Transitar el taky de los micropoderes. Estrategia Insurgente de Poder

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Documento presentado al Encuentro de las Brigadas Internacionalistas con Bolivia.

Transitar el taky de los micropoderes

ESTRATEGIA INSURGENTE DE PODER (EIP)

Sol para la Patria Grande



Transitar el taky de los micropoderes

ESTRATEGIA INSURGENTE DE PODER (EIP)

Sol para la Patria Grande

ÍNDICE

Pág.

I. Introducción 1
a. Insurgencia y liberación filosófica como preludio de la
revolución socialista 1
i. Algunos particularismos: el indigenismo, el
bolivarianismo no nos dan una explicación del mundo 2
ii. Crisis del paradigma racionalista y del eurocentrismo 4
iii. Superación de la idiotez marxista 5
iv. El instrumento al servicio del sujeto 6
v. Superación del fetichismo del partido y de los llamados
movimientos sociales 7
b. Teoría de la Insurgencia 8
i. Interculturalidad y revolución científica 8
ii. Formación económica social 9
iii. Las raíces de nuestra visión de mundo 11
iv. Europa y Abya Yala 12
v. El socialismo insurgente es la teoría que ilumina nuestra
estrategia: Sol para Bolivia y la Patria Grande 13
vi. El burocratismo no fue socialismo 14
vii. ¿Existe socialismo del siglo XXI? 15
viii. No puede haber insurrección popular sin lógica
insurgente y hombre nuevo 16
ix. La cualidad insurgente 17
c. Sobre estrategia y táctica 18
d. Conceptos centrales: los enunciados de Sun-Tzu 20
e. La seducción estratégica y la estrategia que seduce 21
II. La lucha intercapitalista 21
a. Características de la crisis capitalista 22
b. Nuevos bloques, nuevas estrategias 23
i. China, Rusia 24
ii. Unasur y la autonomía regional capitalista 24
c. La continuidad neo colonial 25
i. Mayor intervención estatal 26
ii. Relaciones de producción y relaciones de dominación 26
iii. Reinstitucionalización democrática 26
iv. “Estado de Derecho” mediante la estrategia de
consenso 26
v. Quitar el oxígeno para extinguir el fuego 27
d. La dirección de nuestro golpe principal: neutralizar y derrotar
la estrategia neo colonial y neoliberal, expresión del
posmodernismo 27
e. Partir del Taky insurgente 27
III. Socialismo Insurgente 27
a. El objetivo es el socialismo insurgente 28
i. i. La comunidad (unidades sociales de producción)
tienen el control de la producción 28
ii. Los pueblos ejercen su derecho a la autodeterminación 28
iii. Naciones originarias con identidad y territorio 29
iv. Comunidad de naciones 29
v. Salvar la humanidad, salvar la naturaleza 30
vi. Bolivarianismo, zaratismo insurgente 30
b. La superación de las relaciones servidumbrales festinataria,
mediática y sacrifical 30
c. La superación del capitalismo rentista y asistencialista 32
d. La economía insurgente del socialismo 32
i. La potencialidad del trabajo para generar riqueza social
y el vivir bien 32
ii. Salario y del empleo 34
IV. Nuestra estrategia: Implantar los micropoderes 34
a. Cambiar el mundo construyendo los micropoderes 34
i. Buscamos la casa común planetaria y los poderes del
silencio son la construcción y reproducción de tu mundo
para superar la alienación de la sociedad 34
ii. ¿Por qué no interesa tomar ni capturar el poder? 39
iii. Constitución insurgente del poder y devolución del
poder al pueblo 40
1. Reconstitución de gobiernos originarios 41
2. Demolición del viejo Estado 42
3. Respeto por la naturaleza y biodiversidad 43
4. Nuevo Estado 43
b. El micropoder es una construcción de mundo y el socialismo
aquí y ahora 44
i. Buscamos lo imposible y no lo máximo posible 44
ii. Potencialidad, fuerza, poder y factibilidad 44
iii. Los micropoderes existen, no son una utopía 45
c. El eje del micropoder es el hombre nuevo 45
d. Las unidades sociales de producción (USP) son el germen
de los micropoderes a partir del “aprender haciendo” y el
“poder hacer” 45
i. Las unidades sociales de producción son el fragmento del
futuro paradigma hombre nuevo-sociedad nueva-poder
social que superará al paradigma de la razón
(variantes-invariantes) 45
ii. Principal potencialidad frente al atrabiliario torrente
del expansionismo de la “riqueza dominante” 46
iii. Potencialidad productiva social que de-construye y
de-codifica sistemáticamente las redes y tejidos del
poder de la alienación, la enajenación, la colonización;
“trabajar, producir y distribuir socialmente la riqueza” 46
iv. Construcción de la riqueza social y del poder social 46
v. No hay célula ni brigada que no sea USP 47
vi. Los micropoderes educan en base al “hacer haciendo” 47
e. Los micropoderes son poder social, control social 47
i. Control de la producción 47
ii. Control y gestión del territorio 48
iii. Control de la especulación 48
iv. Autodefensa e inteligencia 49
f. Ejes de los micropoderes 49
g. Presencia del Ejército Insurgente 49
h. Geografía de micropoderes y su coordinación 50
i. Irrupción en los espacios de la confrontación 50

Estrategia Insurgente de Poder: Transitar el taky de los micropoderes

I. Introducción

El presente documento tiene como propósito principal exponer la visión del Socialismo Insurgente y la Estrategia Insurgente de Poder (EIP): El Taky de los micropoderes ( ). Antes de entrar a los temas señalados se describe el contexto teórico filosófico en el que nos encontramos, así como una caracterización de la crisis del capitalismo, situación que ha posibilitado la emergencia de fuerzas y bloques políticos, entre los cuales se desarrollan diversas estrategias, unas de afianzamiento del actuar poder y otras de construcción y captura del poder para transformar el mundo. Luego, se formula los elementos centrales del Socialismo Insurgente y la estrategia de los Micropoderes en base a las Unidades Sociales Productivas. Se trata por lo tanto, de un esfuerzo que no se limita a las “fronteras nacionales” de un país, pues para los internacionalistas dichos limites sólo son formales.

a. Insurgencia y liberación filosófica como preludio de la revolución socialista

Una revolución es un cambio profundo de la sociedad y tiene una influencia geoestratégica a nivel regional e internacional. Por ello, una genuina revolución no es algo que se da por azar o sin tener un sustento filosófico, político, ideológico e incluso cultural. La revolución rusa, china, vietnamita o cubana ejerció una gran preponderancia en la lucha de otros pueblos y fue generadora de nuevas teorías. Y si bien no hubo varias revoluciones simultaneas, esta posibilidad no debe descartarse de plano, y por el contrario, de darse debe ser impulsada vigorosamente.

En Nuestra América, Indoamérica o Abya Yala, las condiciones objetivas están dadas para este importante cambio, sin embargo, nos queda dinamizar las condiciones subjetivas. Y cuando hablamos de condiciones subjetivas, en su aspecto más general, estamos haciendo referencia a la preexistencia de una revolución filosófica, de una revolución teórica.

En la actualidad, fruto del trabajo de ideologización neoliberal y occidental vivimos en un oscurantismo teórico y una negación de la creación teórica, de manera que se ha ideologizado a toda la sociedad respecto del fin de la historia, del fin de cualquier construcción que vaya más allá del capitalismo y de su sistema de relaciones coloniales.

