Estado de la hegemonía en el período. Bolivia 2006-2008

   

Estado de la hegemonía en el período. Bolivia 2006-2008
miércoles, 24 de junio de 2008
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RECAPITULACIÓN

Avanzando con el análisis del período, ahora nos abocamos al tema de la hegemonía. Hasta aquí se tiene claramente definida la existencia de un gobierno dual en Bolivia, sin embargo, surgen las siguientes interrogantes: ¿quién es la fuerza dirigente del proceso?, ¿qué tipo de cambios se están dando en el país, cómo y quién los dirige?

Para responder estas inquietudes, es imprescindible utilizar el concepto de hegemonía, mismo que es desarrollado por el marxismo, teniendo en Lenin y especialmente en Gramsci su máximo exponente, los cuales empleamos como herramientas para viabilizar nuestra reflexión acerca del “estado de la hegemonía en el período”.

En la última sesión de trabajo de la Cátedra, nos detuvimos ha desglosar las categorías relativas al ejercicio de la hegemonía, para luego, intentar explicar la situación boliviana, desde el triunfo electoral (dual por cierto) hasta la dictación de las leyes gemelas (Nº 3364 y 3365, en marzo del 2006) que abrieron las puertas para la convocatoria al referéndum por autonomías departamentales y la Asamblea Constituyente.


La Paz-Bolivia, miércoles, 24 de junio de 2008

RECAPITULACIÓN

Avanzando con el análisis del período, ahora nos abocamos al tema de la hegemonía. Hasta aquí se tiene claramente definida la existencia de un gobierno dual en Bolivia, sin embargo, surgen las siguientes interrogantes: ¿quién es la fuerza dirigente del proceso?, ¿qué tipo de cambios se están dando en el país, cómo y quién los dirige?

Para responder estas inquietudes, es imprescindible utilizar el concepto de hegemonía, mismo que es desarrollado por el marxismo, teniendo en Lenin y especialmente en Gramsci su máximo exponente, los cuales empleamos como herramientas para viabilizar nuestra reflexión acerca del “estado de la hegemonía en el período”.

En la última sesión de trabajo de la Cátedra, nos detuvimos ha desglosar las categorías relativas al ejercicio de la hegemonía, para luego, intentar explicar la situación boliviana, desde el triunfo electoral (dual por cierto) hasta la dictación de las leyes gemelas (Nº 3364 y 3365, en marzo del 2006) que abrieron las puertas para la convocatoria al referéndum por autonomías departamentales y la Asamblea Constituyente.

No creemos que en Bolivia existe el llamado “empate catastrófico”, es decir, que habiendo un trasfondo de ascenso de masas, se presenta una paridad prolongada de conducción entre el gobierno del MAS y la reacción de la derecha, sin que ninguno de ellos sea la fuerza activa y dominante. Según nuestro punto de vista, el MAS tuvo una hegemonía real de tres meses, luego perdió su capacidad de ser dirección política de los cambios, para pasar a “contener” la embestida de la derecha. Desde el campo de la derecha, la elección de Evo Morales hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente y el referéndum por autonomías departamentales, marco su mayor momento de crisis, despojado del control total del gobierno central, donde la mayoría de la población tenía una real esperanza de que se realicen cambios estructurales, sin embargo, luego del 6 de marzo del 2006, las fuerzas de la reacción empiezan a descansar tranquilos, luego de que el propio MAS decide ponerse la soga al cuello y asume procedimientos que son ajenos al ejercicio de la hegemonía popular, originaria (como detallaremos más adelante).

Este particular punto de vista lo sustentamos en los postulados constitutivos de la hegemonía, como en una serie de hechos políticos expresados en formas de leyes, procesos electorales, resultados y acciones desarrolladas en torno al ejercicio del gobierno dual, el posicionamiento de las autonomías departamentales, la Asamblea Constituyente, así como el rol de los actores sociales, etc.

