Cátedra para Municipios del Departamento de La Paz

Viernes 3 de octubre de 2008. La Paz-Bolivia.
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Inauguración Cátedra Municipal

El Centro de Formación Política Pablo Zarate Willka y la Cátedra Che Guevara Zarate Willka inauguran este lunes 6 de octubre la Cátedra para Municipios del Departamento de La Paz. Han confirmado su presencia personas de 10 municipios de diferentes provincias tanto de las regiones de yungas, valles y altiplano paceño.

Duración: 3 meses (de octubre a diciembre del 2008)
Lugar: La ciudad de La Paz, Calle Mercado, Nº 1046, piso 5 of. 02.
Días: De Lunes a Viernes, una semana de cada mes
Gastos: Cada municipio becará a los cinco participantes, debiendo viajar a la ciudad de La Paz durante la semana que duré los Seminarios
Horario:
Mañanas: de 9:00 a 12:00 lecturas, trabajo en grupos y trabajo personalizado con los expositores.
Tardes: de 14:30 a 19:30 Seminario de formación, con clases presenciales, exposiciones, películas.
Requisitos: Ser seleccionado por su municipio y tener predisposición para la lectura
Materiales: Cada participante contará con textos, fotocopias y material adicional

Temario:

1. Historia Política de las Naciones aymara, quechua y guaraní
2. Zarate Willka: antecedentes, guerra federal, la insurrección de Zarate Willka, manifiesto de Caracollo, las batallas y la estrategia militar, el proceso de Mohoza y las lecciones para el presente
3. Cosmovisión andina amazónica
4. Colonialismo y descolonización
5. Identidad
6. Diccionario de conceptos políticos
7. Juicio al Estado Colonial, Republicano y Neoliberal
8. El problema nacional (autodeterminación, comunidad de naciones, Estado Plurinacional, nueva Constitución Política del Estado)
9. Participación popular para profundizar el actual proceso
10. Modelo neoliberal, economía del actual gobierno
11. Gobiernos locales, gobiernos comunitarios, poder local y municipalización
12. Análisis del período y coyuntura (nacionalización de los hidrocarburos, Asamblea Constituyente, autonomías, IDH, golpes de calle, referéndum, etc.)

A continuación transcribimos el primer texto de esta Cátedra:



Seminario de formación política para miembros de municipios del Departamento de La Paz

ESBOZO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA POLÍTICA DE LAS NACIONES AYMARA, QUECHUA Y GUARANÍ

Gonzalo J. Mamani A.

LA PAZ – BOLIVIA

2008

I N D I C E

INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I
1. LA NACIÓN AYMARA-QUECHUA DURANTE LA COLONIA
1.1. La rebelión Aymara-Quechua de 1780-1783
2. LOS AYMARA-QUECHUA FRENTE AL COLONIALISMO REPUBLICANO
2.1. Los aymara y la independencia criolla
2.2. La rebelión Aymara-Qhechua frente al despojo de tierras
2.3. El movimiento Aymara de Pablo Zarate Willka (1899)
2.4. Los Aymara-Quechua víctimas de la guerra del Chaco (1931-1936)
2.5. Los Aymara-Quechua frente a la Reforma Agraria (1953)
CAPÍTULO II
1. LA NACIÓN GUARANI-CHIRIGUANO DURANTE LA COLONIA
1.1 El modo de vida guarani
1.1.1. La lengua Guaraní
1.1.2. Organización social y política Guaraní
1.2. La Economía Guaraní
1.2.1. Propiedad comunal de la tierra
1.2.2. Trabajo y cooperación
1.2.3. La agricultura y los cultivos
1.2.4. La reciprocidad y el convite
1.2.5. El arte de hacer la guerra
2. ENCUENTRO Y CONVIVENCIA DE CULTURAS EN LA CORDILLERA
3. EXPEDICIÓN Y FUNDACIÓN DE CIUDADES ESPAÑOLAS EN LA CORDILLERA
3.1. Expedición del Virrey Toledo a la Cordillera
3.2. Resistencia Chiriguano a las políticas coloniales
4. EL INICIO DE UN CICLO DE CONFLICTOS CHIRIGUANO-ESPAÑOL
4.1. Masacre y resistencia Chiriguano (1584-1585)
5. CERCO CHIRIGUANO Y VIRAJE ESPAÑOL A LA CORDILLERA
5.1. Viraje español hacia la Cordillera
5.2. La presencia de las misiones evangélicas en la Cordillera
5.3. La hacienda española y la crianza de ganado
5.4. La construcción de fortines
5.5. Expediciones de castigo españoles (1728)
5.6. La aparición y el impacto de los hombres Tumpa (1778-1781)
5.7. La aparición de un Keremba Chiriguano en los albores de la independencia republicana
6. LA ALARMANTE DISMINUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LOS CHIRIGUANO EN LA COLONIA
7. LOS CHIRIGUANO FRENTE A LA REPUBLICA
7.1. La llegada de los pueblos Karaí a la Cordillera
7.2. Las misiones evangélicas en la república
7.3. El inicio de nuevos enfrentamientos con los pueblos Karaí
7.4. La aparición de Hapiaoeki Tumpa en Kurujuky (1891)
7.5. La arremetida final de los Karaí en contra de los Chiriguano (1892)
7.6. Persecución y cacería de Chiriguanos en la Cordillera (29 de enero a 29 de marzo de 1892)
8. LA ALARMANTE DISMINUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LOS CHIRIGUANO EN LA REPÚBLICA
8.1. Los Chiriguano durante el siglo XIX
8.2. Los Chiriguano durante el siglo XX al borde de la desaparición
9. DESTERRITORIALIZACIÓN CHIRIGUANO SIN UNIDAD NI ARMONÍA
10. LOS CHIRIGUANO VÍCTIMAS DE LA GUERRA DEL CHACO
11. LOS CHIRIGUANO VÍCTIMAS DE LA ZAFRA
12. LA REFORMA AGRARIA DE 1953, UN PREMIO A LAS HACIENDAS DE LA CORDILLERA

BIBLIOGRAFIA

INTRODUCCIÓN
Las constantes rebeliones, revueltas y levantamientos de nuestros pueblos andino-amazónicos durante los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, se justifican por las permanentes luchas de resistencia por frenar la imposición de los mecanismos de dominio colonial como fueron: las encomiendas, repartimientos, haciendas, obrajes, minas, los servicios personales gratuitos y los tributos en especie, trabajo y dinero; en el periodo republicano, el tema central en torno al cual gira la resistencia indígena, tiene que ver principalmente a las constantes políticas de despojo de tierras de comunidad que fueron aplicadas por los distintos gobiernos del Estado boliviano a partir de 1825.

Estas son las razones principales de los pueblos andino-amazónico de nuestro país, que luchan por conseguir el respeto a su historia, su libertad, su territorio, su justicia y la conservación de su identidad.

CAPÍTULO I

LA NACIÓN AYMARA-QUECHUA

1. LA NACIÓN AYMARA-QUECHUA DURANTE LA COLONIA

El siglo XVI se caracteriza por la imposición irracional de medidas tributarias como las alcabalas, los almojarifazgos y los diezmos; el pago de este último tributo se institucionalizó en 1493 por dictamen del Papa Alejandro VI, con el objetivo de cubrir los gastos para la construcción de templos y el sustento de los miembros de la iglesia católica. En nuestro continente, el cobro de este tributo se originó por iniciativa de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, con el fin de cubrir los “muchos gastos y grandes peligros” relativos a la conquista.

Cumpliendo la orden emanada de la corona, el Virrey Francisco Toledo estableció la división de los tributos en pago de dinero (tasa) y un servicio de trabajo (mita). Refiriéndose al respecto, Guaman Poma de Ayala decía lo siguiente:

“El indígena fue desposeída de sus bienes y de su fuerza física, siendo los encomenderos copartícipes de la situación, quienes “en las ciudades detienen a los dichos yndios y a las yndias y se hazen servirse y no se lo paga. Y sin pagalle de sus travajos le piden sus tributos…” (Citado en López Beltrán, 1988: 13)

El cobro de estas medidas impositivas provocaba la huida de muchos Aymaras y Quechuas a territorios lejanos y de difícil acceso. Algunas mujeres optaban por contraer matrimonio con los españoles o negros para disminuir el número de tributarios y las mujeres embarazadas decidían escapar a los montes donde entregaban a sus hijos a los familiares prófugos. Confirmando lo mencionado, un sacerdote español decía lo siguiente:

“Allí lo crían sin bautismo y se muere sin el, y esto hazen porque dizen que el libro del bautismo es el que da noticia dellos para metellos en tributo y que sean conocidos y afligidos, por lo cual huyen deste beneficio”. (Citado en Cárdenas, 1988: 498)

En repudio y rechazo a los excesivos tributos que imponía la corona, durante el siglo XVII se dio una serie levantamientos que emergieron de Aymaras, Quechuas y de algunos mestizos y criollos que se identificaban con la causa de estos pueblos.