Bajo las enseñanzas y preceptos de las revoluciones de los años 20, 50 o 60 del siglo anterior podemos avanzar un trecho, tomando de cada una de ellas experiencias, sin embargo, no son éstas referentes teóricos suficientes. Necesitamos construir una teoría revolucionaria que alumbre el camino. Esa es pues la tarea que encaramos hoy.

¿Cuál es entonces esa filosofía, esa teoría? Para nosotros, y lo decimos con absoluta claridad, la revolución filosófica que propugna el socialismo insurgente se articula sobre la base del encuentro y dialogo del marxismo y las cosmovisiones de los pueblos, en Abya Yala, la visión insurgente de los originarios o indígenas. Y cuando hablamos de marxismo ¿a qué hacemos alusión? Al marxismo de Marx, del Che, de Mariátegui.

Este encuentro, dialogo y articulación, no se da en el plano del eclecticismo, ya que el propósito no es conciliar dos visiones de mundo, sino conocer, fortalecer lo positivo que tienen cada una de estas visiones y complementar ambas en lo creativo y coincidente que se tiene, rechazando las partes dogmáticas o idiotas, de una y las partes idealistas de otra.

i. Algunos particularismos: el indigenismo, el bolivarianismo no nos dan una explicación del mundo

La explicación del mundo desde el marxismo no es única ni acabada, pero si constituye lo sustancial para entender la realidad y trabajar su transformación. La visión de mundo de las naciones originarias y de los pueblos indígenas nos alimentan con una concepción de respeto por la naturaleza, dada las relaciones de vida y codependencia que se tiene con los seres humanos, de manera que no se puede asumir los procesos de “desarrollo”, “crecimiento” ni de “industrialización” por sí mismos, pues el paradigma de “progreso” estuvo, esta y estará cuestionado, mejor dicho subvertido.

Después de la revolución cubana, en América Latina, muchos pretendidos “cambios” se han realizado bajo la preeminencia del racionalismo, no hay un nuevo paradigma a nivel mundial, ni siquiera cumple este rol el llamado paradigma sinérgico. Sólo una nueva revolución, podrá validar un nuevo paradigma, mientras tanto lo que queda son los vacíos de los viejos paradigmas y las subversiones a los mismos, pero como procesos de resistencia más no de construcción de nuevos horizontes.

Es en este contexto, donde aparecen algunos particularismos, como el “indigenismo”, el “zapatismo” o el “bolivarianismo”, para llenar estas lagunas, pero aún la cosmovisión andina como tal (del que el indigenismo se nutre), no es universal.

El bolivarianismo, es una posición política progresista, en la que se identifican muchos sectores sociales de diferentes países andinos, presenta las limitaciones de contener una posición antiimperialista y demoliberal al mismo tiempo. Para el caso de Bolivia, Bolívar fue un personaje que asumió los intereses del nuevo colonialismo que se instauraba en remplazo del viejo colonialismo español, por ello, sus normas agrarias son contrarias a los intereses de las comunidades originarias, de manera que los pueblos indígenas no participan de la fundación de Bolivia y por el contrario, su exclusión política y social, evidencia la condición social servidumbral a las que estaban sometidos. En otras palabras, Bolívar y su pensamiento democrático no refleja la lucha anticolonial de los pueblos originarios y no puede ser el sustento de la construcción del socialismo en estas tierras. Sin embargo, este hecho no niega el carácter integrador y republicano del pensamiento bolivariano, de manera que la propuesta de la Patria Grande la asumimos sin ninguna duda, pero dentro de un verdadero proceso de descolonización, lucha anticapitalista y autodeterminación de todos nuestros pueblos.

En el caso del zapatismo (como una variante del neoanarquismo), al buscar formas de autonomía para los pueblos pero sin abordar el tema del poder, nos oferta un camino de desarme político y automutilación estratégica, pues eso de cambiar al mundo sin tocar el tema del poder, es “una forma de ser sin hacer de verdad”. Todo el aporte de los pueblos originarios de México y Centro América, la propuestas y aportes zapatistas se neutralizan en la medida en que no asumen que la transformación del mundo pasa por neutralizar el poder de las oligarquías y del imperialismo para reorganizar todas la sociedad, situación que implica enfrentar no sólo la violencia intrínseca del sistema capitalista, sino de construir un nuevo Estado profundamente democrático, lo que no puede hacerse mientras subsista el viejo poder dominante.

Desde los Andes, desde la Amazonía, desde la región Chaco Platense, el proyecto zapatista es como una luz que no se apaga, pero que tampoco llega a prender como fuego de transformación. Declaraciones, campañas, otras campañas, marchas, solidaridad, encuentros intergalácticos, películas, música y todo para evitar encarar el tema del poder, desdice mucho de los zapatistas y no puede ser el norte para pueblos que de verdad quieren una genuina independencia y la reconstrucción de sus poderes y territorios.

En cuanto al indianismo y el indigenismo, la misma realidad nos demuestra que no puede haber un proyecto parcial, sólo de emancipación de lo indígena sin tomar en cuenta a los obreros, los trabajadores, los bolivianos, en su condición cultural de mestizos. Y ¿qué de la Patria Grande, donde los indígenas, los descendientes de los afros no son grandes mayorías? Por ello, es que el proyecto –sólo desde lo indígena- no es universal, no es capaz de plantearnos formas novedosas y adecuadas de resolver el problema nacional y termina en el pachamamismo, como expresión manipuladora del reinvindicacionismo étnico, marchando a la saga de formulaciones como el capitalismo andino o el colaboracionismo con el enemigo en pos de una ilusoria complementariedad o pluralismo económico, situación nueva para el remozamiento del Estado y del sistema capitalista.

Ninguna de estas visiones particulares puede dotarnos de los elementos más generales para explicarnos el mundo y transformarlo, pero si sirven como sustento de proyectos políticos que emergen disputando espacios a las visiones tradicionales, tanto de la izquierda como de la derecha.

ii. Crisis del paradigma racionalista y del eurocentrismo

En cuanto a las visiones tradicionales, es decir, capitalistas e incluso marxistas dogmáticas, se sustentan en el paradigma del racionalismo y su complemento el eurocentrismo, paradigmas que deben ser rebatidos en el plano teórico. Por racionalismo entendemos todo esa producción cultural e ideológica del capitalismo que se afirma como expresión de la modernidad y la colonialidad en base a la tesis de la supremacía de lo racional-científico sobre lo irracional.

El racionalismo, la modernidad, la postmodernidad son formas de periodizar la historia consolidando el colonialismo, el capitalismo y el racismo que sirve de fundamento al neofascismo.