En el transcurso de la exposición y discusión del tema del estado de la hegemonía en el presente período, surgieron varios temas de discusión, que pasamos sólo a mencionar:

a) Es un enfoque muy pesimista del proceso al señalar que el MAS perdió la hegemonía, fue una afirmación hecha por una compañera.
b) Otro compañero afirma que tal vez se mantiene aún una lucha por la hegemonía, que en algunos momentos la ejerce el MAS y en otros momentos la derecha.
c) También, otra compañera manifestó que el análisis es coherente, pero que éste no es el momento de plantearse una tercera vía, alternativa al MAS y a la derecha política y corporativa.
d) Otros compañeros argumentaron que “el estado de la hegemonía” es un diagnóstico de la situación del país, donde se ha detectado un tumor (posiblemente canceroso, es decir posiblemente sin remedio): la media luna, donde el paciente (el gobierno del MAS) se empeña en no tomar, en evadir tomar el tratamiento preventivo, actuando por el contrario de una forma que posibilita que el tumor crezca.

Estos son temas abiertos a la discusión, y se definió que la Cátedra, en su momento deberá tomar una posición acerca de este tema, de manera de dar nuestra posición al campo originario y popular, aportando activamente al proceso.

A continuación se realiza la exposición de lo expuesto en la sesión de la Cátedra:

ESTADO DE LA HEGEMONÍA

Que tengamos conocimiento, la realización del estado actual de la hegemonía en el proceso boliviano es un aporte específico de la Cátedra Che Guevara Zarate Willka, gracias al estudio sistemático, profundo del período y la coyuntura que realizamos.

Una definición del estado de la hegemonía nos plantea la necesidad de converger en la delimitación de lo que se entiende por dicho concepto.

1. Punto de partida: la clase hegemónica en Marx
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La etimología del término, nos da luces sólo generales, mientras que el marxismo (con Gramsci) nos da ya una teoría al respecto. Así, hegemonía se sabe que deriva del griego eghesthai, que significa “conducir”, “ser guía”, “ser jefe”; o tal vez del verbo eghemoneno, que significa “guiar”, “preceder”, “conducir”, y del cual deriva “estar al frente”, “comandar”, “gobernar”. Por eghemonia el antiguo griego entendía la dirección suprema del ejército. Se trata pues de un término militar. Egemone era el conductor, el guía y también el comandante del ejército. En el tiempo de la guerra del Peloponeso, se habló de la ciudad hegemónica, a propósito de la ciudad que dirigía la alianza de las ciudades griegas en lucha entre sí. (Gruppi, Luciano. El concepto de hegemonía en Gramsci. Ediciones de Cultura Popular. México. 1978.)

En Marx el problema de la hegemonía no fue planteado explícitamente en el sentido de la definición conceptual del mismo, pero sí aparece formulado en el análisis que lleva a efecto acerca del papel de la clase obrera en la nueva sociedad que se debía instaurar. (López Pino Israel. Marx, Lenin y Gramsci ante el problema de la hegemonía.) Sin embargo, será el marxismo el que trabaje de manera más precisa este concepto hasta elevarlo a una categoría teórica política.

Desde El Manifiesto Comunista, semejante noción aparece desarrollada al subrayarse como «la conquista del poder político implicaba elevarse a la condición de clase nacional, lo cual equivalía a la conquista de la democracia». Para Marx, elevarse a la condición de clase nacional supone para el proletariado la capacidad de producir un proceso político de recomposición que unifique a todas las clases populares.

Apareciendo diseñada en su pensamiento la concepción de pueblo, no como un dato, sino como un sujeto que debe ser producido, como una unidad histórica de múltiples determinaciones, un concreto que sintetiza a las masas, como su primera apariencia y a las clases como su principal determinación analítica.

Marx intenta revelar la dialéctica que debe existir entre masa, clase y partido, y la dialéctica entre la clase portadora de la hegemonía y el resto de las clases subalternas. En el sentido en que la clase hegemónica debe recuperar en sí el sentido de todas las clases subalternas, así debe actuar también en el plano de lo político con las formas de organización que esas clases subalternas se han ido dando a sí mismas.

Marx coloca el análisis de clase de la hegemonía, como el análisis político de su producción, al relacionar lo político con las instituciones; por ello de manera incipiente aparece en él la estrecha correlación que debe existir entre lo popular, lo teórico y lo práctico en el proceso constitutivo de la acción hegemónica.

