Reminiscencias de Terebinto

27.Mar.18    Santa Cruz
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Reminiscencias de Terebinto

La primera vez que recuerdo haber escuchado hablar de Terebinto, fue a mis siete años aproximadamente, y era mi madre quien hacía referencia a la época en que la “Indiada” de Ucureña vino y mato a los Unionistas a finales de los años 50´, también cómo eran perseguidos los jóvenes (mujeres y hombres) en la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra que fue ocupada durante dos semanas interminables creando miedo y zozobra durante aquel gobierno perverso del MNR que torturó, encarceló, violo mujeres, quemó y ocupó instituciones, casas de algunos cruceños acusados de ser separatistas y otros abusos más que siempre cometen quienes ostentan el poder y justifican el ultraje de personas que en su mayoría no tienen nada que ver con aquello que se les acusa.


REMINISCENCIAS DE TEREBINTO

La primera vez que recuerdo haber escuchado hablar de Terebinto, fue a mis siete años aproximadamente, y era mi madre quien hacía referencia a la época en que la “Indiada” de Ucureña vino y mato a los Unionistas a finales de los años 50´, también cómo eran perseguidos los jóvenes (mujeres y hombres) en la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra que fue ocupada durante dos semanas interminables creando miedo y zozobra durante aquel gobierno perverso del MNR que torturó, encarceló, violo mujeres, quemó y ocupó instituciones, casas de algunos cruceños acusados de ser separatistas y otros abusos más que siempre cometen quienes ostentan el poder y justifican el ultraje de personas que en su mayoría no tienen nada que ver con aquello que se les acusa.
Sin duda éste era un tema muy importante en Santa Cruz durante los años 70´ y quedo grabado en mi despertar a la adolescencia siendo que a la fecha aún recuerdo casi todo lo que muchas personas hablaban al respecto, creo todo lo que mi madre me contó, de ninguna manera es exagerado y no lo puedo borrar de mis recuerdos, porque marcó mi vida para siempre.
Pese a que en 1986 me vine definitivamente al “Collao” nunca deje de pensar en mi tierra, de recrear lugares que anduve, son muchas las imágenes que se amontonan constantemente una y otra vez dando paso a la añoranza que se repite siempre; como aquella que sello para siempre mis 12 años cuando fui por primera vez a Terebinto el pueblo donde nació mi Madre, en aquella oportunidad acompañándola al funeral de una Tía Abuela que no llegue a conocer en vida, pero aquel viaje permitió durante los pocos días que permanecimos, reconocer y recorrer parte de aquellos paisajes de ensueños de los que ya tenía referencia, porque me habían hablado mucho de ellos y que ahora nuevamente vuelven a mi mente como si nunca hubiera pasado el tiempo, recordando también que fui muy afortunado durante mi niñez de tener una Abuelita que fiel a la tradición Camba de transmitir de manera oral lo que fue Santa Cruz de la Sierra de principios del Siglo pasado, nos contaba a todos los nietos sus vivencias, lugares, leyendas, cuentos y todo lo que le fue posible transmitirnos, con detalle al extremo, con gestos, articulaciones y sonido recreados que me hacían vivir un instante en lugares lejanos que nunca pude llegar a conocer puesto que aun yo no existía, negándome a aceptar que todo ha cambiado a la fecha, que ya no están y que no volverán.
Aquella vez quede impresionado al ver un árbol gigantesco que –se dice- durante las exploraciones de los españoles buscando donde crear un nuevo asentamiento para otra Misión Jesuítica el siglo XVII, supuestamente se encontraron con éste y dio lugar al nombre del Pueblo, ya que en Europa también existe y lo conocen con el nombre de Terebinto; convirtiéndose así en uno de los pueblos más antiguos del Oriente junto a Porongo su vecino que era la antigua Misión “San Juan Bautista” y Buenavista la otra Misión conocida como “Santos Desposorios”, estos tres asentamientos humanos se encuentran muy cerca del Cerro Amboró .
Como sea, lo cierto es que en otra de mis visitas posteriores, allá por los años 80´, cuando me acercaba al Pueblo, note que ya no se veía a la distancia aquel majestuoso y hermoso Árbol, desgraciadamente pude ser testigo de cómo lo habían mutilado y convertido en leña que ocupaba toda la parte del frente en la vivienda del ex¬-corregidor que, por lo visto, consideró muy oportuno y favorable para su “Tejería” que requería de mucho carbón el meterle motosierra para tumbarlo, supongo que -según él- era lo más apropiado esperar que seque al sol asegurando de esta manera durante meses, sin mayor esfuerzo la producción de ladrillos y tejas para la venta. Lo más triste de esta anécdota es confirmar que hay personas que pueden ser un peligro simplemente por ser tan brutas y mucho más peligrosa e irresponsable de nuestra parte es darle un cargo a sabiendas que tal individuo sentirá deseo de destruir todo a su paso y que va a devastar la naturaleza, es decir la vida, simplemente porque puede hacerlo y cree sanar de esta manera sus frustraciones y resentimientos de las que no tenemos culpa alguna.