Cuando Raúl Prebisch acuñó la célebre imagen de “Centro-Periferia”( ), para describir la configuración mundial del capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial, “apuntó, sabiéndolo o sin saber, al núcleo principal del carácter histórico del patrón de control del trabajo, de sus recursos y de sus productos, que formaba parte central del nuevo patrón mundial de poder constituido a partir de América. El capitalismo mundial fue, desde la partida, colonial/moderno y eurocentrado”. ( )

La modernidad y la racionalidad fueron imaginadas como experiencias y productos exclusivamente europeos. Desde ese punto de vista, “las relaciones intersubjetivas y culturales entre Europa, es decir Europa Occidental, y el resto del mundo, fueron codificadas en un juego entero de nuevas categorías: Oriente-Occidente, primitivo-civilizado, mágico/mítico-científico, irracional-racional, tradicional-moderno. En suma, Europa y no-Europa. Incluso así, la única categoría con el debido honor de ser reconocida como el Otro de Europa u “Occidente”, fue “Oriente”. No los “indios” de América, tampoco los “negros” del África. Estos eran simplemente “primitivos”. Por debajo de esa codificación de las relaciones entre europeo/no-europeo, raza es, sin duda, la categoría básica. Esa perspectiva binaria, dualista, de conocimiento, peculiar del eurocentrismo, se impuso como mundialmente hegemónica en el mismo cauce de la expansión del dominio colonial de Europa sobre el mundo. No sería posible explicar de otro modo, satisfactoriamente en todo caso, la elaboración del eurocentrismo como perspectiva hegemónica de conocimiento, de la versión eurocéntrica de la modernidad y sus dos principales mitos fundantes: uno, la idea-imagen de la historia de la civilización humana como una trayectoria que parte de un estado de naturaleza y culmina en Europa. Y dos, otorgar sentido a las diferencias entre Europa y no-Europa como diferencias de naturaleza (racial) y no de historia del poder. Ambos mitos pueden ser reconocidos, inequívocamente, en el fundamento del evolucionismo y del dualismo, dos de los elementos nucleares del eurocentrismo”. ( )

En consecuencia, no puede existir un nuevo horizonte teórico insurgente, que no implique la superación del racionalismo y del eurocentrismo.

iii. Superación de la idiotez marxista

Durante mucho tiempo hemos sostenido la necesidad de superar el marxismo dogmático, como aquel cuerpo de ideas, que sin asumir las partes centrales de los postulados interpretativos y propositivos del marxismo pretende hacer un dogma cerrado de categorías de interpretación de la realidad. Uno de los ejemplos más ilustrativos es aquel que señala que la humanidad ha transitado del modo de producción esclavista al feudalismo y de éste al capitalismo, cuando en realidad esta situación se dio con claridad solamente en Europa y no en los bastos continentes de América, África y Asia, donde los modos de producción no fueron estudiados de manera analítica, tal como lo propone el genuino marxismo.

Pero además de un marxismo vivo y creativo, que supere los viejos lastres del dogmatismo, debemos combatir a la idiotez de ciertos marxismos, que hicieron creer a millones de personas, que el culto a la personalidad (Stalin, Mao Tse-tung) era revolucionario, o que la llamada “revolución por etapas” era una teoría seria y verdadera para construir el socialismo.

Ese marxismo que no interpreta la realidad, ese marxismo manualero, es toda una idiotez que ha hecho mucho daño al movimiento revolucionario.

iv. El instrumento al servicio del sujeto

El marxismo es el “instrumento al servicio del sujeto” y no al revés, que el instrumento subordina al sujeto creando la “idiotez marxista”.

El sujeto de la evolución se encuentra en la realidad. Para el caso boliviano, es el obrero originario y el pueblo en general. Cuando decimos obrero originario estamos hablando de las naciones originarias y pueblos indígenas en su segmento trabajadora, pobre y explotada, que en algunos casos llega a ser el 100% de la misma nación originaria o pueblo indígena. El sujeto social es el indígena en su condición de pobre, el obrero en su condición de explotado. Tenemos una población mayoritariamente indígena y debemos combatir al pachamamismo. Cuando se habla de pueblo, nos referimos a los trabajadores generadores de riqueza que se encuentran reducidos a relaciones de opresión y explotación. La juventud es parte del pueblo sujeto de la revolución.

“Los trabajadores mineros de Bolivia tienen su origen más remoto en los mitayos del sistema tihuanacota e incaico de explotación minera. Con el descubrimiento de las minas de Oruro y Potosí por los españoles estos restablecieron bajo nuevas condiciones políticas el trabajo mitayo en las minas para ejecutar el proceso de saqueo más depredador de la historia de nuestros minerales preciosos.

Los mitayos que iban a trabajar a Potosí eran comunarios puquinas, aymaras y quechuas que eran reclutados por autoridades de las naciones originarias andinas y que habían caído en las garras del Estado Colonial Español. Objetivamente eran los propietarios originarios de los territorios y de los recursos naturales de sus comunidades y naciones originarias aunque las normas de la Colonia española establecían que los minerales eran propiedad regaliana del Rey de España. Subjetivamente eran los qhoya mitayuc o qhoya mitani originarios que profesaban la ideología de la propiedad de los minerales por los tatas y achachilas o tíos del mundo andino. Ellos eran los hijos de los tíos que previo permiso arrancaban al Tío un pedazo de mineral de su cuerpo a cambio de pagos diarios y extraordinarios con ofrendas de sangre. Este es el origen objetivo y subjetivo del proletariado originario andino nacionalmente definido. Por estas condiciones el mitayo andino a todo lo largo de la Colonia española se comportará como un auténtico trabajador de las naciones originarias constituyéndose en la raíz más profunda de las futuras generaciones de trabajadores mineros.

En la república el trabajador minero que renace en las minas de plata nuevamente se constituirá como un minero originario que objetivamente pertenece a las comunidades y a los pueblos originarios”. ( )

Cuando decimos que el instrumento debe estar al servicio del sujeto se afirma la necesidad de que las masas populares no sólo sean un grupo protagonista de la lucha física contra el viejo orden, sino el ser pensante de dicho proceso, por ello, la labor de la formación política adquiere otra connotación, pues el marxismo, las cosmovisiones en su dimensión pachakutista o pachakutiana, deben ser componente político e ideológico fundamental del momento popular y originario, que al estar dotado de este instrumento adquiere la condición de movimiento insurgente. Por ello, ratificamos como acertado la propuesta de que al interior de las masas se construya el instrumento político, el instrumento económico y que la formación política del marxismo, la realidad nacional, la historia, etc., sea desplegada, sea interpretada, de la forma más masiva y novedosa posible.

v. Superación del fetichismo del partido y de los llamados movimientos sociales

Debemos tener presente que la revolución la hacen los pueblos, las vanguardias apoyan. ¿Qué paso en Nicaragua? Debe haber una apuesta siempre al pueblo y no a la organización. No debemos reafirmar que la vanguardia lo es todo. Ahí es donde llega a faltar la concepción de la política. ¿Cuál es el sujeto? ¿Dónde hacemos la política? Tenemos que buscar nuevas formas de hacer política, unificando lo político, lo social y lo militar. La experiencia histórica nos enseña que las formas organizativas se adaptan a la estrategia que se desarrolla así como a la visión general que se tiene de la revolución.

El partido bolchevique leninista, con sus particularidades y riquezas deja grandes lecciones, así como el partido, el frente, el ejército y el trabajo internacional en la revolución vietnamita, bajo los lineamientos definidos por la dirección revolucionaria. El proceso cubano, contaba con el movimiento 26 de julio y otras formas de organización, con aspectos comunes y particulares propios.