2. Lenin y la noción de hegemonía

En Lenin encontramos en esencia la noción de hegemonía: la dictadura del proletariado es la dirección de un determinado tipo de alianzas. Sobre esto Lenin insiste mucho. Lenin tiene el mérito histórico de haber utilizado por vez primera la noción de hegemonía, (Lenin formula por vez primera el término hegemonía con el sentido de dirección política de una clase sobre otra, al analizar el papel del proletariado ruso en la futura revolución socialista en: “Dos tácticas de la socialdemocracia en el revolución democrática”, escrito en julio de 1905.) como una concepción teórico-filosófico-política, lo cual ha recono¬cido Antonio Gramsci, quien partiendo de sus ideas desarrolla dicha teoría en un contexto histórico diferente.

La Revolución de Octubre constituye para él, en el tratamiento del problema de la hegemonía, lo que para Marx constituye la Comuna de París: el marco referencial teórico-político que le permite argumentar las expresiones estatales que debe asumir el estado proletario. Por ello la noción leninista de hegemonía y el concepto de dictadura del proletariado están sujetos a la condicionalidad histórica de la propia revolución rusa de 1917.

Es necesario tomar en consideración el hecho de que Lenin fundamenta su concepción acerca de la hegemonía de la clase obrera dentro del marco del imperialismo.

Así establece que la dictadura como proyecto de organización estatal debe emanar de las fuerzas revolucionarias de las masas al establecer de facto su nuevo poder armado sin respeto alguno por las leyes. Claramente, Lenin enfatiza cómo ese poder parte de la iniciativa directa de las masas populares desde abajo, y no es la ley promulgada por el poder centralizado del Estado. (V. I. Lenin: “La dualidad de poderes”. Ob, cit, T. II, p. 40.)

La Revolución de Octubre y la teoría leninista en el propio devenir de la revolución, expresarán la convicción de una revolución desde abajo, con la presencia determinante de las masas, en la ejecución de los actos revolucionarios, pues la dictadura del proletariado está lejos de ser un poder impuesto a la sociedad por un reducido grupo de revolucionarios profesionales.

Por ello insiste en dejar claro que el problema de la revolución y de la construcción de la dictadura del proletariado, es un asunto de masas organizadas partidariamente. Dicha organización política de las masas debe estar bajo la dirección política del proletariado. Esto lo lleva a escribir casi al término de la guerra civil: «La Dictadura del Proletariado significa la dirección de la política por el proletariado. Este, como clase dirigente, dominante -entiéndase hegemónica- debe saber dirigir la política de tal modo que resuelva, en primer término, la tarea más urgente, la más candente» (V. I. Lenin: “Sobre el impuesto en especie”. Ob. Cit. T. III. P. 612.)

Es comprensible acorde con lo anterior, el hecho de que Lenin considere a la hegemonía de facto, en términos de la capacidad dirigente del proletariado sobre el conjunto de los grupos afines.

Si la revolución rusa no hubiese contemplado esta perspectiva de la capacidad dirigente del partido bolchevique sobre las clases aliadas, que permitió imprimir su carácter al movimiento de masas, difícilmente hubiese triunfado

La denominación que da Lenin al régimen soviético: dictadura obrero-campesina, donde la dinámica del sistema de alianzas es tenida profundamente en cuenta acorde con el desarrollo de la Rusia de inicios de siglo, responde a esta utilización en la práctica de la noción que él desarrolla sobre la hegemonía.