Iniciando las medidas de resistencia, en 1613 en Larecaja al norte de La Paz, se movilizaron Aymaras, Quechuas y Chunchus para atacar a las tropas españolas; durante el mismo año, apareció un movimiento regional compuesto por las comunidades de Sunqu, Charapa, Simaku, Challana y otras aledañas a los valles yungueños, en contra de los constantes abusos que cometían las autoridades coloniales y en rechazo a la extrema explotación de la producción de la hoja de coca que era enviada para su consumo en las minas y las haciendas.

Posteriormente en La Paz a fines de 1661, mitayos urbanos y algunos comerciantes mestizos como Antonio Gallardo, en repugnancia a los abusos que se cometían, eliminaron al Corregidor y otras autoridades coloniales enarbolando consignas que incitaban a la sublevación para alcanzar la “libertad de los americanos”.

Durante el siglo XVIII, en 1737, el criollo Juan Velez de Córdova acompañado por algunos criollos identificados con la causa Aymara y con el respaldo de varios Kurakas, organizaron un movimiento separatista del dominio colonial en la región de Oruro. Ante esta preocupante situación, las autoridades coloniales decidieron aplastar éste movimiento dos días antes de su operativo, capturando y aniquilando a sus principales impulsores; frente a lo sucedido se emitió un Manifiesto de agravios que en su parte mas sobresaliente menciona lo siguiente:

“Promete a los criollos españoles emplearlos en las conveniencias del Reino según se mostrasen fieles y a los caciques honrarlos como es de razón por los señores de la tierra, adelantándolos en conveniencias, librando a los naturales de tributos y mitas para que gocen en quietud lo que Dios les dio y se alzen con la que tienen recibido de repartimientos de los corregidores, cuyo nombre tirano se procurará borrar de nuestra república”. (Citado en Cárdenas, 1988: 498)

A mediados del mismo siglo XVIII, España sufriría las consecuencias de los sucesos que empezaron a surgir en la península; por el lado económico, el monopolio comercial de España había entrado en conflicto con el libre comercio inglés; y políticamente, sería la dinastía borbónica de origen francés, quien dirija los destinos de la península. Inmediatamente posesionado los borbones en la península, crearon en la colonia americana nuevos mecanismos de tributación directa para los indígenas, como ser: el aumento de los derechos de aduana, las alcabalas y otras cargas impositivas; por otra parte, se impuso un nuevo mecanismo de extorsión como fue el “repartimiento”, el cual consistía en repartir y vender de manera obligada toda clase de mercancías a los indígenas, como ser: anteojos, telas finas y venta de catecismos a gente analfabeta; en muchos casos los objetos repartidos, no eran de eran utilidad para los indígenas.

Otra medida adoptada por la dinastía de los borbones, a principios de 1780, fue el rediseño de un nuevo sistema territorial, administrativo y político; convirtiendo la región de La Paz en intendencia, las provincias de la región antes llamadas “corregimientos” pasaron a llamarse “partidos” y el gobernador o magistrado provincial que ejercía autoridad suprema en lo militar, político y judicial en la jurisdicción de la provincia, cambió de “corregidor” a “subdelegado”. (Thomson, 2006: 19)

1.1. La rebelión Aymara-Quechua de 1780-1783

Los nuevos mecanismos de tributación y de extorsión, impuestos por la corona española, provocaron durante los años de 1780 y 1783 el surgimiento de un movimiento de emancipación americana, encabezado por líderes de origen Aymara-Quechua.

1.1.1. La rebelión de los hermanos Katari en Chayanta (1780)

Iniciando las sublevaciones, los hermanos Katari Tomás, Nicolas y Damaso, realizaron una sublevación desde los Ayllu de Chayanta (Norte de Potosí) en contra de los abusos que cometía el Corregidor J. Alós, quien se dedicaba al cobro de tributos elevados, cobro de tazas en exceso, uso para provecho personal de un indio de cada mita, monopolio de la venta de artículos comerciales (repartos), obligaba a sembrar sus tierras con las semillas de sus peones, arrebataba las tierras ajenas para repartirlas a sus cómplices. Finalmente, la situación que colmaría el coraje de los pobladores de Chayanta, fue por la decisión asumida por el Corregidor J. Alós, quien de manera arbitraria y excluyendo los derechos de Katari, nombró Kuraka de Chayanta a su aliado el mestizo Blas Doria Bernal.

Repudiando el abuso de poder que había cometido el Corregidor Alós, a fines de 1799, Tomas Katari había viajado a pie hasta Buenos Aires para presentar su reclamo al Virrey; siendo atendido en su reclamo, Katari trajo órdenes directas y precisas para el Corregidor J. Alós de investigar las denuncias. Sin embargo, ignorando las órdenes traídas por Katari, el Corregidor Alós y el “Kuraka” Bernal seguían cometiendo una serie de abusos que impulsaron a Tomas Katari, presionado por los comunarios de toda la región, a conformar el gobierno indio en Macha, nombrando gobernadores en todos los Ayllu, dando a conocer que las autoridades virreinales habían rebajado los tributos y que él debía cobrarlos por ser auténtico Kuraka; la disposición fue acatada de manera contundente todos los Ayllu. (Cárdenas, 1988: 500)

Enterado de la constitución de un gobierno indio en Macha, el Capitán Juan de Acuña (Justicia Mayor de Chayanta) amenazó a Tomas Katari mediante el siguiente auto dictamen:

“Los indios de su comunidad, habitando en su doctrina y advirtiéndole también de que me hallaba impuesto de que concurrían indios de otras provincias al pueblo de Macha, donde el residía, a rendirle obediencia, reconociéndolo como soberano, advirtiéndolo que esté era un delito gravísimo, porque era usurpar el derecho al soberano”. (Citado en Cárdenas, 1988: 500)

Desconociendo la acción “subversiva” de Tomas Katari, a fines del mes julio de 1780, el Corregidor Alós tomo prisionero a Katari; situación que enardeció los ánimos de miles de aymaras y quechuas que se hicieron presentes en la fiesta de San Bartolomé (24-26 de agosto) donde capturaron al Corregidor Alós a quien obligaron a liberar de manera inmediata a su líder; una vez liberado Katari, ofreció la libertad al Corregidor Álos a cambio de que éste de libertad a varios líderes indios. Seguidamente, Katari recorrió por todos los Ayllus neutralizando cualquier forma de abuso colonial.

Indignados y reprochando las acciones de asumidas por Katari, la Audiencia de Charcas por orden de sus oidores, ordenó el enjuiciamiento y la ejecución de todos los hermanos Katari el 7 de abril y 7 de mayo de 1780.

1.1.2. La rebelión de Tupaq Katari (1781-1783)

A partir de mediados de 1781 hasta 1782, en la región del altiplano paceño y sus alrededores, irrumpió un nuevo movimiento de magnitud encabezado por el líder aymara Tupaq Katari, quien dirigió por casi un año, el cerco a la ciudad de La Paz que se encontraba habitado principalmente por autoridades españolas.

Los motivos que dieron origen a este movimiento, se verifica en el siguiente fragmento tomado de las declaraciones judiciales de Gregoria Apasa (hermana de Tupaq Katari) ante las autoridades españolas:

“Fue por los repartimientos de los corregidores, por las aduanas, por los estancos y otros pechos que se les cobraban que pretendían extinguir, quitando la vida a los corregidores, a los europeos y demás empleados para la exacción de dichas contribuciones”. (Citado en Cárdenas, 1988: 502)

El Aymara Julián Apasa, líder principal de este movimiento fue agricultor, comerciante de coca, bayeta y tributario del Ayllu Sullkavi en Sicasica; adoptó el nombre de Tupaq Katari en respeto y honor a Tupaq Amaru y Tomas Katari. Instalando de manera estratégica su cuartel general al borde de El Alto, inició el primer cerco a la ciudad de La Paz el 13 de marzo de 1781, donde se procedió al cierre de las tres únicas entradas a la hoyada paceña y la paralización definitiva del comercio y la provisión de todo tipo de víveres.

