Agrocombustibles es Apología del delito en Bolivia

Tierras para combustible no para alimentos. Nada más anacrónico y retorcido



La Ley 300 de la Madre Tierra, prohíbe taxativamente la producción de agrocombustibles y la comercialización de productos agrícolas para la producción de los mismos en tanto que es prioridad del Estado Plurinacional de Bolivia precautelar la soberanía alimentaria y establece la minimización del avance de la frontera agrícola, la afectación de la vida, y el uso y aprovechamiento de otros componentes de la Madre Tierra. (art.24).

Esto esta además respaldado por otras normas legales que protegen a la población boliviana de los transgénicos: desde la Constitución Política del Estado - CPE, Art. 255, la Ley 144 de Revolución productiva, la Ley 622 del desayuno Escolar y otras 8 normas más relacionadas con los derechos del consumidor, etiquetado de alimentos y tratados internacionales.

Si se contraviene la ley es apología del delito.
¿Con que moral el gobierno pedirá el cumplimento de otros artículos constitucionales?

La pregunta del millón… ¿Se piensa cambiar la CPE, las leyes, normas y tratados suscritos?

Su Estado Unitario Social de Derecho, Plurinacional Comunitario, etc., etc., se sustenta en el cumplimiento universal de las reglas del juego democráticas, contenidas en la CPE y el cuerpo legal vigente. Lo contario es “fascismo” y en palabras de Vandana Shiva “Fascismo de los alimentos” sustentado en “un sistema que se mantiene a través del control totalitario, del monopolio de las semillas que imponen leyes de uniformidad, que penalizan la diversidad y la obtención artesanal de los alimentos”

El gobierno del MAS ha oficializado la entrega de la Amazonía boliviana al agroNegocio y sus socias transnacionales, para que produzcan agrocombustibles. Dice que bajara la subvención a la gasolina, mayores ingresos, dinamizar la economía, creación de empleo, pero todo esto es desmentido por expertos en el tema.

Varios estudios demostraron que las plantaciones de maíz en EEUU y la caña de azúcar en Brasil causan mayor degradación que cualquier otro tipo de plantaciones en el mundo, porque vienen asociados a la erosión de los suelos, diseminación de herbicidas, insecticidas, contaminando el agua subterránea y superficial.

El Gobierno se propone deforestar 5 millones de hectáreas hasta 2025, de inicio, 250 mil ha. para producir agrodiesel a expensas de soya transgénica HB4. Esto significa una gran presión sobre la naturaleza, ampliación de la frontera agrícola a través de la deforestación, acentuar los problemas generados por los monocultivos (soya, maíz, caña), uso de semillas transgénicas y agrotóxicos asociados, uso de enormes cantidades de agua, ocupación de tierras indígenas para plantaciones comerciales y consecuentemente el desconocimiento del derecho de las comunidades ancestrales. No olvidemos que la Amazonia es un territorio de elevada vulnerabilidad, sensibilidad ambiental, biodiversidad existente y recursos hídricos, protegido por la Constitución (art. 390)

Como resultado del absurdo, de la ilegalidad e inconstitucionalidad del proyecto de ley de etanol y agro diésel, que de BIO no tienen nada, nuestras mejores tierras de resguardo de nuestra biodiversidad y fuentes de frutos, alimentos y medicinas ahora serán exterminadas solo para mejorar los ingresos de la oligarquía terrateniente y transgénica y de un exiguo grupo de campesinos traidores

¿No era que la tierra debería ser trabajada para la producción de alimentos Sanos? (Art. 16 CPE) ¿Empresarios y Gobierno, piensan que la nutrición de la población mejorara con etanol?

El gobierno debe cumplir su obligación de preservar la salud de la población y no preocuparse por las “urgencias” empresariales.

Bolivia no necesita transgénicos, por ser centro de origen de agrobiodiversidad y biodiversidad y porque la demanda de productos ecológicos está creciendo y esta insatisfecha.