Lenin insiste en que no es posible pensar que es suficiente un partido pequeño para ganar la revolución, y apunta: «El objetivo inmediato de la vanguardia […] consiste en saber conducir a las amplias masas (que aún, en su mayor parte son apáticas, están inertes, adormecidas y dominadas por la costumbre) a su nueva posición, o mejor dicho, en saber dirigir, no sólo a su propio partido, sino también a esas masas, en su avance y en su paso a esa nueva posición» ( )

3. Gramsci: hacia la concreción del concepto de Hegemonía

¿Qué entiende Gramsci cuando habla de hegemonía, refiriéndose a Lenin? Gramsci piensa en la dictadura del proletariado. Él habla de principio teórico-práctico, de teorización y realización de la hegemonía y, por lo tanto, de la Revolución de octubre y de la dictadura del proletariado, Esto se vuelve explícito en un pasaje, de 1926, en el que dice: “Los comunistas turineses se habrán planteado concretamente la cuestión de la dictadura del proletariado, o sea, de la base social de la dictadura proletaria y del Estado obrero”, (Antonio Gramsci. La cuestión meridional, Editora Riuniti, 1966, p., 13.) pasaje en el que se ve una estrecha conexión entre hegemonía del proletariado y dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es la forma política en la que se expresa el proceso de conquista y de realización de la hegemonía. Al efecto, escribe todavía: “El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora”. (Ibid.) La hegemonía es la capacidad de dirección, de conquistar alianzas, la capacidad de proporcionar una base social al Estado proletario. En este sentido se puede decir que la hegemonía se realiza en la sociedad civil mientras que la dictadura del proletariado es la forma estatal que asume dicha hegemonía.

A pesar de que Gramsci no unifica en uno solo el concepto de hegemonía, deja sentado, como principio central de ella, el hecho de ser una dirección política, intelectual y moral. Con ello intenta sintetizar en un concepto la relación entre la dominación y la dirección, entre el consenso y la fuerza.

Deja sentado el hecho de que hegemonía se define como la capacidad de dirigir y dominar. Así afirma que «la hegemonía aparece esencialmente como el momento en que se realizan las alianzas, base social necesaria de la dictadura del proletariado, y la Dictadura del Proletariado como la forma política y estática en que se realiza la hegemonía». (Ciatado por C. Mezone: Cultura y Sociedad Civil en Gramsci, colección Ateneo de los Teques, n. 9, p. 86. Venezuela, 1991.)
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Gramsci distingue los momentos fundamentales a partir de esta definición. En primer lugar, un aspecto político, dado a partir de la capacidad que tiene una clase dominante de articular a sus intereses los de otros grupos sociales, convirtiéndose así en el elemento director de una voluntad colectiva.

Dicha alianza no aparece en su teoría como una alianza meramente instrumental, a través de la cual las reivindicaciones clasistas de las clases aliadas se expresan en términos de la clase fundamental, mientras cada grupo conserva su propia individualidad y su propia ideología en el interior de las alianzas.

La unidad ideológica conduce a la formación de un solo sujeto político con unidad ideológica; por ello afirma: «la forma particular en que se presenta el elemento ético-político hegemónico en la vida del estado y del país es el patriotismo y el nacionalismo que son […] vínculos que produce la unidad entre los dirigentes y los dirigidos […] todo cuanto exprese el “Pueblo-nación” es “Nacional-Popular”. La hegemonía exitosa es la que logra crear una voluntad colectiva “Nacional Popular”.» (Citado por S. Zermeño: en “Referentes históricos y sociológicos de la hegemonía”, en Hegemonía y alternativas, Ob. Cit. P. 263.)

En este sentido, la noción de clase hegemónica Gramsci la ve no a partir de la imposición de una clase o grupo social sobre otro, logrado gracias al control de los mecanismos políticos-ideológicos, sino que clase hegemónica será aquella que es capaz, a través de la lucha ideológica, de articular a sus principios hegemónicos la mayoría de los elementos ideológicos importantes de una sociedad dada.

A partir de ello es posible establecer cómo la hegemonía burguesa no expresa solamente la ideología paradigmática de la clase burguesa, sino que ella es capaz de articularse de una manera funcional, permitiendo la reproducción de las relaciones capitalistas y toda una serie de elementos ideológicos que, de por sí mismos, no tienen un carácter necesariamente burgués, sino que es un conjunto en constante transformación, y cuyo carácter en un momento dado depende de la correlación de fuerzas existentes a nivel ideológico, entre las clases que luchan por la hegemonía.