Alarmados por lo que sucedía, las autoridades de la Audiencia de Charcas decidieron nombrar a Sebastián Segurola como comandante militar de La Paz, quien en su primera intervención hizo acopiar víveres para los españoles y mando a fortificar la ciudad organizando a los 23.000 habitantes que vivían en la hoya paceña. (Cárdenas, op. cit.: 502)

Estando en operativo, el comandante Segurola había recibido y rechazado varios ultimátums enviados por Tupaq Katari, tal como se evidencia en la siguiente carta:

“Mande recoger todas las armas, que están en nuestra contra, como, son las bombas y escopetas y todas las armas ofensivas… pues les advierto si ejecutando esto y se hacen obedientes y leales, estoy pronto a sosegarme y no hacer operación, no porque mi ánimo era acabar del todo y volverlo todo en ceniza…todas las entradas se abran… Y así a todos los europeos los pondré en sus caminos, para que se manden a mudar a sus tierras, y los criollos que darán perdonados por siempre. (Carta de Katari a Segurola 9-IV-1781 citado por Cárdenas, 1988: 503)

Acompañando el movimiento de Tupaq Katari, desde el Cusco apareció otro movimiento indígena encabezado por Andrés Tupaq Amaru, joven de diecinueve años (sobrino de Tupaq Amaru) quien en alianza con los kataristas dirigidos por Gregoria Apasa, cercaron durante noventa días el pueblo de Sorata, tiempo en el que construyeron una represa de agua que posteriormente hicieron reventar, inundando completamente el pueblo Sorata, el cual se encontraba habitado por españoles y autoridades coloniales.

Preocupados los españoles por los movimientos insurgentes, a principios del mes de julio de 1781, el Comandante Ignacio Flores, luego de haber oprimido a los Katari de Chayanta, movilizó a sus tropas en dirección a la Ciudad de La Paz; en su recorrido se encontraron con el cerco de los regimientos de Tupaq Katari en Sicasica, el cual lograron evadir hasta llegar a La Paz. Estando frente a las tropas de Tupaq Katari, el regimiento de Flores, mostrando una amplia superioridad armamentista, había logrado ahuyentar a los aymaras, quienes en su desesperación y tratando de obtener compasión, entregaron como rehén a Bartolina Sisa (esposa de Tupaq Katari) a las tropas de Flores. (Cárdenas, 1988:503)

Para aplastar definitivamente el movimiento de Tupaq Katari, el 4 de agosto del mismo año, Flores había abandonado la Ciudad de La Paz en busca de nuevos refuerzos; esta situación fue aprovechada por las fuerzas Aymaras, quienes reocupando sus antiguas posiciones, cercaron por segunda vez la hoya paceña desde el 5 de agosto hasta el 15 de octubre de 1781. De este segundo cerco participó Andrés Tupaq Amaru, quien intentando repetir la hazaña de Sorata, la noche del 12 de octubre de 1791, hizo reventar prematuramente la represa de agua que habían construido, sin alcanzar los resultados esperados.

Tras el segundo cerco aymara a la ciudad de La Paz, la situación era cada vez más crítica para los sitiados de la hoya paceña y antes de que estos se entreguen a los tropas de Tupaq Katari, había llegado en su rescate el Comandante Roseguín con un regimiento de 10.000 soldados que lograron derrotar a las tropas de Tupak katari. Inmediatamente, impulsado por la derrota sufrida, Katari se trasladó a Peñas para reorganizar a sus tropas; allá se encontró con Miguel Bastidas Tupaq Amaru, quién había recibido de Andrés Tupaq Amaru, antes de su partida a Azangaro (Perú), la instrucción de continuar con la resistencia.

Tras los sucesos que habían ocurrido, el tesoro real había registrado una crítica situación económica, debido a la disminución de ingresos provenientes de los obrajes y las haciendas coloniales; por otra parte, la cercanía de las tropas británicas al continente, hizo que los españoles optaran por la pacificación con los indígenas, situación que fue rotundamente rechazado por Tupaq Katari. Frente a esta decisión calificada de “rebeldía” por los españoles, estos habían optado por buscar al mestizo Cisa López, alias Tomas Inka Sipi de Achacachi, quien teniendo conocimiento del refugio de Tupaq Katari, permitió su captura definitiva. (Cárdenas, op.cit.: 506)

Capturado Tupaq Katari, el oidor de la Audiencia de Chile Francisco Tadeo Diez de Medina, había emitido la sentencia de ejecución en Peñas el 14 de noviembre de 1781. La parte más dura de la sentencia dice lo siguiente:

“Debo condenar y condeno al dicho Julián Apasa (alias) tupacatari, en pena ordinaria de muerte… y que asido por unas cuerdas robustas sea descuartizado por cuatro caballos… hasta que naturalmente muera, y de hecho sea transferida su cabeza a la ciudad de La Paz…

La mano derecha en una picota… a su pueblo de Ayoayo… la siniestra al pueblo de capital de Achacachi… la pierna derecha a los Yungas y cabecera de Chulumani y la otra al de Caquiabiri del Pacajes…” (Archivo General de la Nación Argentina. Revolución de oruro. Leg. 1. Expediente 8, “Testimonio de las confesiones del reo Julian Apasa, alias Tupa Catari” citado en Cárdenas, 1988: 506)

Consumado la muerte de Tupaq Katari, Segurola y su tropa fueron en busca de los familiares y líderes que acompañaron a Julian Apasa, a quienes aniquilaron sin contemplación; como si eso fuera poco procedieron con el incendio y el saqueo de todas las comunidades rebeldes.

1.1.3. La participación de Bartolina Sisa y Gregoria Apasa en la rebelión (1781-1783)

La presencia de las mujeres aymaras en todo este movimiento fue sobresaliente; Bartolina Sisa, en muchas ocasiones había sustituido a su esposo Julian Apasa dirigiendo varios ataques a los suburbios de la ciudad de La Paz. Refiriéndose a su esposa, Julián Apasa en su juicio declaró lo siguiente:

“Que su muger Bartolina Sisa, nominada la virreina, contribuía a las funciones del alzamiento haciendo sus bezes por los casos de su ausencia… sin que le conste hubiese muerto a nadie, pues antes bien intercedía, y quitaba a los Yndios aguerridos de las manos del Confesante y de los Yndios, por salvarles la vida”. (Archivo General de Indias, Sevilla. Charcas 595, citado en Cárdenas, 1988: 505)

Otra mujer aymara que acompaño este gran movimiento, fue Gregoria Apasa (hermana de Julián Apasa), quien vistiendo en muchas ocasiones de la lucha ropa de varón, se había convertido en un gran apoyo para su hermano y su esposo; así lo describe la siguiente carta enviada a su esposo Andrés:

“Mui benerado señor de toda mi estimación y aprecio, deseo a Vuesa merced al recibo de esta toda sanida… mi muy buen benerado taito de mi alma, remito diecisiete rosquitas que las mande haser a mano para enviar a Vuesamerces, y reciba lo trivial del cariño y Vuesa Merced como mi mui amante Señor me imparta quando se ha de venir, o en la forma en que hemos de estar, pues estraño mui mucho de su amable compañía; remito una mudada de ropa blanca, que se compone de una camisa, con susmedias, y calzetas, y Inter. Ruego al Señor lo guarde muchos años, de esta suia, Achacache y octubre dies y nueve de octubre de mi setecientos ochenta y uno. Señor. Beso la mano d Vuesamerced. Su humilde servidora-Doña Gregoria Tupacatari”. (Archivo General de Indias, Buenos Aires 519, citado en Cárdenas, 1988: 505)

Finalmente, aplacando el movimiento de Tupaq Katari, las autoridades españolas habían emitido la sentencia dictada el 5 de septiembre de 1782 por el Oidor de la Audiencia de Chile Francisco Tadeo Diez de Medina; donde se decidió que Bartolina Sisa y Gregoria Apaza sean ahorcadas sin contemplación alguna, en la plaza mayor de la Ciudad de La Paz.

2. LOS AYMARA-QUECHUA FRENTE AL COLONIALISMO REPUBLICANO

2.1. Los aymara y la independencia criolla

La acumulación de una serie de factores, como los efectos de la insurrección Aymara-Quechua de 1780-1783, la crisis minera de Potosí, la creación del Virreinato de La Plata (1776) y la ocupación napoleónica de España; fueron sucesos oportunos para que los criollos, simulando defender al rey español Fernando VII, plantearan su propio proyecto político independista.