Nosotros, no podemos apostar a la construcción del partido tradicional de izquierda, es más, ya contamos con una rica experiencia de organización política donde destaca la organización insurgente, el movimiento insurgente, el instrumento político, el instrumento económico, el trabajo internacional, la solidaridad y la formación mediante el movimiento de Cátedras, lo que va configurando nuevas formas de organización. En este sentido, se puede afirmar: ni partido de cuadros ni partido de masas, sino una organización concéntrica donde la estructura de cuadros es el corazón del movimiento de masas insurgentes

Organización concéntrica

En cuanto a los llamados movimientos sociales, su conceptualización y uso responde a visiones de suplantación de la organización del pueblo por estructuras prebendalizadas, coaptadas por el Estado. Allí, donde las organizaciones sociales, sindicales y otras son reducidos a movimientos sociales, estas estructuras dejan de luchar por sus reivindicaciones, se convierten en una mera correa de transmisión de los proyectos populistas, que logran volverlas un simple apéndice de la gestión de gobierno. La mayoría de los dirigentes coaptados se encuentran más preocupados en buscar beneficios prebéndales de parte de los gobiernos prebendales que de dirigir procesos de verdadera transformación. Por ello, no es raro encontrar a gobiernos populistas que hacen uso oportunista de los llamados movimientos sociales a los cuales apela cuando necesita ejercer alguna presión, sin embargo no son parte de la toma de decisiones al más alto nivel y los alimenta política e ideológicamente para que sean los máximos exponentes de la “multitud en acción”.

Para que las organizaciones sociales, sindicales, populares, indígenas recuperen o adopten una cualidad insurgente es preciso poner en movimiento a dichos movimientos, lograr que recuperen su independencia política, sindical y organizativa y se encaminen a la construcción de los micropoderes.

b. Teoría de la Insurgencia

i. Interculturalidad y revolución científica

Una intelección coherente del mundo, cuya impronta mundial nos coloca en la perspectiva intercultural desprovista de algún prejuicio etnocéntrico a la hora de fijar sus elementos conceptuales básicos.
La interculturalidad parte de un hecho concreto: lo diverso, y se difunde hacia horizontes preclaros: lo heterogéneo visto como riqueza antes que como “problema”. Y ello supone, como se dijo, abandonar todo etnocentrismo. Empero, el hueco que dejaría tal abandono implica un vacío que se debe llenar, a saber: desprovistos del etnocentrismo europeo, sesgado por sus pretensiones universalistas, ¿cómo encarar sistemas tan diferentes en base a unidades de sentido que pudieren traernos una aproximación a la totalidad heterogénea?; o; ¿cuál sería la manera de indagar formaciones sociales tan diversas en base a unidades flexibles de investigación que permitiere articularlas?

La ciencia con Kuhn “deja de tener un status inasequible; sitúa a la ciencia en la historia, sociología y contexto cultural; la pone en el medio en que se desenvuelve”; “relativiza y contextualiza a la ciencia, situándola en sus dimensiones humanas y sus organizaciones (socioantropología del quehacer científico)”. Es decir, “la ciencia no es un fenómeno aislado de la comunidad científica, y en tal sentido su tesis de la interrelación de la ciencia con quienes la producen y su contexto inmediato”, se presenta “como fundamental para situarse en el conocimiento científico”. ( )

Es decir, “la ciencia avanza en su estado normal a través del conocimiento acumulativo”, que resulta “en cambios graduales que se van generando paulatinamente al interior de una comunidad científica, la que es parte de un contexto histórico y sociocultural”, y la que, consensualmente, “va agregando estos nuevos conocimientos a las teorías ya existentes o a nuevas teorías emergidas de las anteriores”.

Este “es el cambio o avance de la ciencia normal y difiere sustancialmente del cambio revolucionario”. Luego: Los cambios revolucionarios, generalmente antecedidos por crisis que se revelan en la inadecuación entre teoría y el paradigma que la sustenta, no son cambios graduales, por lo tanto no se puede rastrear sus orígenes en el desarrollo acumulativo de la ciencia ni en el viejo paradigma, siendo necesaria una especie de conversión hacia un nuevo paradigma, lo cual resulta en períodos intermitentes de: ciencia normal-revoluciones científicas- ciencia normal.

ii. Formación económica social

Y aquí llegamos de lleno a la ciencia histórica de Carlos Marx. La articulación teórica entre una formación social históricamente dada y un conjunto de modos de producción/modos de civilización diacrónicamente yuxtapuestos, nos brinda aquella noción teórica tan rica en aplicaciones y sentidos: formación económica social, brillante aplicación teórica de los clásicos del socialismo, Carlos Marx y Federico Engels.

Entenderemos -siguiendo a Nicos Poulantzas( )- como formación económica social, a una totalidad social en un momento de su existencia histórica, portadora de la imbricación de diversos modos de producción que constituyen una unidad compleja con predominio de un modo de producción sobre los otros que la componen. Esta conceptualización de predominio hace que la sustancia de dicho modo juegue un papel más que relevante en la matriz global de la formación, cuyo perfil teórico es paradigmático. Entiéndase bien: predominio difiere de subdeterminación.

Asimilando la noción de homeostasis como válida -siempre el todo es más que la suma de las partes-; ningún predominio puede reputarse decisivo sino mero eslabón significativo que brinda una coherente intelección de lo abordado sin padecer ausencias importantes de referencia. Luego, habremos de comprender los dos conceptos –modo de producción y formación social- entrelazados y en progresión teórica, tal cual plantea Nicos Poulantzas: Por modo de producción no se designará lo que se indica en general como económico, las relaciones de producción en sentido estricto, sino una combinación específica de diversas estructuras y prácticas que, en su combinación, aparecen como otras tantas instancias o niveles, en suma como otras tantas estructuras regionales de aquel modo. Un modo de producción, como dice de una manera esquemática Engels, comprende diversos niveles o instancias: lo económico, lo político, lo ideológico y lo teórico, entendiéndose que se trata ahí de un esquema indicativo y que puede operarse una división más completa. El tipo de unidad que caracteriza a un modo de producción es el de un todo complejo con predominio, en última instancia, de lo económico, predominio en última instancia para el que se reservará el nombre de determinación.

Como un objeto formal abstracto, un modo de producción habrá de acomodarse al sentido homeostático, es decir, sin algún tipo de sobredeterminación en “última instancia”, a despecho de ser económico u ontológico. La pluralidad factorial permite visualizar sobredeterminaciones epocales sin que alguna determine las demás; en Bolivia se trata más bien de enclaves.

iii. Las raíces de nuestra visión de mundo

Así, “sólo se puede narrar verdaderamente el pasado como es, no como era. Ya que el rememorar el pasado es un acto social del presente hecho por hombres del presente y que afecta al sistema social del presente”( )

El mundo como sistema y la humanidad como especie, han compartido milenariamente su destino en abierta interrelación de comunidades, globalmente, resultando la referencia contemporánea de globalización más bien recurso discursivo del norte hegemónico que novedad: la globalidad humana fue dada mucho antes, con recursos tecnológicos diferentes, como refiere Erick Wolf ( )

Concebir al todo como superior a la suma de las partes, parece ser la clave utilizada por Carlos Marx para la intelección del mundo de su época, desahuciando cualquier intento de historia universal que deseche las peculiaridades entre formaciones sociales y modos de producción existentes en el mundo, con sus respectivos paradigmas civilizacionales, empleados por él en la descripción evolutiva del capitalismo y la burguesía, como ha de verse en el Manifiesto del Partido Comunista. “Marx también estuvo contra todos aquellos que quisieron universalizar la Sociedad, el Mercado o el Proceso Político y a favor de la existencia de diferentes modos de producción en la historia humana. Cada modo representaba una combinación diferente de elementos. Lo que era verdad respecto a un modo no lo era respecto a otro: por lo tanto, no había historia universal”.( )

Las conclusiones arrojadas por Marx parecen lo suficientemente claras para ser comprendidas correctamente si acaso empleamos la clave de lectura civilizacional adecuada. Por ello, serán diferentes entre sí, al influjo de una reflexión específica en clave civilizacional. “Lo cierto es que Marx fue profundamente histórico. Los dos elementos que constituían un modo de producción y su combinación característica tenían para él una definible historia de origen, de desarrollo y de desintegración. No fue ni historiador universal ni historiador de eventos, sino historiador de configuraciones o síndromes de relaciones materiales. Ciertamente, la mayor parte de su energía la empleó en su empeño por entender la historia y el modo de actuar de un modo en particular, el capitalismo, y no lo hizo para defenderlo sino para lograr su transformación revolucionaria”. ( )

Por otra parte, las relaciones entre naturaleza y sociedad; que lo son en cuanto relaciones de producción, cultura y poder; tienen la virtud teórica de fijar certeramente su ángulo de intelección o transparadigma teórico.