La ideología, considera Gramsci, representa «el terreno de una lucha incesante entre dos principios hegemónicos […] donde lo que importa es la critica a la que tal complejo ideológico es sometido por los primeros representantes de la nueva fase histórica: a través de esa crítica se da un proceso de distinción y de cambio en el peso relativo que los elementos de las viejas ideologías poseían; lo que era secundario y subordinado […] es asumido como principal. La vieja voluntad colectiva se disgrega en sus elementos contradictorios, porque de estos elementos aquellos subordinados se desarrollan socialmente». (Ibídem, pp. 1236 y 1058.)

En Gramsci esta consideración de la lucha ideológica dentro de la hegemonía, tiene como objetivo no destruir la concepción del mundo opuesta, sino desarticularla, transformarla. Así rompe con la concepción marxista dogmática que consideraba la Lucha ideológica como un enfrentamiento de concepciones del mundo predeterminadas, que tienen su origen fuera de la ideología y cuya unidad y contenido están establecidos de manera definitiva.

La lucha ideológica tal como la concibe Gramsci, constituye un elemento fundamental en el proceso de transición al socialismo, ya que este solo es posible con la creación de una voluntad colectiva nacional-popular que, bajo la dirección de la clase obrera, permita la transformación subjetiva de las masas a través de la reforma intelectual y moral.

Esta reforma implica la creación de nuevos sujetos políticos a través de la lucha ideológica, solo a partir de ello se puede formar un amplio movimiento popular en condiciones de arrancarle el poder a la burguesía: No resulta descabellada por consiguiente la teoría de Gramsci acerca de que no solo es posible sino también necesario el que la clase obrera se vuelva hegemónica antes de la toma del poder del estado.

Por tanto, la ideología no aparece como un elemento intrínseco dentro de cada clase social, sino que es el resultado del tipo de articulación al que este elemento está sometido. De ahí que sea posible concebir la lucha ideológica como un proceso de desarticulación de la ideología de una clase y de rearticulación de una nueva ideología.

4. La estrategia del MAS determinó el tipo de hegemonía que pretendió llevar a cabo

Bien, después de revisar “rápida y panorámicamente” algunos elementos importante de la concepción sobre la hegemonía, podemos pasar a realizar el análisis de los esfuerzos que llevó adelante el gobierno del MAS, probablemente sin tener la plena certeza de que no controlaba la totalidad del aparato del Estado (existencia del gobierno dual).
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La estrategia de Evo de buscar “socios y no patrones” entre las transnacionales y la burguesía criolla ha sido graficada públicamente por García Linera como la lucha para que “las élites indígenas y blancoides compartan el poder”. (02-05-2008. Los ricos cantan victoria. econoticiasbolivia.com.)

El vicepresidente admitía que “los indígenas no quieren arrebatarle el poder a la oligarquía, no quieren desplazarla, y lo que intentan es compartir el poder, quieren manejar Bolivia con los que hasta ahora siguen siendo los dueños de vidas, haciendas y las mayores riquezas del país”. (Ídem.)

“Desde que llegamos al Gobierno hemos definido una estrategia de distribución pactada del poder. Lo que Bolivia está atravesando hoy es, en esencia, un proceso de amplia y generalizada lucha y redistribución del poder. Es algo que va más allá de un gobierno. Y la historia nos enseña que la lucha por el poder puede tener tres desenlaces clásicos”.

“1) Que el sector emergente (indígena-campesino) desplace directamente, mediante cualquier medio posible, al bloque anterior (oligarquía).

2) Que este bloque de poder antiguo logre derrotar, contener, cooptar o aplastar al bloque emergente.

3) O que entre ambos se logre redistribuir el poder. Como Gobierno hemos optado por la tercera opción. Apostamos a un proceso de redistribución pactada del poder con un nuevo núcleo articulador: el movimiento indígena”.

Dicho en estos términos, el Gobierno de Morales apostó hasta ahora por la tercera alternativa, logrando sin embargo como resultado que se imponga, en los hechos, la segunda opción.

