemos que no sólo dificulta en gran medida la pronta atención de sus demandas sino que sus motivaciones van, más que a impedir el posible sabotaje de Caranavi, al deseo altobeniano de conectarse directamente y de forma independiente con la nueva carretera Cochabamba/La Paz, aún en construcción, ligándose con el Chapare y trópico de Cochabamba, en dirección a la costa de Arica. La socialización de un conflicto político, cooptación de liderazgos y práctica tradicional de un partido/estado/macro/sindicato, muestra junto al diseño de un estado total, una defensa regionalista “chapareña” a ultranza.

Podemos citar ejemplos “vivos”: 9 febrero de 2010, en el matutino La Razón, Juan Marca afirmaba que su sector no reconocería a otro postulante que no sea Félix Patzi… “nosotros representamos a la 20 provincias de La Paz, como nosotros proclamamos a Patzi, ahora exigimos que siga con su candidatura. Pedimos al hermano Evo Morales que revise su decisión, ya que nosotros lo apoyamos desde que se inicio este proceso de cambio” afirmaba (…), y el Domingo 7 de Marzo en el mismo matutino La Razón en la sección Política… la posición anterior quedaba borrada, porque la carrera sindical y la trayectoria política eran las dos principales características de los hombres y mujeres que encabezaban las listas de candidatos para gobernadores por el departamento de La Paz: Cesar Cocarico, impuesto por el ejecutivo del MAS que anteriormente presidía la comisión del Poder Legislativo de la Asamblea Constituyente; Simón Yampara, representando al movimiento Katarista y estratégicamente aliado al MSM de trayectoria sindical y ex Director de Tierras en Gobierno de Hernán Siles Zuazo; Lino Villca, dirigente cocalero de los Yungas – Ex senador por el MAS; entre otros.

Entre tanto, el Movimiento Al Socialismo a la cabeza de Cocarico, priorizó la carrera sindical para establecer listas como candidatos Asambleístas departamentales: Juán Marca Poma, Ejecutivo de la Federación de Campesinos Tupac Katari, también esta dirigentes de los colonizadores Marzo Antonio Mollericona y el Presidente del Concejo Municipal de El Alto Roberto de la Cruz…Ahora nadie cuestionaba el “asunto Patzi” ni las acciones de Sacha Berzaín en Caranavi… Calladitos nomás…

Por su parte, los colonizadores de Caranavi fueron paulatinamente confeccionando un pliego petitorio que alcanzó 14 puntos luego de la intervención “humanitaria” de la Policía en la zona, que acusó a los comunarios de constituir una fuerza irregular poblada por “expertos en armas”, seguida del Ministerio de Gobierno que, sistemáticamente, habló de sedición, involucrando a los habitantes de la zona en afanes conspirativos alentados por USAID y ONGs con presencia en la región. El saldo de muertos, heridos, desaparecidos y presos, evidencia una represión implacable que se había escudado en justificar las muertes por el calibre del arma identificada en un caso concreto, el rifle calibre 22 que supuestamente sólo se opera en Caranavi, cuando es típico de toda la región circundante hasta llegar al norte e indispensable para la seguridad personal y cacería. Habiéndose demostrado infiltración de sujetos extraños a las organizaciones movilizadas y confrontación entre civiles de la propia zona, lo más probable resulta hallarnos en aquella intersección de la “zona muerta” donde los pobres disparan contra sí mismos, a instancias del poder.

Por otra parte, la correlación de fuerzas a favor del gobierno –que además de policías, movilizó todos los resortes mediáticos-, adicionada por un manejo conciso y relativamente exitoso de la “opinión pública”, resolvió la desigual batalla en su favor, dejando a Caranavi con “sabor a poco”. Efectivamente, la renuncia del Ministro responsable de la represión fue descartada de plano al tratarse de una “potestad privativa del Presidente” y no de los “movimientos sociales” a cuyo nombre gobierna, ignorando la gravedad del caso. La solicitud de Caranavi en sentido de abrir una investigación internacional fue atendida sin señalar cuál sería el ente específico de tan devaluado expediente; la insistencia por investigar casos concretos de corrupción que apunta al senador Surco fue librada al aparato jurídico y la liberación de presos a la justicia ordinaria.

Por si fuera poco, el acuerdo suscrito entre Caranavi/Gobierno –bajo la innegable influencia presidencial sobre el sector y la no menos perceptible presión represiva del Estado-, contraviene los puntos aprobados multitudinariamente en el Cabildo de Caranavi, poniendo en tela de juicio la actuación de sus dirigentes, resquebrajando su poder de convocatoria y credibilidad política. Empero, también se ha percibido un debilitamiento de la figura presidencial en la base colonizadora de la región; el desgaste de sus principales operadores políticos (Surco y Quispe) y sindicales (Mollericona), amenazando con resquebrajar aún más a la CNCB.