Carlos Marx mencionó algunos modos diferentes: un modo original, primitivo y comunitario, concebido según el modelo de comunismo primitivo de Morgan; el modo esclavista de la antigüedad europea clásica; un modo germánico, supuestamente característico de los pueblos germanos en sus primeras migraciones; un modo eslavo, que se supone fue característico de los primeros eslavos; un modo campesino; un modo feudal; un modo asiático; un modo capitalista. Lo cierto, es que no todos están basados en criterios equivalentes: tal vez algunos “nunca fueron modos primarios, sino accesorios o suplementarios”; otros “representan extrapolaciones de interpretaciones históricas”. La utilidad del concepto “no radica en el terreno de la clasificación” sino “en su capacidad para destacar las relaciones estratégicas que intervienen en el despliegue del trabajo social” por parte de “pluralidades humanas organizadas”.

iv. Europa y Abya Yala

Para comprender lo que hoy conocemos como Bolivia, menester resulta indagar su origen y aquellas vicisitudes que atravesó; tanto en el orden interno de sus comunidades; cuanto en relación al orden mundial; y; para ello; debemos remontar alocuciones al momento preciso en que fue impactada su morfología en virtud a procesos más complejos que la mera colisión intercivilizatoria con Europa; recurriendo a su vez a la coyuntura internacional de 1400, asumida como clave a efectos de comprensión aceptable de la historia.

Mas el anclaje rebasa la mera enunciación. Inicialmente, porque la relación de Sudamérica con el Viejo Mundo data de bastante tiempo atrás, como se ha de señalar a su debida oportunidad. Luego, porque la brillante narrativa de Wolf nos permite posicionarnos en el intersticio epocal señalado para llevar a cabo dos recorridos paralelos (uno, etnogeográfico y descendente; el otro sociogeográfico y ascendente) y, finalmente, porque a partir de tal narrativa enlazaremos dos épocas, la antigua y la emergente.

Erick Wolf asume taxonómicamente dos hemisferios: el Viejo Mundo que comprendió Europa, Asia y África; separándolo del Nuevo Mundo, Abya Yala o América, que se hallaba presente dentro del sistema mundial a través de sus intersticios, tanto asiáticos cual nórdicos. En consecuencia, reviste marcada importancia el remontarse a 1400 para marcar un hilo conductor que permita comprender más cabalmente Bolivia y sus culturas; privilegiando –por la brevedad-, el desbroce referido a dos identidades civilizacionales: Europa y Abya Yala.

v. El socialismo insurgente es la teoría que ilumina nuestra estrategia: Sol para Bolivia y la Patria Grande

La estrategia del taky de los micropoderes apunta a la construcción del socialismo insurgente. El socialismo insurgente nace como la propuesta creativa de nuestros pueblos en el proceso de construcción del poder y la edificación de la nueva sociedad y el nuevo Estado Democrático. Para ello, se debe partir por una valoración crítica de lo las experiencias fracasadas de socialismo, pero sin distraernos en realizar un análisis enciclopédico del tema.

Asumiendo la tesis marxista de la rebelión (Umwälzung), Tristán Marof plantea la revolución económica y social boliviana que transformará las fuerzas productivas, relaciones de producción, superestructura política, relaciones sociales, naturales y espaciales; esto es; la economía, la política, el derecho y la geografía; desarrollando las tesis indigenistas de la grandeza de los Andes e imperio de los Incas, generando un sistema de calidad de vida y abundancia; mediante una revolución económica que sustente el Estado Socialista moderno.

Sabedor de que ninguna transformación es real si no se produce en la esfera material de la existencia humana, Tristán Marof plantea una revolución económica sustentada materialmente en el aprovechamiento de la minería e industria metalúrgica para la generación de excedentes en beneficio del país, ensanchando con éstos la infraestructura agrícola de Bolivia, conectando las inmensas y promisorias regiones de la zona andina, subandina y oriental, el Macizo Boliviano, mediante una red vial moderna. Lo anterior, no sería posible si no se produce la nacionalización de las minas, reforma agraria, industrialización e integración nacional, un socialismo integral que, a través de un Estado socialista nacional moderno administrado por una élite honrada y capaz, lleve a la práctica los postulados de la revolución económica e ideal comunista; sintetizados en la fórmula: ¡Tierras al Pueblo, Minas al Estado!.

La teoría de Tristán Marof, es decisiva en la creación de una ideología socialista propia y adaptada a las peculiaridades bolivianas y latinoamericanas. Combinando creativamente la economía política, modos de producción y lucha de clases en el marxismo, con la problemática terrígena y sociocultural del indigenismo boliviano y latinoamericano; edifica una teoría socialista que habrá de enlazar con la modernidad occidental (Estado total y nacional moderno) mediante el bolchevismo leninista a través de su visión del Estado total moderno e imperialismo; logrando así un enlace intergeneracional y epocal que habría de cambiar completamente la mentalidad de las generaciones venideras y la historia del país. Veintiséis años después, en abril 9 de 1952, se producía en Bolivia la revolución que Tristán Marof proclamaba, enarbolando sus consignas: ¡Tierras al Pueblo, Minas al Estado!

Como fue visto, las previsiones de Tristán Marof resultan muy actuales, tanto que tienden a enlazarse con la problemática contemporánea del gas como un destino propicio para Bolivia, en cuanto sea correctamente aprovechado.

vi. El burocratismo no fue socialismo

¿Cómo la revolución rusa degeneró en socialismo real? ¿Cómo el socialismo real se convirtió en capitalismo regenerado? Si bien dar respuestas a estas preguntas implica una serie de consideraciones históricas, de manera sencilla y resumida podríamos señalar los siguientes aspectos negativos de esta experiencia, situación que deben superarse definitivamente a la hora de trabajar un verdadero socialismo:

• La eliminación de los soviets. Con el paso del tiempo y con una serie de medidas organizativas y administrativas, el partido (comunistas) fue reemplazando a los órganos de poder de los trabajadores, de manera que se burocratizo en proceso y el pueblo no tenía real poder de decisión.

• Desarrollo del capitalismo de Estado bajo la NEP.

• Industrialización con destrucción de la naturaleza. La economía socialista se tradujo en una competencia con el capitalismo, con una industrialización forzada, denominada “progreso”, que no guarda relación con las bases de un nuevo modelo productivo alternativo al capitalismo depredador de los recursos naturales.

