Todo por nada

17.Feb.18    InSurConsumidoras
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Alianza entre Estado Plurinacional y el agronegocio transgenico en contra de la salud del pueblo


TODO POR NADA

De ser exitosa la alianza entre Estado y empresarios, ésta podría convertirse en un cuarto poder.

Que el empresariado cruceño y el Gobierno tienen una relación estrecha no es noticia. Que alcanzan acuerdos, tampoco. Pero que uno se ha sobrepuesto completamente sobre el otro, sí.

Los empresarios del agronegocio lo lograron: las restricciones a las exportaciones se levantan, la política sectorial será moldeada a su medida. Probablemente los prospectos económicos influyeron en la decisión, pero a este gremio hay que reconocerle algo: hizo un lobby intenso, sostenido y efectivo en el que exigió y consiguió mucho, y a cambio de casi nada.

Como es sabido, los empresarios ensayaron los primeros acercamientos en el 2009 tras la derrota política del bloque opositor. Una de sus principales maniobras fue la elección de Demetrio Pérez como presidente de Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo - ANAPO. Por primera vez un mediano productor de ascendencia potosina y rasgos marcadamente indígenas dirigía una institución históricamente controlada por la burguesía tradicional. Pérez rápidamente pasó a ser el interlocutor no solo de ANAPO sino de todo el sector. Por su parte, el Gobierno también propició el acercamiento. El gremio empresarial tenía una importancia económica y cultural que lo hacía clave en la expansión hegemónica. Además, la idea de escindir a la élite cruceña era -como ha demostrado el tiempo- una importante maniobra para debilitar a los adversarios políticos. Los beneficios para ambos eran claros: el Gobierno reforzaba su gobernabilidad, los empresarios mantenían sus ganancias.

Pero lo que inicialmente surgió como un acuerdo pragmático para salvaguardar intereses económicos y políticos, se convirtió gradualmente en una alianza de carácter más amplio. Esta nueva etapa, que el analista cruceño Gustavo Pedraza llama el “pacto a largo plazo”, comenzó el año 2013. El gesto simbólico fue la presencia de Evo Morales en la inauguración oficial de la Feria Internacional Expocruz; hecho que sucedía por primera vez desde que llegó a la presidencia.

La nueva alianza redefinió los roles y expectativas. El Estado asumió de manera más nítida el modelo del agronegocio como el rumbo de su política agropecuaria, mientras que el empresariado se mostró dispuesto a acompañarla con inversiones. De ser exitosa, la iniciativa conjunta debería construir el cuarto pilar de la estrategia de desarrollo nacional planteada en la Agenda Patriótica; es decir, la generación de excedente y divisas a base de la producción masiva y exportación de mercancías agrícolas.

Fue entonces que para darle forma al acuerdo empezaron una serie de reuniones. La pugna era siempre la misma, el Gobierno pedía inversión y los empresarios condiciones para invertir. El resultado también era siempre el mismo, el Gobierno daba concesiones y los empresarios no invertían.

Es en el marco de este nuevo pacto que el vicepresidente anunció una masiva expansión de la frontera agrícola de cara al bicentenario. Optimista, el mandatario proyectó inicialmente 10 millones de hectáreas, aunque posteriormente recalculó y habló de cuatro millones. Los empresarios rehusaron hablar de metas concretas, pero sus estadísticas productivas hablan fuerte y claro. El último reporte publicado por ANAPO muestra que las superficies cultivadas de trigo, girasol, maíz, sorgo y soya de invierno se redujeron en la última campaña.

El único cultivo que amplió la frontera fue la soya de verano, pero lo hizo marginalmente en 55.000 hectáreas, a ese ritmo su expansión al 2025 no llegaría ni a medio millón de hectáreas.

Así, el desarrollo agropecuario del país queda a la espera de la buena fe de los empresarios. Si la historia sirve de indicador, los prospectos no son muy alentadores. Al fin y al cabo, el patrón de acumulación de la élite hacendada se ha basado históricamente en el extractivismo y la especulación antes que en la producción. A esto se suma la lógica del agronegocio interesada en ningún proyecto nacional que no sea uno de corte neoliberal, basta mirar al vecindario para constatarlo.