La introducción de más eventos de soya transgénica, no parte de un balance de 13 años de producción transgénica:

El rendimiento ha sido poco significativo, apenas un 14%.

Lo que sí es evidente es el aumento exponencial de agrotóxicos (400%), incluso prohibidos a nivel internacional y una total dependencia hacia las empresas transnacionales de semillas y agroquímicos.

Contaminación de los suelos, el aire y las fuentes de agua, el 63% de los cruceños piensa que el agua está contaminada por agrotóxicos.

Un tercio de las mejores tierras (1.176.268 ha.) está contaminada, quemada, dañada por los transgénicos y los agrotóxicos utilizados.

Estos cultivos transgénicos han significado la deforestación de más de 3 millones de hectáreas de bosques, entre los años 2005 al 2017 lo que ha significado destrucción de la biodiversidad, suelos, sequias prolongadas, plagas e inundaciones.

Ahora se deforestan 250 mil ha. más para sembrar soya transgénica de segunda generación (Intacta o la HB4) en vez de darle una solución sostenible y probada en base a biocontroladores. Pretenden solucionar el problema con nuevas variedades más dañinas de soya transgénica resistentes al glufosinato de amonio ¡para evitar los efectos de la sequía que ellos mismos provocan!

68% de la soya transgénica se exporta y el 32% se destina para alimentar vacas y cerdos. Las vacas contaminan 5 veces más que todos los automóviles juntos en Bolivia y ahora, esas tierras fértiles producirán agrocombustibles y no alimentos.

En definitiva, la soya transgénica no aporta a la soberanía alimentaria, está dirigida a la exportación y está desplazando otros cultivos importantes para la diversificación alimentaria como frutas, hortalizas, cereales, leguminosas, tubérculos, etc., de origen andino amazónico chaqueño y cuya biodiversidad se está perdiendo. ¡Sí, Bolivia importa hasta la tunta!

También es preocupante el vaciamiento del campo con la consiguiente pérdida de la identidad agrícola ancestral. ¿Será que la soya, transgénicos o coca son las únicas alternativas para el campesinado boliviano? Esto ha devenido en un potenciamiento de la industria alimentaria que está sustituyendo la dieta alimentaria local y de temporada, por productos altamente procesados y comida rápida que están cambiando patrones de consumo y causando muchas enfermedades crónico degenerativas.

Esto último, la salud alimentaria es lo que más preocupa a las consumidoras conscientes, que exigimos el derecho a la información.

NO sabemos que transgénicos se están cultivando en Bolivia y esto es grave. Hay evidencias de maíz y algunos dicen que también hay caña de azúcar y algodón transgénico. Recientemente en Argentina sacaron una papa y trigo transgénicos, ¿no será que están entrando de contrabando como todos los transgénicos y ahora se hace campaña para legalizarlos?

Hay evidencia internacional que muestra la presencia de toxinas producidas por transgénicos en sangre de fetos y embarazadas y los patrones epidemiológicos muestran que hay un aumento en más de 30 enfermedades humanas en paralelo con el uso de glifosato y alimentos transgénicos. La evidencia de los pueblos fumigados de Argentina, es lacerante, de ninguna manera queremos la continuidad de los efectos nocivos del modelo del monocultivo transgénico.

¿Dónde está la evidencia nacional? ¿Qué estudios y seguimiento a realizado el Ministerio de Medio Ambiente y Agua a los eventos que quieren introducir (soya Intacta o la HB4)? La población quiere conocerlos. No pueden obligarnos a comprar cosas sin que su composición esté debidamente detallada.

El Gobierno de turno debe ser garante del cumpliendo de la Constitución Política del Estado que prohíbe la importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados…., quienes consideran que es necesario introducir las semillas transgénicas para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de los bolivianos, tienen el derecho de proponer una modificación parcial de la Constitución y someter al referendo constitucional aprobatorio.