En otras palabras, el horizonte estratégico del MAS nunca apuntó al tema del poder (aunque se haga un uso del termino para confundirlo con el de gobierno) sino a la disputa por el control del gobierno. Cuando se habla de que se busca el poder pero sin quitárselo al que lo detenta, se entiende que sólo se disputará el control del aparato del Estado, ya que el poder implica necesariamente la destrucción de las vigentes relaciones y la construcción de un poder propio que refleje la situación hegemónica del campo originario y popular.

Entonces no es cierto cuando Evo dice: “tenemos el gobierno, más no el poder” y da ha entender que lucharán por el poder, pues en realidad, ellos no desean dar la lucha por el poder, sino tener un gobierno indígena popular pactado con la derecha, a la que necesariamente el MAS tendrá que ponerlo contra la pared (como forma palpable de su accionar político y económico), quitarle ciertos privilegios, más no desplazarla del poder.

Ni siquiera se trataría de una clásica “estrategia reformista” de avanzar hacia el poder por la vía de reformas democrático burguesas mediante un camino por etapas sucesivas. En consecuencia, tal vez ni siquiera exista estrategia alguna, sino una simple política de pactos y acuerdos que le permita al gobierno tener un horizonte hegemónico traducido en un tiempo prolongado de gestión, es decir, una política de populismo indigenista. Sin embargo, para que este postulado (redistribución pactada del poder) sea realidad objetiva y material, no sólo basta la voluntad del supuesto “bloque indígena campesino emergente”, sino la voluntad de la misma oligarquía, la que tendría que aceptar este supuesto nuevo pacto de manera voluntaria u “obligada por los acontecimientos”. Veamos que ha sucedido en la realidad:

5. Historia de cómo el MAS pierde una hegemonía que tan sólo le duró tres meses

Resulta, que la elección del gobierno dual, pero con la particular victoria electoral del MAS, supuso el comienzo de un momento de hegemonía plena en favor del mismo.

Cuando se hacia el análisis del período anterior, se pudo establecer la emergencia de aproximadamente 12 fuerzas (políticas y sociales) convergentes en la lucha anti neoliberal. Sin embargo, el aspecto peculiar de estas fuerzas fue su falta de articulación bajo una bandera común entre 1985 y el 2005 (20 años). Dicha posibilidad únicamente se plasmó el 18 de diciembre del 2005, cuando todas estas fuerzas -excepto el MIP con su candidato propio- dan su apoyo al MAS para que sea gobierno. Este momento concreto, da nacimiento a una hegemonía no sólo por la victoria electoral que se logra, sino por la existencia de una coyuntura política donde el nuevo gobierno, con su control de las dos Cámaras del Congreso (Novillo en la Presidencia de Diputados, Santos Ramírez en la de Senadores) asumía el gobierno central y prometía dar cumplimiento a un programa que incluía la convocatoria a una Asamblea Constituyente verdaderamente fundacional.

Hasta el 6 de marzo, el MAS controlaba dos poderes del Estado (ejecutivo y legislativo) teniendo un consenso mayoritario para impulsar cambios profundos en el sistema político, la economía y las leyes (meses más tarde controló con mayoría absoluta la Asamblea Constituyente).

Al mismo tiempo la derecha política: PODEMOS, el MNR y UN principalmente, admitían que este era un proceso de cambio, de manera que con el apoyo de estas dos últimas fuerzas de derecha se viabiliza como Presidente del Senado a un miembro del MAS, pese a tener esta bancada a 12 de 27 miembros (es decir, tan sólo el 44% de la representación total de senadores).
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El 6 de marzo del 2006, es un día funesto para el proceso, pues el MAS asume como propios varios procedimientos -que evidencian con absoluta claridad- la presencia de mecanismos dominantes del viejo sistema político, así como la introducción del proyecto de autonomías departamentales, que reflejan una visión desde “arriba y la derecha” por descentralizar el viejo Estado, de manera que se asume –ideológicamente y en la práctica- la visión de mundo del supuesto bloque oligárquico decadente. Y este asumir, el proyecto del otro como propio, es precisamente una de las características del ejercicio de la hegemonía, tal como se lo describió teóricamente al principio.