Para llegar a Terebinto se cruza el Rio Piraí, entonces se viajaba en camioneta, solo existían dos personas que hacían ese servicio y era una vez al día, la “aventura” en temporada de lluvias solía ser un poco ruda en determinadas partes del camino ya que dificultaba el viaje que a pesar de no ser tan lejos (a 26 Km de la Ciudad) se prolongaba por horas, aun así el paisaje compensaba todos los inconvenientes. Por ejemplo, recuerdo en especial uno de los muchos viajes que hice, cuando en la pampa, en ciertos lugares donde había un “bajío” se acumulaba agua muy cristalina de una reciente lluvia, el verde claro y oscuro del pasto de los alrededores, más el camino arenoso y húmedo casi blanco, era la totalidad de la belleza a disposición de quienes teníamos la suerte de vivir ese momento interminable, incluso tengo muy presente el momento en que un “Piyo” (Ñandú) corría en paralelo a la movilidad y finalmente lo vi perderse en el horizonte, fue lo máximo que viví ese momento y me alegro no poder olvidarlo.
También recuerdo que al pasar el Piraí estaba un lugar llamado “La Miel”, un ranchito pequeño donde fue ocupada por los Movimientistas que junto a los militares entraron a la casa en busca de los Falangistas, al no encontrar a ninguno, se ensañaron con unos “peladitos” (chiquillos) que no pasaban de los 12 años, sus padres no estaban, habían madrugado para ir a trabajar al chaco; mas allá en “Tres Cruces”, en un potrero, si no me equivoco llamado “El Naranjal” fue donde torturaron y asesinaron a los jóvenes Unionistas. Fui en una ocasión con mi madre al lugar a visitar a sus amistades, porque allá todos son amigos o parientes (antes lo eran) y me mostro donde ocurrieron los hechos, incluso sé que otro lugar cerca de allí donde hay una poza llamada “Las Liras” a uno de los capturados por el Ejército, los milicianos envalentonados quisieron hacerlo gritar vivas al MNR y el hombre si gritó pero fue ¡Viva la Falange! y le cortaron la lengua, le sacaron un ojo, lo castraron y metieron sus partes en la boca, lo destriparon y finalmente lo mataron. Este tipo de historias crueles se podían escuchar al respecto que no tienen nada de exageradas, otras tantas fueron reflejadas en libros que hablan de las atrocidades de los emenerristas, de los cuales solo uno llegue a leer en 1980 y se llamaba “Infierno en Bolivia”, no recuerdo el nombre del autor pero era un Falangista que fue un preso político del régimen; incluso se que un año después de la “Masacre de Terebinto” una Comisión Especial de la “Universidad Mayor de San Francisco Xavier” de Sucre, viajo y luego elaboró un informe que registra lo ocurrido con detalles que erizan la piel y que si bien no logró mayores resultados si hubo una condena y la solidaridad que ya es un documento para la historia que muestra las consecuencias que conllevan la lucha tenaz de un Pueblo y de sus dirigentes por las regalías provenientes de la explotación del Petróleo que significaban el 11% y el desarrollo para Santa Cruz que era como otras regiones postergada y dejada a su suerte de atraso y pobreza por un lado y la intransigencia del Centralismo que para justificarse siempre habla de separatismo, como pasa ahora en pleno siglo XXI marcado por la prepotencia y el abuso de poder; incluso considero importante no olvidar jamás que los actuales gobernantes del MAS estuvieron a punto de repetir este error histórico el año 2008 con sus huestes fanatizadas que hablaban de cercar y tomar Santa Cruz; en verdad no puedo imaginarme la mortandad que hubiera significado tal enfrentamiento, puesto que al igual que durante el Gobierno del MNR también tendría que ser una lucha desigual porque sabido es que el Ejercito respalda al Gobierno como en 1958 cuando movilizo 10.000 hombres que junto a los de Ucureña deseaban sofocar la supuesta “rebelión separatista” a la que, por último, tiene derecho cualquier Pueblo que ostenta respeto y no lo pide sino que lo consigue.
Un poema muestra un sentir solidario de los pueblos del Oriente en la pluma de un grande de las letras, el Beniano Pedro Shimose que resume el sufrimiento de los Cruceños, Pueblo humilde que debe negarse a olvidar tal barbarie:
TEREBINTO
“Santa Cruz de la Sierra dolorosa,
mi sangre está hecha de tu sangre y tu martirio es mi martirio.
En tu rostro se va el beso como una huella de traición,
en tus lágrimas se va el musgo de aguaceros perseguidos.
Ay Terebinto, Terebinto.
Crujen los huesos de los destripados,
sangran los pies de los fugitivos que volvieron a los bosques
a pelear por lo que es nuestro, por lo que es tuyo, madre nuestra.