Para alcanzar su cometido, los criollos habían buscado el apoyo de aquellos que otrora habían sido relegados y reprimidos ¿qué podían pensar de este proyecto criollo? La actitud de respaldo de aymaras y quechuas dependía fundamentalmente de las actitudes que habían tomado los criollos como Pedro Domingo Murillo que había sido participe en la campaña de represión contra las tropas de Tupaq Katari en Peñas. A pesar de esta situación, aymaras y quechuas habían respaldo a algunos guerrilleros patriotas como Chinchilla en los valles de Inquisivi, Ayopaya y ha Esteban Arze que recibió la colaboración de los ayllu de Tapacarí. (Cárdenas, 1988: 509)

Luego de una serie de guerras libradas por la independencia, finalmente se fundó la nueva República de Bolivia el 6 de agosto de 1825. Lamentablemente, la naciente República había heredado la vieja estructura e institucionalidad colonial, que sólo permitió el cambio de dirección política de manos de los españoles a manos de las elites criollas. A pesar de los pronunciamientos retóricos de libertad y de justicia para los habitantes del nuevo país; Bolivia se mantuvo socialmente estratificada, donde unos eran privilegiados por el Estado y otros seguían sufriendo los vejámenes coloniales. Los indígenas que alcanzaban alrededor de 800.000 habitantes de los cerca a un millón que había al fundarse la República, continuaron pagando la “contribución indigenal”, recurso que alcanzaba a más del cincuenta por ciento de las arcas del nuevo Estado. (Gómez, 1995: 197)

Refiriéndose a la importancia de la contribución económica de Aymaras y Quechuas a la naciente República, Víctor H. Cárdenas menciona:

“Aymaras y Quechuas, aportaban casi la mitad del presupuesto nacional, llegando en algunos departamentos de Bolivia al 70 por 100 de los presupuestos departamentales, superando el total aportado durante la administración española. Este aporte contaba de la contribución indigenal, diezmos y primicias. Un 20 por 100 provenía de las utilidades de la plata, su exportación y acuñación, y el 30 por 100 restantes de otros impuestos. Además de tributar en especie y en trabajo, prestando servicios personales gratuitos en las haciendas, parroquias, cuarteles y casas particulares”. (Cárdenas, op.cit.: 509)

Sólo a partir de mediados del siglo XIX, el Estado boliviano llegó a disminuir su dependencia económica de las “contribuciones indigenales”, debido a los mayores ingresos que empezaba a generar la minería de la plata.

2.2. La rebelión Aymara-Qhechua frente al despojo de tierras

Durante el periodo republicano, la primera época de rebeliones Aymara se inició en repudio a la política agraria del gobierno del General Melgarejo; quien había declarado al Estado boliviano dueño absoluto de todas las tierras de comunidad y con capacidad para venderlas. Aplicando su política, Melgarejo había dispuesto un plazo de sesenta días para que los comunarios cuenten con su título de propiedad, vencido el plazo y su incumplimiento se procedía al remate sistemático de todas las tierras de comunidad. Esto fue así, pero cínicamente la subasta de las tierras de comunidad caía en manos de los allegados al régimen y familiares del propio Melgarejo; quienes ni siquiera llegaban a pagar en efectivo sino sólo en valores fiduciarios y pagos nominales que eran desembolsados por el Banco de Crédito Hipotecario de Bolivia ó sino bajo hipoteca de las mismas tierras de comunidad. El cumplimiento de esta medida irracional, había ocasionado en dos años (1869 y 1870) el remate en subasta pública de unas 400 comunidades indígenas. (Cárdenas, op.cit.:510)

A raíz de estas medidas, se había despertado el coraje y la inmediata sublevación de los comunarios Aymara en la región lacustre de La Paz; enterado de esta situación, el 28 de junio de 1869, Melgarejo ordenó al General Leonardo Antezana exterminar a los sublevados de San Pedro, donde perdieron la vida alrededor de 600 comunarios. Al año siguiente, en el mes de agosto, el ejército realizó una expedición por Huaicho, Ancoraimes y Taraco, dando muerte a otros 2000 comunarios aymaras; los cuales eran masacrados en presencia y ante la mirada de horrorizada de los hijos y los padres. Consternados por las calamidades cometidas por el déspota, los comunarios provocaron la huida de Melgarejo hacia el Perú, el año de 1871. (Condarco, 1983: 43)

El segundo periodo de la rebelión aymara en contra del despojo de tierras de comunidad, surge a consecuencia de la ley del 4 de octubre de 1874 que había sido promulgado por el gobierno de Tomas Frías; esta disposición permitía la sustitución de la propiedad comunal de la tierra por la propiedad individual, eliminando jurídicamente la existencia de la comunidad o ayllu. Paralelamente, esta medida atorgaba poder a los comunarios para que estos puedan vender sus tierras amparadas por los títulos de propiedad que el gobierno les entregaría; para tal cometido, se instalaron las mesas revisitadoras compuesta por funcionarios del Estado, quienes aprovechándose del analfabetismo de los comunarios entregaban las tierras “vendidas” a sus a propios amigos y familiares a precios muy bajos.

Finalmente, la instalación de las revisitas se convirtió en un mecanismo que promovió a partir de 1880, el despojo masivo y sistemático de las tierras de comunidad. En resistencia a esta medida, durante los años de 1895 y 1896, se produjo más de 100 sublevaciones locales en las riberas del lago Titicaca. (Cárdenas, op.cit.: 511)

2.3. El movimiento Aymara de Pablo Zarate Willka (1899)

La emergencia de la insurrección Aymara más importante de fines del siglo XIX, fue dirigida por el líder Aymara Pablo Zarate Willka, quién nació en la comunidad de Imill Imilla en Sicasica. El desarrollo y alcance geográfico de la insurrección, fue acompañado por otros líderes destacados como Lorenzo Ramírez, en Inquisivi (La Paz); Juan Lero, en las provincias de Paria (Oruro) y Tapacarí (Cochabamba); Feliciano Willka, en Chayanta (Potosí); Mauricio Pedro, en Sacaca (Potosí) y Cruz Mamani, en Sicasica (La Paz). (Cárdenas, op.cit.: 510)

Durante este periodo se había registrado una confrontación entre las elites regionales del norte y sur del país; sucesos que coincidieron con la insurrección Aymara de Zarate Willka. Desde el punto de vista de los intereses económicos de las elites regionales del país, la guerra civil de 1899 se habría dado, según Silvia Rivera por las siguientes razones: “La crisis de la oligarquía de la Plata asentada en el sur y el fortalecimiento de la ciudad de La Paz como polo comercial bajo el estímulo de nuevas vías de comunicación con el Pacífico (Mollendo-Puno, 1874); la explotación de nuevas materias primas (caucho, estaño, etc.) y la ampliación de la frontera latifundista, habían sentado las bases de una fuerte tensión interregional que culminaría en el enfrentamiento liberal conservador entre el norte y el sur del país, conocido como la revolución federal de 1899”. (Rivera, 1986: 27)

Por otra parte, las causas que impulsaron la emergencia del movimiento Aymara de Zarate Willka, se debe a las siguientes razones:

“Primero, por efecto de la usurpación de tierras comunitarias facultada por el Decreto de 20 de marzo de 1866 y promulgada por ley de 28 de septiembre de 1868; segundo, a consecuencia del despojo de las tierras de comunidad, que permitió la ley de exvinculación de 5 de octubre de 1874”. (Condarco, 1983: 41)

Para dar inicio a la confrontación de las elites regionales del país, los liberales paceños enarbolaron las banderas del federalismo e instalaron un poder paralelo al gobierno de Severo Fernández Alonso. Esta situación, estalló la guerra civil de 1899 librada entre los liberales y conservadores del País. Inmediatamente, aprovechando la indignación Aymara por el despojo de tierras que habían sufrido, Pando había decidido reunirse con Zarate Willka para buscar su apoyo, a quien a cambio le prometió lo siguiente:

“…Tu me ayudas con los indios en esta Guerra civil. Los blancos del sur, los k´aras de Chuquisaca, son tus enemigos y son mis enemigos, lucharemos contra ellos; y después de la victoria, yo seré el Primer Presidente y tú serás el Segundo Presidente de Bolivia; y devolveremos a los indios sus tierras, que arrebató Melgarejo… te doy grado militar, igual al mío… serás el “Cnl. Willka”… (Mallo citado por Reynaga, 2001: 275)

Aceptando la propuesta del General Pando, el movimiento Aymara de Willka, planteó un programa político que se resume en cuatro puntos:

“Restitución de las tierras comunales usurpadas, lucha defensiva contra la agresión del criollaje latifundista, desconocimiento de la autoridad de liberales y conservadores sobre las tropas indias y constitución de un gobierno indio autónomo bajo la autoridad de su máximo líder. (Condarco citado por Rivera, 1986: 28)

Dando cumplimiento el programa político, en el mes de abril de 1899, Juan Lero que pertenecía a una antigua familia Kuraka de Tapacarí, había constituido en Peñas (Oruro) un auténtico gobierno indio; integrado por él como presidente, Ascencio fuentes como juez, Feliciano Mamani como intendente, Evaristo Wariqallu como Coronel y Manuel Flores como Ministro Secretario.