Con el pacto político que permite la aprobación de las leyes de convocatoria a la Asamblea Constituyente y al Referéndum por Autonomías Departamentales, el MAS traiciona a la alianza de fuerzas que lo había llevado al gobierno y que convergió en torno suyo bajo la promesa de cambiar al país, es decir, cambiar las viejas estructuras de poder, llevando al país a una situación de verdadera independencia y soberanía, sin neoliberalismo, con nacionalización y expulsión de las transnacionales, amen de recuperar de manera definitiva nuestros recursos naturales.
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Concretamente se habla de las leyes 3364 y 3365, (ver un análisis complementario en el Tema 33, Tema 56 del presente Módulo de los materiales oficiales de la Cátedra Che Guevara Zarate Willka, así como el Anexo Nº 2 y Nº 3).

La Ley de Convocatoria de la Asamblea Constituyente, que asume los valores políticos dominantes y no precisamente aquellos procedimientos que podían significar el avance del bloque indígena campesino emergente fueron, entre los principales los siguientes:

1. Nace pactada entre jefes de Bancada de partidos políticos con representación en el Parlamento y bajo la conducción del Vicepresidente Alvaro García Linera. Ni siquiera se la debate y construye en la plenaria del Congreso Legislativo, de cara al pueblo. Ergo, tampoco participan las organizaciones sociales, aunque los dirigentes del gobierno, se solazaban indicando que este es un gobierno “de los movimientos sociales”.

2. Da nacimiento a una Asamblea Constituyente DERIVADA, es decir, limitada en sus verdaderas posibilidades de ser fundacional, originaria y plenipotenciaria. De manera, que los “discursos” reivindicándola como fundacional y no derivada más fueron poses demagógicas.

3. Se define la vía liberal tradicional como ÚNICA forma de elección de los Asambleístas, es decir, “constituyentes elegidos mediante voto universal, directo y secreto”, como si no hubiera otras formas de participación directa de las organizaciones sociales, sindicales y populares, pero especialmente las indígenas y originarias, que dentro de sus prácticas políticas eligen sus autoridades por normas propias. ¿Cómo el MAS puede hablar de asumir el proyecto de un bloque indígena emergente, si no defiende sus propias formas de participación política?

4. Al no asumirse la representación directa popular e indígena, ¿cuál es el proyecto y la ideología hegemónica: la emergente o la liberal tradicional? Obviamente que la respuesta es clara.

5. El sistema liberal como forma de elección, trae como consecuencia directa el “resucitamiento” del viejo sistema de partidos políticos y anula las formas populares de democracia directa y participativa de amplia tradición no estatal en Bolivia. Se hace un favor a la derecha política, lo que lleva a concluir que al MAS no le interesó anular al viejo sistema político, toda vez que no tenía una visión creativa para erigir un nuevo sistema político, aspecto que se tarifica si se lee atentamente el Proyecto de nuevo texto de constitución del MAS.

6. La aprobación del texto constitucional por 2/3 fue el mayor error de cálculo político, o por el contrario, fue un aspecto intencional, para no aprobar una constitución que realmente obligue al MAS y al gobierno a asumir una estrategia de poder. No hay más que estas dos alternativas de análisis. En términos prácticos, el tema de aceptar los 2/3 inviabilizaba de entrada la misma Asamblea Constituyente y la posibilidad de desarrollar un trabajo interno coherente y con una dirección adecuada. Los hechos demostraron que el MAS no pudo más que subordinarse a los 2/3, que en términos matemáticos y políticos (mate-político) significa dar a la minoría el DERECHO AL VETO, mientras la mayoría tendría que buscar ilusoriamente una supuesta alianza que la nunca la llegaría a tener. Pero, como a veces de ilusiones viven las personas, la bancada del MAS creyó alcanzar esta situación en varias oportunidades pero sin tener bases objetivas para creerlo. Cuando una fuerza mayoritaria (el MAS tuvo sólo el 53% de la mayoría de asambleístas) da a la minoría un procedimiento de veto real, de ¿qué hegemonía se habla?

