Violencia estructural, justicia y poder

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Todas nuestras acciones personales y colectivas cotidianas están en el camino de encontrar una situación de “justicia y paz”, a nadie absolutamente a nadie le gusta la violencia, por que tarde o temprano uno muere o paga con la cárcel cuando toma el camino de la violencia.



Violencia estructural, justicia y poder

Lucio Gonzales Alanes

Oruro-Bolivia, mayo 2009

Todas nuestras acciones personales y colectivas cotidianas están en el camino de encontrar una situación de “justicia y paz”, a nadie absolutamente a nadie le gusta la violencia, por que tarde o temprano uno muere o paga con la cárcel cuando toma el camino de la violencia. Sin embargo, cada día se torna mas violenta la sociedad, mejor dicho, el Estado Capitalista empuja a una parte de la sociedad a una situación de violencia, independientemente de que grupos políticos están en la administración del mismo. Como el Estado es una Institución que representa las relaciones sociales basadas en la producción social y apropiación privada, es casi natural y hasta legítimo el uso de la violencia para sostener y mantener el orden establecido (poder), es decir, que las servidumbres sacrificales (trabajadores y pueblo en general) vean y sientan la presencia del Estado, para que los menesterosos, los pobres (mejor dicho em-pobrecidos) no puedan ni deban aspirar a una verdadera justicia y si reclaman o pretenden desarrollar acciones independientes de las relaciones servidumbrales-sacrificales ponerlos en raya para que no se atrevan a luchar por el poder.

Estas formas de violencia las hemos vivido con gobiernos democráticos y con las dictaduras militares; esta violencia -en la historia de la lucha de nuestros pueblos contra las oligarquías y poderes coloniales y semicoloniales- se ha desplegado a nombre del orden, la paz, el trabajo, en fin, en nombre del “Estado de Derecho”, siendo un tipo de violencia que la hemos identificado con claridad, de qué sectores de poder proviene. Sin embargo, en momentos como los actuales, donde emergen formas diferentes de violencia, que se las vive a diario, todo parece diseñado para que no podamos inmutarnos en lo más minino.

La violencia estructural, a la que nos hemos acostumbrado y que hasta parece estar despojada de todo orden ideológico y político también es fulminante y trágica y proviene de quienes controlan o están en el poder, es decir la clase dominante, que la ejerce como relaciones de realización servidumbrales, pero esta vez festinatarias.

Las servidumbres festinatarias (gobernantes, clases y elites dominantes) son las que generan la violencia desde el Estado; las formas de violencia que emanan desde el Estado no necesariamente se manifiestan en represión, muerte o cárcel real, aunque en el fondo, significa o termina en lo mismo, por que hay formas sutiles de generar daño que son inherentes al sistema capitalista. Por ejemplo, si tomamos en cuenta el gran problema congénito del modo de producción capitalista, el DESEMPLEO, veremos lo que ocurre con una persona sin trabajo, que se encuentra reprimida en su anhelo de desarrollar sus cualidades y su derecho a vivir dignamente; de manera que la desocupación lo en su vocación de realización como persona; es una forma de represión o violencia económica, donde se lo condena a una agonía de muerte. Lo que realmente dignifica al hombre y lo hace diferente del resto de los seres vivientes es precisamente el trabajo, si no cuenta con el respaldo y los gobernantes no crean las condiciones para cumplir con esta obligación y el Estado solo se limita a declarar el derecho al trabajo, entonces, el ciudadano que tanto cuenta y vale para la elección de los gobernantes, prácticamente es infravalorado en su condición de humano o ciudadano y con esa actitud el ESTADO lo empuja a la cárcel del ostracismo.

Esta es una faceta de las diferentes formas de violencia que se manifiestan en el orden establecido, por que hay otras como la violencia cultural, social, pedagógica y otros que hacen a la violencia estructural del sistema dominante.

LUCHA POR LA JUSTICIA Y EL PODER

Los caminos por los que transita la lucha por construir la justicia son tantos como variadas son las conformaciones históricas de cada pueblo, cultura o nación.

La lucha por la captura del poder político se inscribe en el transitar por la construcción de la justicia para nuestros pueblos.

Tomar el poder ¿significa el fin de la lucha por la justicia? La experiencia nos ha enseñado que no ha sucedido así, aunque muchas veces ha sido la injusticia un factor o motivo para lanzarnos a la captura del poder, empero mas bien la toma no del poder político sino sólo de la parte gubernativa significó la claudicación de importantes compañeros y combatientes que abandonaron la lucha por la construcción de la justicia y cimentaron las bases de nuevas (o viejas) injusticias, dando nacimiento a nuevas élites, que pronto se olvidaron del tema de la justicia e impulsaron el tema de la “seguridad jurídica”, del Estado de Derecho.

En este sentido la toma del poder político, no puede significar más que conquistar una poderosa herramienta que puede y debe ser puesta al servicio de la construcción de la justicia; pero que de ninguna manera significa el fin de la tarea emprendida para muchos de nuestros gobernantes aun autodenominados gobiernos de los sectores populares o movimientos sociales.

La toma del poder político esta lejos y muy lejos de significar el triunfo de la justicia social con el que soñaron generaciones heroicas de revolucionarios y que en su justo sueño confundieron el poder y la justicia, como un fin de “estar en el poder”. Por ello, algunos proclamaban que “salvo el poder lo demás es ilusión” cuando en realidad el poder es el medio para alcanzar un fin: la justicia en todos sus ámbitos de la vida de nuestros pueblos. Por esto también, más de una “victoria” que servía de modelo y emulación termino en fracaso (el socialismo real). Y la injusticia renació donde aparentemente había sido exterminada. La contradicción siguió latente quizás en otras formas y contenidos (se abolió las relaciones de explotación pero las relaciones de dominio sólo cambiaron de forma y contenido), por tanto la lucha por la justicia se mantuvo viva.

La lucha por la justicia se recrea, se renueva, en cada injusticia, es quizá la única lucha, la única bandera que no se limita a si misma y que es inherente al devenir de la humanidad, por esto es la única lucha que no conoce ni la victoria o derrota definitiva y absoluta.

Creemos que es fundamental la generación de un Juicio Político al Estado, no sólo en Bolivia, sino en todo el continente, debido a que la injusticia sigue campeando por estas tierras.

La justicia social no la detienen los gobiernos de fachada o máscara, que realizan algunos cambios pequeños o medianos a nombre de la liberación de un pueblo. Si dentro de las actuales reformas no se tocan los temas de fondo, la justicia social volverá como un movimiento de los de abajo, que demandará la solución de todos los problemas pendientes. Por ello, el Pachakuti que aparece cada cierto tiempo, emerge con el rostro humano de la justicia social.