Lloran las viudas sobre las moscas de sus hijos muertos.
Les sacaron los ojos, les cortaron la lengua,
les cortaron los dedos, uno a uno,
para que no pudieran contar los días de la venganza que se avecina
con los segundos de los minutos,
con los minutos de las horas,
con las horas del porvenir,
con todo el rencor de nuestra soledad y desamparo.
Ay Dios mío, Dios mío,
desde los cerros las sombras se descolgaron y cayeron sobre el día
y rodaron por las carreteras.
A machetazos, a culatazos,
quisieron doblegarte y humillarte cuando estabas maniatada
y cuando los cuervos decían: ‘no pasa nada’.
y los milicianos te horadaban el cráneo,
y los milicianos violaban a las mujeres,
aquí no pasa nada y los milicianos incendiaban arrozales,
y con los milicianos se cumplía la orden de los déspotas!
¡Santa Cruz de la Sierra dolorosa y heroica,
no fui un cobarde
ni me oculté ni te negué cuando te flagelaron en las plazas
y nadie se atrevió a defenderte.
Cuando nadie tuvo el coraje de ser hermano tuyo,
cuando tus hijos se hundieron en los bosques
entre mosquitos y sanguijuelas,
entre sapos y humedad y tiros!
Cuando te mascaron las entrañas
yo estaba allá en el Ande
junto a los que te quieren bien y te querrán
desde que te querían,
padeciendo lo que padecías,
llorando lo que llorabas
y esperando la hora de estos versos
¡Ay Terebinto, Terebinto,
te llevaré por siempre en la memoria!
Si bien vivimos un nuevo periodo histórico, no podemos dejar de lado acontecimientos que han marcado y forjado la identidad de nuestros pueblos del Oriente Boliviano, no dejar que se pierdan nuestros recuerdos son el mejor homenaje a los hombre y mujeres que hicieron posible una Santa Cruz indomable que se ha sacudido nuevamente y continúa en la búsqueda de días mejores de respeto y solidaridad.
Reminiscencias de Terebinto significa precisamente eso, nostalgias de un momento ya ido pero no olvidado, homenaje a sus protagonistas que nos hicieron individuos con gallardía y amor propio, asimismo es también el agradecimiento a personas sencillas como mi Abuelita Purita que me transportó a otras épocas y lugares remotos, mi Tía Adelita que me enseño en silencio la solidaridad, a mi Abuelo Melchor que me dio su ejemplo de guerrero, a mi Abuela Felicidad la sangre indomable del Guaraní, personas que ya partieron hace tiempo pero siempre viven en mis recuerdos y a mi Mamacita Viya que me mostro y guio el compromiso con mi pueblo sin darse cuenta, que me abrió los ojos e hizo entender que la historia la escribimos todos y que nuestro aporte por más pequeño que parezca siempre es un gran aporte, como lo fue el de Melchor Pinto Parada, de Carlos Valverde Barbery, Lorgio Serrate Rivero y muchos más, así como la profesora Ellfy Albrecht Ibañez, Alicia Rivera, Ana Suarez, Giselle Bruun y muchas otras valientes mujeres que siendo alrededor de 70 luchadoras y defensoras del terruño, se enfrentaron sin miedo al poder central y emprendieron una histórica huelga de hambre por el pago del 11% de las regalías que era un derecho irrenunciable para Santa Cruz y lo lograron, y así mismo muchas de éllas conocieron el destierro a consecuencia de ello.
La última vez que pase por Terebinto en 1990, llevé a tres amigos a quienes les enseñe lo hermoso que era el Pueblo y su gente, recuerdo que en aquella oportunidad mi Tía Mery (ya fallecida) al vernos tan cansados y acalorados nos invitó jugo de frutas antes de continuar nuestra caminata. Sin preocuparme, lamentablemente entre ellos también lleve a un infeliz que se encargó de involucrar sin tener razón y solo por salvarse de sus culpas, a familiares míos que son personas humildes y honestas, en actividades políticas que desconocían y en las que solo yo tenía participación, pero a la represión eso no le importó y los hizo sufrir sin tener absolutamente nada que ver en nada, personalmente espero que éste mal amigo nunca olvide su falta y el daño que hizo; en fin lo peor ya paso y como buenas que son las personas en Terebinto no guardaron jamás ningún rencor hacia nadie, un gran ejemplo y enseñanza para tomar en cuenta y seguirlo.
Reminiscencias de Terebinto es el deseo de estancarse en el tiempo, de no seguir el camino del llamado “progreso” que mercantiliza e introduce otros valores como el consumismo y el individualismo tan ajenos en otra época, de volver a ver un Pueblo pequeño, acogedor y hospitalario, con su gente amable y sencilla, de no aceptar que todo ha cambiado, que prefiero seguir pensando y recordando a un Terebinto de antaño, donde el tiempo se detenía siempre, donde espero volver un día y llorar sobre el árbol caído.