El programa de este gobierno indio había resuelto las siguientes acciones inmediatas:

1º La destrucción, incendio y saqueo de las propiedades rústicas de los terratenientes;

2º El juzgamiento de todas aquellas personas conocidas por su parcialidad con los adversarios de la población india;

3º La eliminación y exterminio de “blancos” y “mestizos”. (Condarco citado por Reynaga, 2001: 287)

Consolidado el gobierno indio, Zarate Willka y su regimiento procedieron a castigar de modo general sin hacer distinción entre liberales y conservadores a todos los patrones, vecinos y autoridades abusivas; en Mohoza, las tropas de Willka ejecutaron a soldados del ejército liberal, a quienes encontraron cometiendo abusos en las comunidades.

Repudiando la creación del proyecto indio, la afinidad ideológica de liberales y conservadores hizo que se unieran en contra de los Aymara; esto se evidencia en un telegrama enviado por Pando a Fernández Alonso, cuyo contenido es el siguiente:

“…indiada guerrea motu propio contra la raza blanca. Aprovechando despojos beligerantes se hara poderosa. Nuestras fuerzas unidas apenas podrán dominarla”. (Reynaga citado por Rivera, 1986: 29)

Finalmente, liberales y conservadores, resolvieron aplastar el movimiento Aymara de Willka; el General Pando había impartido órdenes al Batallón Omasuyos para que destruyeran implacablemente el gobierno Aymara de Peñas, donde apresaron y fusilaron a varios líderes entre los que se encontraba Zarate Willka, a quien juzgaron dos años por la ejecución de Mohoza y le aplicaron la ley de fuga (abril de 1902), pasando sus tierras a propiedad de Pando. (Cárdenas, op.cit.: 513)

2.4. Los Aymara-Quechua víctimas de la guerra del Chaco (1931-1936)

Durante la guerra del Chaco, el racismo y el sistema de castas no estuvo ausente, de 200.000 hombres movilizados en tres ejércitos la participación de soldados aymaras y quechuas fue mayoritaria, lamentablemente, la contienda bélica sólo se había convertido en la continuidad de su explotación, porque no sólo tuvieron que soportar las inclemencias de las temperaturas altas, los espacios cerrados del terreno y la sed, sino también, el hecho de ser enviados como carnada a la línea de fuego enemigo; por el otro lado, fue poco la presencia de blancos que estuvieron en la línea de fuego. (Klein, 1991: 200, 203)

Esto se evidencia en el testimonio contado por un soldado aymara, que como tantos otros fue incorporado al ejército a la fuerza a sus 17 años; Esteban Yapu Mamani describe de la siguiente manera los sufrimientos padecidos en el Chaco:

“Era muy boscoso. Por falta de agua pasábamos mucha sed y por falta de comida andábamos hambrientos. Nosotros estábamos cerca del campo de batalla y escuchábamos los disparos. Más tarde aparecieron los soldados que habían peleado antes; andaban todos harapientos; al vernos lloraron…” Respecto a la participación indígena en los inútiles ataques frontales, Yapu decía: “En primera línea íbamos los indios del altiplano. A veces nos daban a sorber pisco. Los altiplánicos íbamos sin miedo. Con todo éramos muchos los que no sabíamos manejar armas y esos eran los que caían”. (Calderón, 1995: 298)

Al culminar la guerra, los resultados fueron desastrosos, de 200.000 hombres movilizados al campo de batalla, 50.000 hombres perdieron la vida y 20.000 fueron tomados como prisioneros de guerra; por otra parte, el costo económico de la guerra llego a un total de 228 millones de dólares, recursos que fueron financiados por el Banco Central y por algunos préstamos que eran realizados por empresarios mineros. (Mesa, 2007: 442)

2.5. Los Aymara-Quechua frente a la Reforma Agraria (1953)

Debido a la constante expansión de la hacienda que se dio desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, la situación del campo en Bolivia había llegado a ser una de las más injustas y antieconómicas de Latinoamérica. La totalidad de los hacendados en el país, sólo llegaba al 6%, quienes tenían 1.000 o más hectáreas de tierra cada uno, llegando a monopolizar el 92% de toda la tierra cultivada al interior del país. Contradictoriamente, las haciendas que tenían 1.000 hectáreas de tierra, sólo utilizaban para el cultivo el 1.5% de su extensión; en el polo apuesto, el 60% de propietarios, con minifundios de 5 o menos hectáreas de tierra, poseían apenas el 0,2% de toda la tierra del país, pero llegaban a cultivar un promedio del 54% de sus posesiones. (Klein, op.cit.: 234)

La extrema desigualdad en el reparto de la tierra era aprovechado por los hacendados, quienes teniendo el control y el acceso a las mejores tierras del país empleaban la mano de obra barata de los indios; a cambio de los trabajos de agricultura que realizaban en las haciendas, los indios sin tierra obtenían el usufructúo de miserables parcelas de tierra; como si esto fuera poco, los hacendados no invertían nada para la producción, porque eran los indios quienes aportaban con las semillas, herramientas, animales de labranza, el transporte de la cosecha y la venta final del producto. (ibid. : 234)

Finalmente el 2 de agosto de 1953, en Ucureña (Cochabamba), bajo el principio de que la tierra es para quien la trabaja, se firmó el Decreto de Reforma Agraria que disponía la expropiación de latifundios, la restitución a las comunidades de las tierras arrebatadas, la abolición de los servicios personales gratuitos, el fomento a la agricultura y la colonización interna. Por otra parte, si bien la Reforma Agraria de 1953 permitió que el 95% de las tierras del altiplano y el valle fueran revertidas de manos de los latifundistas; posteriormente, la creación de la pequeña parcela de tierra provocó la división y el achicamiento de la misma, debido a la herencia que se hace de los padres a los hijos.

CAPÍTULO II

LA NACIÓN GUARANÍ-CHIRIGUANO

1. LA NACIÓN GUARANI-CHIRIGUANO DURANTE LA COLONIA

Los Guaraní, fueron caracterizados como un pueblo de gran espíritu de aventura y agresividad guerrera, provenientes por el lado de Brasil y el Paraguay, habían migrado de manera permanente y durante casi cien años hasta llegar a los territorios de la Cordillera el año de 1470. Las causas que habrían ocasionado su migración, serían las siguientes: una crisis de carácter económico provocado por la reducción y el agotamiento de los campos de cultivo, el aumento demográfico de consideración, tensiones sociales y políticas entre jefes al interior de su mundo comunitario. (Meliá, 1988: 23)

Mitológicamente se cree que los Guaraní, habrían escapado de un mundo en destrucción en busca de las “tierras sin mal”, lugar donde no existe la muerte ni la enfermedad, donde la tierra es productiva y se parece al paraíso terrenal, donde se podía danzar y cantar en medio de un regocijo sin fin. La llegada a este mundo imaginario debería coincidir con el reencuentro de su Kandire (héroe liberador y civilizador de mitológica Guaraní).