• Emergencia de una nueva élite. Los partidos comunistas dieren nacimiento al surgimiento de una nueva élite, quién ocupaba el centro en la toma de decisiones y al no existir mecanismos democráticos rotativos y que eviten la acumulación de poder y caudillismo, se afianzaron como grupos privilegiados que utilizaron las fortalezas del aparato estatal para beneficio propio, asfixiando las formas de democracia participativa y directa del pueblo.

• Tergiversación del marxismo. Aspecto que se puede observar en los famosos manuales de economía política, donde se simplifica y desvirtúa conceptos marxistas, que no sólo permitieron una formación “manualera” de la teoría revolucionaria, sino que influyeron en el curso de la llamada “economía socialista” a tal grado que la regeneración del capitalismo se dio desde adentro del mismo sistema. Por ello no es aventurado afirmar que la misma revolución China hoy expresa una economía capitalista dirigida por un Partido Comunista.

• La política de reparto del mundo. El reparto de Europa después de la Segunda Guerra Mundial testimonio esta situación, de manera que se impuso a la fuerza el “socialismo real o pro soviético” en países del Este sin que en ellos hubiera una profunda revolución.

• Coexistencia pacífica. Fue una política de preservación de los intereses de las nuevas elites bajo la preservación del socialismo real, priorizada a la lucha anticolonial y de liberación nacional de naciones y pueblos en todo el mundo.

• Ausencia de construcción del hombre y la mujer nueva. Como ya lo patentizó el Che, de nada sirve construir un nuevo sistema de distribución material si no está acompañado por la construcción de un nuevo hombre con una verdadera conciencia socialista.

• Desvaluación del internacionalismo. Como efecto de las políticas anteriores, el internacionalismo quedo sumergido como una simple consigna, de manera que procesos revolucionarios internacionalistas fueron impulsados desde los propios pueblos y desde experiencias diferentes a las del socialismo real.

El llamado socialismo real, desde los inicios mismos de su constitución -el caso de la URSS-, o tras el recambio de liderazgos políticos internos -como en China-; sociedades donde se gestaron modelos de capitalismo de Estado bajo la férrea conducción del monopolio político encarnado en partidos comunistas cuya élite dictatorial se sirvió de pensadores socialistas para encaminar proyectos estatales industrializados poco diferentes a los conocidos en latitudes como la nuestra bajo el concepto de estados nacionales modernos.( )

vii. ¿Existe socialismo del siglo XXI?

No existe en los hecho el socialismo del Siglo XXI, por cuanto en países como Venezuela persiste el modelo neoliberal y la estructura de una capitalismo rentista.

La propuesta teórica del Socialismo del Siglo XXI deja sabor a poco y se convierte en una obnubilación, como lo fueron las propuestas liberales del Siglo XX. Es formulada por Heinz Dieterich Steffan sobre la base del trabajo de Arno Peters, para posteriormente ser asumido por Hugo Chavez. Este socialismo se base en tres pilares: Economía equivalente, Democracia participativa y Estado no-clasista.

Veamos brevemente los supuestos formulados: En la economía equivalente se propone que “el salario equivale directa y absolutamente al tiempo laborado. Los precios equivalen a los valores, y no contienen otra cosa que no sea la absoluta equivalencia del trabajo incorporado en los bienes. De esta manera se cierra el circuito de la economía en valores, que sustituye a la de precios. Se acabó la explotación de los hombres por sus prójimos, es decir, la apropiación de los productos del trabajo de otros, por encima del valor del trabajo propio. Cada ser humano recibe el valor completo que él agregó a los bienes o a los servicios”. ( ) Dentro de esta idea, el salario por el tiempo de trabajo invertido sería para el obrero, el que realiza un servicio y para el mismo empresario, en función del tiempo que le dedica a dirigir su empresa.

En cuanto a la democracia participativa parte por considerar “la capacidad real de la mayoría ciudadana de decidir sobre los principales asuntos públicos de la nación. En este sentido se trata de una ampliación cualitativa de la democracia formal… En la democracia participativa, dicha capacidad no será coyuntural y exclusiva de la esfera política, sino permanente y extensiva a todas las esferas de la vida social, desde las fábricas y los cuarteles hasta las universidades y medios de comunicación. Se trata del fin de la democracia representativa —en realidad sustitutiva— y su superación por la democracia directa o plebiscitaria. El parlamento y el sistema electoral de la partidocracia, como los conocemos hoy, son controlados por las elites económicas y no tendrán lugar en la democracia futura. Lo mismo es válido para los monopolios de la adoctrinación (televisión, radio y prensa) y de la producción. La gran empresa privada —que en términos organizativos es una tiranía privada con estructura militar— es incompatible con una democracia real y desaparecerá como tal. Y el Estado, cual organización de clase, irá por el mismo camino”. ( )

Finalmente, respecto del Estado no-clasista se plantea la desaparición de las funciones, con ella la identidad represiva del Estado y el Estado se convierte en administrador legitimado de funciones generales. ¿Todos estos aspectos se vienen ejecutando en la revolución Bolivariana? ¿todas estas formulaciones son aplicables o requieren de otros elementos adicionales? ¿El Socialismo del Siglo XXI es aplicable a nuestra realidad y de verdad inaugura una nueva sociedad?

viii. No puede haber insurrección popular sin lógica insurgente y hombre nuevo

Para la construcción de un verdadero socialismo debemos tener claro que la lucha de los pueblos es la fuerza única capaz de subvertir el actual orden colonialista y capitalista. En este sentido, no debe existir duda de que la fuerza insurreccional del pueblo no es suficiente para lograr el objetivo estratégico, que además de fuerza insurreccional es vital que el pueblo tenga fuerza insurgente para poder avanzar a resolución del tema del poder.

Las insurrecciones, los procesos insurreccionales en Bolivia no han sido insurgentes, por ello no han podido plasmarse en victorias contundentes por parte del pueblo. El pueblo ha reiterado en varios momentos históricos su potencia insurreccional, pero al no tener fuerza insurgente, dicha potencia queda neutralizada por el Estado y por las salidas políticas, económicas, ideológicas que es capaz de desarrollar con el propósito de mantener las relaciones de dominación tal como están.

La lógica insurreccional es adecuada para Bolivia, pero con el componente insurgente, pero la insurgencia no debemos comprenderla necesariamente como una instancia de militancia, sino como un verdadero movimiento de construcción del hombre nuevo en el seno del pueblo.

La organización política, dentro de una estrategia insurreccional insurgente, debe encarar las tareas políticas y militares más importantes, pero no la exclusividad de ellas.

ix. La cualidad insurgente

Ya en el 2006, afirmábamos con absoluta seguridad que: “Un Pueblo que pierde su cualidad insurgente está condenado a ser dividido, colonizado y dominado…”. ¿Qué es pues la cualidad insurgente? La cualidad insurgente es la esencia de rebeldía y pachakutismo que late en el pueblo, es energía que refleja la potencialidad de transformación que tienen las personas que crean la riqueza, producen, asumen su cultura, expresan sus deseos y sentimientos. Un pueblo sin energía es un pueblo muerto. La cualidad insurgente es histórica, permanente. Es lo contrario a la función estatal, al abuso, a la dominación, a la burocracia, en fin a la institucionalidad…

La cualidad insurgente es un esfuerzo colectivo, de masas y es la única fuerza que puede revolucionarizar la revolución, o darle otro sentido transformador más allá de lo que se piensa y siente desde la izquierda.