7. La introducción de candados a la Asamblea Constituyente no fue sólo obra de la derecha, sino del mismo MAS, tal como se establece en la Ley Nº 3364, cuando se le impone la consideración previa mediante referéndum para su aprobación, mientras que a las autonomías departamentales se les da una vigencia inmediata.
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Los militantes de Patria Insurgente, recordamos con absoluta claridad un esquema sencillo y profético al mismo tiempo, hecho en abril del 2006, donde ya denunciábamos estas “irregularidades”, por no decir traiciones.

En cuanto a la Ley Nº 3365, el MAS pierde completamente el horizonte político de su proyecto político y acepta la iniciativa de la derecha política, dando paso a la propuesta integra de autonomía departamentales, relegando la posibilidad de anteponer un proyecto de reorganización del nuevo Estado desde la articulación de una nueva hegemonía desde lo popular-nacional o nacional-popular.
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La subordinación del MAS al proyecto del bloque dominante trajo consigo las siguientes consecuencias:

1. Divide al soberano en nueve soberanos, pues siendo un referéndum nacional, sus resultados son de aplicación departamental, siendo este el elemento estratégico del gobierno dual prefectural nacido el mismo 18 de diciembre del 2005, con una votación del 71% y legitimados por el mismo Evo Morales, cuando el 23 de enero del 2006 toma juramento a 9 Prefectos, siendo 6 de ellos de oposición.

2. Acepta el MAS el posicionamiento nacional y legal de las autonomía departamentales, sin tener proyecto alguno de descentralización del Estado. Por lo hecho en la Asamblea y la actual gestión de gobierno, tenemos más certezas que dudas, de que el MAS hasta el presente no tiene proyecto alguno de descentralización.

3. Le da carácter vinculante a una propuesta de la derecha, mientras que el MAS no introduce ninguna propuesta vinculante a favor de su proyecto para la Asamblea Constituyente.

4. Paralelo a los candados que se le pone a la Asamblea Constituyente, se libera de candados a las autonomías departamentales: ¿ingenuidad o intencionalidad?
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6. Conclusión: Una situación hegemónica efímera

En base a lo anterior se puede afirmar que una situación favorable y hegemónica, puede ser efímera, cuando no se la logra articular coherente y consistentemente.

¿Qué pasó después del 6 de marzo del 2006?

El MAS no pudo triunfar en la Asamblea Constituyente, de manera que la resistencia de la derecha es fuerte en grado tal que el gobierno se encuentra a la defensiva, sin poder realizar grandes transformaciones, tan sólo pequeños cambios y la implementación de medidas populistas.

¿La derecha es la fuerza hegemónica del actual proceso? La ideología dominante evidencia que así es. Hoy en Bolivia, por ejemplo, no se puede imponer la whipala como bandera nacional, sobre todo en la vida práctica de toda la población, mientras que en los departamentos donde han ganado las autonomías departamentales, las banderas regionales flamean con más presencia que nunca. Esto muestra como se realizan las acciones hegemónicas.

Los medios de comunicación, cada día arrecian sus ataques al gobierno, a las organizaciones sociales. En las escuelas siguen los profesores ideologizando con las viejas ideas dominantes no sólo durante el período neoliberal, sino desde la misma revolución nacionalista de 1952.

Es más, estamos en la realización plena de lo que Gramsci llama revolución restauradora, donde la derecha tienen la iniciativa, moviliza, cuestiona y al final declara ser la protagonista del cambio, enarbolando su proyecto de autonomías departamentales, gobierno dual y restauración de un nuevo Estado fascista y corporativo.

Algo más: durante todo este tiempo, pese a tener el control del gobierno central el MAS ha renunciado al ejercicio de la coerción, de manera que incluso, la defensa del gobierno es pasiva, constatándolo la emergencia de grupos fascistas que actúan a vista y paciencia del gobierno en ciudades como Sucre, Santa Cruz y otras regiones.

¿Cuándo el pueblo será hegemónico? Cuando se tenga una verdadera estrategia de poder y cuando la alianza de fuerzas que lo asuma tenga la capacidad de dirigir y ejercer la dictadura del pueblo contra la oligarquía.