Finalmente, después de haber realizado constantes migraciones, los Guaraní se habían asentado de manera definitiva en el territorio de la “Cordillera”, nombre que le pusieron los españoles. Según Francisco Pifarré, estudioso del pueblo Guaraní, la extensión territorial de la Cordillera comprendía unos 100.000 Km2, geográficamente estaba ubicada entre el Piedemonte y Subandino. Iniciaba su posición geográfica a 80 km. por el norte del Guapay o Río Grande y se prolongaba hasta unos 50 km. al Sur del río Bermejo. Al Este, ocupaba unos 15 ó 20 Km. de Piedemonte en dirección a los llanos y, por el Oeste Subandino, podía alcanzar algo más de 100 km. en dirección a Tomina, Potosí y Tarija. (Pifarré, 1989: 37)

1.1 EL MODO DE VIDA GUARANI

Para los estudiosos del pueblo Guaraní, Meliá y Grünberg, La concepción de la vida y el todo de los Guaraní, se sintetiza en la exquisitez del término Ñandereko, cuyo significado tiene una amplia connotación que expresa el: “modo de ser, modo de estar, sistema, ley, cultura, norma, comportamiento, hábito, condición, costumbres”. (Meliá, 1988: 29)

1.1.1. La lengua Guaraní

La lengua Guaraní era considerada exquisita por la forma y la manera de expresar los significados. El padre Ignacio Chomé admirado y entusiasmado con la lengua Guaraní decía lo siguiente:

“Confieso que, teniendo algún conocimiento de la lengua, extrañe mucho hallar en ella tanta majestad y energía. Cada palabra es una definición exacta que explica la naturaleza de lo que se quiere dar a entender, y da de ello una idea clara y distinta. Nunca hubiera imaginado que, en el centro de la barbarie, se hablase una lengua que, en mi juicio, por su nobleza y armonía, no es inferior a las que había aprendido en Europa. Tiene por otra parte sus delicadezas y agrados, y pide muchos años para poseerla con perfección”. (Meliá, op.cit.: 31)

1.1.2. Organización social y política Guaraní

Los Guaraní se caracterizaban por practicar y respetar la libertad y el poder de decisión, elementos exclusivos y difícilmente transables para su cultura. Esto se evidencia en el siguiente testimonio: “no hay entre ellos superior… y cada uno hace lo que quiere”; afirmando lo mismo, Bartomeu Meliá menciona: “si hay un jefe, lo es para instancias que tienen mucho de ocasional y particular, para casos y cosas concretas”. (Melía, op.cit.: 65)

La instancia política para la toma de decisiones era la asamblea, lugar donde se practicaba la reciprocidad generalizada de sus miembros, donde se comunicaba el don libre de la palabra y la práctica del convite. En su estructura, la asamblea estaba conformada por la participación de las cabezas de familia que eran los mburubicha, los ipaje, los arakuaa ija, de quienes se tomaba en cuenta el prestigio y el valor carismático; el mburuvicha recibía de la asamblea funciones ejecutivas de gran importancia y al servicio de la comunidad. (Meliá, op.cit.: 66)

Por otra parte, a nivel de las comunidades, los ñanderu cabeza de cada familia, eran la base y la fuerza organizativa de la comunidad, quienes participaban de las asambleas llevando la expresión de sus comunidades.

1.2. LA ECONOMÍA GUARANÍ

La economía Guaraní, consistía en un sistema de comunicación de bienes, en el cual el régimen de producción estaba íntimamente ligado a las relaciones sociales de consumo y de reciprocidad.

1.2.1. Propiedad comunal de la tierra

Por el carácter agricultor de los Guaraní, el trabajo de la tierra se establecía por una relación social; cuando el territorio o la Tenta eran de propiedad comunal, la ocupación y el uso del mismo era determinado por procedimientos de consenso entre las familias del lugar. Para respetar el límite de las parcelas de tierra, realizaban el tallado de los árboles o la siembra de plantas de rápido crecimiento.

1.2.2. Trabajo y cooperación

Los Guaraní, realizaban el trabajo agrícola de manera dual hombre-mujer; así lo afirma Bartoume Meliá: los trabajos de desmonte, chaqueo, carpida y siembra del maíz era realizado por el varón; la siembra de porotos y la cosecha en general era efectuado por las mujeres. Los trabajos realizados por cada familia en la comunidad, reciben la cooperación, la “faina” o motiró, institución reglamentada por hábitos de costumbre y ritualidad. (Meliá, op.cit.: 41)

Por otra parte, el trabajo de la tierra se establecía mediante una relación equilibrada y de respeto con la naturaleza, donde quedaba completamente fuera del esquema mental del Guaraní que la tierra sea negociada y concebida en objeto de mercancía, como tampoco lo era otro recurso natural.

1.2.3. La agricultura y los cultivos

El pueblo Guaraní tenía la cultura del maíz, en torno al cual giraba su vida social, su prestigio y su poder político. Refiriéndose al significado que tenía para los Guaraní el cultivo del maíz, Nordenskiöl decía lo siguiente:

“Cuando los trojes están llenos de maíz el indio es orgulloso y arrogante y le tienen sin cuidado los blancos, la opresión o las penas. Si el granero está vacío, es sumiso y desganado”. (Nordenskiöl citado por Melía, 1988: 42)

Es importante mencionar, que el cultivo del maíz no era la única actividad agrícola que realizaban los Guaraní, también se dedicaban al cultivo de una variedad de alimentos de la misma especie. Haciendo una descripción de la variedad de cultivos que realizaban los Guaraní, el Fray Bernardino De Nino, había visto las siguientes variedades de alimento: once variedades de maíz: avati hendi vae o avati iju vae, avati-tinu, avatikanana, avati hesanka vae, avati chore, saipini; once variedades de poroto: kumanda aigue, kumanda sakuaju, kumanda hü, kumanda guiraja, kumandandi, kumanda puku, kumandami, kumandansi, kumanda guasu, guirarupía, saimpino; cinco variedades de zapallo: andai, guindaka guasu, guindakami guasu, jikisigua; la yuca: mandío; el camote: jety; el maní: manduvi; un tipo de sorgo llamado titigu; la caña dulce: takuane, etc. (De Nino citado por Melía, 1988: 43, 44, 47)

Posteriormente, cuando los Guaraní fueron nombrados Chiriguano; en 1574 las tropas militares del Virrey Toledo que habían llegado a la comunidad de Tukuruve, calcularon la existencia de unas 3.000 fanegas de maíz guardado (equivalente a 22.210 quintales); por otra parte, vieron que los chiriguanos se proveían de otros alimentos procedentes de la cacería, la pesca, la recolección de miel, las frutas o plantas y raíces silvestres; esta última actividad lo realizaban en situaciones de extrema necesidad. (Pifarré, op.cit.: 42, 43)

Los datos proporcionados, nos demuestran que el pueblo Guaraní era una cultura de la vida, porque tenía la suficiente cantidad y variedad de alimentos que le habrían permitido vivir durante muchos años.

1.2.4. La reciprocidad y el convite

Al sistema económico de los Guaraní, hay que agregar el sistema de la reciprocidad que se manifestaba en los distintos niveles de su economía, el cual contemplaba desde la producción, la distribución hasta su redistribución. La practica de la reciprocidad, consistía en ofrecer a alguien un regalo de modo gratuito con la simple voluntad de agradar al otro, sin esperar nada a cambio. Por eso, la mejor forma de expresar la reciprocidad, era a través del convite generoso que hacía el jefe de una casa o un Tenta, quien media su prestigio por la capacidad de convidar. (Meliá, op.cit.: 47)

1.2.5. El arte de hacer la guerra

Caracterizado los Chiriguano por ser un pueblo guerrero, practicaban el arte de hacer la guerra mediante dos formas: las correrías, que consistían en pequeños asaltos o combates aislados para defender intereses particulares; las guerras de carácter general, ejecutadas de forma confederada uniendo a varios grupos provenientes de un sector o de varios sectores de la Cordillera.

Las acciones guerreras de los Chiriguano eran encabezadas por los mburuvicha o jefes; por otra parte, los guerreros chiriguanos recibían el apoyo anímico de los chamanes o ipaje, quienes en algunos casos podían suplantar el liderazgo de los mburuvicha.

Las armas empleadas en la guerra por los Chiriguano, era la flecha, el arco y la hierba venenosa. La ventaja guerrera de los Chiriguano frente a sus enemigos radicaba en el dominio geográfico del monte; en muchos casos, cuando se anunciaba el asalto español a las comunidades, los chiriguanos preferían destruir y quemar sus viviendas y graneros, en repudio al invasor. (Pifarré, op.cit.: 44, 45)

2. ENCUENTRO Y CONVIVENCIA DE CULTURAS EN LA CORDILLERA

En el territorio de la Cordillera, los Guaraní se encontraron con una variedad de pueblos, con quienes entablaron una serie de contactos que dependía principalmente por la forma de practicar la reciprocidad, las creencias y la religiosidad. Durante su encuentro cultural, los Guaraní se habrían mezclado biológica y culturalmente con el pueblo de los Chané, a partir de dicho encuentro, habría resultado el modo de ser Chiriguano, con sus propias características.