Con la cualidad insurgente nuestros pueblos están en condiciones de mover montañas, cosechar aguas tan grandes como mares o lagos (las obras hidráulicas de Moxos por ejemplo), garantizar soberanía alimentaria para millones de seres humanos, criar las flores y productos más delicados (como lo puede ser todo un bosque o ecosistema), en fin, hasta ir a la guerra o la insurrección.

Al respecto, debemos rescatar dos elementos fundamentales: la cualidad insurgente de lo criollo latinoamericano (de donde procede el Che) y la propuesta de los micropoderes bajo el concepto jurídico político de constituencia, aspectos que se desarrollan más adelante.

c. Sobre estrategia y táctica

Hablar de estrategia y estrategias de poder son temáticas muy atingente a los tiempos actuales que vive nuestro país y nuestra organización, intentar aproximar algunas nociones y encontrar aquella que nos permitirá avanzar en los derroteros de la lucha revolucionaria, es un desafió cotidiano para cada militante, este pretende ser un aporte para aquello.

Ser sabios y hacer el movimiento preciso que permita hacer avanzar los procesos de cambio que vivimos, son cualidades y potencialidades que debemos descubrir en cada uno de nosotros, en el día a día de la aplicación de la política, de la reflexión constructiva, del aporte consecuente, de la voluntad de victoria, solo así seremos mejores y más militantes y combatientes.

La palabra estrategia (del francés stratégie y del italiano strategia) se deriva indirectamente de la palabra griega strategos (general del ejército), pero para ser mas claros la palabra griega que debemos rescatar de manera mas precisa y equiparar con lo que entendemos en la actualidad por el concepto de estrategia se deriva de Strategike episteme (la visión del general) o de strategon sophia (la sabiduría del general).

Resulta interesante, analizar el concepto a partir de esta dualidad de términos que son visión o sabiduría y General, como sujeto conductor de una iniciativa militar, es decir el estratega debe tener criterio formado para tomar las mejores decisiones para conducir la guerra, entendiendo a esta como “la continuación de la política por otros medios”.

Es en este plano donde el manejo a cabalidad de la información del terreno de operaciones o de la coyuntura política en su efecto, resulta indispensable para adecuar los movimientos tácticos que den como resultante un avance cualitativo y cuantitativo del curso de la contienda. De esta manera criterio, información y asertividad entre otras cualidades, permiten al estratega político militar tomar la decisión adecuada en el momento adecuado y con la determinación concreta y necesaria para avanzar y vencer.

La definición clásica de estrategia es “la consecución de los objetivos militares a través de la disposición de los medios humanos y materiales; los objetivos implican normalmente la victoria en la guerra a través de la destrucción de los ejércitos enemigos”, pero con un conjunto de conocimientos y sabiduría, que porta el General o el estratega o la dirección colectiva, para vencer o aniquilar las fuerzas enemigas.

En esta misma línea, Karl Von Klausewitz, general prusiano, teórico de la guerra (1780-1831), que como general que sirvió en los ejércitos de Prusia y de Rusia, y que vivió directamente las guerras napoleónicas de finales del siglo XVIII y principios del XIX, que forjaron gran parte de los Estados y naciones contemporáneas de Europa, definía la estrategia mediante su diferenciación de la táctica. El decía: “… la estrategia es el uso del encuentro (combate) para alcanzar el objetivo de la guerra y la táctica es el uso de las de las fuerzas militares en el combate. (De la Guerra, Libro III, Capitulo.

La confrontación según este estratega queda definida por la conjunción de dos objetivos concretos, uno tiene que entenderse como “en” la guerra, que serian las acciones tendientes a conseguir objetivos tácticos y el otro como “de” la guerra, que seria en este caso el objetivo que se pretende alcanzar estratégicamente, buscar el objetivo de la guerra, o sea el interés superador de la contienda, la victoria.

A si teniendo claro y definido el objetivo “de” la guerra, el objetivo táctico se adecua a en función del momento y prioritariamente del objetivo estratégico; las acciones u operaciones políticas deben ser funcionales a la consecución de objetivo tácticos, por ende son tácticas en si mismas y van configurando el escenario estratégico de victoria.

Sin embargo, 2,300 años antes que Klausewitz, en el año 500 AC., un general chino, Sun-Tzu escribió: los verdaderamente hábiles en la guerra someten al ejército enemigo sin batallar. Capturan las ciudades enemigas sin asaltarlas, y se apoderan del estado enemigo sin campañas prolongadas. Su meta es tomar intacto todo cuanto hay bajo el cielo, mediante consideraciones estratégicas. Como resultado, sus tropas no se desgastarán, y las ganancias serán completas. Este es el arte de la estrategia ofensiva.

De este modo, lo que es de máxima importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo, mejor es romper sus alianzas mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejército. Y la peor de todas las estrategias es atacar ciudades o en su efecto al enemigo propiamente tal. En este caso las acciones u operaciones tendrán que ser ejecutadas de manera clara y precisa dirigiéndolas hacia la neutralización de las operaciones político militares del enemigo.

La estrategia queda establecida por los objetivos últimos de cada entidad política. Su concepción de la economía, de la cultura, de la política, de las instituciones, de la seguridad pública, de la moral y de los demás componentes de lo que algunos llaman “el Proyecto de Nación” que se defiende. Es la esencia y la meta de la acción política, que se pone en cuestión en cada momento de la confrontación.

d. Conceptos centrales: Los enunciados de Sun-Tzu

1) La acción estratégica procede de una dirección que se impone a todos los miembros del grupo. En este sentido, la estrategia es la regla de la acción colectiva. La estrategia es la meta central de toda actividad confrontacional, en este caso la actividad militar;

2) La acción táctica debe, al contrario, sufrir adaptaciones permanentes a los hechos o los proyectos del adversario. La táctica es esencialmente móvil y cambiante,

3) La confrontación militar -o política en este caso- se subdivide en dos modalidades: acción directa y acción indirecta, siendo ambas modalidades el complemento la una de la otra.

Resulta de mucha importancia tener en claro la sutil diferencia entre las definiciones presentadas de estrategia o atacas al enemigo o a la estrategia que esta utilizando en la contienda, muchas veces se prioriza en desgastar las fuerzas con severos golpes de mano o movimientos fulminantes, incluso hasta diezmarlo o concentrando la acción política en el desgaste de la figura política adversa, pero eso no asegura para nada la victoria.

Sun Tzu es claro en su propuesta “… el supremo refinamiento en el arte de la guerra es combatir los planes del enemigo…”, descubrir cuales son los elementos sustantivos que sostienen la estrategia enemiga y a partir de eso elaborar una estrategia propia que permita enfrentarla y destruirla, solo eso asegura la victoria.

De esta manera el conocimiento del enemigo sus fortalezas, debilidades, voluntad de victoria y sobre todo su estrategia de lucha serán los elementos determinantes que se pondrán en tensión frente a nuestras propias fortalezas, debilidades, voluntad de victoria y estrategia de poder, por ultimo Sun Zsu acoto “Un ejercito puede compararse con una corriente de agua, por que así como el caudal que fluye evita las alturas y corre presuroso hacia las tierras bajas, así un ejército debe evita la fortaleza del enemigo y ataca los objetivos por sus puntos mas débiles”.