APUNTES FINALES

1. Uno de los puntos centrales del acuerdo entre partes, textualmente, ha establecido que se construirá la planta en Caranavi, pese a un previo acuerdo de llevar a cabo un estudio económico, social y productivo de factibilidad, instalando así la percepción gubernamental de que los picos altos del conflicto se deben a la intransigencia de los colonizadores de Caranavi y no a la vaguedad de una promesa electoral que usufructúa la demanda que tiene ya seis años de trámite en instancias gubernamentales sin éxito alguno.

2. Cualquier aspirante a ingeniería industrial, economía o planificación sabe perfectamente que se requieren vías transitables para la recepción de materia prima con fines industriales, además de servicios básicos para la operación industrial, condiciones geopolíticas favorables al conjunto productivo y la experiencia acumulada por la región que muestra una capacidad impresionante de acopio de insumos para su transformación, como es el caso del propio café, identidad productiva de Caranavi pese a no constituir un cultivo dominante en la región. Por tanto, queda fuera de cualquier debate técnico la viabilidad y coherencia del establecimiento de la planta industrial prometida en Caranavi, puesto que si es Alto Beni la región productora de un gran volumen de cítricos, carece de las condiciones supraexpuestas inviabilizando -al menos temporalmente- su perspectiva.

3. Tal como Suiza con los chocolates (que industrializa masivamente sin tener cacao en su territorio), Caranavi posee todo el potencial requerido para llevar a cabo esta industria y muchas otras más. Por otra parte, Caranavi motorizó una especie de conciencia “regional” paceña, señalando incluso que el presupuesto para una planta de dicha industria en La Paz –excepcional en las asignaciones del gobierno al departamento, sea dicho- cuesta $us 3 millones, un gasto que asemeja apenas a una obra que destina el gobierno a Santa Cruz, demostrando la inequidad inmensa en la inversión pública nacional. Por ello, pese a todas las contingencias, lo de Caranavi resulta un triunfo frente a la siempre adversa atención gubernamental hacia la región.

4. Contra todo el despliegue mediático gubernamental, dicho documento afirma que el conflicto fue debido a la construcción de la planta y no a factor político alguno, argumento que insistentemente agitó el Ministerio de Gobierno, desnudando toda su estantería mediática que justificó la represión e inflexibilidad negociadora. Si bien se trata de un pequeño logro mediático, indudablemente, más parece la compensación mediática frente a la cizaña estatal que un reconocimiento objetivo de los factores en juego dentro de una etapa donde las claves políticas amerindias y sus disputas, se hallan en el centro del espectro político, basadas en sus lógicas propias que –por lo menos- resultan incomprendidas por el conjunto “teórico” de nuestra formación social civilizacional. O sea, si los “analistas” apenas oteaban el espectro situacional, hoy ni siquiera sospechan los factores en juego dentro de una pulseta mayor: Comunidad vs. Estado; Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia vs. Ejecutivo Colonizador (Pdte.)

5. En Caranavi se advierte nítidamente un conflicto entre colonizadores, tanto en su vértice dirigencia nacional/dirigencia departamental, como entre ambas y la regional, que opera más cerca de su base. El dirigente departamental de la CNCB, Mollericona, resultó siendo asambleísta departamental del MAS, como Fidel Surco y Mamani parlamentarios plurinacionales, íntimamente ligados al gobierno, lo que les colocó en un dilema que comienza a hacerse muy frecuente y –con el tiempo- lo será más aún: la cooptación de líderes sindicales de la cúpula en cargos políticos de representación, lejos de unificar dos ámbitos que hasta hoy aparecen desconectados, parece incrementar la evidente ruptura entre las bases y sus dirigencias nacionales y departamentales, dado que si Surco se alineaba con el gobierno –algo que finalmente hizo-, perdía gran parte de su base social y, viceversa, optando por la base, indudablemente perdería el favor gubernamental, aspecto que ningún dirigente sindical desearía en las circunstancias actuales.

6. Lo anterior no es poco, si analizamos que Mollericona fue reemplazado como interlocutor por Ever Choquehuanca en la dirigencia departamental; Fidel Surco y Mamani se hallan virtualmente prohibidos de pisar el suelo de Caranavi, donde sus dirigentes de base e intermedios hablan del instrumento político y no de la CNCB ni del MAS, mostrando la ruptura evidente de aquella instancia. Empero, consideramos que detrás de toda esta disputa, se halla floreciente otra de mayor envergadura, Estado vs. Comunidad, que marca el signo de los tiempos presentes y venideros, como hace más de 500 años…