Las culturas y los pueblos que se encontraban asentadas en el territorio de la Cordillera, eran las siguientes: los Moxos eran parte de la familia de los Arawak y estaba compuesto por 400 grupos locales que hablaban 39 lenguas diferentes, con una población que bordeaba los 35.000 habitantes y se caracterizaban por ser especialistas en la construcción de obras de riego, canales y grandes lomas para defenderse de las inundaciones; los Chiquitano que se dedicaban a la fabricación de yerbas mortíferas; los Guarayo-Itatin tenían semejanzas con los Chiriguano respecto a la fabricación de sus arcos y flechas, sus nupcias, el arte de la cestería y la alfarería; los Yuracaré tenían creencias y mitos similares con los Chiriguano, su actividad principal consistía en el intercambio de productos como la coca, pluma de pavos y la chonta que eran utilizados para la fabricación de las flechas; los Tamacoci-Grigotá conocidos como los “llaneros” por habitar en los llanos de Santa Cruz de la Sierra; los Chore entablaban relaciones de intercambio entregando yerbas venenosas y plumas para las flechas; los Chicha, Paspaya, Churumata y Tomata ocupaban las regiones de los actuales departamentos de Chuquisaca, Potosí y Tarija; los Pocona y los Chui de Mizque se dedicaban al intercambio de la pólvora, salitre, azufre, hachas, tijeras, cuchillos y otras cosas; los Toba, Mbayá, Mataco, Abipon, Mocoví y Payaguá pertenecían a los grupos de la amplia familia Guaykurú, quienes realizaban con los Chiriguano complicadas prácticas de juegos de guerra y finalmente el pueblo de los Chané, quienes habrían sido el grupo más numeroso de todo el oriente boliviano, llegando más o menos a unos 400.000 habitantes; fueron descendientes de la familia Arawak y se caracterizaban por ser excelentes agricultores del maíz. Lamentablemente desde la llegada de los españoles, muchos Chané fueron esclavizados y enviados a las minas de Potosí. (Pifarré, op.cit.: 39, 50, 51, 52, 53, 54)

3. EXPEDICIÓN Y FUNDACIÓN DE CIUDADES ESPAÑOLAS EN LA CORDILLERA

Entre los años 1556 y 1558, los españoles Andrés Manso proveniente de Charcas y Ñuflo de Chaves (hermano del Confesor Felipe II) que había llegado desde el Paraguay, originaron una disputa por dominar y controlar la Cordillera, ambos habían realizado la expedición con la ilusión de encontrar metales preciosos en territorio Chiriguano. Esta situación había provocado el enfrentamiento de los viajeros; para hallarle una solución, Chaves decidió visitar al Virrey en Lima, de quien recibió el derecho para controlar los territorios de la Cordillera.

Posteriormente, Ñuflo de Chaves, quien tenía el propósito de unir el Paraguay con el Perú para depender administrativamente de la Real Audiencia de Charcas, fundó las ciudades de la Barranca y Nueva Asunción en 1559; seguidamente, con la esperanza de encontrar las legendarias tierras de “El Dorado”, fundó en 1561, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Diecinueve años después en 1590, debido a la cercanía de los territorios de los Chiriguano y para efectos de movilización inmediata, Chaves decidió trasladar la ciudad de Santa Cruz de la Sierra cambiando su nombre por San Lorenzo de la Frontera a orillas del Río Piray. Debido a su mala agricultura, la principal fuente de ingresos de los cruceños, se daba por la venta de esclavos que eran enviados a las minas de Potosí. Refiriéndose a lo mencionado, Roberto Leviller citado por Pifarré, otorga los siguientes datos: “De casi 150.000 indios de servicio (incluyendo mujeres y niños) que había en los tiempos de Chaves, a finales de siglo XIX, solamente quedaban unos 20.000”.

Continuando con la fundación de nuevas ciudades españolas en la Cordillera, en 1574, Luis de Fuentes fundó la ciudad de San Bernardo de la Frontera, hoy Tarija; al año siguiente, en 1575, había fundado estratégicamente la ciudad de Tomina; ciudad que se convirtió en el eje administrativo y político entre la frontera de la Cordillera y Charcas. (Pifarré, op.cit.: 64, 65)

3.1. Expedición del Virrey Toledo a la Cordillera

Cuando el Virrey Toledo había llegado a La Plata en el año 1573, los Chiriguano le manifestaban mucha reverencia y amistad; lamentablemente, Toledo no comprendía que la amistad expresada por los chiriguanos, tenía el mensaje de mantenerse libres de todo yugo, libres de someterse al régimen de la encomienda y a cualquier sistema tributario.

Al año siguiente, 2 de junio de 1574, Toledo ignorando la actitud de amistad y cordialidad de los Chiriguano, organizó a más de 500 soldados españoles y unos 1000 “indios de servicio” para iniciar la arremetida a la Cordillera; para tal fin, concentró a su regimiento en el pueblito de Yotala, cerca de la capital de Charcas, desde donde marchó hacia Tomina y El Villar en dirección al Pilcomayo y la Cordillera Central (Cuevo y Guacara).

Una vez que Toledo y su regimiento habían llegado hasta los territorios de la Cordillera, como si la naturaleza se opusiera a la expedición española, estos habían enfermado gravemente por el calor, el frío, la sed, el hambre y las garrapatillas. Siendo delicada y penosa la salud del Virrey, éste ordenó el retorno inmediato a la capital de Charcas; por el camino, los Chiriguano escondidos detrás de los cerros, habían visto de manera divertida y burlesca la retirada de las tropas españolas, gritando al triste Virrey que era transportado en una hamaca, lo siguiente: “Soltad a esa vieja que lleváis en esa petaca, que aquí nos la comeremos viva”. (Serrano y Sanz citado por Pifarré, 1989: 75)

3.2. Resistencia Chiriguano a las políticas coloniales

La rigidez de los mecanismos de dominio y de explotación colonial en los pueblos de la Cordillera, al igual que en los demás territorios colonizados, se dieron a través de las haciendas, las encomiendas, las reducciones, los servicios personales gratuitos, los tributos en trabajo, la desintegración y el despojo de las tierras de comunidad Chiriguano.

En respuesta a los mecanismos coloniales, de manera integra los Chiriguano y todos los pueblos de la Cordillera, habían resuelto no pagar tributo alguno a la corona, no dejarse someter por la vía de la encomienda y no tolerar la reducción por vía de las misiones. La actitud de “rebeldía” de los Chiriguano frente a la corona, provocaba la ira de los españoles en su afán por “sujetar” y “dominar” por cualquier medio posible a los pueblos de la Cordillera.

Esta situación hizo que los españoles utilicen distintas artimañas para ganarse la confianza de los Chiriguano a través de la falsa amistad, alianzas de paz, regalos y halagos a sus jefes. A un inicio, estas formas de ganarse la confianza de los chiriguanos había funcionado, pero estas se fueron perdiendo por el constante incumplimiento de las promesas que hacían los españoles, principalmente en lo referente a los tratados de paz.

Finalmente, luego de haber intentado obtener la amistad de los Chirguano por la vía pacífica, el Virrey Toledo decidió aplicar la guerra directa y la esclavización total de los “indios indomables”; decisión que sólo sirvió para que los chiriguanos se vuelvan “soberbios” y envalentonados. Apoyando la decisión asumida por Toledo, los gobernadores Suárez de Figueroa (Santa Cruz) y Luis de Fuentes (Tarija), organizaron la invasión y la guerra a los Chiriguano, bajo el “argumento” de que estos eran “forasteros”, intrusos en la Cordillera y que no quieren pagar tributo alguno a la Corona. (Pifarré, op.cit.: 63, 64)

4. EL INICIO DE UN CICLO DE CONFLICTOS CHIRIGUANO-ESPAÑOL

Los primeros antecedentes de agresión militar y de invasión colonial a territorios de la Cordillera, se dieron a partir de mediados del siglo XVI.