Es de vital importancia el uso de la Inteligencia y del análisis estratégico, la planeación estratégica y el conocimiento de las propias fuerzas u organización, Sun Tzu preciso el concepto de estrategia ofensiva y básicamente definía elementos que decía aseguraban el camino a la victoria:

• Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y, en cien batallas, no correrás jamás el más mínimo peligro.

• Cuando no conozcas al enemigo, pero te conozcas a ti mismo, las probabilidades de victoria o de derrota son iguales.

• Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.

No se pretende hacer un examen exhaustivo de las teorizaciones acerca de la guerra y su estrategia, solamente comparar algunos elementos básicos que no motiven y permitan definir claramente los centros medulares de la política y por ende de la acción transformadora. Aprehender que un buen estratega es aquel que es capaz de adivinar el sentido de la estrategia enemiga, hacerle frente y derrotarla.

e. La seducción estratégica y la estrategia que seduce

La estrategia incursiona en el terreno de la seducción, en la conquista de los corazones y sentimientos. La estrategia insurgente seduce al pueblo pero también al contrincante ya que lo desestructura desde los conceptos hasta las actitudes básicas. El mundo no puede transformarnos, nosotros transformamos al mundo.

La seducción estratégica ya es el movimiento mismo, la marcha de los micropoderes, la realización de la construcción del hombre y la mujer nuevas.

II. La lucha intercapitalista

En la actualidad, a nivel internacional, se vive una crisis financiera, ambiental, alimentaria y energética, de manera que se avecina un período de lucha intercapitalista entre bloques conformados por Asia (China e India principalmente), Europa unificada, Estados Unidos y UNASUR, por la hegemonía política, militar, económica del mundo. Todas estas fuerzas trabajan para salvaguardar el capitalismo y debe quedar claro, que la discusión no puede estancarse en el dilema de si la crisis del capitalismo es terminal o no, porque la misma historia nos ha enseñado, que por más crisis aguda que existan, si no hay una fuerza social insurgente lo suficientemente poderosa para “tumbar” el sistema, éste buscará alguna forma para remozarse (incluso cambiando todo para no cambiar nada) y ello se hace a través de la intervención estatal. Ahora se habla de más Estado, de mayor intervención estatal, pero lo cierto es que ninguno de los bloques señalados va a sentar las bases de una nueva sociedad.

Como dato histórico, se observar la presencia de 5 grandes crisis capitalistas: 1848, 1930, 1970, 1987 y 2008, todas diferentes en sus características con la variante de que en algunas de ellas la formula de solución fue la presencia de más Estado o menos Estado en la economía. Para enfrentar la crisis de 1930, Keynes, reconoce el papel de la clase obrera y por eso plantea un modelo económico para coaptarla a través de dar más empleo, seguridad social, educación a la fuerza de trabajo. Además se introduce una serie de mejoras tecnológicas en la producción para arrebatarle el “control de la producción” que tenían los obreros. De esta manera, nace el obrero sin control de la producción; con la emergencia del Estado benefactor, el proletariado ya no es “tan sujeto de la revolución”, ya no tiene en sus manos la exclusividad del manejo del conflicto laboral y de cierta parte de la economía como tal. Es más, en estos 50 años se ha tecnologizado más la producción de tal manera que son pocos los sectores de la producción donde la clase obrera tiene un control directo de la producción a grado tal que mediante una huelga u otras medidas pueda parar el proceso productivo.

a. Características de la crisis capitalista

Crisis en el sector financiero. Contrariamente a lo que siempre se ha pregonado, de que el sector financiero es seguro y eficiente, la actual crisis del sistema financiero estadounidense y europeo, nos muestra a la claras lo contrario. Se trata de la quiebra de grandes Bancos, de inversiones en papeles, de acciones especulativas, de un sistema de ventas de propiedades y de grandes hipotecas que la gente en Estados Unidos no puede ya pagar, generando un salvamento desde el gobierno norteamericano con inyecciones de 700 mil millones de dólares. Pero una crisis financiera no se reduce sólo a Bancos, pues varias empresas de automóviles están también en bancarrota. Otro consecuencia es el mayor endeudamiento de Estados Unidos y las cuantiosas inversiones o comparas de acciones y de deudas norteamericanas que han realizado China, Rusia y otros países, lo que hace predecir un ocaso de la economía norteamericana, pero no así de su complejo tecnológico y militar.

La crisis alimentaria. Para inmensos sectores de poblaciones que viven en la pobreza el tema del hambre ha sido permanente, la diferencia con la actual crisis alimentaria radica en que grandes plantaciones se dedican a la producción de biocombustibles, de manera que se experimenta una escases de alimentos que empieza a afectar a sectores que antes tenían asegurada el acceso a alimentos como el arroz y el mismo maíz. La crisis alimentaria tendrá consecuencias drásticas expresadas en el incremento futuro de los precios de los alimentos, situación que pondrá en el primer orden de la política el tema del aseguramiento de verdaderas soberanías alimentarias. En ese terreno, los pueblos originarios y el movimiento campesino en general, tienen la tarea de garantizar la diversidad alimentaria, así como la producción, luchando por el control no sólo de la tierra, sino del mismo territorio, frente a los grandes latifundios, que buscan enriquecerse más con el uso de la agricultura moderna extensiva, así como con los transgénicos que a la larga dañan el medio ambiente y generan profundas alteraciones en la población.

Una crisis ambiental. Marx profetizó que la forma capitalista de producción es depredadora tanto de la fuerza de trabajo como de la misma naturaleza, de manera que es la misma realidad la que viene confirmando esta aseveración. Hoy, la crisis ambiental es de grado mayor de manera que si no hay una modificación de la forma como se produce (que no sólo guarda relación con la propiedad de los medios de producción) se pone en riesgo la vida de la sociedad humana y de las diferentes especies animales y vegetales.

En consecuencia, la crisis ambiental nos llama a asumir un modelo productivo no capitalista, pero al mismo tiempo en la línea de las cosmovisiones de las naciones originarias y pueblos indígenas, donde el respeto a la naturaleza es el punto de partida, de manera de encarar de diferente manera la forma de producir y transformar los recursos naturales.

Crisis energética. El consumo de energéticos de origen fósil se realiza –especialmente por parte de los países capitalistas- en grado tal, que posiblemente en las siguientes tres a cuatro décadas se tenga un agotamiento generalizado del mismo. Pero no sólo es la reducción real de este energético el que produce una crisis, sino el poco desarrollo de alternativas energéticas no contaminantes y racionales. De manera que la crisis energética se verá traducida en el incremento del precio del petróleo (por más que ahora este bajando por efecto de la crisis financiera), generación de biocombustibles (con un impacto terrible en la reducción de alimentos para la población humana), desarrollo de alternativas energéticas sólo para los países industrializados (energía nuclear, hídrica y eólica), dejando a la mayoría de los países en condiciones de sometimiento y dependencia de grandes transnacionales productoras de energía.

Frente a ello, debemos contar con un nuevo modelo económico que vaya sentando las bases de una diversificación energética, recuperando los recursos naturales para los pueblos, de manera de hacer un uso racional y ecológico, del gas, del petróleo, del agua, del viento, para beneficio directo de los pueblos.

b. Nuevos bloques, nuevas estrategias

Durante los últimos años, la región ha experimentado un cambio en varios gobiernos que configuran un nuevo escenario: Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador. El común en todos estos países es la elección de gobiernos que rompen con la representación política tradicional de partidos de derecha. Se puede afirmar, entonces, que en cierta forma, la hegemonía norteamericana