El primer suceso de agresión armada en contra de los pueblos de la Cordillera, se dio a partir de 1560 hasta 1564, donde el español Andrés Manso, al mando de su ejército hizo la guerra permanente al pueblo de los Chané. Frente a los sucesos ocurridos, los Chiriguano en 1564, conformaron una importante alianza con los pueblos de la Cordillera, determinando la arremetida de las ciudades españolas de Santo Domingo de la Nueva Rioja y Condorillo; a consecuencia de estas acciones, perdieron la vida Manso y sus habitantes.

Molesto por lo sucedido, desde 1565 hasta 1568, Ñuflo de Chaves organizó una serie de campañas de agresión y de escarmiento en contra de los pueblos de la Cordillera. Los Itatin o Guarayo, indignados por la escalada de violencia que había ejercido Chaves en la Cordillera, le prepararon una emboscada cuando realizaba su expedición en busca del legendario Dorado, el cual acabó con su vida. (Pifarré, op.cit.: 70)

4.1. Masacre y resistencia Chiriguano (1584-1585)

Durante diez años las autoridades y regimientos españoles, habían sufrido la “pesadilla” chiriguana; esta preocupante situación hizo que las autoridades coloniales se organizaran para emprender una fuerte contraofensiva de ataque en contra de los pueblos de la Cordillera.

Con el fin de planificar una estrategia de arremetida contra los Chiriguano, en 1584, la Real Audiencia de Charcas había reunido a las autoridades españolas y a los especialistas en combate con los chiriguanos, donde sacaron la siguiente resolución:

“Es necesario entrar a la Cordillera y hacer la guerra a los Chiriguano hasta conquistarlos, allanarlos y arruinarlos, la guerra debe ser general y por diversas partes de la cordillera al mismo tiempo, en abril cuando los Chiriguano no han cosechado el maíz y sus sementeras, los prisioneros chiriguanos deberán ser vendidos como esclavos. A todo prisionero se le debe cortar el dedo pulgar para que ya no pueda volver a usar la flecha en toda su vida”. (Mujia citado por Pifarré, 1989: 78)

Dando cumplimiento a la resolución, los españoles iniciaron la expedición desde cuatro frentes distintos: desde Potosí se movilizó a 580 soldados; desde Tarija el 17 de julio 1584, Luis de Fuentes al mando de 60 soldados y muchos “indios de servicio”, quemaron las comunidades de Tariganki, Marachari y Chiquiaca. Por los sucesos acaecidos; el 29 de agosto del mismo año, se firmó un tratado de paz entre españoles y chiriguanos, el mismo fue traicionado por Fuentes, quien de inmediato ordenó la captura, el asesinato, la quema de comunidades y de alimentos de los Chiriguano; desde Santa Cruz a partir del mes de junio hasta agosto del mismo año, el comandante Suárez de Figueroa, organizó la arremetida a los pueblos de la Cordillera con un regimiento de 75 arcabuceros, mas de 1000 “indios de servicio” y 150 Itatin o Guarayo. Constituidos en el lugar el regimiento de Suárez de Figueroa procedió de manera sistemática con el saqueo y la destrucción total del pueblo de Vitupúe y de las comunidades del Guapay, Koojagua, Kataevirán, Karakara, Aguapea y Tendi y Pojos. (Pifarré, op.cit.: 79, 80, 81)

A consecuencia del poder implacable de las autoridades y los regimientos españoles, los Chiriguano, sufrieron la carencia de alimentos, la disgregación, la división y los conflictos internos que se prolongaron hasta el año de 1620; situación que fue aprovechada por los españoles fomentando la división y los conflictos entre los pueblos de la Cordillera.

5. CERCO CHIRIGUANO Y VIRAJE ESPAÑOL A LA CORDILLERA

Luego de la cruel y sangrienta arremetida que sufrieron los Chiriguano en la guerra de 1584, estos quedaron orgánica y militarmente debilitados, situación que fue aprovechada por los españoles para invadir sus territorios. A partir de 1620, el sistema colonial aplicó el método de presión y de invasión desde afuera hacia adentro; el cual consistía en ganar territorialmente la frontera de la Cordillera y producir el encierro territorial de los Chiriguano.

Sin embargo, el método aplicado por los españoles fue un arma de doble filo, porque permitió que los diferentes pueblos de la Cordillera se reencontraran consigo mismas y engrandezcan su espíritu de autonomía étnica y el celo por el dominio y la defensa territorial. (Pifarré, op.cit.: 91)

5.1. Viraje español hacia la Cordillera

Francisco Pifarré, haciendo referencia a los factores que habrían influido para que los españoles presten nuevamente interés por los territorios de la Cordillera, divide el siglo XVIII en dos partes:

Desde 1700 a 1760: son años en que se podría tener la impresión de que la colonia no tiene un interés manifiesto por la Cordillera chiriguana. La crisis minera en que está sumida la audiencia de Charcas, no permite disponer de los fondos necesarios para poner en marcha una conquista efectiva.

Desde 1760 a 1800: la colonia cambia de estrategia, de manera que se va dando un viraje importante en orden a avanzar en el proceso de la conquista, esto por dos factores que pudieron influir: la fundación del colegio Franciscano de Tarija en 1755; la creación del Virreinato de Buenos Aires en 1776; la producción minera de la colonia había salido de la crisis en que estaba; la fundación de las Intendencias de La Paz, Cochabamba y Chuquisaca. (Pifarré, 1989: 161, 162)

Esto se evidencia a partir de principios del siglo XVIII, debido a la mayor presencia de misioneros, hacendados, comerciantes y soldados en los territorios de la Cordillera.

5.2. La presencia de las misiones evangélicas en la Cordillera

Desde diferentes puntos geográficos, llegaron hasta la Cordillera, las siguientes misiones evangelizadoras: franciscanos, dominicos, mercedarios, agustinos, sacerdotes diocesanos y jesuitas; quienes a su llegada fueron recibidos y aceptados de manera agradable por los chiriguanos; sin embargo, con el pasar de los años, los Chiriguano descubrieron que los misioneros eran parte del sistema colonial, lo cual provocó, que se fueran perdiendo las costumbres de recibir el bautismo, debido a que era considerado como una forma de hacerse español. (Pifarré, op.cit.: 67)

Sin embargo, las actividades de las misiones evangelizadoras en la Cordillera, recién empezaron a partir de 1606 hasta 1696. Una de las misiones que más había insistido en promover el método reduccional de los Chiriguano, fueron los jesuitas; sin embargo, la aplicación de este aparato ideológico en la colonia, no tuvo un éxito duradero, porque implicaba la imposición de una religión ajena a las creencias de los pueblos de la Cordillera. Refiriéndose a lo mencionado, en 1588 el P. Acosta daba la siguiente recomendación a los misioneros de la Cordillera:

“No se debe señalar unas mismas normas para todas las naciones, sino queremos errar gravemente”. (Acosta citado por Pifarré, 1989: 116)

Finalmente, sin haber logrado resultados positivos en la conversión de los Chiriguano al cristianismo, los evangelizadores de las misiones jesuíticas decidieron abandonar la Cordillera para trasladarse a las misiones de Chiquitos y Moxos, donde sus éxitos eran mayores.

5.3. La hacienda española y la crianza de ganado

La expedición que alcanzaron los españoles durante el siglo XVIII hasta el interior de la Cordillera, permitieron levantar una serie de documentos que comprueban la existencia de más de 200 comunidades chiriguanas en la Cordillera, las cuales se encontraban repartidas en pequeñas poblaciones. (Pifarré, 1989: 138)

Afirmando lo mencionado, en 1771, un misionero franciscano en las efemérides del Obispado de Santa Cruz decía lo siguiente:

“…al Sur y al Sudoeste, hasta las fronteras de Tarija y aún más allá, se hallan muchisisimos pueblos de indios infieles chiriguanos; hacia finales del siglo, Macharetí (de la cordillera central) se componía de varios pueblos grandes”. (Mingo citado por Pifarré, 1989: 157)

Si bien la existencia de una variedad de comunidades chiriguanas en la Cordillera fue significativa, el método del “cerco” que habían aplicado los españoles a partir de 1620 empezaba a tener sus resultados en el siglo XVIII. El asentamiento de una mayor cantidad de españoles en la frontera de la Cordillera y el aumento de la cría de ganado que devoraba y destrozaba los sembradíos de los Chiriguano, habían causado el abandono y el constante traslado de las tierras de cultivo de un lugar a otro; esta situación produjo un verdadero trastorno en la relación del Chiriguano con su ecología, afectando el modo de su producción tradicional.

5.4. La construcción de fortines